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Segunda Sección. PAGINA QUINCE DIARIO DE COSTA. RICA Jueves de Agosto de 1928.
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les preguntó Guermenr, asomando su rostro barbudo por la escotilla entreablerta, como un diablo pronto a salir do su endo. No; seguramente no olín a oncorrudo No toníni miedo, persuadidos de que podían defender se, conflados on la solidos de su barco y ex la fuerza de eus pe y po mo 4Y. Yan y Silvestre estaban en la barra, atados por la ciar p. sod 1, onb us opuesuad odad s0JUOJULINP SO «quyJe vq 13use soJofnta sep 0p vop, ey opueno dub 39 oJe o oyuowuuynjosqu opuesodot soyonsua Us UPIDUYIV US ogons U0nQ Ip IIÍUO! UEQUIOIJSIP PYPprep tpenun uo) e¡ponbe uo epuu una ou stoY sel sond oyuavuota Jojnb ¡eno oyorades e ofequa us op sondsop asutqpIsooy SO UUILUL SOJ LUODUL OUIVI oy nie Aombpeno un osaufiqos oun opond soDuoyuT seuade DA9nU as ou odanp tuorqueey (9359 PuLIDUp 9s BÍUgur Ye. do pao BUISIUL 0P UJP 79 0pO AYUMANP OPLUSUAY VU 93 oypod opuotr (9 OPURO 00 SHUL OProsop UBLIQUy sopupnp sul 19 PRpepo sujstiqot SOUdUL 0JuoR se oa osod Ánul uo)
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Al final de aquella fiesta de bodas, hacía mucho calor y las piezas de los bailadores comenzaban a marearse, Recordábalo ella bailando con otras, mozas o mujeres.
de las que habría sido más o menos amante; recordaba su desdeñosa condecendencia al responder a sus llamadas. Cuán diferente era con aquellas. Era un bailador delicioso, derecho como un roble del bosque y dando vueltas con una racia ligera y noble, a la vez, con la enbeza erguida, un poco echada hacia atrás, Sus negros cabellos rizados le caían sobre la frente y oscilaban con el aire del baile. Gaud, que era bastante alta, sentíalos sobre su cofia cuando él se inclinaba para sostenerla mejor en los valses rápidos, De vez en cuando, él le indicaba con un signo, a su hermanita María y a Silvestre, los dos novios, que bailaban juntos, Refa con aire bonachón viéndolos tan jóvenes, tan reservados, el uno junto al otro, haciéndose revereneies, adoptando posturas tímidas para decirse muy bajito, cosas, indudablemente, muy amables, Claro está que él no habría permitido que fuese de otro modo; pero de todos modos y, por corrido y emprendedor que se hubiese vuelto, se divertía al verlos tan ingenuos, Entonces cambiar ba con Gaud sonrisas de íntima inteligencia, que decía. Qué lindos y graciosos son a nuestros ojos nuestros dos hermanitos 11 Al terminar la velada, besábase todo. el mundo; besos de primos, besos de novios, besos amantes, que no obstante, conservaban un sello de franqueza y de honestidad, dados allí, en plena boca, frente a todo el mundo. El, claro está que no la había besado; no estaba permitido aquello con la hija del señor Mevel; acaso, únicamente, la había estrechado un poco más contra su pecho durante los valses finales, y ella, confiada, no lo rechazaba; por lo contrario, apoyábase más, entregándose con toda su alma, En aquel vértigo súbito, profundo, delicioso, que la arrastraba hacia él, sus sentidos de veinte años estaban prestos a todo; pero era su corazón el que había iniciado el movimiento, o. Han visto ustedes cómo lo mira esa descarada dejao des o tres puraraa mozas eon los ojos erstamenta ve uo mp (9p UL us zn( equ vased ns 0)
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En Paimpol, a las once es ya muy rde, Gaud, entoneos, cerró su ventana y encendió su luz para acostarae, Aquel Yan vodría ser únicamente un poco salvaje.
Acaso, como también él era altivo, tuviese miedo de ser rechazado por ella, creyéndola demasiado rica. Ella había intentado ya preguntárselo, sencillamente; pero a Silvestro le pareció que esto no podía hacerse; que no estaría bien en una muchacha, tal atrevimiento. Ya en Palmpol se criticaban sus aires y sus vestidos.
Con la lentitud de una muchacha que sueña fué despojándose de sus ropas; quitóse, primero, su cofia de muselina y, luego, su elegante vestido, ajustado a la nioda de las ciudades, que arrojó sobre una silla.
Después, su largo corsé de señorita, que tanto daba que hablar a la gente, por su hechura pavisiense, Entonces, su cintura, una vez libre, se hizo 113 perfecta; no estando ya oprimida ni demasiado adelgazada en su base, recobró sus líneas naturales que eran llenas y suaves, como las de las estatuas de mármol. Sua nruvimientos cambiaban el as pecto de ella y todas sus pox. nras eran exquisitas, La lamparita, única que ardía a aquellas horas, iluminaba con cierto aire de misterio sus hombros y su pecho, su forma aclmirable que nadie había visto y que, indudablemente. ba a ser verdida para todos, a marchitarse sin ser vista jamás, puesto que Yan no la quería para sí.
Creíase ella hermosa «de rostro; pero era perfectamenta inconecionte de la balleza de eu cuerpo. Por lo demás e afualla avión de Brstida, entro ln haa de laa pro a Cultura y Juventud, Costa Rica.
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SEGUNDA PALTL sol de Islandia había cambiado de anpecto y de ev for, o Inauguraba aquel nuevo día con wr mañana oli tra. Completamente desprendida de nu velo, denpedlia gran des rayos que atravesaban el elelo como teties, iunclanido el mal tiempo próximo, Lo hacía demandado bueno, dende aljanios dz ya, y den bía de acabarse, La brlia soplaba sobre aquel conelliábalo de barcos, como demostrando la necesidad de dispersarlos, de desembarazar el mar, ellos comenzaron 40 repudia, a hulr, como un ejérelto en derrota sólo inte aquello ne menaza escrita en el abre, que no daba lugar engaño, Aquello soplaba cada vez más fuerte, huelende ten blar a los hombres y a los harcos, Las olas, pequeñas aún, dábano e correr dor timo Los fas otras, agyrupándose, Al pronto ne hablan adornado eon una espuma blanca que so extendía por sus bordes; eee pués, cruflendo, producían humaredas, como dl hirvicn, como al quemasen, y 14 agro ruldo erccla por funtantes.
Ya no sa penmaba en la pesca, elno on la maniobra, sola mssta Los apimjos e bubdan mendido a Hacia hala. 4h
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