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Pa, Y A L Eo.
PO Add rf AA DEE PAGINA NUEVE ¡Alma de sombra que rasga una luz ardiente! Alma de España, alma de la raza. Al evocar el alma de la raza, surge en la imaginación el paisaje castellano, su viejo solar adusto y añoso, yunque en que forjaron su espíritu para las grandes batallas el Cid y Alonso Sánchez, Teresa de Avila e Isabel de Castilla: el horizonte se pierde en la llanura inclemente, yerma, que el sol díluye en una opacidad de púrpura vesperaL Los toques lejanos de los bronces hacen vibrar el aire reseco, saturado del veho de la gleba y de los trigales maduros. En la sombra se perfila aún la lanza vencida de don Alonso Quijano, que no por vencida deja de mirar a los cielos! Lo pasado se impone como asiento y razón delo presente, de esta verdad soberbia de lo presente, cristalizado gloriosamente en uu mundo donde viven y palpitan la sangre y el alma de Castilla. 7 TINEPENDIENTE DE INTERESES Es e. San Jpsé, DOMINGO 12 de Octubre de 1930.
NUMERO 3358. El Alma de la Raza (Une ame sombre éclairée Tune Jumiére ardente de Vozgúé. El paisaje cambia. Ahora estamos a márgenes del Guadalquivir, en el risueño ambiente mediterráneo. Ya no esla naturaleza la que nos da el motivo, es el cordobés Julio Romero de Sobre el fondo oscuro de raras sugerencias triunfa el milagro de unos ojos: son negros como la noche y hieren como el sol. se adivinan dos labios finos y rojos que parecen esbozados en sangre por un estilete. Los bordados y arabescos de la peineta y de la mantilla verbeneras esfuman sus líneas en la sombra tenaz, pero el misterio de la maja las traza. nitidas, en nuestra fantasia. Sobre el pecho hay una cruz y a su lado un clavel rojo. Es una tela y. sin embargo, el mirarla, sentimes que nos envuelve el sortilegio del alma andaluza y creemos escuchar, con el rasguear de una guitarra, la honda cadencia de una coplz.
Sobre los ojos que e dañan, blandamente ee impone la paz tigadora dela cruz. TAlma de sombra que rasga una luz ardiente! Alma de España, alma de la raza.
MORISCA o (ORO DE LEYENDA)
Por tu gracia zalamera; por tu mirada gitana a un tiempo cálida y fría. por tu cuerpo que debieras lucir en la Castellana o tras la reja moruna de un patio de Andalucia. por tus labios en que ríe tu sonrisa pecadora; por tu cabellera negra y tu piel morena y fina, a.
yo te sueño una Zoraida, te finjo de sangre mora. Viérate en una hornacina. o.
lacerada por la pena, y juro que te tomara por la Virgen Macarena.
Dime. de dónde has llegado, vienes de un Jejeno 2duar. Entré palmeras alzado cabe la orilla del mart ¿Te ganó acaso un eristiano de tus que en árabe potro fueron por Cristo ehár. De aquellos que abandonando su amor, su patria y su. hogar. hasta su míáma fortuna. en el nombre de Jesús vencieron la Medía Luna, y levantaron la Cruz como un símbolo de gloria brillara España en la Historia. para que a suviva luz. rel. Acaso. en tierra de moros bailando en alguna tambra sédujeras a Boabdil; y fueras la: Sulamita de la prodigiosa Alhambra, una mañana de Abril, Lo callan los eronicones; mas yo sé que han conservado las añejas tradiciones, de un poeta de tu tierra este sentido cantar. Sulamita, Sulamita.
hermosa há de la Alhambra bella perla del aduar. dulce belleza moruna. Quién fuera un rayo de luna para en tu Alcázar entrar. 19. 30. JORGE SAN. Una a y recontaba en silencio de mi adorada la pirend (Tal evoca tu figura el oro de la leyenda. También yo evoco la mía; la que rezá en miz cantares, que fuí por una mujer, pirata en todos les mares; o.
beduino de znóvil tienda, o y tras múltiples azares, el Frincipe que una vez, llegó perfumando todos los sueños de mí niñez. Volví por la misma senda sobre viejos dromedarios de largo y cansado paso; el sol un fulgor postrero colgaba sobre mi tienda.
Yo azuzaba con mis gritus de la caravana el paso, La que para su decoro.
Soñara mi esplendidez: perlas, márfil, seda y oro; una esclava de. Circasia y un enano japoné3. y entre ádornas cortesanos, 27 Pulseras para sus manos. e y ajorcas para sus pies.
Mas la mujer ador rada, la más bella del aduar, fué de mi tienda robada yo no la pude encontsar. Con hipo de pesadumbre lo plañeron mis vasallos. bajo mi látigo en alto listo para castigar. Sólo tuve en mi amargura el placer dermis caballos, encrespados y ligeros como las olas del mar. Tal evoca mi figura el oro de la leyenda. Tú eres la Sulámita que robaron de mi tienda; la oue lloraba mi ausencia allá en el lejano aduar; la que entre brasos de bravos gané por mi bizarría; mi Sulamita. la mía!
la que ceñida mi brazo, bella como una Sultana, verán todos con asombro pasar por la Castellana, y ostentar su gallardia, tras una reja moruna de un patio de Andalucía. Z CORDERO San José, 22 de Septbre. a. a FOTOS Pacheco derecha: o.
María Pinto, Aida Pinto, Estrellita Jitiézez Dereno, Margariz oteljta o Angélica Dustzmante, Carmen París Féneriz Castro Ranson, al ara ¿Qué es. lo que miro en el confín del cielo. allá bajo la: bóveda infinita. esfumándose en vago terciopelo. La Cruz Austral. la misma cruz bendita que trajeron las naos españ ñolas, a cuya borda visionaria un dia vió Cristóbal Colón sobre las olas y este nuevo hemisferio que surgia.
La misma eruz gloriosa con que aquel elocuente misionero de Dios, alri de rosa y corazón de acero, envuelto como en túnica de armiño, llegóse a nuestra selva americana con el agua bendita del cariño y la simiente de la fe eristisna, La misma ercz y digna de igual loa por su sola virtud enaltecica, que llevó Vasco Núñez de Balboa 2 través de la mar embravecida.
La misma cruz sagrada que exenciera sus brazos en las brumas cuado Cortés le regaló su espada y seicjo al inquieto Moctezumas, La mismas eruz divina que llevaron en medio de 503 Zreyes la cordillera andina 2 la ciudad de los Vinyes mamaro RER Yo miro: como un. índice la. prora de tus viejos galeones temerarios enarbolando el pabellón realista, con sus brajos soldados legionarios dispuestos. morir en la conquista, surje ante mis ojos la epopeya heroica. Tus ejércitos bravios cruzaron como rápida centella; esguazaron los rios; trarsitaron el Hano; treparon las más altas serranias, y por doquiera que el león hispano corrió con sus jaurias y todo a su poder lo encadenada, no dejó de escuchar en su camino con que fiado en sy destino jo can de nuestra raza aullaba.
idalga madre España. esz rormíntica epopeya, uya ess hazaña tu insedarable monumento es ella.
Juisio la reina inmarcesible y bella, la madre venturosa de estos nuevos cachorros penitentes que besaban tu mano esplendorosa o.
y guardaban sus impetus latentes.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y uventud, Costa Rica. como se quiebra un delicado engaste arrojar en pedazos. la cadena de ensueños que forjaste. y así por esta suerte. levantaron los pueblos ¡su trinchera. y en esa lid de redención o muerte clavaron en la cima su bandera.
Pero al cubo de tanta rebeldía arrojamos Jas zarzas al olvido; y seguimos amardo todavia tu nombre, con afán enloquecido. y mientras nos arrulle tu duleisima fabla en el oido; porque u genio en nuestra sangre bulle y a despecho del tiempo y la distancia aún vive germinando tu arrogancia; aún miramos tu enseña día tras día os cubriendo nuestro suelo en su púrpura y gualda reflejada, del cielo arse la alborada.
comienza dibuj Tecibe oh madre España este canto, que brota de xi entraña cordial, como un Venero de amor y de esperanza y de alegria.
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