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Las memorias de De Gaulle La salvación (1944 61. Capítulo IV ASI. habla yo recorrido en unas semanas gran do de Mendés France y de Tanguy Priget, guiado parte del territorio, apareció ante los ojos por Bourdeau de Fontenay. comisario de la Re.
de diez millones de franceses con el aparato del pública, y por el general Legentilhomme, que poder y en medio de las demostraciones de la ad.
mandaba la región militar, visité, en especial. El hesión nacional, mostrado a la gente que desem.
Havre, Ruán. Evreux, Liseaux y Caen o, mejor dicho, sus escombros. Si, unos dias antes, el con peñaba alguna función que el Estado tenía una cabeza y hecho comprender a los elementos dis.
tacto con las multitudes del Norte me habían persos de nuestras fuerzas que para ellos no había confirmado en la idea de que el esfuerzo nacional exigía grandes cambios sociales, la extensión más porvenir que la unidad, ni más deber que la de los daños que Normandía había sufrido, me disciplina. Pero ¡cuán cruel parecía la realidad francesa! Lo que había yo comprobado, bajo los afirmaba en mi decisión de poner nuevamente el Estado en pie, condicior sine qua non para la re. discursos, los vítores, las banderas, me daba la impresión de unos destrozos materiales Inmensos construcción del país.
y de un hondo estallido de la estructura política, administrativa, social, moral del país. Era patente ADEMAS, por contraste con las ciudades de que en aquellas condiciones, el pueblo, por muy ruidas la campiña ofrecía un espectáculo alen encantado que estuviese con su liberación, tendría tador. En el mes de agosto en plena batalla, ha que soportar durante largo teimpo duras pruebas bían encontrado manera de recoger y de guardar que no dejarían de explotar la demagogia de los las cosechas. Aun cuando los pueblos y las granpartidos y la ambición de los comunistas.
jas hubiesen sufrido mucho y pese a todo lo que les faltaba a los labradores, se podian ver, por todas partes los campos cultivados, el ganado cuidado lo mejor posible. En el Neubourg, los agri.
Pero había yo podido también ver, lo mismo cultores congregados allí me parecieron decididos en provincias que en París, el fervor que se maa seguir arrimando el hombro. Esta tenacidad en nifestaba hacia mi. La nación percibía instintiva.
el trabajo de los campesinos franceses aclaraba mente, que, en la perturbación en que se hallaba las perspectivas del abastecimiento y constituían, sumida staría a merced de la anarquía y después para el porvenir, un elemento esencial del resurde la dictadura, si no me encontraba allí para ser gimiento.
virle de guía y de centro de unión. Se adhería hoy a De Gaulle para librarse de la subversión, como lo había hecho ayer para desembarazarse del enes El 23 de octubre, tuve la misma impresión al migo. Por lo cual, me sentía investido nuevamen.
atravesar la Brie y la Champaña. Una vez pasa.
te por los franceses liberados de la misma respondo Boissy Saint Léger, las llanadas, al surgir, apasabilidad insigne y sin precedentes que había yo recían bajo el aspecto productivo que tenían des asumido a lo largo de su esclavitud. Así ocurriría de siempre. Como en otro tiempo, un bosque de hasta el día en que, apartada toda amenaza in haces anunciaba Brie Comte Robert. Provins se mediata, el pueblo francés se dispersara de nuevo guía siempre rodeado de cultivos del trigo y de en la facilidad remolacha. Había otros tantos surcos bien trazados y no más terrenos baldíos que en otro tiempo en las llanuras de Romilly sur Seine. La lluvia, que caía en Troyes cuando hice allí mi entrada, ESTA legitimidad de la salvación pública, clai apenaba a Marcel Grégoire, comisario de la Re.
mada por la voz del pueblo, reconocida sin res DEGRESE a París, y volví a salir el 30 de setiem pública y los habitantes de la ciudad congre. serva, aunque no sin murmullo, por todo lo que bre en compañía de los ministros Tixier, Ma. gada para gritar su alegria, pero, como de cos.
era político no se veía discutida por ninguna ins.
yer y Laurent, para trasladarme esta vez a Flan tumbre, encantaba a los labriegos. Conforme a la titución. No había, en la administración, en la des. Pasamos por Soissons y Saint Quentin donde tradición, ganado mayor apetitoso pacía en las magistratura, en la enseñanza ni tampoco en el Pierre Pene, comisario de la República, nos guió praderas de Vendeuvre y de Bar sur Aube, En Coejército, reticencia alguna con respecto a mi au en la visita a esas ciudades derruidas. En Lila. lombey ley deux Eglises (1) hice una parada en toridad. El Consejo de Estado, al frente del cual Francois Closon, su colega en el Norte y el Paso el pueblo. Los habitantes, agrupados en torno a estaba hora el presidente Cassin, daba el eiem de Calais, se esforzaba en proporcionar medios de Bu alcalde Demarson, me acogieron con entusias.
plo de una lealtad completa. El Tribunal de Cuen trabajar a todo un pueblo que los había perdio. mo, Encantados de la liberación, se disponían tas hacia otro tanto. Allí donde aparecía yo, el cles Apenas llegué, me impresionó lo que aquel pro aprovecharla trabajando mejor las tierras. MienTo se apresuraba a presentar sus homenajes ofis blema de la subsistencia obrera tenia en la re tras llegaba a Chaumont, donde me esperaba la ciales. El 20 de setiembre, recibí al cardenal Sugión de dramático y apremiante. Las masas tra recepción oficial del Alto Marne, veía con el áni.
hard de quine recogí la seguridad del concurso baladoras se habían visto, durante la ocupación, mo confortado caer la noche sobre aquella cam. moral del episcopado. Por mediación de Geroges condenadas a unos salarios que las órdenes del piña fiel y familiar.
Duhamel, sceretario perpetuo, la Academia fran enemigo habían mantenido en el tipo más bajo. cesa recurría mi apoyo. Hasta los representan he aquí que muchos obreros se encontraban en (1) En este pueblecito tieno hoy su casa particu tes de todos los regímenes anteriores quisieron paro forzoso en medio de unas fábricas sin carbón Jar, rodeada por un extenso parque, el general y de unos talleres sin utillaje. Además, el abaste.
significarme su adhesión. El conde de París, hena Te Gaulle y allí ha terminado esta obra. del cimiento había descendido por debajo del mínimo chido su espíritu de la preocupación nacional, mo vital, escribía para anunciarme el envío de un mandata.
rio. El príncipe Napoleón, maquisard ejemplar y Al recorrer mi ciudad natal en la que log 11capitán de cazadores alpinos, venia a ofrecerme su DESDE alí hice una nueva vista al Primer Ejér.
leses me festejaban, veía yo demasiadas caras cutestimonio. El general Giraud, llegado de Argelia, ya sonrisa no podía borrar ni la palidez ni la decito y regresé a París, por Dijon. Esta gran en donde se había librado de la bala dan fax macración.
ciudad sólo había sufrido daños relativamente re. nático, se presentaba en seguida a mí. Los antic ducidos. Pero estaba aún vibrante toda de haber guos sostenedoreg de Vichy se inclinaban ante la asistido a la derrota del invasor. Mientras las ca evidencia: Pétain, en Alemania. guardaba silen CL sentimiento y la reflexión me habían conven lles y las plazas resonaban con los vítores, me! cio y los funcionarios. diplomáticos y publicistas cido de antemano de que la liberación del país fueron presentados los cuerpos constituídos en el que le habían servido asiduamente prodicaban debería ir acompañada de una honda transforma palacio de los Duques por el comisario de la Re. reverencias y disculdas ante el poder. finalmen ción social. Pero en Lila, percibí, impreso en los pública Jean Mairey en sustitución de Jean te, el señor Albert Lebrun vino a unir a la aprox rasgos de las gentes, que era aquello de una ab Bouhey, gravemente herido a raíz de la liberación bación general la del fantasma melancónico de soluta necesidad. bien se procedía por obra de de la ciudad y el canónigo Kir, alcalde popular a Tercera Renúhlien la autoridad y rápidamente a un cambio notable y truculento. El general Giraud se había reunido de la condición obrera y a mermas importantísi con los suyos en la capital borgoñena, iba al mas en los privilegios del dinero, o bien la masa frente de las personalidades. Cómo han cambiado doliente y amargada de los trabajadores se deja las cosas. me dijo Eso es cierto con respec.
Le recibí el 13 de octubre. He estado siems rís ir a desórdenes en los que Francia correría to a las cosas. pensé. Pero, viendo la concurren pre, estoy me declaró el presidente plena.
el riesgo de perder la sustancia que le quedaba. cia agitada y rumorosa, du daba yo que fuese el nente de acuerdo con lo que usted hace. Sin us.
caso con respecto a los franceses. ed todo estaba perdido. Gracias a usted, todo puede salvarse. Personalmente, no puedo manis El domingo 19 de octubre, después de asistir lestarme de ningún modo, salvo no obstante con la iglesia de Saint Michel al oficio celebrado sta visita que le ruego dé a la publicidad.
Os días 4, 5, y de noviembre, viaje a los Es por el cardenal Liénart de visitar la Casa Concierto que no he dimitido nunca de una manera Alpes. Allí se había combatido por todos sisistorial donde fui acogido por el alcalde Cordo.
oficial. quién, además, iba a entregar mi did tios. se luchaba todavía en las inmediataciones nnier, de recibir a las autoridades, comités. persomisión, puesto que ya no existía una Asambles de los pasos que conducian a Italia. Nuestras mon nalidades, di a conocer a la multitud apiñada annacional capacitada para sustituirme. Pero ten tañas, con su población apasionada de libertad, te la Prefectura sobre qué bases iba el Gobierno go emneño en testimoniarle que le estoy comple.
habían proporcionado a la resistencia numerosas emprender el resurgimiento del país: El Estado tamente adicto.
ciudadelas y muchos combatientes. Ahora, la existendrá en sus manos la dirección de las grandes riquezas eomunes. seguridad y dignidad asegu.
tencia empezaba a recobrar alli su curso normal, radas a cada trabajador. Una especie de oleaje en medio de grandes dificultades de abastecimienApasionado que removió a la multitud al oir estas to, de la acción entablada contra el enemigo por HABLAMOS de los acontecimientos de 1940. Al promesa, me hizo percibir que le llegaban a lo las tropas marroquíes y los maquisards alpinos y bert Lebrun recordó apenado aquella jornada de incidentes tumultuosos promovidos por elemenWivo tos clandestinos que querían administrar justicia del 16 de junio en que había aceptado la dimisión por sí mismos. Tenicndo a mi lado a los ministros de Paul Reynaud y encargado al Mariscal que EN el trayecto de regreso a París fui a visitar las Diethelm y de Manhon, al comisario de la Repú.
formase nuevo ministerio. Con lágrimas en los minas de Lens, Los destrozos de las instala blica Farge, a los generales Juin y De Lattre, fui ojos, levantando los brazos al cielo, confesaba su ciones, la ausencia de la mitad de los mineros, primero a Ambérieu. después Annecy y Al.
error. Lo que me decidió dijo en el mal send la agitación del personal, mantenía el rendimiento bertville, dondpasé revista a la División Dody tido, como a la mayoría de los ministerios, fue la un nivel peor que mediano. En cuanto al car. y a los tabores. Chambéry, desbordante de fervor.
Ratitud de Weygand. Era tan categórico al exch bón apenas si salia de las bocaminas la tercera me dio a la medida de la lealta saboyana. Final.
gir el armisticio. Afirmaba de un modo tan pe parte de la cantidad de antes de la guerra. Para mente, entré en Grenoble.
rentorio que no había otra cosa que hacer! Sin restablecer la producción hullera, era precisa, evl.
embargo, yo creía, como Reynaud, Jeanneney. He dentemente, una reforma de principio adecuada rriot, Mandel, como usted mismo que había que para cambiar el estado de los ánimos y, por otrs ir a Africa, que se podía continuar la guerra con No podría describirse el entusiasmo que hacia parte, trabajo que implicasen unos créditos tales el ejército que allí, con las fuerzas para cuyo vibrar a los Allobroges en la plaza de la Bastique sólo la colectividad nacional se hallaba en transporte había aún medios, con nuestra flots lla y en el bulevar Gambetta, que recorri a pie, condiciones de proporcionarlos.
y en la plaza Rivet donde la multitud se había intacta, con nuestro imperio con nuestros alla dos. Pero el Consejo cedió ante los argumentos congregado para escuchar las alocuciones. Entre vehementes del Comandante jefe. Qué quiere us UE esta última llegase a ser propietaria de las gué al alcalde Lafleur la cruz de la Liberación ted? Le habian creado tal reputación! Ah, qud concedida a la ciudad de Grenoble. Luego desfil6 hulleras, era la única solución. Volvi por la 27 División alpina. La saludé con una especial desdicha cuando, en el mayor peligro, son los gee mras a la capital con mis resoluciones.
satisfacción. Pues queriendo asegurar a Francia nerales quienes se niegan a combatir!
los territorios que poseía antes Italia en nuestra Una semana después, estaba yo en Norman vertiente y, sabiendo que en el ámbito de nuestras dia, provincia que batía el récord de la devasta alianzas no los conseguiríamos sino a condición ción. Las ruinas parecían allt tanto más lamen El Presidente Lebrun se despidió. Le estre.
de tomarlos tenía yo mis miras puestas en aquetables cuanto que se trataba de urge de metges blabledad de la Bibl ecafacanaamiga segaf Bizanddel sisterd evacbarimbaddas destaba de Cultura y Coverde COSIDRO jefe del Estado, le habían faltado ché la mano con compasión y cordialidad. En el ca da riquezas antiguas y recientes. Acompaña en Paris, dos cosas: ser un jete; y que hubiese un Estado.
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