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Domingo de mayo de 1972 14. DIARIO DE COSTA RICA Poetas centroamerica nos CUATRO POEMAS DE JOSE)
Invocación de la ciudad perdida Es necesario aquí el adivino loco, el que hacía pirámides, calendarios y días con un siglo pintado en la memoria.
el vacío que dejas.
Tu gran cordialidad con el misterie Tu andar por esas calles pedregosa con el deseo de hacer feliz al mund Juana Torres, como vivo tu muerte a Aquí ha llovido cielo.
Se desliza entre hiorbas.
El poeta y los lirios saben la ceremonia.
Vedlos crecer en su hermosura.
Vedlos nombrar el canto. Hurgar el sueño.
Subterránea Ciudad, déjame hallar el rito, el fuego hecho de piedras, el mosaico de plumas.
Todos los testimonios que me lleven a til Aquí, donde yo existo, me pregunta que si son ciertas las cosas que se Dudan de tu lucha por encontrarlo no creen que hayas hecho arder very Subterránea Ciudad, voy a humedecerme con humo de rocío para esperarte a solas.
Si te escondes, nadie puede encontrarse.
Para danzas, el aire.
Mariposas para la música.
Aquí la mezcla rara.
El recipiente. Alla, los dioses, Aquí la luz del tiempo se enajena.
Allá los viajes. para cuando regresen los perdidos, los árboles habrán dejado el bosque.
Pero desean saber cómo es eso del puro y del conjuro Por Hemos llegado aquí, a la caída, al tumulto; esperando decir lo que tú nog señales, esperando decir lo que no dice el tiempo.
y otras cosas como encontrar novia, que no falle que la mujer no se acueste con otro conseguir dinero o sacarse la loteria Juana, preguntan y no puedo decir muchas cuestiones He leído el libro de los días. Piedras de adivinar, Hallo la Invocación.
Voy a purificarme con humo de rocío antes que el sol se anuncie.
Te esperamos, Ciudad, a que digas lo que no hemos podido: a que traigas lo que no hemos hallado.
Te esperamos, con esta luz herida. Cómo puedo explicar que mirabas y crecía la paz y el mal de ojo quita. Cómo puedo decir que tu aceite dei y el amargo brebaje de la vida se Conjuro entre hierbas sin nombre punto de volar la noche alcaraván llega a mis manos.
Haco nidos vacíos sin poder detenerse.
La aurora sube lenta, lenta, lenta a paso de perdido que extravió la noción.
La aurora sube lenta. pez de oro sumergido en el tiempo que navega, navega, y hace anillos de espacio.
La Juana, no tiraba las cartas por Ella, no construía muñecos por consh Ella, al usar alfileres y tabaco y cul Está bien por la Juana, La Juana Torres; La que hacía crecer la ruda y el misterio.
La enemiga de Dios y del Infierno.
era porque los novios se encontrasen.
Era por ese afán de hacer feliz al mup Ella tuvo la flor de los amantes.
El castillo en el aire. le importaba un rábano la muerte, su ropaje de angustia.
Esta es mi Juana Torres, de punta a jamás entregó gato por liebre. le importaba un pito los decires. lloraba como una Magdaleno Yo, buscador de amuletos voy al mar, me disuelvo en sus playas: me traigo caracoles para pintar de verde los crepúsculos. Aparece el Quetzal)
Veo arenillas, me dirigen su voz que no es su voz, me hablan, me miran casi las tomo.
Yo deseo hacer ríos y caminos y la espuma llega con su velo a perder la visión. lloro, loro con los ojos anegados de piedras.
Piedras mentidas, sí, pero son piedras. Es cuando llega algo de luz sin luz, mucha intuición y me quita las piedras parte a parte; me arranco la pupila para poder mirar hacia dentro, al fondo, a mí mismo, al pasado.
Esta es mi Juana Torres, de punta a punta; con su sartén de barro nuevecito para quemar seis chiles en la noche del viernes mientras cae su voz agria a tabaco, diciendo un Padre Nuestro al revés y otro al derecho.
Mientras cae su voz de ángel perdido con cuatro Avemarías al derecho y un Credo al revés.
Yo, el brujo Yo soy Quirino Vega, Tengo hierbas de pájaros malignos para falsear candados y memorias.
Tengo, además, oraciones que alejan y hacen retroceder al enemigo.
Salve, Juana, tu espacio sin medida y lleno de ojos, tus alfileres penetrados de orégano y tempate.
Tu voz, saliendo a gritos por viejos tecomates aromados de Inciens llamando la querida del vecino.
Tus manos colocando en gastadas fotografías de muchachas silvestres los alfileres mágicos que antes vivieron en puros milagrosos.
Subterránea Ciudad: Sol de los ojos.
Deja de perecer que estamos solos. Ya se perdió el Quetzal. Oscuridad de todos si te sigues hundiendo, Si te alejas sin preguntarte nada.
Sin dejar que yo diga tus curanderos que le hallaron la voz a la palabra.
Sin dejar que yo vea los viejos talladores de madera y de Jade gobernando la piedra y el fulgor de la arcilla.
Tus doncellas hilando los crepúsculos en cada flor silvestre.
Yo, Quirino Vega, Sé matar la cal viva, pero sufro.
Hace años que he muerto para el an pero me sobreviven, la Chagua Thé y diez hijos.
Seis hembras ya cazadas sin casarse y el resto, unos muchachos locos, alegres como pascuas.
Nada del otro mundo hacías, nada del otro mundo pero bien que salveste corazones, reputaciones y muchachas burladas.
Juana Torres. Qué nombre para decirlo en angeles!
Lo que sé, lo heredo de mi padre.
El sabía sus cosas. Tantas sabíal que me alcanzó a dejar mucho que Por ejemplo, su corazón de codorniz ese afán tan limpio, de agua que no cede en el pantano, que todo lo del mundo se encuentre Subterránea Ciudad déjame hallar el cenote sagrado, al sacerdote azul pintando los presagios y el misterio.
Déjame ver el aire que tenían los Juegos de pelota.
Quiero tener tambores labrados en tortugas terrestres.
Cómo ha de estar Izalco sin tu nombre!
Sin tu nombre corriendo de boca en boca como un raro amuleto de presagios.
Cómo se ha de vivir allá en Izalco, tu muerte que no vive!
Tu silencio sin fondo, las cosas que tú hiciste, El nombre que me puso, según dicen las piedras de coral, fue para crue yo no pierdiese el cam las espinas no dejaran su huella e las hormigas me trajeran gusanos sapos muertos y cogollos de plantas que harán perder el agua de las pili Yo, Quirino Vega, siempre anduve en camisa de once por decir la verdad a quemarropa no hacer uso de platos de lentejas No di palos de ciego, me cayeron.
Pero chí voy, de memoria en memon más cuerido que el aire y que el din Repartiéndome azul, a manos llenas.
Dándome de verdad, completamente Sin sudar tinta, sí, pero soberbio.
Así somos los brujos en Izalco.
Crónica de una muche salvadoreña Cuando la conocí tienen que dispensar este recuerdo era un mango.
Quien de hombre, goloso la miraba.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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