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Martes 28 de noviembre de 1972 DIARIO DE COSTA RICA. Comentarios Críticas Opiniones Puntos de Vista Cómo fue designado candidato el Prof. Trejos Por el Dr. Jorge Vega Rodríguez ex Vicepresidente de la República CONCLUSION El señor Trejos, persona labo.
riosa, digna, se conducía con to.
da circunspección. Estudioso, metódico y con el carácter dis.
ciplinado del matemático. El re.
verso de la medalla es el siguien.
alejamiento era muestra indele.
ble de lealtad y afecto a él. Asi llegó el fin de este aprendiz de político. como me han llama.
do. Quise servir a mi país: creo que lo hice con decoro y dedica.
ción. Eso es todo.
Cuando tomo una decisión, la mantengo. Mi apartamiento del gobierno fue absoluto. No asisti a consejos de gobierno ni a reu niones de ninguna clase. Esta ba lesionado personalmente y el presidente mostraba agrado por ml alejamiento.
Humor en Diario de Costa Rica te: don José Joaquin es fríor temperamento y por su proie.
sión de matemático. En ocasio.
nes, apartado de realidades po.
líticas y sociales. Al estudiar in asunto sometido a su considera.
ción, se mostraba dubitativo, in deciso, pero una vez formada su opinión, se tornaba imperativo hasta llegar a una obstinación orgullosa. En oportunidades ha bo quebrantamiento en la uni.
dad gubernamentall tanto por u indecisión como por su insisten.
cia hasta la obstinación. Ade.
más, el gabinete, lleno de figu.
ras de primera calidad carecía de cohesión, de fervor partida.
rista de comunión espiritual. él no supo infundirla, pues diri.
gía con demasiada frialdad los debates, deseoso de hacer el biea a Costa Rica, pero en forma des.
articulada e impersonal Sin embargo, no debemos ol.
vidar que la profesión hace 61 hombre, El señor Trejos, en fun ciones de presidente, seguía sien do profesor universitario de ma temáticas, traduciendo en la ve da real su frigidez. Lo contra rio a este pobre médico, que por azares de la vida metido a polí.
tico, estaba lleno de calor hu.
mano y acción directa.
En una comunicación que le envié con fecha 19 de octubre de 1968, le dije. Como lo expresé, trataré de limitar el asunto personal y no en lo partidarista, No propon.
dré ninguna acción disociado.
Ta a pesar de estar ligados por un hilo muy maltrecho a un más maltrecho pacto político venido a menos por persisten. tes decisiones presidenciales.
Pero si el deseo presidencial es mi alejamiento, ello es muy fácil, o si es el Partido Union Nacional el que estorba, tam bién es fácil conseguir su apar tamiento, que si no hacemos falta arriba, hacemos falta a bajo, como lo han pedido ci.
ferentes políticos en las últi.
mas semanas, que han solici.
tado nuestras opiniones o cola.
boración, Orgulloso como estoy de pertenecer a él, estoy pres.
to a cualquier sacrificio que demanden las circunstancias.
Este sacrificio Implicaba la re.
nuncia de la vicepresidencia. En la primera dificultad con el se.
ñor Trejos, antes de mi jure.
mentación, acudí a mi buen ami.
go. Lic. Fernando Baudrit. Pre.
sidente de la Corte Suprema de Justicia, en demanda de un con.
sejo u opinión, pues no pensa.
ba juramentarme en mi carác.
ter de vice presidente, pues pre.
veía nuevas dificultades futu.
Tas, El Lic. Baudrit, con toda ponderación y sabiduría, hizo cambiar mi criterio y con razo.
nes jurídicas, morales y legales me hizo ver lo equivocado que estaba. ello se añadió el Lle.
Daniel Quirós, magistrado de la misma Corte y entrañable aml.
go mío.
Sin embargo, nunca expresé amargura, inquina, malos de.
seos. Por naturaleza no alber.
gan en mi espíritu esos senti mientos, y mucho menos cuando las provocaciones son políticas y no personales, Deseaba renun.
ciar al no contar con la con.
flanza y amistad del Presiden.
te de la República. Consulte per sonal y extraoficialmente a miembros del Tribunal de Elec.
clones, y con varios amigos, Ellos me hicieron desistir, pri.
mero porque debía mi puesto a elección popular y después, por.
que al faltar el único vicepre.
sidente que quedaba, en caso de ausencia presidencial debería ser llamado el Presidente de la Asamblea Legislativa. Al pasar los meses, se me preguntaba la razón de mi aislamiento. Mis contestaciones eran evasivas, nunca reproches ni palabras du.
Tas, Deseaba que el gobierno dis.
currera bien y no sería este vi.
ce presidente pospuesto quien alzara su voz o gesticulara, cx.
presando amargura o frustra.
ción. Al final del gobierno, al sentir mis intenso el respal. fo de don Oullio Ulate y de perso.
nas amigas, estuve contento y tranquilo. Los diputados del par tido probablemente no compar.
tieron mis puntos de vista, tampoco insisti ante ellos. No faltaron entonces, voces amigas, sin ver la realidad, que me ha.
blaran de alguna candidaturas mía para el próximo periodo Les hice ver que mis virtudes eran muy pocas y mis defectos, muchos. Que después de un ana lisis completo, el resultado era negativo. Practiqué lo dicho por el politico francés: al tomar.
na decisión, el hombre debe tuarse frente a un espejo, que es como situarse frente a su pro pia conciencia.
Volvi a mi cirugia, con nue.
vas experiencias, entusiasmo y algunos desenganos, pero satis.
fecho y alegre. La alegria quo da el deber cumplido, de hacer transitado por veredas difíciles y sorpresivas, saliendo ileso, res.
petado y con noches sin tormen to. Me faltaba esa experiencia para completar mi caudal y ex plicar el por qué me hice politico. que he dado como título estas líneas, Ojalá en sus tos de oclo las lean mis amigos, rogándoles benevolenccia por los conceptos, la sintaxis o por los defectos que encuentren, Re.
cuerden únicamente que ful 10 cirujano que transito por ines peradas sendas, lleno de gran des deseos, pleno de enseñanza y, sobre todo, de consideración y afecto para y por sus seme Jantes, Don Otilio Ulate, fete y pre.
sidente del Partido Unión Na.
cional hermoso ejemplar de la fauna humana, está plagado de virtudes y pecados, pero como no es frío profesor. aceptó bue.
nas mis razones. Esto fue sufl.
ciente. Sentí que estaba en la buena razón. Que no debía to.
mar el camino de Damasco. MI El negocio ha aumentado consi.
derablemente desde que decidi traer a esta chica en lugar de un niño.
La alienación y los alienados José Solanes El término alienación, en el breve plazo de la vida de un hombre ha pasado de ser sinónimo de enferme.
dad mental a ser el rótulo espacioso detrás del cual, como tras pancarta recriminatoria, se agrupa una multitud dispar de seres en conflicto: enfermos, pobres.
delincuentes, los racialmente separados, los obreros. sin duda también empresarios jueces médicos.
Si tan ampliamente concebimos la alienación. a quién dejaremos fuera de ella? Conformémonos ahora en decir que, en definitiva, el psiquiatra ha pasado de ser el perito que dictamina sobre la calidad del alienado de tal o cual sujeto, a ser también aquél miembro de la sociedad que, como los demás, queda expuesto a un proceso de alienación que nuestra cultura parece desarrollar más que ninguna otra. Nuestro deber, y nuestro privilegio, está en contarnos entre los que más empeno deben poner en aclarar la idea de alienación, precisar la condición de alienado y esbozar en lo posi.
ble actividades en algún modo terapéuticas.
Nos colocaremos así al lado de sociólogos y psicó logos, de juristas y filósofos. Tal vecindad dará a la Psiquiatria fuerza y modestia. Modestia porque vie.
ne a quedar situada como una más y quizás no la mejor pertrechada de las numerosas disciplinas que se ocupan de su mismo objeto: fuerza porque ve sa.
lir de su seno estudios que aclaran lo que otras disciplinas se han propuesto conocer. Algo importa aquí poner de relieve; son grandes los esfuerzos que los psiquiatras han hecho y están haciendo para que las afecciones psíquicas sean vistas como cualquier otra enfer.
medad y tratan de cuidar de ellas, siempre que pueden, en los hospitales generales. Mas son importantes también los esfuerzos que se llevan a cabo para poner en evidencia lo que las afecciones psiquicas pueden tener de común con lo que no son enferiedades. El psiquiatra quiere ser un médico más pero, como situándose a la frontera de la Medicina y aun quizás más alla, o por encima, quiere saber sobre la enfermedad más de lo que los médicos como tales saben y, al revés, quiere aplicar su saber médico sobre lo que no es quizás propiamente enfermizo. Nadie pretenderá que el Diccionario baste para revelarnos lo que una palabra significa hacía notar Ortega y Gasset y lo que ocurre con allenación confir: ma sobradamente su aserto. Conscientes de la insufi.
ciencia de los vocabularios al uso, los autores que se ocupan del tema empiezan por tratar de establecer lo que, según ellos, hay que entender por alienación y allenado. Al buscar por poco que sea en la bibliografía, llama enseguida la atención la parte, a menudo muy importante, que en casi cada trabajo el autor destina a la definición de aquello sobre lo que quiere tratar. no faltan trabajos que son pura disquisición semántica. Pueden reunirse así sobre alienación con ceptos numerosos y no siempre coincidentes. Pero aho ra, más que relacionarlos nos parece útil señalar cuán extraño debe parecer la abundancia con que, tande pronto, los autores se han puesto a escribir sobre lo que apenas se sabe qué es. La formulación del concepto coincide con su discusión y el comentario substituye a menudo a la definición. Diríase que existía en el ambiente intelectual un sentimiento vago pero apre miante, urgido de expresión, que volcándose sobre un vocablo común hizo estallar su limitada significación médico juridica impulsándole a nuevos alcances y reia tegrándole ecos antiguos: no olvidemos que, remontán.
dose más atrás que a Marx y Hegel Fromm busca en el Vieio Testamento antecedentes de su acepción mo.
derna. Para cenir el concepto, ha bastado darle nombre? Es difícil creerlo. Unas veces se le precisa tan bien que hasta se nombra alienación algo que puede medirse y en efecto se mide. Otras veces al contrario.
el autor titula su trabajo así: No tenemos medida de la felicidad ni de la desesperación y habla allí de lo que otros han querido mensurar. Es un concepto que se empobrece si se le considera solamente psiquiátrico, pero ahí tenemos a autores de otras disciplinas reivindicando el tema para si, mas conservando terminologia médica y hablándonos del síndrome de la alienación, la manera cómo comprender a ésta varia según las naciones. Para Gurméndez en español la palabra alienación tiene un sentido peyorativo y negativo.
mientras que la palabra inglesa tiene un sabor con creto y positivo de operación comercial ventajosa y en alemán, indica un trabajo serio, profundo el des.
pliegue o desarrollo de las más íntimas posibilidades de la individualidad. Cómo interrogaremos ahora al vocablo Allena.
ción? Uno de los métodos sería el de ver cómo res ponde cuando se le confronta con términos tales como Demencia y enfermedad. Reificación o Cosificación, Anomia, Identidad, Autenticidad. Desempeño de rol. Se trata seguramente de un método útil, pero con el la discusión se colocaria en un plano de sutileza aca démica muy distinto de aquél, turbulento y angustio.
so, en que el público cultivado y aun gran parte del que no lo es parece acusar en el presente siglo all impacto de la palabra.
Existe otro método. Volviendo a Ortega y Gasset, recordemos que venia a decir, acerca de las palabras que el diccionario tiende a darles sentido sub especie aeternitatis mientras que la vida se lo da sub especie instantis. El idioma o lengua es pues un texto que para ser entendido necesita siempre de ilustraciones, Estas ilustraciones consisten en la realidad viviente y vivida desde la cual el hombre habla. Ahora bien, Ten cuál momento la humanidad occidental ha empe.
zado a inquietarse por la palabra alienación?
Tendremos que contestar que empieza la inquietud cuando la sociedad occidental, saliendo de las estre checes de la post guerra, dibuja cada vez mejor su carácter de sociedad de opulencia y se define come sociedad de consumo. yendo de la sociedad al individuo, la inquietud empieza cuando el hombre ve cada vez más puesto en duda su carácter de ser na?
tural: ya no se sabe muy bien qué hay que entender por naturaleza humana y hay autores que niegan a es.
ta pura y simplemente, El hombre es visto como lo que puede ser. Volviendo a Ortega otra vez, puesto cua fue el uno de los primeros en este campo en decirlo, expresaremos con sus palabras que el hombre es un ente cuyo ser consiste, no en lo que ya es, sino en la que aún no es. es un ser que consiste en un to ser. es un programa imaginario. es una pretension Digamos solamente que esta concepción en Ortega qulzás únicamente filosófica. se ha hecho ahora sociolo gica, psicológica y aun biológica. No existe naturale za humana. afirma rotundamente malson. Es tal nues tra borrosidad y, al tratar de ser, dependemos tanto del futuro y sus circunstancias que ni siquiera puede inter.
pretarse como ya siendo de verdad y a todos los efec.
tos, lo que de permanente creíamos existía en noso tros con los genes. Con las actuales investigaciones sobre genética vel margen sobrecogedor que abren a la intervención social la dotación hereditaria parece ser una pretensión más en lo que respecta al hombre a que aspira a dar lugar. así resulta que el hombre es pretensión desde antes de que como pretensjon sa fisiológicamente concebido. Ya no se estará seguro da que al individuo lleguen sin cambio los genes de los abuelos. Así como el hombre a que van a dar lugar quedará una vez nacido sujeto a las circunstancias, 23 lo estarán ya los genes de que debe nacer.
En una publicación reciente. Selve habla de los limites que en la ciencia encuentra la admonición clá.
sica: defina primero sus términos. Hay términos, hace notar, que pueden utilizarse con mucho éxito sin que se sea capaz de definirlos. Quizás alienación sea uno de ellos. Pero los yocablos que menos exigen de tinición son los que más llaman al comentario y comentar es admitir un exceso del significado sobre el significante. segun nos dice Foucault: El comentario se aloja en este espacio supuesto que se abre entre significado y significante y consiste en una interroga!
sión con la que hacer hablar a un contenido que no estaba explicitamente significado con la que dar la palabra a ese resto necesariamente no formulado del pensamiento que el lenguaje ha dejado en la sombra, residuo que es su esencia misma.
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