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Un cuento de navidad. N C MI Por Javier de Montillana Abran, por caridad contestaron desde el exterior.
Doña Antonia salió a abrir.
Era el zagalillo de los pastores que cuides ban del ganado allá, en una choza de la sierra. Qué es lo que quiere. replicó agria.
mente el amo. Mis amos. es que allà arriba, la mujer del pastor está muy malita. Dicen que va a nas cer un niño y no tiene ropas con que cubrirlo para que no tenga frio. Pues que se arreglen como pueden cons testó.
Pero, doña Antonia exclamo: Pobrecillos! un niño va a nacer predla!
samente cuando Dios vino al mundo. Espera un momento, que ahora voy yo con unas ropitas y una manta. Por qué no vienes tú también Ambrosio. Haremos una obra de caridad.
Déjame de monsergas! Vé tú si quieres.
Yo me iré a la cama. Escucha. Ambrosio insinuó la esposa no comprendes? Un niño que va a nacer. en esta noche! La Nochebuena! Ya es hora de que sientas el amor a los pobres. Ellos, los page tores, van a tener un hijo. Medita en nosotros, Estamos tan solos que a la hora de la muerte nadie nos llorará. Vamos a socorrer a esos pas.
tores, y entonces nuestra Nochebuena verás que bella es. Tardó unos instantes el amo en cons testar. Su rostro adquiría un gesto extraño. Bueno, iré por. acompañarte.
OD Era el dia de la Nochebuena. Los vecinos del pueblecito de Peñas Altas, subido en una gran rocosidad de la sierra, hacían los preparativos para celebrar la tradicional y cristiana noche, en que se conmemora el Nacimien to del Niño Dios. Es decir, los preparativos ya estaban hechos desde varios días antes, porque, presintiendo el temporal de nieve que incomunicaba el pueblo, sus moradores se habian apresurado a comprar las colaciones para celebrar las fiestas.
Los niños, sin temor a. la borrasca, recorrían las calles con sus zambombas y rebeles, cantando villancicos, mientras la noche iba extendiendo su manto.
La canción que aprendimos desde pequenos. se abría como la promesa de algo nuevo, aun siendo viejo. Nuevo para las almas infantiles en el jubilo de la vida: viejo, como la canción para los que iban perdiendo la cuenta de los años.
Nació el niño sobre unas pajas del camastro de la pobre choza. Doña Antonia taps a madre y al hijo con sus mantas y atendió a la feliz madre. Mientras tanto. llegaban los ecos de la campanita de la iglesia.
Ya está todo arreglado exclamó jubilo52 dona Antonia Ahora, ia misa! tú vene drás también, Ambrosio.
El ano. había permanecido silencioso, con Ja cabeza baja, rumiando sabe Dios que pene samientos.
No contesto nada a su mujer. Pero con ella bajó al pueblo y penetró en la iglesia, con el consiguiente asombro de sus convecinos. Cuando el sacerdote, al final, dio la bendición y excla.
mó: Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres de buena voluntad. unas lágrimas somaron a las mejillas del señor Ambrosio.
Cuando salieron del templo, en jubiloso cong tacto con los fieles, el señor Ambrosio dijo Al oído de su mujer. He pensado. Podríamos ser padrinos del niño. sabes) Nació a las doce de la Nochebue na y le pondríamos. Jesús. Luego. ayudarise mos a los pastores y educaríamos al pequend La señora Antonia, ante todos los vecing de Peñas Altas, abrazó a su esposo, mientras contestaba. Claro, hombre! Tendremos junto a nos otros a Jesús. La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va. nosotros nos iremos, para no volver jamás.
Ya todos los habitantes de Peñas Altas se habían recogido en sus casas, junto a la cocina, en cuya chimenea ardían los troncos de leña.
poniendo contrastes de luces y sombras. Fuera caía la nieve lentamente.
En casi todos los hogares se escuchaban los villancicos, que después de la cena eran como La canción obligada, en espera de que sonase la ampanita de la iglesia llamando a la Misa del Gallo. Solo una casona, la mejor del pueblo, estaba silenciosa. El amo. el más rico del contorno, dormítaba junto a la chimenea, sin intenciones de acudir a la llamada cristiana, mienfras su sufrida esposa se disponía acudir al templo.
De pronto resono un fuerte aldabonazo en la vieja casona. Quién llama a estas horas? respondig 12 voz del amo.
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