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Lunes de octubre de 1971 DIARIO DE COSTA RICA. Las memorias de De Gaulle cumbía exclusivamente, por una parte, al Ején cito Patton que formaba la derecha de Bradley, y por otra parte a la izquierda de Devers, es de cir, al Ejército Patch, Pero para Patch, la tarea era especialmente dura, por ser él quien abor.
daba de frente las obras de la línea Sigfrido.
Por eso a De Lattre no le costó mucho trabajo hacer admitir a Deyers que la ayuda de los franceses podía tener su valor. Nuestro 2º Cuer po de Ejército tuvo, pues, su parte en la ofensi.
va. Entre el 15 y el 24 de marzo, Monsabert, avanzando a lo largo del Rin penetró en territorio alemán, forzó la línea Sigfrido al Norte de Lauterburgo y llegó a Leimersheim. Al mismo tiemro, nuestros aliados habían penetrado hasta Worms y liquidado, en la orilla izquierda, las úl.
timas resistencias alemanas.
sin otra compensación que la de satisfacer, du rante algunas semanas más, un crgullo desesperado. Sin embargo, el Führer seguía exigiendo a los suyos la resistencia a ultranza. Hay que reconocer que la conseguía. En los campos de batalla del Rin, del Oder, del Danubio, del Po, los restos de los ejércitos alemanes, mal abastecidos, inconexos, incorporando apresuradamente junto a los últimos veteranos unos hombres enenas instruidos, a niños casi, hasta inválidos, sos.
tenían siempre enérgicamente, bajo un cielo poblado de aviones eremigos, un combate que no tenía va más salidas que la muerte o el cartiverio. En el interior, en las ciudades arrasadas y los pueblos oprimidos por la angustia, la pobla.
ción proseguía con una completa disciplina una labor an, en lo sucesivo, no cambiaría en nada el destino. partir de entonces, para que el Primer Ejér.
cito dispusiera en su totalidad de la zonapuente que quería en el Palatinado, no le que.
daba sino extenderse hasta Espira. Por medio de vrring gestions insistentes no había yo dejado de hacer saber al general Eisenhower la importancia que mi gobierno atribuía a que le fue.
se dada, en esta cuestión, entera satisfacción al ejército francés. Por lo demás, el general De.
vers, burn aliado y buen camarada, simpatizaba con Ics deseos del general de Lattre. por úl.
timo, era en Worms donde el VII Ejército ane.
ricano iniciaba la travesía; Espira no podía servirle de nada para esta operación. Por qué no iban a dejar a los franceses venir a la ciudad?
El 28 de marzo quedó arreglada la cuestión; Es.
pira y sus alrededores eran incorporados al sector del Primer Ejército. Así, la base de partida estaba conseguida en toda su extensión. No que.
daba por har en suma más que lo esencial, es decir, pasar el Rin.
Pero, indudablemente, el Führer queria que su obra, ya que estaba condenada, se derumbase en un apocalipsis. Cuando se me ocurría, en aque llos dias, escuchar la radio alemana, me sobre cogía el carácter de frenesí que revestían sus emisiones. Una música heroica y fúnebre, declaraciones insensatas de combatientes y de tra.
bajadores, las alocuciones delirantes de Goebbels proclamando hasta el final que Alemania iba a triunfar, todo esto envolvía en una especie de fantasmagoria el desastre germano. Creí mi de.
ber fijar, para la Historia, los sentimientos que experimentaba ante aquello, Francia. Por la vía de las ondas, declaré el 25 de abril: Los filósofos y los historiadores discutirán más ade.
lante los motivos de este encarnizamiento obsti.
nado que lleva a la ruina completa un gran pue.
blo, culpable, ciertamente, por lo que la justicia exige que sea castigado, pero que la razón su.
perior de Europa deploraria ver destruido. En cuanto a nosotros, por el momento, no tenemos nada mejor que hacer sino redoblar nuestros esfuerzos, junto a nuestros aliados, para acabar lo antes y lo más con pletamente posible.
La Salvación (1944 61. Capítulo XXX DESEABA yo con impaciencia que esto se rea.
lizase. Porque ingleses americanos se lan zabrn va sobre la orilla derecha. Era una oneración grandiosa. Desde el 21 de marzo, la avia.
ción aliada aplastaba las comunicaciones, los parques, log terrenos del enemigo en toda la Alema.
nia occidental. Lo hacia con tanta mayor seguridad cuanto que los caras que disponían ahora numerosas bascs avanzadas en el Norte y el Es.
te de Francia, estaban en condiciones de acompañar constantemente a los bombarderos. Las salidas se efectuaban, pues, de día sin encontrar ninguna cposición de conjunto en el cielo. El 23, bajo una colosal protección aérea, Montgomery pasaba el Rin por la parte baja de Wesel.
Durante los días siguientes, Bradley avanzaba por los puentes de Remagen y otros construidos más al Sur. El 26 de marzo, el VII Ejército ame.
ricano se establecía en los alrededores de Mann.
heim.
PODIA uno preguntarse, por lo demás, si los dirigentes nazis no intentarían prolongar la lucha e el reducto natural que les ofrecía el macizo de los Alpes bávaros y austríacos. Cier.
tos informes hacían creer que habían almacena.
do alli a buen resguardo grandes aprovisionamien tos. Algunos movimientos señalados de lamentablcs columnas parecian indicar que concentraban en el interior de aquella fortaleza la masa de prisioneros, deportados, requisados que representaban para ellos otros tantos rehenes. No era inconcebible que el Führer quisiera intentar con ello una suprema maniobra estratégica y política.
EL de marzo, recibí en París al general De. Lattre y le precisé las razones de orden na.
cional por las cuales era necesairo que su ejército se trasladase más allá del Rin. El mismo no pedía nada mejor. Sin embargo, observó con razón que el sector que él ocupaba a lo largo del rio y que lo bordeaba de una a otra punta en la orilla derecha, el macizo montañozo y arbolado de la Selva Negra, se prestaba mal a un paso a viva fuerza. La operación sería aleatoria ante un enemigo que ocupaba en el va.
lle las obras de la linea Sigfrido y que, más hacia atrás, estaba atrincherado en unas posiciones do.
minantes. Tanto más cuanto que el mando aliado no asignaría a las fuerzas francesas más que un mínimo de municiones. Además, aunque los nuestros hubieran, sin embargo, logrado superar el obstáculo, tendrian después que penetrar en una región de las más accidentadas, que erguía en sucesivas murallas sus picos y sus selvas, y que se prestaban mal a la maniobra y a la ex.
plotación.
Me urgla que los nuestros estuvieran, tam bién, del otro lado, no sólo por espíritu de emu.
lación nacional, sino igualmente porque me interesaba, por razones superiores, que De Lattre tubiese tiempo de avanzar hasta Stuttgart, antes de que Patch, su vecino, llegase allí. Un telegra ma personal que dirigí, el 29, al comandante del Primer Ejército le instaba a que procediese con diligencia: Mi querido general escribía yo es preciso que pase usted el Rin, aunque los ame.
ricanog no se presten a ello y tenga usted que atravesarlo en barca. Hay en esto una cuestión del más alto interés nacional. Karlsruhe y Stutt.
gart le esperan, si es que no le desean. Por el contrario me exponía De Lattrea poco que el frente francés se ensanchase ha cia el Norte de manera a englobar, en el Rin, Lauterburgo y Espira, se abririan mejores porg.
pectivas. En efecto, en csa región, mi ejército encontraría una base ventajosa, la orilla dere.
cha de sería de un acceso relativamente fácil y.
una vez atravesado el río, mi ala izquierda tendría ante ella la brecha del Pforzheim para des.
embocar hacia Stuttgart y dar la vuelta, por el Norte y por el Este, a la fortaleza natural for.
mada por la Selva Negra. De Lattre, aguzando por adelantado los argumentos que sacaría de la amistad y de la táctica para convencer al mando aliado, me prometió que, en los próximos días, extendería su sector hasta Espira, En esas montañas, una batalla defensiva sostenida bajo su mando por todas las fuerzas que le quedaban, no podía durar largo tiempo? Log aliados del Este y del Oeste no tendrían que operar, en ese caso, no ya en dos frentes, sino codo a codo, en el mismo terreno, infligiéndose reciprocamente todas las fricciones inherentes a esa vecindad. Si los combates se prolongaban mucho el comportamiento de los soviéticos en los Estados del Bístula, del Elba y del Danubio, el de los americanos en las Indias, en Indochina, en Indonesia, el de los ingleses en Oriente, no suscitarían muchas divisiones entre los coliga.
dos? Del retraso causado al abastecimiento de Francia, de los Países Bajcs, de Italia por la pro longación de la guerra, de la miseria que opri, miría a las poblaciones germanas, checas, balcánicas. no se originarían convulsiones sociales que provocarían, quizá, la revolución en todo el Occidente? El caos universal sería, entonces, la última posibilidad o, cuando menos, la venganza de Hitler.
IENTRAS que el Primer Ejército avanzaba en Alemania al lado de nuestros aliados, otras fuerzas francesas efectuaban en la costa atlánti.
ca oneraciones autónomas. Se trataba de Eca.
bar allí con las posiciones enclavadas en las que se había atrincherado el enemigo. Yo lo deseaba desde hacia meses. Ahora me urgía: los días de guerra estaban contados.
El espíritu de facilidad podía, sin duda, acon sejarnos que permaneciéramos pasivos en aquel frente; porque los frutos caerían solos no bien el Reich hubiese capitulado. Pero, en la guerra, la práctica del esfuerzo mínimo puede costar cara.
Allí, como en todas partes, había que atacar. Los golpes que asestáramos a los alemanes en aquel sitio tendrían su repercusión en la situación ge.
neral. Por otra parte, suponiendo que Hitler continuase la guerra en las montañas de Bavie.
ra y de Austria, nuestro ejército tendría que com batir allí empleando todos sus medios. Antes.
habría que liquidar las malhadadas bolsas. Da todas maneras, yo no admitía que ciertas unidades alemanas pudiesen quedar intactas hasta el fin, en el suelo francés, burlándose de nosotros detrás de sus reductos.
DE Lattre me respondió en seguida que iba yo a quedar satisfecho. En efecto, el 30 do marzo por la noche, unos elementos del 2º Cuer.
po iniciaban la travesía: la División norteafri.
cana en Espira, adonde acababa justamente de llegar; la Dyisión marroquí en Germersheim adonde estaba solo desde la víspera. En Leimer.
sheim, el 19 de abril día de Pascua la Di.
visión colonial emprendía a su vez el paso. Sin embargo, el apoyo aéreo proporcionado a nues.
tras unidades se reducía a muy poca cosa. Además, estas unidades no disponían más que de un número muy reducido de elementos para la tra.
vesía. Pero, a fuerza de ingenio, unos cuantos barcos bastaron para transportar las vanguar dias. En cuanto a los puentes, el general Dromard. jefe de Ingenieros militares, los había pre parado hacía ya mucho tiempo. Previendo que tendría algún día que tenderlos y que no podría entonces contar más que consigo mismo, había recogido en nuestro territorio de antemano, el material necesario. En Espira, desde el de abril, prestaba servicio un puente francés de diez toneladag. En Germersheim, poco después, Be abría otro de cincuenta. El 4, 130. 000 france ses con 20. 000 vehículos se encontraban ya en la orilla derecha. El mismo día se tomaba Karisruhe. El de abril, rodeado por Diethelm, De Lattre, Juin y Dromard, tuve el orgullo de atrave.
sar el Rin. Después de lo cual, visité la capital badenesa, atrozmente destruida, por lo demás, como sucede a veces en los liti.
gios entre aliados, el enemigo mismo iba a facilitarnos las cosas. El de marzo las tropas del general Bradley se habían apoderado, entre Coblenza y Bonn, del puente de Remagen, por un caso extraordinario, intacto, y se habían asegurado inmediatamente un desembarcadero en la orilla derecha. causa de ello, los alemanes no oponían ya en la orilla izquierda hacia la parte baja de Coblenza, más que una resistencia des.
lavazada y, desde el 12, log aliados bordeaban el Rin por todas partee, al norte del Mesela. Pero al Sur de este río, no ocurría lo mismo. El amplio saliente del Sarre seguía en manos de los alema.
nes, Estos, cubiertos a sil derecha por el cur.
50 del Mosela, se mantenían firmegy a lo largo del frente Tréveris Sarrebruck Lauteburgo, en la línea Sigfrido, que era más profunda y mejor fortificada en ese sector que en ningún otro. Antes de poder hacer que pasasen sus grupos de ejércitos a la orilla derecha, el general Eisenhower tenia primero que liquidar esta bolsa. Para ello sería preciso entablar una dura ba talla. Aunque el Primer Ejército francés no fueTa invitado a ella, ya que el asunto se desarrolaba fuera de su zona normal, encontraria me.
dio de mezclarse en el encuentro a pesar de todo, y de actuar, a lo largo del Rin, a la derecha de los americanos. Con lo cual, iba aquél a conquistar en la orilla palatina del río la base de partida deseada para invadir Baden y el Wur.
temberg. Irrupción en el corazón de Alemania de 80 divisicnes americanas, británicas, francesas, canadienses, polacas, apoyadas por 12. 000 aviones, avitualladas por unos convoyes que totallzaban 25 millones de toneladas y navegando por unos mares dominados por 000 barcos de combate, no podía ya dejar al amo del Reich la me.
nor ilusión de evitar la catástrofe. Tanto más cuanto que, a principios de abril, los rusos avan.
zaban también, sin remisión, atravesaban el Oder de un extremo al otro, amenazando ya Berlíny muy cerca de llegar a Viena. Prolongar lag hos tilidades, era para Hitler, aumentar las pérdidas.
las ruinas, los sutrimientos del pueblo alemán COMPARTIAN mi opinión las tropas del Des.
tacamento de ejército del Atlántico. Estos 70. 000 antiguos maquisards, lo mismo que los re gimientog de Argelia de las Antillas, del Africa negra, de Somalia, que habían venido a ayudar le, esperaban con toda su alma no tener quo rendir armas antes de haber obtenido algún éxi.
to señalado. Su jefe, el general De Larminat, tenía en ello más interés que nadie. Desde el 14 de octubre, en que le designé para el mando do las fuerzas del Oeste, se había consagrado a la tarea de organizar, instruir y equipar la multitud militar ardiente, pero confusa desprovista do medios, con la que debía él hacer un ejército, Sin embargo, según las brdenes del mando allado, el ataque contra el saliente del Sarre in Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica

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