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Capítulo XV to rango. Cuando el consejero actual del Presidente de los Estados Unidos se compara a sus predecesores, el asistente de Kennedy, McGeorge Bundy, o Walter Rostow, el asistente de Johnson uno no puede dejar de notar que Kissinger, más que cualquiera de ellos, se identifica con su trabajo. Para él no hay una pregunta de intereses divididos. El es un hombre con una idea fija. No tiene pasatiem.
pos, ningún interés además de sus responsabili.
dades históricas. Su divorcio en 1964 era sólo un suceso predecible, un atropello trágico en la vi.
da privada, el último sacrificio para un compromiso no reservado. En este sentido, el pasado militar de Kissinger, su experiencia a nivel logico y operacional, son altamente instructivas. El bien puede decir: Soy un agnóstico en lo que concierne a lo miliatr, ni a favor ni en con tra de lo militar. diferencia de la mayoría de los intelectuales, su ambigüedad, nacida de la necesidad de accion y la disciplina mental, lo trajo a la comprensión del llamado militar, o buscar el papel de defensa en el mundo moderno, la importancia de las armas modernas, y a su primer libro. Nuclear Weapons and Foreign Policy. Kissinger tiene una inteligencia académica lógica, analítica y al abnegación cuasi religiosa de un Cruzado. Esta ambivalencia permite una mejor comprension de bus buenas relaciones presentes, al menos en los niveles superiores, con los líderes del Departamento de Estado y el Pentágono. Henry es antes que todo ambicioso. según ciertos colegas de Harvard. Para alcanzar poder ha cambiado radicalmente sus opiniones y ha aceptado obedecer a Nixon, a quien había criticado a.
biertamente por muchos años. Ellos preguntan con un matiz escéptico de desaprobación. quién es Kissinger hoy. De hecho, un estudio cuidadoso de la vida de Kissinger y sus trabajos revela que la verdadera carrera del historiador comenzó en Harvard, cuando fue alli con una beca en 1947. Desde ese momento, gracias a la seguridad física y financiera conseguida al final, y gracias sobre todo al conoci.
miento consciente de su superioridad, deducida de los elogios excepcionales de sus maestros, el jo.
ven Kissinger permitió que su carácter se encaminara. Necesito sentir que lo que hago hace la diferencia. él dijo orgullosamente. El era diferente por sus antecedentes, y llegó a ser diferente por su ambición. La regla en Harvard, mediante la cual los futuros profesores debían depender por ocho años de la buena voluntad de profesores cabales, parecía inaceptable para este extranjero nacicnalizado, impaciente por llegar a ser productivo, y cuidadoso de compensar sus raíces perdidas, degplegando una bien merecida reputación En lugar de dedicarse a la enseñanza y a la investigación, se indignó con Robert Bowie, director del Centro de Estudios Internacional, y también con McGeorge Bundy, el decano de la facul.
tad de la pura clase alta del WASP de Boston, y escribió el primer trabajo para el Consejo de Relaciones Exteriores. Ese esfuerzo fue un golpe maestro. Durante diez años el pensamiento de Kissinger fue incesante influenciado por estrategas políticos y militare, Actuando como un filósofo de historia, el autor atrajo todas las consecuencias de la posesión de armas nucleares y se declaró el mismo un partidario de una guerra atómica limitada. Porque uno predice algo, las gentes piensan que a uno le gusta, él se lamentaba luego. De hecho, las ideas de Kissinger habían desarrollado, pero todavía llevaba el sobrenombre de Dr. Strangelove. En cinco libros y numerosos articulos el consolidó su reputacion como un experto no sólo ante los ojos de los demás, sino también ante sus propios ojos. Ahora como consultor del Pentágano, sus ideas serían discutidas en torno a Eisenhower, Kennedy y Johnson, y también por Nelson Rockefeller para quien fue un reconocido colaborador. Kissinger admira profundamente la personalidad intuitiva y solitaria de Rockefeller.
como aprecia la pasión y la compasión de Robert Kennedy, esa sombra Savonarola. En Europa él veneró a Adenauer, y si defendió la causa de De Gaulle en América, es porque fue tomado con la trágica visión de la historia del hombre de estado frances, y su constante preocupación con el futu.
ro. Sin embargo, Kissinger estaba creciendo im.
pacientemente en su vuelo. La política extranje a llegó a ser su campo, su cosa. Viajó alrededor del mundo (Japón, India, la Unión Soviética. Vietnam y toda Europa. reuniéndose con los líderes. Personalidades de todas partes del globo participaron en sus seminarios en Harvard. El tuvo contactos y supo cuáles eran los problemas. Se sintió listo.
Tenía, además, absoluta confianza en sus opiniones y en su manera de ver el mundo. Sus convic.
ciones y su ambición se entremezelaron y en lucrar de tener un gran triunfo, la necesidad de una última satisfacción, tuvo que ganar el poder. Materialmente él es absolutamente desinteresado. Ninguna consideración de dinero o de carrera habría obtenido éxito en obtener de mi la minima originalidad. el observa. No hubiera sido nada en los negocios. Lo que me guía es el enterarme del mérito de mis ideas, y la esperanza de tener un impacto en la sociedad. Esta forma de complejo Mesiánico lo convenció de que podía llegar a ser un salvador no sólo de su país adoptivo sino del mundo, si solamente fuera escuchado. En 1961, en la administracion Kennedy, hizo una incursión en la Casa Blanca, pero, su exceso de celo, lo profundo de sus convicciones, su acento alemán y sin duda, también, su falta total de frivolidad, hicieron que nadie lo tomara en serio. El renunció por las diferencias en la política europea (partidario de un poder nuclear francés indepenidente, no aceptó la posición de Kennedy) y, relegado de Harvard, lejos del poder, llegó a ser muy infeliz. Kissinger es uno de esos seres secretos, solitarios, capaces de un desprendi.
miento total pero poseídos por una scla pasión mental.
El actual best seller en los Estados Unidos Querido Henry Por Danielle HUNEBELLE.(Kissinger desde el pijama hasta su vida pública. STEFAN ZWEIG la angustiada multitud de Bizancio aparece como un milagro. Se oye de pronto un leve rumor que súbitamente aumenta. Es el viento, el anhelado yicnto salvador que hincha de nuevo en toda su plenitud las velas de las naves cristianas. Se levantan triunfantes sus proas y en arrollador impetu se libran del acoso de sus enemigos, tomando les una ventajosa delantera. Están libres, salvados! Entre el jubiloso clamor de los millares de espectadores que se encuentran en las murallas van penetrando los perseguidos galeones, uno de tras de otro, en el seguro puerto. Rechina de nues vo la cadena al remontarse para cerrarlo y que da disperso por el mar, impot nte, el enjambre de pequenas embarcaciones turcas.
Una vez más, la alegría de la esperanza se cierne como una rosada nube sobre la ensombrecida y desamparada ciudad.
MOMENTOS ESTELARES HUMANIDAD flota turca aborda con su propio barco el transporte genovés, pretendiendo pasarlo por ojo. Ambas naves se entrecruzan como dos potentes luchadores. Verdad es que desde sus elevadas bordas y protegidos por sus blindados parapetos, Ics mari nos genoveses pueden resistir de momento a los asaltantes, e incluso repelerlos con hachas y piedras, pero la lucha es demasiado desigual. Los barcos genoveses están perdidos. Horrible espectáculo para los millares de sitiados que están contemplándolo desde la mura.
lla! Tan de cerca como suele colocarse el pueblo para presenciar los feroces combates en el circo, asiste ahora con indecible angustia a una batalla naval que al parecer ha de acabar con la inevitable derrota de los suyos. lo sumo, dos horas más, y las cuatro embarcaciones cristianas sucumbiran a a furiosa acometida en el grandioso circo del mar.
Los desconcertados griegos, reunidos en los muros de Constantinopla, a tan poca distancia de sus hermanos, crispan los puños y gritan imprecaciones en su impotente ira por no poder ayudar a sus salvadores. Muchos intentan animar a sus he roicos amigos con feroces gestos. Otros, por su parte, invocan a Dios y a los santos de sus respectivas iglesias, que durante siglos protegieron a Bizancio, impetrando que se haga un milagro. Pero en la orilla opuesta, en Gálata, también gritan y oran con igual fervorlog turcos, que esperan asimismo el triunfo de los suyos: el mar se ha convertido en una palestra; la batalla naval es una especie de encuentro entre gladiadores. El mismo Sultan acude al galope. Acompañado de sus ba jaes, Be mete en el agua, mojándose sus vestiduras. Haciendo portavoz de sus manos, arenga a su gente para que alcancen la victoria a toda costa. Cada vez que alguna de sus galeras retrocede, amenaza a su almirante esgrimiendo su cimitarra. Si no triunfas, no volveras con vida. Las cuatro naves cristianas resisten todavía.
Pero la lucha toca a su fin. Van acabándose los proyectiles con los que han venido rechazando a las embarcaciones turcas. Los marineros están a gotados tras una contienda que dura varias horas contra un enemigo cincuenta veces mayor en nú mero. Declina el día. El sol se hunde en el horizonte. Una hora más, y los barcos se verán arras trados por la corriente hacia la orilla ocupada por los otomanos, más allá de Gálata, aun en el caso de que consigan evitar hasta entonces el abordaje.
Están perdidos, irremisiblemente perdidos!
Pero entonces ocurre algo que a los ojos de DE LA Capítulo XIII ¿Qué hacer? Algunos hombres sienten un jus.
to desánimo. Para qué volver a Constantinopla. Para qui realizar de nuevo el peligroso viaje?
No van a poder llevar a los sitiados esperanza alguna. Quizá ya cayó la ciudad, quizá si regresan les aguarda el cautiverio o la muerte. Sin embargo, la mayoría de aquellos héroes anonimos cuerda volver. Se les encomendó una misión y tienen que cumplirla a foda costa. amuolla navecilla osa otra vez pasar por los Dardanelos, por el mar de Mármara, entre la flota enemiga. El 23 de mavo, veinte días después de la partida, cuando en Cons.
tantinopla ya se considera perd de la frágil end barcación y nadie piensa ya en el mensaje ni en el regreso de los tripulantes, dos vigias agitan las banderas desde las murallas, pues, remendo con inusitado vigor, una embarcación se acerca al Cuerno de Oro. Entonces es cuando los turcos se enteran por la jubilosa algazara de los sitiados, de que aquel bergantin, que con gran descaro ha tenido el atre.
vimiento de pasar, enarbolando bandera turca, por las aguas que ellos dominan, es en realidad una embarcación enemiga. Acuden entonces con sus pros pias embarcaicones de todas partes, para detenerlo antes de que arribe al puerto salvador. Hay um mo. ento en que Bizancio expresa estentóreamente sujúbilo con la esperanza de que Europa se ha a cordado de ellos y de que la valiente navecilla era un heraldo de tan fausta nueva. Pero al llegar la noche, la triste verdad es del dominio público: la cristiandad ha abandonado a Bizancio; los sitiados están solos, e irremisiblemente perdidos, no se salyan por sus propias fuerzas.
Pero de pronto ocurre algo terrible. El viento cesa súbita e inesperadamente, y los galeones que dan inmóviles en medio del mar, como retenidos por un imán a poca distancia del seguro refugio del puerto. Entre salvajes gritos de júbilo, el en.
jambre de lanchas enemigas acomete a los inmovilizados barcos cristianos. Como fieras que se precipitan sobre la presa, los ocupantes de las peque nas embarcaciones hunden los garrios de abordaje en los flancos de madera de las grandes naves, golpeándolas fuertemente con las hachas para ha.
cerlas zozobrar, trepando por las cadenas de las anclag con refuerzos constantemente renovados, a fin de lanzar antorchas encendidas contra las velas con propósito de incendiarlas. El capitán de la Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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