Debido a los elevados costos del mantenimiento de las imágenes, se ha restringido su acceso solo para las personas registradas en PrensaCR.
En caso de poseer una cuenta, hacer clic en “Iniciar sesión”, de lo contrario puede crear una en “Registrarse”.
AAKAX Z3RARAAAY Sesunda Parte e. Di Ye. DODEPENDIENTE DE INTERESES GENERALES esunda Parte ASO 1x San José, PR, Domingo, 29 de enero de 1923 1. NUMERO 2551OIEA ARO PLEGARIA EN. LA SOLEDAD Señcr, loz hombres me han abendoríúdo y estoy en la montaña solitaria y desnuda. Tenzo la súledad profun.
da que ansié tanto, por la que clamé o Ut con ura vor angustiosa que salía de mi corarón. Ls nocke cae sobre la montaa y un viento desconocido flota sobre ml. Dis ojos no pueden ver en la noche profanda, Estoy en la montaña estéril y ni una sola estreMa se enciende para mi, Dios mio, a tí va mi palabra postrera. Porque siento que esta noche puncs tendrá una aurora. Quién oirá mi lamento. Quién verá mi figura vacilante doblada exsi por un dolor sin medida, tí van mi dolor y mis dúgrimas, a ti sin un lhmento que tur. be este silencio penetrante. Silencio. 1uz, en La montaña Pyra. desnuda. compaña en este silencio largo Tu espréa se ha hundido para sienpre en mí! un ritmo misterioso que baja de do alto. parece percibirse en xmmedio de la noche.
Yo nunca quise nada malo, Señor, y en este momento de solitaria agonía siento que no hubo maldad que no conociese en la tierra. Estoy abrumedo por e peso de mis pecados y no puede abriree mi alma a la soledad perfecta qúe hoy la envuelve.
Pequé contra tí, Dios mío, pequé contra los hombres y contra tí, montaña pura, y contra la noche silenciosa y profunda, Pequé por un impulso ciego, por un afán sin término. me Mena de horror el recuérdo de mis cul pas y lloro en medio de este hondo silencio, en esta noche sin una sola ¿zotitarÍa, Tú me ves y me oyes. Tú haces que descienda hacia mí un misterioso ritmo. El me guía en la noche, él me upenetrante, Yo estoy mobrecogido, con mis ritmis ojos que no pueden ver, con oidos que no pueden vir sino ese mo divino.
El viento ha cesado. Ay. ya sien. to mi solédad como una cosa buena y la bendigo con todo mi corazón, más limpio ahorá que antes que empezase la noche, más limpio que en esta montaña pura, más limpio, más fuerte, más míe. Noche, soledad, montaña: ya estáis en mi para siempre! Chacón y Calvo.
JESUS EL LOBO Era en la solcdzd de los campos, uns noche de invierno. Nevaba. Sobre lo alto de una loma, toda blanca y desnuda, se spareció una forma blanca también, como el caminante Cubierto de nieve.
forma flotaba una claridad que venía, no de lz 3ux, sino del nimbo de una En derredor de esz frente, 24 euminante era Jesús.
AMA desde se eriza el sucio de ás peras racis, en bulto negro se agita.
Jesés tiareia Bacia Eli ¿l viene como la «alle.
OR receloso 0 anerestro, medita el resplandor divina lo alumbra, se define la figara de na lobo, en er: cuerpo escuilido y en cuyos ojos de siniestro brillo está impresz el ansia del bambre. Avanzan: párie el lobo al borde de tunz roca, ya a pocos palmos del Señor, que también se detiere y le mira. La actitud dulce, infeZensa, reazima el espiritu del lobo.
Tiende éste el descarnado hocico y aviva el fuego de sus ojos famélicos; ya arranca el enerpo s0bre la roca.
ya se avalanza a la presa. ya es suya. cuando El, con. una sonrisa que Filtra a través de su suavidad de palabras: inefable Soy yo le dice. el lobo, que lo oye en el rapidfsimo espacio de atravesar el aire para caer sobre él, en el mísmo rapidísimo espacio, muda maravillosamente de apariencia; se transfigura, se des hace, se precipita en lluvia de fragfantes flores. los pics de Jesús, entre la nieve, las flores forman como tna nube mistica, sobre la que el Divino cuerpo flotara.
El Señor, mirando las flores que a sus plantas había, hizo sonar los dedos, como quien Mama un animal doméstico, Entonces de debajo delianto de flores se levanto, cual si des pertara, un perro grande, fuerte, y de mirada dulce y noble, de la casta de aquellos que en las sendas del monte San Bernardo van:en socorro del viajero perdido. José Enrique RODO.
ISADORA DUNCAN Erá Salomé; y era Desdémora; y e ra Clitemnestra; y era Ofelia; y era Ifigenia; y era Berenice. Era todo el amor, todo el dolor, todo el placer, toda la locura, todo el deseo, todo el fuego, toda la tentación, todo el dio.
Evá una lama que se encendía y se oapagaba al conjuro de escondidas voces imperiosas. Era el alma de los glos encarnada en un cuerpo blanto y flexible. Era el mito eterno de la be lleza fatal, hecho carne. a sus pies los collares y las telas de uro se amontonaban como accesorios sin valor, Luego, hace apenas seis meses, vol ví a verla en Niza, en cesa de mi ami go Charles de Rithter, Ya no era mistea. No la reconocí, siquiera. La to mé por una pobre bailadora que pedía limosna. es que ni su figura, ni su la voz, ni sus palabras, podían cer pen sar en la reina de la moda de dos lnstros unter, Con el tono quejumbroso de las que no saben como explicar sus apuros hablaba del horrible trance en que las cireunstancias la habían puts to. El dueño de la casa de buéspedes, en la cual vivía, acababa de echarle a Le reclamaba unos enantos XA EX Crepuscular Alárgase el camino polvoriento bajo la verde fronda campesina, donde pone su armónica sordina la música quimérica del viento.
La tarde, en el milagro del momezto, más allá de los mares se reclina, mientras la noche descender inclina SIDA SRAklia z o, pa, pr AS PT: rs Quées ia?
ué es la Datria: e. Es. que la tarde le envía en sus fulgores. mi hogar. mi familia. reis amigos. Blancas tumbas, tranquilas, que encerráis. Los lugares que han sido y son testigos las cenizas de próceres y abuelos: o de mi vida feliz. donde extranjera sois la Patria también. la cimentáis. no me puedan llamar. donde mi idioma vosotros fogosos rapazuelos. tenga el mismo sabor y el mismo aroma rebosantes de ingénita alegría. que en mis juegos de niña yo le diera. que la brisa recoge y lejos lleva, Q centenares de francos, para devolwerle su pobre equipaje, Ella ofrecía lo úl timo que le quedaba, sus reliquias de artista y amorosa al que quisiera dar le prestada aquella cantidad. Tome usted lo que necesita contestóle mi amigo, enternecido, cuando ella, después de querido besar las manos que haber así la salvaban de morirse de hambre, hubo desaparecido cual una sombra vergohz0sa por el pasillo, Richter, dominan emoción. No contestéle. Es Isadora Duncan. Isadora Duncan. Cómo iba yo a reconocerla? Lu había dejedo en el palacio de Semiramis, dominando con su lujo, con su belleza, con su genio, a todos los adoradores de los espectá colos raros, y la halisba allí, vestida de suplicante, cómo las heroinas de Séfocles. Dios mío, Dios mio, lo te rrible que es la vida. La vida que Pisa. Gómez Carrillo Palabras Quiere ser la religión católica dueña y señora del pensamiento del hombre, y ni aún en la interpretación de sus fórmulas ni de sus principios mio vales reconoce en nadíe libertad ultuna. Os dejará que pongáis en duda su moral y su historia: pero no su dog ma de la trinidad ni de la inmaculada concepción de la Vírgen y el de la transformación del vino y del pon en Cristo en su cuerpo y su sangre. 05 quiere la Iglesia sumisos a sus precep tos, con el pensamiento reducida 5us mixtifieaciones, y si no lo consigue no zo es porque ura y otra vez no lo intente, y si mnñara surgiese otra gue pendones por D, Carlos. Vengo yo a daros rra, no volvería a nlzar sua la voz de alerta para que no dejéis nunca en pie tan absurdas pretensiones y lss rechacéis con toda vnestra e nerzía. Conservad ex todo la independencia de vuestro espiritu. Sed respetuosos y eon loz pera con vuestros maestros rEutores de vuestros ros de enseñzz pero la palsbra cel escritor y. miente.
a; no juré nonea sobre Debéis leer unos y cir a los otros, examizizdo vi los ideas que os dan 0x conformea vuestro pemusiesto Es el cielo esplendente que me cubre. Es la tierra que cuaja mi alimento. Es la nube que pasa. y es el viento que despeina sus bosques seculares.
Son sus ríos, sus vaHes y sus mares. Es el campo amarillo de labranza.
Es la choza bendita del labriego que labora por mí. cuya esperanza. canta en la olla que hierve sobre el fuego. Es el trozo de césped esmeralda donde yace una tumba entre las flores. Madre míal y es el beso de luz gualda VILLAESPESA EN AMERICA En euanto parte para América, Vi líaespesa se pierde como poeta. Exceptuando el momento en que se convierte en libertador de Santo Domin o frente a los yanquis, y la hora en que el Gobierno de Venezuela se hace un bello reclama con el célebre millón de siempre por. América con la túnica rastras, la lira a guisa de acordeón desvencijado y la escarcela sin otro bolívares. Villaespesa vz oro que el que le brindan los crepúsculos tropicales.
El viaje América no sólamente le daña a ¿Ll Alcanza a aquellos intelectuales que posteriormente pasen por donde él cruzó con su csravana Ya estuvo aquí Villaespesa.
Es lo primero que os dirán, sin zaber a qué se lega. Acorazándose la gente en la desconfianza como puerca espín en sus agudas espinas.
el Luego cambia el telón. Pero mientras ercen que se tiene algún parentesco con el poeta marisco, está uno perdido. esto es horríble. Es una injusticia que se le hace a Villaespesa, ml buen hombre, al gran poeta de la mala fortuna y de los altos sueBos. Porque Villaespesa no hombre a quien se debe mirar con recelo. Es us alma blanco, incapaz de sér pellgroso como muchos condozieros de las letras que, sin otro talento que 3u desparpajo, atraviesan la América de éxito en éxito, econúmico y artistico.
Villaespesa no ha hecho daño a nadie, En todo caso, se ha defraudado a sí mismo. América le ha desvalijado.
Aunque piensen lo contrario las kentes menudas, tejedores de ironías en torno del poeta, pero con el poco acierto con que enbebran la bisóños aguja las costureras miopes. América ha dejado a Villaespesa sin ensueño y sin lira. Es una de las grandes vietimos españolos de la aveatura literaria por las tierras eolombizras.
Alfonso CAMIEN.
Los árboles Los árboles viven, regulan con 335 oner la vida de Ju Nateralezz: ts tez muertes, mgoliz Cor sus despojos wíjs social Viros o suertes, los ár bojes sos acompañan donmera en el sois la Patria también. que cada día se refuerza, se agranda se renueva.
Patria.
Tu alma adivino. que se mece en la hermosa bandera tricolor. en las notas vibrantes se estremece, de nuestro Himno sonoro que parece un redoble de cívico tambor.
Set. de 192. que podamos declararnos independien tes de ellos, ni órgano de la casa ql Ro se reconozca pariente suyo en líneas recta, ni átomo de su cuerpo que no sirva a alguna de nuestras necesidades. Conforme progresan stes, la virtualidad del árbol se desenvuelve en bvuevas manifestaciones, y progresa también; lega un día en que no ne cesitamos de zus valientes troncox pa ra sostener el techo de nuestras viviendas, porque los ha destronzdo el luerro, ni de ses pródigas ramas y ju Eos para cocer nuestros alimentos y ahuyentar el frio y las tinieblas de nuestras babitaciones, porque los há suplantado en este oficio el carbón mi neral; pero entonces 3u potencia se metamorfosea, y el árbol se convierte en vebículo de nuestras ideas y melio de comunicación entre los hombres, en el poste del telógrafo y en el papel de madera. Lo que ayer era negro ear tón es ahora blanca hoja de papel y de periódico. Ayer calentaba los cuer pos: akorz ilurcina las inteligencias.
Ayer congregaba en torno del hogar los miembros dispersos de la fam: hoy reune en la sunta comunidad del pensemiento a todos los pueblos y ra zas que componen la gran familia hna mana. Muriendo la muerte de Ja Nainraleza, el árbol se ha dignificado, ha adquirido una vida superior: de tosca materias, casi se ha convertido en espírito.
Sombras de Toledo Las musas de Cervantes, Lope, Calderón, Quevedo, Tirso, Rojas y More to no se kan contentado com andsr so laa y en alos de la fantasia de tan pri rileziados cerebros, sino que vinieron personzimente con ellos, y alli sintie ron tan en el alma la vida de la ciudad, que no hubo de costarles grandes trabajos poner en cuerpos toledanos la acción de sus novelas y comedias.
Al ingenioso hidalgo don Miguel de Cervantes entró muchas veces por el puente de Alcántara y fué a hospedar se en el mesón del Sevilizno cuando venia Toledo per obra y gravia de los enojesos pleizos que tenia con la sofa familiz de su mujer, doña Cata lína de lomss. Hizo entre la gente de calidad y del estado lazo muy bre pos amistades. y tomando tipos y c2 rueteres de cua y otra escribio La uetre Fregcna y La fuersx de la Auristela de Jiménez A reatrimonio por segunda vez con doña Juana de Guardo, avecinandóse al gún tiempo en la antiquisima urbe, y cuando harto de carne de falda acogióse a iglesia, vivió en Toledo al res coldo de un antiguo mor que tiem»
pos atrás hallare en las márgenes del Pisuerga y en la andariega carreta de unos cómicos, Noche de Primavera. Las tres beldades bajo los altos úr boles. miran en silencio las lejanías en la noche argentada y misteriosa, Hay una claridad fantástiindecisas, ea, que hace soñar con una tierra de leyenda, bramosa y triste, Jlena de símbolos serenos.
Ellas parecen, flores de nieve besadas por la luz de la luna, pálida en el estrellado Jirmamento. Sus hombros desnudos surgen de sus leves cor piños como hecho de un mármol lumjnoso; sus sémblantes semejan azucenas, las trea, esbeltss y fragiles y visionarias. son de una bloneura tan intens: que parses que van ha confundirse con la niebla argentina de la noche, a disolverse en ella como fantasmas de ensueño.
Froylán TURCIOS Mi obra lírica En este ambiente, npenas esbozado.
se deslizan los años de ni infanel El mor y las imonteñas me daban a dia río su lección de grandeza y el enilano clavado en axul luminoso, la suya de veluntad. Aprendí a umar los árbo les corpulentos y a comprender a las pledras ingentes, tocas o ruinas. El dialecto mortañés haulagaba mi oido con su fonética cariciasa, y de allí se me pegó para siempre este acento cas tellano que todos habréis notado en mí, y que, Vecex, exagero por sala Decliro que amo con todo mi corazón aquel rinconcillo mentañés, batido por el ábrego, en cuyo camposanto descan san mís abuelos. Pero, creo que aquela vida me iba preparando lzsensible mente para li obediencia y la resig ación Entre el maestra brutal y ru tinaric y el ezra, vigoroso fuelle del infierno, matabza ez flor todz inicia tiva, paraliziban enalquier arresto no el mundo. Schre mi ratosalezs 3Y vía de paras imaginaciones. Sin enisa asi ocurrió, por le ercs Yo vi EX En se pasaron des años en Mi mie dorada del mes rid. Pero una ri 195. desde la de seremtre del 350 horda de un barco, y con légrimas en log ojos, avissó, con toda s3 grandeza.
inte a mi ciudad mariva, Hace veis!
muro de «la.
o. En Buenos Aires ños que no me Buenos Aires ento. ez Boenos Aires speróo Fernández Moreno EL TRABAJO El trabajo es una ley dura a la que estamos sometidos para conservación personal y la de la especie humana. Sin el trabajo no exis tiria la vida. con. la misma entonación ardorosa con que en otros tiempos conmovia a las muchedumbres, en las reuniones, describía ahorá a Gabriel a aquella media docena de hom bres y a la triste costurera que ce saba de mover la máquina para scucharle, la grandeza del trabaja universal que todos los dias fatigaba a la cierra, para vencerla y obligar la a sus tentar los humanos.
El trabajo era un combate cada veinte y cuarro horas con las fuer zas ciegas de la Naturaleza.
El ejército del trabajo se extendía por todo cl blogo: arañaba los continentes; salraba a las islas, surcaba el mar, descendia a las entrañas del suelo. Cuántos eran sus sol dados. Quién podía contarlost Mi llones y. millones. Al romper el día nadie faltaba a la lista: las bajas eran reemplazadas, Jos claros que Lh miseria y la desgracia abriza en sus filas, se llenaban inmediatamente.
Apenas comienza a salir el sol, sopla su humo la chmienea de la fáfrica, el martillo rompe ha piedra, la lima mucrdeel metal, rasga el arado la tierra, se enciende el horno, mueve la bomba su pistón, suena el ha cha en el bosque, corre la locomotora entre chorros de vapor, chirria la rgua en el puerto, corta el navío ls espumas, y iembla en su estela el barquichuelo de pesca arrastran do redes. Nadiefalea a la revista del trabajo: todos corren impulsados por el miedo al hambre, desafiando el peligro; no sabiendo si llegarán a la noche, si el sol que se eleva sobre sus cabezas será el último de su vi da. sera concentración diaria de fuerzas humanas ocurre en la prime ra luz del alba en todas las partes del mundo, alli donde los hombres se han juntado formando pueblos y constituyendo sociedades, o donde vi ven en el aislamiento entregados sus fuerzas. El cantero rompe la piedra con su martillo y al vencer la se envenena tragando el polvo en invisibles particulas. Cada martilla zo se leva un fragmento de 5u vida. El minero desciende al infierno de los tiempos modernos sin más guía que la chispa de su linterna, y arranca de las capas de las primeZO. infine ¡e la tierra, los árboles carborizada que dieron sombra las ruonstruo sas bestias de la preiistoria. Leia del sol y de la vida, desnt dl.
muerte, lo mismo que el despreciando el vértigo, los epiz sobre fragil: ralo por las ares, que ras edido reliquiss de presencia en el espacio de un mn mal sin alas. Blasco Hi Don Jacinto Jacinto Benavente tiene su hora sé lítaria de tomar café en el más Liz créto rincón de las aeletas, Plegado sobre si mismo despliega. los periódicos de la noche, absorvie do el perfame de su tinta fresca.
Benavente es fino pájaro irónico eada gran plana. Sonrie al deseubrimiento de la lápida viendo cómo «el personaje mís importante es el que del montante que da a la seudoinmortali Ya con prosopopeya del cordón Jad; sonrie a lu fotografía de ese ban quete en que el comensal salvaje se yi sonrie come un último plátano cuando hun comenzado los brindis; muchas veces frente a otras notas del periódico, y se le ve meterse en una, noticia y subirse aeroplano dé un telegruma, asomando medio perfil a la ta cámara mortuoria de una esquela de defunción. El café, mientras tanto, se ha enfriado. Don Jacnto se lo sorbe en tres. sorbos mientras cierra las ventanas de los periódicos y se prepara a jugar ol ajedrez en todos los ajedreces teatrales de Madrid, pues es sabido en este momento que pará conseguir un pas pel en la futura obra de Benavente hay que jugar con él al ajedrez, po lo nrenos, dos meses seguidos.
Tenavente, cuando ba acabado dete.
mar último y dulzoso sorbo, sacs un puro magnífico el puro que le he en perder el incógnito ante nquel pa (Froquiano del café que no lo hubja: re y conocido, lo enciende, y en cuanto echa la primera veta de humo, sale dis parado hacia la calle, como sí el po a.
ro fuese el automóvil torpedo del dra maáturzo. AM POEMA La esposa de un guerrero está centada cerca de su ventana. Con el ca. razón angustitdo, borda una blanca en un cojín de seda. Sé pica un dedo! La sangre corre YoSa.
sobre la rose blanca, qUe 53 traneforma en una rosa roja, Su pensamiento busca a amado que está en la guesrá y Cuya Sangre tal ver enrojece la vieve.
Oye el galope de un caballo. Llega por fin su dueño. No es slno su corazón que late con fuerza en su pecho!
Se inclina más sobre el cojín y borda de plata sus lágrimas que rodean la rosa blanes.
Li Tai Pe.
Inédito. Ciudad de Minas ZA Como un escudo sustentado en lamas corona el sol tus plicidas colinas, abre tu cielo, rompe las neblinas y siembra tu verdor de panoramas.
Señora del paisaje te proclamas en el trono de luz que empurprrinas, celeste galardón con que fascinss gloriado al brillo de tus propias lamas. u sombra, como un negro pensamiento. La como si fuese lencia. Th ezro de nuesma vida, somo si fuesen y vuestra conciencia. Si no lo sez, Ta númen de belleza airado sur a tus fuentes mirificas del Pura les suelos que adormecen tu bostaje.
ad Fei Lorea merie y lo de los iojenios Íoecceoa Ya ro se ve el pastor por el cazizo, debeis contarirles: al lo son, detéis as que al paisaje vs en todos as de e resperarioa espanie Tera 30 mxcer Lor res hs 33 meme los 225 Yo me tu5ix se ez lis sust Tm e Agustin Logan bangares, Octubre 1915.
Jorge Sienz Cordero Piy MA5GaL 4, Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y uventud, Costa Rica.
Este documento no posee notas.