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A nos por ETA TA pS nn Pa EY Lo eo 02) Parado yr PA y po da Cono ld Ada ciriid po 14D) JA a ada OLenn sl y Laa y poa. Pos pis a XxX a l) pos 1. Pe Uh a a JU JE y A pd. 1 AN O! Lo OZ DA il s Ñ y os 4 17 m i. A y. nm, cd ae PEN AT PEN dd da aero PrgTE LUJO OO Llao LUUOCO UE UU UDETA. epvo 7 ans Tr. cn. e OS Lib Ús ÓN PINTANA TA IT a IN TN PUT TO aa on a POT RO IOMA ds aa nodo ué co San José, Costa Rica Domingo, 20 de Enero de 1929.
Era una especie de osezno mal retocado que parecía haber descendido al Mino de alguna gar ganta profunda de la Muiella, con su rostro sucio, sus cabellos NEgros y ásperas, sus pequeños ojos siempre en movimiento, re dondea, amarillos como la flor de hiedra.
Durante la bella estación recorría los campos robantio la fruta de los árboles, asaltando los vallados, o arrojando piedras a los lagartos adormecidos bajo el sol. Lanzaba gritos ron cos, doloridos, que imitaban el!
Indrido del dogo atada a la cudena en los pesados días del estío. o bien el chillido incomprensible de un niño en paña!
les. El pobre Toto era mudo!
Los bandidos le habían corta do la lengua. En esa época él gunrdaba las vacas de su ¿umno; las Mevaba a pastar en los cam pos llenos de trébol rojo, soplan!
do su pifano de caña, mirando las nubes extendidas en las cum!
bres de las montañas, o el vuelo de los ánades salvajes arrastradog por la tempestad, Un dia de estío mientras el siroco sacudía las encinas y la Maiolla desaparecía Pantásticamente baj jo los vapores violados, el Mau re apareció con dos compañeros apoderándose de la vaca Jaspea da y como el pastor gritaba, le cortaron un trozo de la lengua, diciéndole. Anda ahora au contarlo, hijo de verdugo, Toto volvió a da casa vacilan te, agitando los brazos. arrojan do a raudales la sangre por la boca; escupó por milagro; pero se ha acordado para siempre del Maure y un día, viéndole pausar por la calle agarrotido entre rendiarmes, le lanzó una piedra en les riñones y huyó mofándose del bandido, Más tarde Toto abandonó su vieja madre en la cabuña a marilla bajo el roble y se fue a vagabundear, con los pies desnudos, sucio, perseguido por los pilluelos, andrajoso y hambrien to. Se volvió malo; algunas ve ces, extendido al sol. se diveortía haciendo morir lentamente un lasrarto tomado en Jos can:pos o una bella dibélula matizada. Cuando los pilluclos lo molestaban gruñía como un jabalí acosado por una jauría de perros. Al fin srolpeó a uno bru talmente y desde ese día lo dejaron tranquilo, Pero él tenía a Nina, a quien amaba tiermmmente, a su hue; na, su bella Nina, una jovenzue la flaca, con ojos muy rrandes, el rostro cubierto de pecas y un tupido mechón de cabellos ru: a co. Nina, acurrucada en un rin cón. devoraba un trozo de pan, y Toto, que tenía hambre, la miraba con aire sombrio, lamién dose los labios. Quieres? le dijo la niña con voz débil levantando hacia él sus Ojos claros como un cielo de septiembre, Si quieres, yo tengo otro pedazo.
Toto se «proximó sonriendo y tomó el pan. Lcs dos comieron en silencio; tres o cuntro veces sus miradas se encontraron y sonricron. De dónde eres tú? le preguntó Nina.
El de hizo comprender por signos, que no podia hablar y abriendo da boca le nostró un trozo de lengua negruzca. La jovencita volvió la cabeza con un gesto indescriptible de horror. Toto le tocó ligeramente el brazo, las lágrimas en los ojos, queriendo quizá decirle. No hagas 0s0. no te viyas tú también. sé buena, Pero de su garganta salió solamente un sonido extraño, que hizo saltar a la pobie niña. Adios. gritó ella, hu yendo.
Dspués volvieron a verse y; Citera ANA mana.
Permanecieron sentados al sol el uno cerca del otro. Toto posaba su gruesa cabeza obscura sobre las rodillas de Nina y cerraba voluptuosimente los ojos como un gato, cuando la joven, enredando sus pequeñas manos entre sus cabellos, le contaba siempre la historia del Mago y de la hija del Rey. Había nna vez un rey que tenía tres hijas; la más joven se Mamaba Stellina, tenfa cabellos de oro, ojos de diamante y cuando pasaba, todo el mundo decía. He aquí la Madona. y se arrodillaban. Un dín, mientras ella cortaba las flores en el jardín, vió un lindo papagayo verde sobre un árbol.
Toto. mecido por esta voz «ucariciante, concluía por dormir se soñando con la bolla Stellinaz des palabras salian de la boca de Nina más lentas, más apugadas y cesaban poco a poco. El sol envolvía ese montón de andrajos en una caliente onda de luz.
Toto y Nina pasaron así lar. go tiempo; partían las limosnas dormían en la calle, corrían por se juntaron como hermano y her el campo entre las viñas cargaria LAA NUMERO 2671 Doaminica Por Gabriel Anunzio das de uvas, a riesgo de recibir un tiro de fusil de cualquier pulsano, Toto parecia feliz, Algunas veces subía a la pequeña, poniéndola a horcajadas sobre la espalda y pacrtít en una exrrera loca saltando por encima de ¡Jos fosos, lus breñas y los zarales y el montón de estiércol, lrasta que se detenía rójo como el fuega, al pie de un árbol o en el centro de un cañaveral.
con un gran estiblido de risa.
Xina azorada, rela también, pero si por casualidad sus ojos aían sobre el trozo de lengua negruzca que se movía en la boca de Toto abierta por las convulsiones de risa, sentía un temblor de disgusto husta la mé dula. menudo el pobre Toto in notaba y estaba afligido todo el día, Pero, como octubre era tan dulce. Las mentañas obscuras a lo lejos, se destacaban netamente sobre el fondo claro veladas por un ligero tinte violeta que en lo alto se fundia cn indescriptibles colores de oro y azul. Nina dormía sobre el heno, su pequeña boca entreabierta y Toto acurrucudo junto a ella la miraba. Había a poeos pasos de allí un seto de ci ñas secas y dos viejos olivos de troncos agrietados. Qué bello era el cielo de ese dado, visto al través de Jas cañas blancas y las hojas azuladas de Jos olivos!
Fl pobre mudo pensaba, pen: saba, Dios sabe qué cosas extrañas. quizás en Stellina.
quizá en Maure. quizá en la abaña amarilla bajo «el roble donde una pobre vieja hilaba esperándolo en viano. quién sabed.
Un domingo de noviembre a mediodía, elos se encontraban bajo el arco de San Rocco. En el azul del ciclo el sol dejaba encr sobre las casas una luz dulce y blonda y en esta elaridad dorada las campanas sonaban echadas. vuelo, mientras que en las calles vecinas se elevaba un ruido confuso como el de una inmensa colmena.
Ellos estaban solos; de un l:ado la calle del Gato absolutamente desierta, del otro los cam pos de lJaborea. Toto miraba la hiedra florecida en las hendiduras del muro bermejo. El invierno va a venir, Iintre los muchos hoteles de la ciudad, aquól era el más aristocrático. Situado cn uno de los puntos más altos, era alli que se hospedaban los viajeros más ricos y respetables, algu ncs de los cuales acababan por fijar su residencia en el edificio. La Bondad, la Ternura, el Odio, el Recuerdo, moraban en ¿él Joven y hermosa, la Alegría ocupaba una torre alla que el sol hacía rutilar desde que amunceía. La Tristeza, siempre enlutada, vivía en un departimento sin luz que apenas visitaban los murciélagos. La Hipocresía habitaba un subterráneo y la Mentira una habitación biazos agrupados sobre la fren estrecha, cercada de puertas ful te, sas, que le facilitaban la fuga Se habían visto por vez pri a la simple aproximación de la mera bajo el arco de San Roe. Verdad.
Al promediar la tarde. cuando iba mi habitual Tu alma, sin comprende y al separarnos, te pusis del grupo, amedrantada mas ya la plenitud de la nos infundía un júbilo LE Alma Venturosa fué una vaga congoja de dejarte lo que me hizo saber que te quería, Con tu rabor me ilusionó ad hablarte, Fué silencio y temblor nuestra sorpresa que nuestros labios suspiraron quedos, y tu alma estremeciase en tus dedos como si se estuviera deshojando.
le aquel dia, adiós a darte, rlo, ya sabía.
te nparte todavía.
promesa an blando, OPOLDO LUGONES CU NIOS EXI DAORDINADIOS Por Humberto Dos Campos Era en ese edificio que hi: bitaba, llamando la atención de todos, un caballero joven, Tuerte, musculoso. que a veces se mostraba dulce, gentil, toleraute, y otras, irritado, hostil. ntrisante, y, en ciertas ccusionos, hasta mal educado. Era vecino del Colo, y al menor pre texto, reñía con él, que se vela generalmente secundado por la Envidia, cuyos aposentos queda ban exactamente del lado puesto, Cierto día ese cuballere, De ECihispas Por PETIT SENN UusHabría que poder olvidar lo malo que se oyó decir del pró: jimo, o acordarse de callarlo, máx seguro de los hombres por el mal que puedo hucérseles que por el bien que se les ha hecho, Se está Los liberales rezagudos se mezclan. con Jos conservador. más avanzados, como las gen23 que Se acuestan tarde se en cuzntran con las que se Jevantan muy lemprano.
Los dos huéspedes pués de una discusión con casi todos los huéspedes, resolvió a¡¿bandonar el departamento que ocupaba. Fue un escándalo, Gritos, desmayos, súplicas, estrépito de puertas y tapas de ¡baúles, todo eso legó hasta. a fueras alarmando al vecindario, El caballero fuése, sin emburgo, dejando vacío aquel departamen to.
Por la tarde, llamaron a la puerta del hotel. Era una selñora tímida, modesta, de fisn MN 25 hi 29 y Caprichos El más pequeño incidente pue de poner a descubierto la triuma mejor urdida, así como una nie bla caída sobre una tela de ara ña hac: apiurecer los hilos más tenues.
Las personas simpre en moqué sirven, son relojes que mar chiva pero que tienen únicamonte el minutero.
Sa halla una más espiritual pensando en lo que pudo haber Cicho, que recordando lo que dijo.
Trad. de Viriato Figueredo Lora Ador (Versión de Silvio Lago)
No te peines. El hierro podría quemar tus cabellos. Debes dojarlos sueltos sobre los hombros.
No te vistas. El cinturón puedi enrojecer la blanca tersura de tu viente, Debes ir desnuda como una niña.
No te levantes. Tus pies pueacióm den cansarse y deformarse al ardua. Quédate en el techo ¡oh víctima de Eros! y yo curaré tu herida ardiente.
Porque yo no quicro ver soLre tu cuerpo más señales que el cinco rojo de un bosy der masiado largo, el arañazo de una uña o la faja purpúrea de mi abrazo.
vimiento, sin que se sepa para Pierre Louys.
nomía bondadosa, que solicitaba una habitación. Tenemos sólo una, señora. Desocupóse hoy mismo! ex plicó el dueño. indicándole su departameo to. Entre. Aquí morabas hasta hoy, caballero Amor. Quién? dijo sorprendida la pasajera. Iól Amer. jAh, no me sirve! dijo entonces la mujer, retirándos. iYo no puedo residir donde estuvo use señor. la señora quién es, dijo Nina pensativa examiniando sus pies desnudos y sus harapos sin color, La nieve que blanqueará toda la tierra va venir. nosotros no tencmos fuego. Tu mamá está muecr ta?
El mudo bajó la cabeza; después de un instante la levantó vivamente y con los ojos briMantes mostró cl horizonte le.
jano. No está muerta. Ella te espera?
Toto indicó por señas que si; hizo después otros signos que querían decir. Vamos a mi casa que está allí abajo al pie de la montafa, 2d hay lecho, hay fuego, hay pan. marcharon, marcharon deteniéndose delante de las casas y en las villas, sufriendo a menudo el Hambre y sufriendo el dormir a la intemperie bajo un carro o a la entrada de una cubulleriza, Nina sufría so híbía puesto lívida, los ojos apagados, los pies hinchados, san rrientos. Toto cuando la miraba, sentía sú corazón herido por el dolor, le cubría las espal das co nsu vieja veste agujerea.
da y la MHevaba en sus brazos durante dhirgos trechos del ea mino, Una noche después de haber ¡caminado muchas millas se encontraron en un sendero desier to donde no había casas; la nieve cubría la tierra y cala sin cesar gruesos copos impulsada por un viento áspero. Nina hacía cuastiñetosr los dientes :1gitada por la fiebre y cl frío, enroscada en torno de Toto co.
mo una pequeña serpiente y 33 débiles quejidos semejantes a un extertor, penetraban en el pecho del pobre Toto como 0tros tantos trolpes de estileto, Pero úl caminaba, caminaba, sintiendo latir el corazón de la joven contra el suyo. al cabo de algunos instantes yu no sintió nada. los delgados brazos de la niña se habían cerrado en torno de su cuello con la rigidez del acero y su pegueña cabeza colgaba de un lado. a¿Frojó un grito como si una vena ¡de su pecho se hubiera roto; después apretó aún más eso pequeño cuerpo inanimado y siguió, siguió caminando al través de la llanura inmensa, en medio de los aHbidos de lu ráfaga Furiosa, siguió hasta que sus músculos se entorpecieron, hasta que su sinyre se fue he ¡Yo soy. la Amistad! landa en sus venas: Entonces explicó la recién Hegada. bajó, uno a uno, los uscalones de aquella casa que tenía, no se sabe por qué, la forma do UN CONUZÓN.
cayó extenuado, siempre con el pequeño cadáver aferrado a su cucllo, la nieve los cubrió.
Cam cristal, todo vibrante de olía Cómo se lama? El corazón lo augura. Clelía, Eulalia, Clotilde Algún pristino nombre con muchas cles. como un fino Se enciende en el dolor de su blancura, econ diminuta Mama, un asesino carmín. Su alma lilial cuenta al destino románticas novelas de amargura, En el vago perfil donde destella su ojo negro y fatal, descla aquella palidez; sus maneras son prolijas como las de esas moribundas raras que se cubren los dedos de sortijas y se desviven por las sedas claras.
LEOPOLDO LUGONES agua pura, Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y uventud, Costa Rica.

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