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Capítulo LVI De cualquier forma, su Presidente ha falla.
do lamentablemente en relaciones públicas. Todo mundo en contra suya la prensa, la televisión, Uno pensará que todos los ocupantes de la Casa Blanca tienen falta del sentido de la sicologia.
Agregué que sabía bien sómo puede uno tener éxito de capturar la benevolencia de Nixon en un perfil. Si Henry me ayudara, o si él quisiera que yo lo hiciera, estaba lista para tratar. No sintiendo ni simpatia ni apatía para Nixon me parecía que, profesionalmente, era un desafío interesante. Usted es francesa. El Presidente no estaría de acuerdo.
Lo miré. En varias ocasiones sus reacciones mo habían llevado a pensar que si yo fuera inglesa o americana, hubiera sido mejor para nuestra amistad. sería por ser yo francesa?
El me preguntó por la película en marcha. Quién era el trabajador, a cuáles países iríamos, quién estaba organizando el rodaje. Le dije que el joven Piccolo había expresado el deseo de encontrarse con Nixon y Castro para discutir la 90ciedad ideal con ellos. Me puede usted ayudar, Henry? necesito una cita con Nixon. Vea a Ziegler, usted lo conoce. Le dirá usted alguna palabra a él. Si.
bia recortado de la revista Time en Jerusalen en el tiempo de la invasión de Camboya estaba al alcance de mi brazo, en la maleta morada que había comprado en Florencia. Llevaba la foto cualquier lugar, siempre, en París, y fuera de mi trabajo.
Fui a ver a Ziegler antes de tomar el avión de regreso a Nueva York. Estaba resumiendo a los periodistas la política económica del Presidente. Me dio la bicnvenida gentilmente, aunque se encontraba como siempre, molesto. Cuando usted regrese de Cuba. qué día quiere ver al Presidente junto con su joven trabajador? preguntó. Le di a él las fechas. Teníamos un itinerario premioso; nuestro viaje alrededor del mundo tomaria cuarenta y cinco días.
Con el espíritu muy en alto abandoné la Casa Blanca, Henry había estado adorable, y me lievé conmigo la. casi certeza de una cita con el Presidente. Antes de viajar a La Habana, vía México, quería hablar con Henry por teléfono por última vez. Lo llamé un rosado atardecer. Me deseó buen viaje y dijo no, no tenía ningún mensaje para Fidel Castro pero que estaba extremadamente curio.
so por conocer mis reacciones cuando regresara de la isla, Este no es ni el momento ni el lugar para contar nuestra odisea alrededor del mundo. Digamos sólo que las circunstancias fueron excepcionales, primero que todo por lo largo de la pelicula (noventa minutos) y la cercanía de la fecha en que se mostraría (dos y medio meses después. la tripulación fue reducida al mínimo: un camarógrafo y un encargado del sonido, ningún asistente, ni encargados de luces para un programa a color. Yo era responsable de todo y tenía al mismo tiempo, sin dejar un momento que improvisar, organizar, y dirigir. Mis compañeros, felizmente, aun allimite de la fatiga, hicieron honor a la profesión.
Trabajando dieciocho horas al dia durante seis semanas, cargando trescientas cuarenta y seis libras de equipo, cambiando de lugar y de escenario casi cada noche esto más bien impedía cualquier pensamiento que no estuviera estrictamente relacio.
nado con la empresa. Si enfatizo los aspectos físicos y sicológicos de esa realización, es para que el lector comprenda mejor el estado de nuestra mente y el desasociego que dictaba nuestro comportamiento.
Después del sucio engaño que nos hizo Fidel Castro, quien nos hizo prometer que estaríamos!
una semana a cambio de la promesa de una entrevista con Castro, todo nuestro itinerario queda aparte. Sólo hay dos vuelos por semana entre La Habana y México. Si uno pierde, uno, nunca estará seguro de poder tomar el otro. No sólo nuestra permanencia catastrófica en La Habana con la ina dignación del engaño, pero nuestra cita con NIxon estaba comprometida y habíamos perdido toda una semana, para nada, a menos fue para descubrir que la Revolución Cubana era un engaño. Eso no quiere decir que no necesitaba hacer.
lo. escribí a Kissinger en el avión que nos llevaba de México a Los Angeles. Pero no se ha per.
dido. Hoy Cuba es una versión holgazana del rei no de Kafka. Cuando la gente joven, alrededor del mundo, desde el fondo de sus talleres sueñan acerca de La Habana y aclaman el mito revolucionario Castrista. han obtenido el país equivocado. El actual best seller en los Estados Unidos Debido a que estaba convencida que retor.
naría a la Casa Blanca y que tendría muchog chances de ver a Kissinger de nuevo y pronto, me en contraba tranquila y aliviada, menog ávida de obtener una respuesta a cada una de mis preguntas.
Le mostré el excelente artículo publicado dos días antes en el Herald Tribune con nuestra foto de Piccolo y yo en el ala del Concorde. Vestidos similarmente, con suéters de cuello de tortuga, pudimos haber sido tomados como hermano y hermana. Quién es ese en las pijamas? preguntó Henry detenidamente y yo le contesté que era el camarógrafo. Yo quería traer a Piccolo a él inme.
diatamente; me parecia que una aparición repen tina rodeada por mis hombres jóvenes, en contra de los antecedentes de mi profesión, él me vería más como yo soy, y apreciaría más sagazmente la escogencia que yo había hecho al fundar mi ternura en él y sólo en él.
Había un montón de fotografías esparcidas en la mesa, tomadag la semana antes en Toulouse cuando yo estaba filmando acerca del ingeniero electrónico en la fabrica y con su familia, Henry las miro cuidadosamente una por una. El reporte.
ro que había hecho un artículo sobre mí en un periódico del suroeste de Francia se había esme.
rado en seguirme de una fábrica a otra y las fotos eran muy interesantes. Puedo quedarme con una? preguntó Henry. Quédese con todas. le dije tan fácilmente como una estrella.
Miré a lo lejos. Mi corazón estaba palpitando salvajemente. El quería dejarse una foto. Era esa una reacción indiferente, mirar fotos de una mujer y pedir ¿Me puedo quedar con una? La noción de que eramos dos románticos hechos para una pasión como la de Tristán e Isolda, vino nuevamente a mí. La pequeña foto de Henry que ha Querido Henry Por Danielle HUNEBELLE(Kissinger desde el pijama hasta su vida pública. truir ese falso orden.
TOLSTOI (Interrumpiendo. Pero no por la violencia.
STEFAN ZWEIG ESTUDIANTE 10 (Saliendo al paso de sus palabras, sin poder contenerse. Desde que tenemos uso de razón, a nadie nos hemos confiado como a usted. Cuando nos preguntábamos quién repararía la injusticia de nuestro pueblo, contestabamos: él. Si nos preguntábamos quién se levantaría un día para derribar tanta ignominia, contestábamos: el lo hará, León Tolstoi. Eramos sus discípulos, sus devotos servidores. Creo que a una simple insinuación suya hubiera yo dado la vida, de haberme atrevido hace algunos años a venir a esta casa, me hubiera arrodillado ante usted como ante un santo. Eso significaba usted para nosotros, para miles y miles de los nuestros, para toda la juventud rusa hace pocos añog.
y yo me quejo, nos quejamos todos, de que desde entonces se ha ido usted apartando de nosotros hasta convertirse casi en nuestro adversario.
MOMENTOS ESTELARES DE LA HUMANIDAD TOLSTOI (Más suavemente. qué cree usted que debería hacer yo para seguir unido a ustedes?
ESTUDIANTE 19. No tengo la presunción de darle lecciones. Demasiado sabe usted lo que le ha enemistado con nosotros.
de crear un ejército. Usted nos ha convertido en revolucionarios, y ahora que ha llegado el momen to de obrar, se aparta con cactela, aprobando con ello la violencia.
TOLSTOI. Jamás aprobé la violencia, jamás!
Hace treinta años abandoné mi trabajo únicamen te para combatir los crímenes de los déspotas.
Desde hace treinta años, cuando vosotros no habíais nacido todavía, vengo yo exigiendo más radicalmente que lo hacéis vosotros no sólo que me Jore, sino que se cree un orden completamente nuevo de las condiciones sociales, ESTUDIANTE 2º (Interrumpiendo. Bien, y qué? Qué ha conseguido usted. Qué nos han concedido en esos treinta años? El látigo de los duchoborzen, que cumplían su mensaje, o seis balazos en el pecho. Qué es lo que ha mejorado en Rusia por su pacífica presión, por sus libros y sus folletos. No se da usted cuenta todavía de que recomendando paciencia y resignación al pueblo, haciendo que tenga fe en un futuro lejano, no hace más que ayudar a los opresores. No. León Tols.
toi, de nada sirve dirigirse a esa arrogante raza de tiranos en nombre del amor y empleando un lenguaje celestial! Esos esbirros del Zar no sacarán ni un solo rublo de su bolsillo ni quitarán un solo impuesto mientras no los dobleguemos a puñetazos. Bastante ha esperado nuestro sufrido pueblo en su amor fraterno; no podemos aguantar más; ha sonado la hora de la acción.
TOLSTOI (Con bastante ardor. Ya sé. Incluso en vuestras proclamas lo llamais una acción santa. Oh, acción santa fomentar el odio! Pero yo no quiero odio ni quiero conocerlo, ni siquiera contra los que pecan contra nuestro pueblo. El que comete el mal es más desgraciado, moralmente, que el que lo sufre: le compadezco, pero no le odio.
ESTUDIANTE 19 (Colérico. Pero yo los odio a todos, a todos los que cometen injusticias, los o dio sin contemplaciones, como a bestias feroces!
No, León Tolstoi, jamás enseñará usted a tener compasión de esos criminales.
TOLSTOI. Incluso el criminal es hermano mio.
ESTUDIANTE 19 (Despectivo. Aunque fuera mi hermano, hijo de mi propia madre, si obrase mal contra la Humanidad lo aplastaría como a vil gusano. No, jamás tendré compasión con los que no la tienen! No habrá paz en esta bendita tierra rusa hasta que los cuerpos de los zares y los no bles estén sepultados en ella: no habrá un orden humano y legal hasta que los exterminemos a to dos ellos.
Capítulo XLIX ESTUDIANTE 19. Vivamente. Si hemos leido sus libros, León Tolstoi? Es curioso que nos haga esa pregunta. Haberlo leído sería muy poco.
Hemos vivido de la esencia de sus libros desde nuestra niñez, y al llegar a la juventud conmovie.
Ton nuestro corazón. Quién si no usted nos ha enseñado a ver la injusta distribución de los bienes humanos? Sus libros, sí, sólo ellos, han ale Jado nuestros corazones de un Estado, de una Iglesia y de un amo que en lugar de proteger a la Humanidad ampara la injusticia, y usted. sola mente usted, nos ha inducido a dedicar toda nues.
tra vida a repararla, hasta que se consiga des ESTUDANTE 20. Bien. por qué no hablar claramente, si nuestro asunto no es para andarse cos cumplidos? Tiene usted que abrir los ojos de una vez y no permanecer en esa tibia actitud ante los terribles crímenes que comete el Gobierno con nuestro pueblo. Debe por fin abandonar su escritorio y ponerse sin reservas, clara y abiertamente, al lado de la revolución. Usted sabe ya, León Tolstoi, con qué crueldad se combate nues.
tro movimiento, que son más los hombres que se pudren en las cárceles que las hojas de los ár.
boles que se marchitan en su jardín. usted si.
gue contemplando todo eso, escribiendo a lo sumo de vez en cuando, según dicen, algún artículo para un periódico inglés, sobre la santa dignidad de la vida humana. Pero a usted le consta que contra este sanguinario terror de hoy ya no bastan las palabras. Está usted convencido, igual que nosotros, que es preciso un levantamiento, una revolución, y una sola palabra suya sería capaz Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud Costa Rica
Este documento no posee notas.