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Capítulo XVII Sin esos antecedentes cronológicos y sicológicos hubira sido dificil expiicar la unión de Kissinger y Nixon. En 1968, el profesor de Harvard que creía en el destino y en las ideas de Nelson Rockefeller se involucró totalmente en la campai.
electoral de Rockefeller. Como asesor de política extranjera, viajó por el país en el tron del gobernador de Nueva York, escribiendo discursos y casi haciéndolo para la Casa Blanca. Rockefeller perdió. Podría el ahora regresar a la Universidad?
La dura regla que Kissinger habia adoptado concerniente a Vietnam generalmente había sido mal interpretada. Muchos de sus colegas lo trataban como a un halcón. En un importante articulo publi.
cado en la revista Foreign Affairs. Kissinger criticaba los errores americanos en Vietnam y sugería un plan para negociación. Nixon propuso que viniera a la Casa Blanca para ponerlo en práctica.
Al principio Kissinger rehusó. Como casi todos los colegas de la Costa Oriental, se cuidaba de la astucia de los políticos de California, y no se creía capaz de mirar desinteresadamente al mundo. Después de tener conversaciones cabales con Nixon y el consejo de Rockefeller para aceptar, fue Washington. Lo que Kisisnger y Nixon, que llegaron al poder juntos después de su paso por el Purgatorio, tienen en común, primero que todo es que, habiendo realizado sus ambiciones, no son más de lo que fueron. La tensión había cesado. Las contradiccionos, los conflictos emocionales, se habían superado.
En el caso de Kissinger, esto es particularmente sorprendente. Si no fuera por la guerra de Vietnam, que requiere de él un día exhaustivo de trabajo y que le produce un alejamiento completo, él seria el hombre más feliz. Su trabajo, que consiste no sólo en informarse él y luego el Presidente, sino que también en presentarse con un análisis inmedia.
to, exhaustivo y objetivo de todas las alternativas políticas para cualquier situación, presente o futura, es justamente lo que él quiere. El ha reclutado y dirige un equipo selecto compuesto por treinta expertos. Los cables más secretos, los despachos más confidenciales pasan por sus manos, Sigue con particular atención los eventos en Vietnam, las reformas estructurales, que pueden garantizar una paz permanente, los efectos de los problemas internos o de orden internacional. y. scbre todo, las negociaciones sobre limitación y control de armas. Pero mientras tanto, se interesa en todas las partes del mundo, aunque sea en forma mlnúscula. El estudia el impacto de la política extranjera en las necesidades estratégicas de los Esta dos Unidos en los próximos diez años, con sus consecuencias para los gastos de defensa. El está constantemente en contacto con el Departamento de Estado y el Pentágono. El vigila la ejecución de las decisiones. El llena a los oficiales de cuestionarios, solicita sus sugerencias, tratando de coordinar el trabajo de la plétora de agencias guben namentales (kissinger está obsesionado por la inercia, la corta visión y los intereses propios de los burócratas. En su forma de ver, el control de la burocracia ha llegado a ser el problema de nues.
la burocracia ha llegado ser el nrah tro tiempo, relegando al siglo diecinueve aquel de la posesión de los medios de producción. También recibe un flujo ininterrumpido da visitantes. diplomtáicos, senadores, cientificos, pe.
riodistas. través de él Nixon puede establecer un dialogo con toda una serie de intelectuales, do los liberales y los conservadores.
En qué medida son tomadas las sugerencias de su asesor por el Presidente, y cuál es la ver dadera influencia de Kissinger? El jugó un papel esenc. al en el primer viaje de Nixon a Europa, des.
pués de su elección; en la diaria evolución de los asuntos vietnameses y el retiro progresivo de las tropas americanas; en la decisión para crear un sistema de proyectiles anti balístico improvisado, y el asunto del avión espia derribado por los Coreanos del Norte en 1969. Kissinger no es un amigo personal de Nixon como lo han sido Rogers, Laird y el General Mit chell. Los dos hombres se encontraron sólo tres veces, en forma breve, antes de asociarse. Sin embargo, Nixon, que sin ser un intelectual es a ca.
mente inteligente (y había leído los libros de kissinger) no perdió tiempo en detectar la superio.
ridad de su asesor en un gobierno compuesto pr.
cipalmente de provincianos del medio oeste, aboga.
dos de California, y agentes PR. Una colección completa de políticos petit burgeois, grandes en codicias y pequenos en ideas y limitados estrictam ente a los deberes domesticos. Kissinger ve al Presidente a solas por lo me.
nos hora y media diarias. La necesidad del Jefe de los Ejecutivos de estar ampliamente informado.
donde es asignado, su control emocional, su forma directa e incisiva de hacer preguntas en una pa.
labra, su seriedad ganó el respeto del intelectual de Harvard. Por su lado, Nixon aprecia las facultades anas líticas de Kissinger, la consistencia de su pensa.
miento, al igual que su lealtad, devoción y alcance objetivo (No obstante ser naturalizado. Kissinger nunca juega al patriota, y su origen Semitico en ninguna forma influye en su juicio político. Igualmente secreto y complicado, con una pasión común por el orden y la precisión, los dos hombres son complementarios. Kissinger ha encontrado un discípulo y Nixon un asegor confiable. Ambos es tán ansiosos de cambios que la sociedad no puede asimilar. Desconfían del exceso de optimis no y de la buena voluntad cuando no van acompañadas del realismo en el acceso a los problemas. Están conscientes del hecho que, en la era nuclear, el concepto de eternidad se ha desvanecido y que, si el futuro va a ser construido está un término corto o medio. Mientras se le hace espacio a la transformación política y social, ellos desean mantener el balance de las fuerzas y mantener el orden existente que es el problema mayor de mantener.
El actual best seller en los Estados Unidos Ouerido Henry Por Danielle HUNEBELLE. Kissinger desde el pijama hasta su vida pública. STEFAN ZWEIG MOMENTOS ESTELARES HUMANIDAD para la artillería, que machacará la ciudad para el asalto final, y se reparten las tropas para ello.
Mohamed no descansa de día ni de noche: Desde el Cuerno de Oro hasta el mar de Mármara, recorre a caballo el colosal campamento, animando a los jefes y enardeciendo a los soldados. Como buen psicólogo, conoce muy bien la manera de estimular hasta el grado máximo la acometividad de sus guerreros. Por eso les hace una horrible promesa, que luego cumplió acabadamente, sea dicho en su honor y descrédito a la vez. Promesa que lanzan sus heraldos a los cuatro vientos: Mohamed jura en nombre de Alá, de Mahoma y de los cuatro mil profetas; por el alma de su padre, el sultán Murad; por las cabezas de sus hijos y por su cimitarra, que sus tropas, después del asalto a la ciudad, tendrán derecho durante tres días al saqueo y al pillaje ilimitado. Todo cuanto se encierra tras aquellas murallas: mobiliarios y bienes, joyas y objetos de valor, monedas y tesoros, hombres, mujeres y ninos, pertenecerá a los victoriosos soldados, pues él renuncia a cualquier participación en el botín, a excepción del honor de haber conquistado aquel último baluarte del Imperio romano de Oriente.
Con gran albcrozo escuchan los soldados esta vil proclama. Con estrepitoso Júbilo resuena por doquier el grito Aláil Alá! entre los miles de combatientes que se hallan congregados ante la atemorizada ciudad. Jagma, jagna. Pillaje, pi.
llaje. Esta palabra pasa a ser el grito de comibate, que resuena entre trompetas, cimbalos y tambores. Por la noche, el campamento se convierte en un mar de luces. Amedrentados, los sitiados contemplan desde sus murallas cómo miriadas de luces y antorchas brillan en la llanura y en las colinas, y como los enemigos celebran ya la victoria antes de conseguirla, con trompetas, tambores, silbatos y panderetas. Es como la ruidosa y cruel ce remonia de los sacerdotes paganos antes del sacri.
ficio. luego, súbitamente, a medianoche, por orden de Mohamed, se apagan de una vez todas las luces y cesa bruscamente el atronador griterio de aquellos millares de voces. Pero. ay. aquel silencio y cscuridad repentinos pesan más dolorosamente en el ánimo de los cristianos que todas las anteriores explosiones de entusiasmo.
DE LA defender lo que les obliga la fe, el glorioso pasado, la cultura común, dispone el Basileo que se cele bre una conmovedora ceremonia religiosa. Por or den suya se congregan católicos y ortodoxos, sacerdotes y seglares, niños y ancianos, en una ún. ca procesión. Nadie debe ni quiere quedar en casa. Ricos y pobres, cantando el Kyrie elison, forman en el solemne cortejo, que recorre primero el recinto interior de la ciudad y luego efectúa también el circuito de las murallas exteriores. Se sacan de las iglesias las sagradas imágenes y reliquias para encabezar el desfile. En las brechas que el enemigo ha abierto en la muralla se cuelgan cuadros de santos, con la esperanza de que logren, mejor que cualquier arma terrenar, que fracase el esperado asalto de los infieles. Al mismo tiempo reúne el emperador Constantino a los senadores, nobles y oficiales de elevada jerarquía, para alertarlos con una última alocución. Claro está que no puede, como hizo Mohamed, prometerles un ilimitado botín. Pero sí glosa el honor que les corresponderá a ellos, a toda la cristiandad y al mundo occidental si logran resistir este ataque decisivo y el pe, ligro que supone si sucumben ante los asesinos e incendiarios. Ambos, Mohamed y Constantino, saben este día decidirá la historia de los siglos fue turos.
Empieza entonces la última escena, una de las más conmovedoras de Europa, un inolvidable éx.
tasis del ocaso. En Santa Sofía, que es, aún entona ces, la más soberbia de las catedrales del mundo y que desde el día en que tuvo lugar la unión de ambas Iglesias se ha visto abandonada por los seguidores de una y otra creencia, se reúnen ahora los que parecen destinados a morir.
Rodean al emperador toda la Corte, la nobleza, el clero griego y romano, soldados y marinos genoveses y venecianos vestidos y armados para el combate; tras ellos se arrodillas en reverente silencio miles y miles de devotos, sombras que mura muran sus oraciones: es el doblegado y maltrecho pueblo, presa del miedo y la preocupación. Las luces de los cirios, que luchan por rasgar las dend!
sas tinieblas de las bajas arcadas, iluminan aque lla masa de fieles postrados en oración como un sclo cuerpo. Es el alma de Bizancio la que eleva allí sus preces a Dios. El patriarca levanta la voz solemne e imperiosamente. Cantando, le contesta el coro. Una vez más resuena la sagrada y eterna von de Occidente, su mística música, en la grandiosa naye. Luego, uno tras otro, yendo en cabeza el Emperador, van acercándose al altar para recibir la Sagrada Eucaristía, el consuelo de la fe, miena tras llenan los ámbitos del templo el emocionado rumoreo de las plegarias. Ha empezado la última misa, más bien el funeral del Imperio romano en Oriente, pues por última vez se celebran los ritos cristianos en la catedral de Justiniano, Capítulo XIV LA NOCHE ANTERIOR AL ASALTO DESPUES de seis semanas aproximadamente de lucha constante, el Sultán está impaciente. Sus cañones han destruido las murallas en muchos pun tos, pero los ataques que varia veces ha ordenado han sido hasta ahora sangrientamente rechazados. Para un general sólo quedan dos caminos: bien levantar el cerco o después de ataques a Tados, realizar el gran asalto final. Mohamed reúne a sus bajaes en consejo de guerra, y su apasionada voluntad se impone a todas las dudas y consideracions. Se acuerda la fecha del 29 de mayo para el gran asalto decisivo. El soberano se a.
presta a tomar sus últimas medidas. Se decreta un dia de fiesta, en el que ciento cincuenta mil hombres, desde el primero al último tienen que cumplir con todos los usos prescritos por el Islam; las siete abluciones y las tres oraciones diarias Lo que queda de polvora y proyectiles se destina LA ULTIMA MISA DE SANTA SOFIA OS sitiados no necesitan recibir ningún mensaje para enterarse de lo que va a acontecer. Sasienten la gran prueba y el terrible peligro que se cierne sobre ellos como nube anunciadora de una borrasca. La población que antes estaba desunida y en lucha religiosa, se une ahora en estas últimas horas; la extrema necesidades siempre la que de para el incomparable espectáculo de la unidad en esta tierra, fin de que todos estén dispuestos a Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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