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2a. SECCION.
PAGINA SIETE Acuarela Antigueña ¡Ene paíse es va pensamiento Se Virgilio Icido en las pupilas de 52 Angélico, Tan azul es el cielo, que parece inocente En los campos estía al 3 Exlozas. par Ls flores y Ls de Penidas con rroncos robustos Ilma de la Rosticatio Mariani Procelieado de su 2oprenste vz el Capizán Geneal, dentro de su solenze S3FrOzA de cuazro eballos virilidad y parisitarios de fene. del Biez gracias la luz penes volviéndose encsje, Achas avant das a la vera de las cuales fuga la Coquetería de diamantes y de plta de los aguas, Enfrente, el reto del volcán, Percíbese el arcaico volar de ls lycadas Al inclinamos, podemos recoger una flor de tradición. Se escucha seculares voces, esta. Vejez de siglos que reposa en medio de bosques en juventud. Bzio husstros pies, tiembla la historia.
erase que caminamos sobre l2s losas de una rumba. Involuntariamente, én esta ciudad evocativa, en esta ciudad de ensueño, que se requiere el espadín y se echan de menos los jubones acuchillados y la nieve del polvo en los pelucas ceremonios2s. ¿Ese transeuñte no viene de exponer sus onzas al tresillo con ese en casa de don Francisco de Peraz2 y Rojas, Conde de la Gomera. No es acaso un conspirador de Los Nazarenos aquel embozado que se reexa en la puerta de un templo?
En la frente de tal eclesiástico bien puede estar ardiendo la sacra. escu los requiebros del gallzr que vino en el último galeón real.
Ua corrillo callejero comenta La venida del señor Wisitador, que está en el convento de La Merced y que tae pliegos reservados para la Rel Audiencia En sombra bricas correrías de Pedro de Berhancourt.
Ahora, Fabio mira de nuevo los aleas torres vencidas y pases la melancolía de sus recordaciones por la pereza de los plazas y por muros suavizados por el musgo.
Un bello rostro asoma los pasos, escándalo de la desierta calle.
Adviértense en él palidez de clausura, nostalgia de vida. Son quince años que bostezan. Piénsasc en la hermana tornera, en las madrugadas llenas de rmitines, en los cuchicheos del locutorio. la fugaz aparición acaricia como una luz y anima con su toque ros2 las ruinas legendarias. JOSE RODRIGUEZ CERNA. VERDAD!
Mi querido amigo me escribe de New York una: carta copiosa de belleza: y de sabiduria que.
mi espíritu exalta: quimeriza hasta erasformarla en luminoso C2mino de Damasco. Lás palabras vigorosas de mi amigo tienen acción vernal sóbre las anemias de mi hastío, morboso y han venido animar propósitos edificantes que él seguramente ignora.
Nos ha hecho meditar reflexivamente esa carta intensa fraguada en un cerebro robusto. Se detiene con curiosidad nuestra. atención. en el siguiente párrafo. extraño que tiene la virrud de habér dis Jógado. nuestras meditaciones con pun la rápida catástrofe que produce la imprevista disonancia. Sin saber ni cómo ni cuándo me ví a gatas sobre el pavimento, en medio del barullo del mundo, empujado de un lado para otro y obligado correr con más velocidad de la que se tomó en Cuenta cuando me construyó el destino.
Lo que sucedió entonces fué algo que todavía a estas horas no acierto a explicarme. Ls decisión más úsil habría sido despertarme y cuanto más pronto, mejor Pero no! No fué así. La ley de la inercia se hizo cumplir. Con el tiempo me he despertado, pero de mal humor, causa, de la siesta interrumpida. Hasta ahora empieza disipárseme li mala impresión. Al fín he acabado por convencerme de que el amor no es meramente un asunto del corazón como el de Abelardo y Eloísa, sino que es una cuestión que todavía se decide como se resolvía en el periodo del hombre cavernario, o se dilucida como lo resuelven los ciervos en los claros de los bosques. La explicación ya la dió Dryden: Sólo los bravos merecen las bellas.
Estamos frente a la verdad indudablemente. Sentimos que se iluminan nuestros dentros con la mag nífica luz de un resplandor desconocido y somos ya otra vez fuertes y animosos como cachorros de pantera.
La vida es algo más despreciable de lo que imagináramos! Alguna vez tuvimos la ardiente convicmás importante que una vida, y esa convicción era entonces nuestra verdad. mr Se nos antoja llamar verdad a la úlrima postura de nuestras almas, a la más a. ia de nuestros valores espirituales, al último capricho triunfante de nuestro corazón, al balance de última hora que muesrra das fuerzas eli.
minadas y las fuerzas nuevas.
Sólo el místico posee la verdad.
Los místicos convocan la eficacia de todos sus ardores la. hora ar lo queman vorivos inciensos blan las rodillas. o. Confesamos haber sido suísticos tremendos. La verdad a veces es Dios, pero a veces también se nos aparece trajeada de seda y cón cuerpo de mujer. es entonces cuando nos sirve la muerte sorbo sorbo en el. cáliz húmedo de su boca y en el cáliz letal de su vientre estéril, o o Mi amigo, sin saberlo, ha destruido el último reducto de una preocupación. podrida. Las frases vigorosas de su carta me han acoUN RT Sl da le duele, teres sostenidos, se emociona.
niendo una pared que se Cae. INDEPENDIENTE DE INTERESES SS a. NE LITE. El héroe, UN Señor El héroe no es en este articulo. más que usa ensleguia; el señor es Do un hombre cersino, de aspecto desagradable, y yo soy el abajo firdiez sf. mante lla penas el jo en Las seráfi Este señor cezrino es un tarro de vinagre con una capa de crema encima para despistar al observador.
Parece que escribió un drama social y se le quedó dentro como un cálculo en la vejiga, y esto sin duEl hombre aceitunado cree que escribir un drama social es sacrificarse por los demás. Cuando habla de cómo ha resuelco el problema del Art? 147 del Código Penal, y cómo estín en su obra los caricYo, al oirle hablar de estos caracteres sostenidos, me lo figuro siempre en un hundimiento sosteAA EN IS JU San José, Costa Rica, Domingo 12 de Enero de 1930. batalla del periodismo, la batalla de lz oficina, la bazalla de cz52 de huéspedes.
Este hombre del cálculo doloroso me abordó el otro dia con cierta afabilidad de pulpo y me dijo. Va usted a publicar orro tomo de Aviraneta. Si contesté yo. qué serie de libros en és12? prosiguió descubriendo el vinagre que llevabz debajo de la crenu. Es un folletín. Es un conjunto de anécdotas. Quiere ser ción de que una mujer era algo Este señor rampante y venenoso como el óxido de carbono necesita acercarse a los que le molestan para ver de comunicarles un poco de su acritud, un poco del dolor de su cálculo vesiczl. mi me quiso convencer de que debiz leer en la biblioteca del Ateneo un libro mío, anotado con insultos por no sé qué ateneista y profesor. Yo le dije varias veces: una historia pintoresca de España. Pchs! De todo un poco. No comprendo qué se propone usted. Cuál es su ideal? Usted no canta la democracia, el derecho, el respeto la ley, las barallas de vida moderna. AR. no; claro que no. No veo for qué. Para mí hay virtudes de ciu ¿Para qué. y no lo leí.
Jer conc y de la lucha, Este señor. del cálculo supone que Jos que hemos venido a escribir tras él. y hemos podido expeal exterior con cierta tranquilidad hemos destruido el mejor de los mundos. El mundo de las barallas En su tiempo todas ezan batallas y lucha. La lucha del periodismo, la lucha del teatro, la lucha del Parlamento, la lucha de la casa de dad y virtudes de campo. empecé a decir. os.
es REA vulgo Arreglada por don A AE estas campesinas son las únicas por las que tiene usted entusismo. Eso cePara usted Zumalacárregui o Zurbano son más grandes que Castelar y Salmerón. AB. claro; no tiene duda.
Del siglo XIX español hemos olvidado los héroes y no nos acordamos más que de los histriones de Ja misera Restauración. De manera que toda nuestra generación, con su preocupación de derecho y de democracia y de arte, para usted ha sido inúril. Completamente. Nuestrás luchas no han servido para nada? Part nadz Todos esos jurisconsultos, grandes oradores, que «nosotros nos parecen nobles, para usted son unos farsantes despreciables. Excctro. De manera que Cánovas, Ruiz Zorrilla, Martos, Moreno Nieto, Montero Ríos, Maura. mí me parece gente medioJENARO VALVERDE LEON e 3 20 Fi ere. Abogados, charlatanes. Gran: des hombres para un pueblo ramlblón y decaído. Hombres gesticulores, buenos parz tener estatins de Querol y de Benlliure. Estos escultores también le parecen a usted malos. Malos, no Vulgares, sin espisa. el teatro español del siglo XIX, tampoco valdrá gran cosa. mú no me interesa. el libro. El libro poco mis o menos lo mismo que el teatro. Asi que, según usted, 2qui todo es pequeño, y únicamente los albororadores. los sanguinarios, los turbulentos, los Aviraneras son los grandes. Eso ts. De manera que el pensamiento para usted no es nada. Sí, hombre, mucho; cuando es pensamiento. De manera que la democracia para usted es una farsa. Si, algo de eso. tira. Por hoy creo que sí. la moral una mixtificación. Algo por el estilo ¿Y qué queda entonces. de la plegaria y alrededor del ído y dohuéspedes. Era el gran tiempo en que el flatulento Núñez de Arce escribía versos y. Campoamor hacia aleluyas con un ingenio de notario.
ya no hay caracteres; hoy tá degenerado. ZUra. seduce El hombre del cálculo cree que esúnicamente existe La idea del presidente de la Academia de que la Sociedad se va. arreglar con luz y taquígrafos, le El señor del cálculo se ha acostumbrado de una manera tal a lo histriónico, que cree que es lo único en la vida. La batalla del teatro. No te des por vencido, ni aún vencido; e no te sientas esclavo, ni aún esclavo; trémulo de favor piénsate bravo y arremete feroz, ya mal herido. e Ten el tesón del clavo enmobecido que ya viejo y ruin vuelve a ser clavos no la; cobirde intrepidez del pavo que erige su plumaje al primer ruídoProcede como Dios que nunca Hora o como Lucifer que nunca reza, o como el robledal cuya grandeza necesita del agua y no la immplor. Que muerda y vocifere vengadora ya rodada en el suelo tu cabeza!
MOA FU R E. Queda el hombre, el hombre que está por encima de la religión, de la democracia, de la moral, de la luz y taquigrafos, de los versos de Núñez de Arce y de las alelude da el hombre; es decir, el medio de Jas tempestades, de los odios, de los recursos de la mediocridad, de lz envidia de los hombres cetrinos con las vejigas calculosas. imponen una norma difíbre, el héroe. Oh, tú, joven lector; si te sientes hombre, si te sientes héroe, si te sientes con fortaleza parz o, no vaciles, no sigas a lis sirenas de aspecto hepático que encuentres por. ls calles; no hagas caso de viejas momias ni de supersticiones erstianas; sacrifica: tu dicha, sa erifica a tu prójimo, sacrifica todo lo sacrificable. Porque vale la penz.
PIO sado en mi encrucijada y he tenido que salir 21 campo abiteto, abandonando como un harapo miserable la clímide flamante que bordiron manos de mujer.
Ante mis ojos sonámbulos, la vida, trajeada de mercader oriental, extiende tapices y telas exóticas. Mi ración de verdad de EL REPUESTO DE MIR. DÁVISa Por SOLANO hoy me la vende un jue dio! no Pero mañana la verdad será otra: Vendrá quizás envuelta en unz nube sombría y, su Conjuro 0rero, mi fe «profana, mi férvido misticismo, se asombrarín ante el panorama de una nueva idolarria, de una nueva verdad, efimerá como todas. Emprendemos. un día el viaje atolondrado e inútil hacia la anhelada Itaca, donde nos espera el bien supremo, y cuando creemos haber llegado, nos sale al encuentro el barquero Caronte y nos escimotez la úlrima moneda que estrujan nuestros dedos rígidos.
JENARO VALVERDE LEON. y poblado de trinos Me encon. yt El retorno del amado. Cuando vuelvas. ral vez mañana primaveral será, cuando mi mente, para aplacar mi espíritu doliente. Sueñe con ser un ramo en TU Venta.
Yo oíré cantar el 3guz en la fonsama2 mas no serán ni el agua ni la fuente: tu voz será, cuzndo me diga. Hermama. zás con. el csbello suclro para que en el, tus manos intranquilas tiembien histz dejarme Casi inerte Sin smber qué decir, diré. Ya has vuzlto?
y re fijarás en mis pupilas queriéndores besar. ma strevertel. RAUL SALAZAR el ambiente, ALVAREZ no 7. EsSs. ha justicia social una men cil. a los demás; sí, queda el homBAROJAÍL 2a. SECCIÓN o NUMERO 3129 suenan en MARCIA ON El sol es un gran abanico de oro en las manos de lz tarde. Las montañas son Un joyel de amatistas.
Sobre lz paz del pueblo flora la alrededores en quiécud. Unos niños ¡uezan a la luz murienre.
No sé qué ansiedad ignota tras esta hora, que estremece mi alma: quizá un recuerdo ya muy viejo, o tal vez una ilusión que tiembla a la distancia. Viene a mí con silencio expresivo de una mirada; con la suavidad de unos párpados de seda, con la ternura de una mano blanda. eos Cuando Sor María Filomena se urmió en el seno del Señor, en la selva se oyó, del lecho a la ventana, como ruido de alas. Er2 el alma blanca de li monja que se remoncaba hasta el cielo 22ul. Después le algunos imstantes de haber Jllegado a la áurez puerta del cielo, se detuvo gozosa y ante un ángel de Dios que estaba en guardia se arrodilló con reverencia y le dijo. Angel divino, reciteme; ven o de laz lejana tierra. te lamas. Sor María. Filomenz. Fuiste absuelta de tus pecados. Libre de toda culpa quedé siempre; vivi inocente, lejos de las Pan, el de los piss de cabra, hijo de Febo, vistiendo corto. traje de piel de pantera, coronada la frente con guirnaldas. de pinos, toca el rústico piífano sobre el monte Liveo, su alrededor retozan cornudos sátiros, velludos silvanos, fau nos de puntiagudas oréjas.
De pronto el dios apercibe en la falda de la montaña a Syrinx. la ninfa áreade que ofreció a Diana. u virginidad. Con túnica levantaba por encima de sus rodiJas, deshoja un narciso a orillas del agua, mientras murmura palabras corta, desconocidas. o El caprípedo se lanza en su persecución, y la ninfa escapa ligera Enciméa los campos su kunden las arañas ez sos escocdrijos, ea burro las moscas sicides Cocos, y al igual que sapos se hinchzn lo: botijos y como serpientes se enroscaz los Diuemen los rmormriles al pie de la choza, un ribaro zumba picando ua becerrojronca en la gavilla, tembaidz, una moza y gruñe en la cuadra sordamente uan perro. AS TUa reloj lejano dí zres companadss, la choza tres aldabonzz05. y. todas las gentes que están 2costadas se frotan los ojos y estiran los brazos.
Un frale barbudo; de carz amacillay pide agua a una moza que la bebe a suorro, y Ls negras manos de la 2gosterilla consienzudamente limpian el pizorroBebe el cenobita, lzs gracias masculla, da las buenas tardes a la rapazuela y huadiendo sus barbas entre la cogulla prosigue sus pasos hacia Compostela.
nostaleiaz verperal del ángelus. Los das Las sombras descienden lenras, Mi. REMAÁ BLANCA. pájeo. Se guenan los rrigos Arden los rastrojos.
hoces. A po ZURITA Una tarde en el pueblo alma queda soñando bajo ef anochecer, porque es eterna enamorada de lo misterioso, de todo lo som brío, asi seguirá tejiendo blonazules y collares de ilusión, aunque la reslidad de la riañana las destruya cada día.
Idealizar, soñar, es deshojar un margarita en lo árido de una Jlanura: es encontrar el fulgor de unz estrella en un pantano; es el vuelo de una paloma en el espacio oscurecido; es engarzar un Zafiro en el estaño de la vida; es plegar los labios y dejar que nos bese la Luna!
CLARA DIANA!
yr e murmursciones humanas. nunca pecaste. Jamás; de las borrascas. del mundo me sustraje siempre.
El ángel estuvo un momento pensativo y dijole en seguida. Vuelve a sufrir a la tierra len jana. sufrir otra prueba. Si, ama, duda y sufre. No so abren estas puestas de aro a las almas tímidas que vivieron en triste soleda: para que se me abran. qué.
debo hacer. XMo te sustraigos a las barallas de la vida: Lucha. GABRIFL DANNUNZIO.
SVRINX: como la sierva de Artemisa, hasca las orillas arenosas del Ledón. Prro Pan corre más, y lanza un grito salva. Detente! Es. tu boca cual el. higo maduro, lleno de ¡Oh prodisio! La blanca forma ¡se desvanece en débil vapor, y en su lugar se agita un bosquecillo «de cañas que se estremecen con armó nicos quejidos.
El dios corra siete tallos desiguzles forma la flauta de siete tubc. Bajo sus labios, las frágiles cañas por donde paóú el alma de Syrinx, texhala un canto divino.
Cutulle Xéndes. CANDELARIO Soctgete, Cupertino, que le es tás dando mucho bombo al macho ese. Además, acor: date de que aquí agarramos del rabo hasta a los maizoles de las fiestas. dd que ju JENARO. Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y uventud, Costa Rica.
HOLOCAUSTO Yo rezo mi dolor de cada dia Somo una oración de la mañana; me ha convertido tu recuerdo, hermana, en una iglevia de melancolia.
Toda mi voluntad ha sido vana.
No brota mi Novena Sinfonia exnoblecido de virtud pagara!
Renuévase en dolor lx vieja herida y dejo entre tu garra dopiidida rrú corazón singrado de porta, con la locura inúr con moneda VALVERDE e docsprrada ruleza.
LEON Doa e o AS A, TGI CTI RIA
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