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(Especial para LA TRIBUNA)
Por Carlomagno Araya NAVIDAD PAN FRANCSO Su voz, una nota de citara eolia.
Perfume arrancado de alguna magnolia celeste, era su alma piadosa y gentil.
Su amor, que dió a todas las pequeñas cosas, hizo que las piedras se tornaran rosas y que el aire fuera más puro y sutil.
La ciudad de Grecio, plena de alegría estaba esa noche. Por doquier había regocijo intenso de intensa emoción.
Por Dios cultivado, con gracia y decoro, el cielo era un campo de trigos de oro, la brisa el preludio de alguna canción.
La luna besaba, con besos de lumbre, los bosques, la sierra, los prados, la cumbre, la montaña umbría donde el ave sus trinares alzaba con ritmica pompa.
El viento anunciaba, soplando su trompa, el advenimiento del niño Jesús.
DE ASIS Tres ángeles bellos, cual tres Reyes Magos, vinieron en alas de los cierzos vagos, en la dulce noche de la Navidad del noble Francisco, a traer mirra y oro e incienso fragante todo ese tesoro de dicha que el Santo dió a la humanidad.
Juan de Grecio era hombre de buenas maneras, quien tuvo en el alma muchas primaveras de ensueño, de vida, de luz y de amor.
Las leyes divinas le dieron la calma.
Siempre hubo fragancias de bien en su alma que fué a la manera de un carmen en flor.
Esa noche, ese hombre pacífico y bueno buscaba doquiera pajuelas de heno, para en una cuadra formar el portal.
Francisco, muriendo de afectuosa fiebre, llegaba, temblando de amor, al pesebre y alzaba a los cielos un himno triunfal.
Las gentes piadosas, en torno del Santo, respondían todas al divino canto que salió del labio del bardo de Asís.
Los cierzos llenaban de aroma el ambiente y allá en los jardines que tiene el Oriente la luna era a modo de una flor de lis. el hombre virtuoso del pueblo de Grecio, quien sintió por todo lo malo, desprecio, vió, mientras alzaba su ferviente voz al cielo, entonando cantos de alabanza, tendido en las pajas rayo de esperanzala propia figura del niñito Dios.
Entonces la noche se arrancó del pecho una estrella, para ponerla en el techo de la cuadra, en donde formara el portal el dulce Francisco, con la compañía de aquel hombre humilde que en Grecio vivi huyendo de todas las sirtes del mal.
El cielo seguía de fiesta y de gala.
El ave sacaba de bajo del ala su pico pulido, de nieve y marfil y al cielo elevaba su cántico suave, como si la punta del pico del ave se hubiese llenado de músicas mil.
El viento solloza, la brisa suspira.
La fuente que es cuerda de la inmensa lira del bosque sonoro, prorrumpe en un son.
El mundo de gozo, de latir no cesa, como si en el pecho de Naturaleza hiciera las veces de un gran corazón La ciudad de Grecio, plena de alegría estaba esa noche. Por doquier había regocijo intenso de intensa emoción.
Por Dios cultivado, con gracia y decoro, el cielo era un campo de trigos de oro, la brisa el preludio de alguna canción.
El tierno Francisco pasó aquella noche, de dulces ensueños haciendo derroche.
Llorando de dicha, del pesebre al pie, echaba en el alma de la concurrencia el más grato aroma, la más pura esencia de bien, de ternura, de paz y de fe.
La luna besaba, con besos de lumbre, Los bosques, la sierra, los prados, la cumbre la montaña umbria donde el ave sus trinares alzaba con rítmica pompa.
El viento anunciaba, soplando su trompa, al advenimiento del niño Jesús.
LA TRIBUNA Director: JOSE MARIA PINAUD.
San José. Costa Rica, Domingo 20 de Diciembre de 1936 NUMERO 33. EL BANCO ANGLO COSTARRICENSE desea a su numerosa clientela Muy Felices Pascuas y Próspero Año Nuevo Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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