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2a. SECCION LA TRIBUNA Anunciarse en LA TRIBUNA e Tender DIARIO DE LA MANANA Año VII Número Suelto 15 San José, Costa Rica, Jueves 14 de Abril de 1927 Suscrición Mensual: 00 Página 37 JESUN, el Predilecto de la sabiduria y del Amor, un dia, quiso para su dnolo conocer la Armonín, y vio cómo um ciruelo voluptuoso moria dos corolas teinblando con éxtasie do celot Jesús abrió los ojos, y como Magdalena se postrara de hinojos a sus divinas plantas, contrita y dolorida, la dijo: Magalena, termina nhi tu vida? DIVINA En al aire hubo un leve, hubo un vago lamento.
sun lamento, fue un beso. la palmiera y vento. En allenclo el Profeta proalguló su camino Morecido de nardo, rumoroso de trino, y al mirar de las cosas su secreto clocuento ya era el virgen arbusto, ya la fior, ya el torrente tabletorndo en las rocas rumorosas almndas con placilez el Santo ponin en sus mirndas la estrofa de un ensueño futil, y sonreía. No anuncia la sonrisa que existu la Armonia. MABOLAS Ella repuso entonces: Señor, vleras cuanto me palpitan las slenes cuando fhuyo ml llanto a través de la rosa de mi mejilla ardiente!
al llanto que me abruma yo le digo detente. sin que mi voz acate, porque otra volt ordena en mi Interior: soporta tu merecida pena. y si hoy ante tus plantas vierto ml amargo loro es porque sólo ansio que tu perdón do oro me purifique el alma y ahuyente mis agravios, para sentir tus plantas rozandorue los labios!
alaza Iba por el camino desús, y fue su paso trn leve que sus plantas dijeranse de rasoi un nuava viento henchido de resedas Dovia su enbellera blonda que entonces parecia una lluvia de pólen cayendo sobre el campo.
La tarde pensative se abrillantó en tin lampo anaran Jado; el monte resopl6 sus clarines ma dulo rioletn trajo olor a confines, y así la tarde, como la nube y las montains, sus lacos y perfumes y As voces extrañas agltaron al paso de la Suprema Alteza!
Ante el Amor, oficia siempre Naturaleza. Por la bendita estrella de fulgor diamantino Tue alumbrura a los Magos del Orlonto el camino, hnz, Señor, que en mi frente refulla alguna estrello que esfumine Las sombras de mi fatal querella: por el establo humildo que te ofrendara el lecho donde por vez primera Ubaste el sacro pecho.
huz, Beñor, que mis labios sofoquen su amargura con las molelos eternas de tu amor que perdara: y por los sufrimientos, como por la nlegría qne a tu venida tuvo nuestra Virgen María, ten pledad de esta pobre, contrita Magdalena, que fuo perversa un tempo pero que ahora es buenal. interrumplo el Divino: Mujer, no te abandono: on nombre de mi Padre que es Amor, te perdono!
y sus palabras fueron como el desbojamiento de una flor, en las alas rumorosas del viato!
De pronto desde el fondo lejano del camino, ana mujer demanda: Dónde estará el Rabino. Dónde el proliglo hecho hombre, del dolor panacea. Dónde el Minso, el Humilde Rabí do Galea? Tuambla la extrafia huéspedi parociera estar local muestra un haz de inquietudes prendidas en la boca y en bus Jazos una visión desgarradora. Esos ojos denuncian a una pecadora. La mésped ya lo ha dicho, pero anhela ser buena al del Nozareno.
Es Maria Magdalena! aquella arrepentida, y aquella pecadora, stió que en sus adentros roveutaba una aurora.
que eren otros sus senos, otro su cuerpo todo, y que hasta sus pupila miraban de otro modo.
Quiso reir, y su rien prendió sobre la tarda un murmullo elocuente; temerosa y cobarde quiso hablar, y, el Divino, que la oyó placentero pensó que cantaría un ruiseñor trovero.
Magdalena, la santa Magdalena no pudo detener por mais tempo su rendimiento, mudo, y despeinando al punto sus copiosos cabellos puso en ellos esencias del Oriente, y con ellos Ilbras cast invisibles de una encedida te unglo los pies al Santo Rabi de Galllea.
Es Maria, es Magdal, que dice al Nazareno. Serior, ya que eres bello, también, señor, s6 bueno yumura a la que busca de la maldad defensa vertiendo sobre mi alma que llora de vergüenza un balsamo que cure mi vida de lujuria: yo agostaré mis dias viviendo en la penuria, y pur sentirme casta, y por sentirme buena, faz que sea mi carne palpitante y morena roJA flor de crisoles para sentiria luego exenta de pecado. Jesús oyó su ruego, y la miró de pronto tan bella y dolorida que, con dulzor, la dijo: Cuenta, mujer, ta vida.
La florecilla agresto que el camino amaranta entreabrió sus corolas con roverencia santa, y el Arbol corpulento, desafiador del cielo, hizo que entre su copa monarn un ritornelo nl tiempo que el torrente palmotendor dec. Adoremos, hermanos, a la sabiduría. Mi vida. Oh, mi vida pesarosa y dollente!
lijo la Magdalena, entrecortadamente mi da ha sido siempre la trágica comedia douce el placer exalta, donde el dolor asedia, y donde la existencia, lo mismo que un perfume nos as grato un momento y luego de consume!
Yo soy la que en sus horas de soledad Invoca el abrazo que aprime, el beso que provoce, el beso que provoca a deshacerse en besos hasta sentir fundidos, a su calor, los huesos.
Ml Wida es el compendio de todos los placeres: en Jarruley de Lesbos tomo vino de Céres y algo en el potro que a la Muerto encamina.
Ouando con vaporosa túnica damasquina recorta mis perfiles el bizantino espejo, me un tal urgencia que desmayarse dejo mi cer palpitante sobre un cojín morisco: miro ml duro seno bueno para el mordisco, mis ojos centelleantes, corno mi boca sabla para mentir, y siento la más profunda rabla por no joder morderme las piernas ni los senos, mis pernas y mis senos que otrora fueron buenos para aplacar las ansias de mi rabioso Instinto: ml purpo tlenibh como un gran florón corinto: viben miis nervios todos mientras mi carne waita hasta que alguna crema del Kurdistan cemalta mi contorneado vientre, maldito para el mundo.
Señor, tú lo quisiste, mi vientre es Infocunde.
La Magdalena estaba nerviosa, tan nerviosa Omo Nt de hojara febrimente una rosa para ver si el amante por quien estuvo loca volvería a apagarle los fuegos de su bocn.
Sus grandes ojos negros, sinbolo de su estrago, copiaron taciturnas soledades de lago; tonian sus pupilas tanto mirar sereno que, hirieron que las suyas, cerrara el Nazareno. Después?
Por el camino que pertuó el ceas Jestis hizo de nuevo vagar su lento paso el viento acariciaba su cabellera blonda y aquella onda llena de soldad, la onda que desde los confines notara misteriosa, se deshoj6 a sus plantas, lo mismo que una rosa El Santo alzó la vista, su vista dulce y vaga, a trmamento y dijo: Señor. qué quieres me baza. Qué pueden mis designdos, cuando hay sobre el planeta una mujer que llora recónditos desvíos. Si a ratos soy (116sofo y a ratos soy poeta, cúmplanse tus nuandatos, Señor, y no los mios. La tarde, sorprendida, placidamente sobre los seres y las cosas regó su viejo cobro mientras que en el silencio de la hora elocnente, desliza que desliza, Iba serenamento una barcy de ensueño.
San José, Sólo una vez hay que encender EL MAGNIFICO CIGARRILLO REY (HECHO PARA QUE LE GUSTE)
El Rey simple es la perfección en la preparación de tabacos.
finos y escogidos.
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