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Domingo 12 de Mayo de 1935 SUPLEMENTO DOMINICAL, de LA TRIBUNA Página PAGINA DE LA POESIA Canto a Salamanca (De La Bejarana)
SEPELIO Salamanca. Salamanca!
La de los pardos collados la de los pechos honrados bajo la chorrera blanca!
LA ORDEÑADORA Mirándote en lectura sugerente llegué al epilogo de mis quimeras; tus ojos de palomas mensajeras volvian de los astros, dulcemente.
La de los surcos derechos y las besanas oscuras, la de las mujeres puras y los Bedientos turbechos!
El sol de la mañana con débil lumbrc dora los floridos campos, las cumbres del poniente, y un frescor de montañas insiste en el ambiento húmedo do rocio y reciente de aurora.
Tenia que decirte las postreras palabras, y calle espantosamente; tenía que llorar mis primaveras, y sonrei, feroz. indiferente.
La de los toros bravios los aduatos jurdanos, la de los cielos sombrios los páramos secanos!
Camino del corral viene la ordenadora, concretando su andar con un ritmo indolente, sencilla en su elegancia, rústica y negligente, garbos en su manera liberal de señora.
La luna, que también calla su pena, me comprendió como una hermana buena.
Ni una inquietud, ni un ademan, ni un modo; La del charro diligente que en una potrilla blanca va cantando, alegremente, Salamanca. Salamanca. se acurruca al lado de la vaca sumisa Merced al indiscreto desliz de la camisa se miran sus dos senos gravitar en el sayo, un beso helado. una palabra helada!
Un besc una palabra, eso fué todo; Todo pasó, sin que pasase nada!
JULIO HERRERA y REISS:6. uruguayo)
Salamanca! Tierritmia!
Yo te ndoro, porque tienes en tu mano un tesoro: mientras ejecuta la temprana tarea, el ternero, impaciente, balando, se recrea, y el toro, compasivo, la mira de soslayo.
MARIO BRAVO. argentino)
la flor de charreria y el montaran besarano, que te cun dia tras dia, mu alegria con el sudor cotidiano. Salamanca labradora!
La de la pobre a rma. La de 12 oveja nerima y la encina acogedora!
Salamanca rement!
La de grandes arracadas!
La de las telas bordadas y el recamado mundil!
SONETO SONETO Cuán bella sois, señora! Lo sols tanto, que yo no vi jamás cosa más bella; miro tu frente y pienso que una estrella mi senda alumbra con un brillo santo.
Salamanca pacaresca. La de arrieros y estudiantes. La do curas y bergantes, mesones y soldadesca!
Los ojos de mi amada hablan de amor y ennoblecen a todo lo que miran, todo el que pasa vuélvese y la admira y su saludo da un dulce temblor.
Miro la boca, y quedo en el encanto de la dulce sonrisa que destella; miro el aureo cabello, y veo aquella red que amor me tendió con tierno encanto.
Salamanca señorial!
La del hidalgo severo que, en su 33, al pordiosero reserva siempre un sitial.
Se humilla la mirada y la color y al ver su pequenez uno suspira; ante ella huyen el desdén y la ira, ayudadme, doncellas, en su honor, de terso alabastro el seno y cuello, los brazos y las manos, finalmente, cuanto de vos se mira o bien se cree, Nace, oyéndola hablar, del corazón una humilde dulzura deliciosa, y cs feliz quien la logra contemplar.
Salamanca! Tierra mla!
Porque tienes en tu mano la fior de la charreria, y el montaraz bejarano que te dan, dia tras 12, su alegria, con el sudor cotidiano, yo te adoro, tierra noble, tierra franca!
Tesoro de mi tesoro!
Salamanca! Sahn raca!
es admirable, oh, si, y a pesar de ello permitid que os lo diga osadamente: mucho más admirable es aun mi fe.
No se puede decir ni imaginar cuan dulce es, sonriendo, su expresión.
Tanto es su gentileza milagrosa.
LUDOVICO ARIOSTO.
DANTE ALIGHIERI (italiano. Luis Fernandez Ardavin (español. italiano)
Los Serros, Los Ojos y La Cabellera La Máscará Japonesa ADIOS Cuando tu boca me besa pequeñita, regalona, hace una mueca burlona la máscara japonesa, Yo besaba la palma de tu mano y la rosa de fuego de tu boca, y en la inquietud de amar, que no era en vano, la dicha de besar siempre cra poca, Si tu mano de princesa dice que no me perdona se pone larga y tristona la máscara japonesa.
Oh recuerdo tan dulce, tan lejano, Una indecible pena me provoca.
En este mundo, demasiado humano, la dicha es breve, y la esperanza loca En las noches invernales su oblicuo mirar añora tibias siestas orientales; Más blancos y más henchidos de tesoros que las tiendas de un emir, tus senos, mi bien anada, son las tiendas de mi amor.
Cuando escondo, a medio dia, mi faz entre tu cabelera, y busco tu mirada, tus ojos son las Bos estrellas que iluminan mj noche embalsamada.
Si algún día sé que otro se ha envuelto en tus cabellos, y que tus ojos han contemplado la faz de ese Maldito, yo no tiraré de mi puñal, ni compraré veneno, pe ro si silbaré a mis lebreles.
Capturaré una gacela, la adornaré con tus collares y la arro jaré por un abismo.
Yo besaba tus ojos. pero cuando entre mis brazos, te arrojo lloranda, el dolor de partir, de no ser mía y tal vez en sus tristezas, sin que lo sepamos, Hora la máscara japonesa.
ya sino desde muy lejanamente: aquella tarde te besé en la frente sin poderme explicar uor qué lo hacia.
ERNESTO MARIO BARREDA.
CARLOS PRENDEZ SALDIAS. chileno. Jardin de las caricias. argentino)
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