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Lunes 21 de Mayo 1973 DIARIO DE COSTA RICA Editorial Yolanda Oreamuno y Georges Vidal en dos nuevos libros hay ni molestos deslindes entre verano e vierno, que nos hagan pensar seriamente climatología.
in.
en El Ministerio de Cultura, Juventud y De.
portes, ha entregado a los lectores dos nuevos libros de las series ¿Quién fue y qué hizo?
y Nos ven.
Un libro se refiere a Yolamda Oreamuno, presentada por Rima de Vallbona. El otro es Mi Mujer y mi Monte. del francés Georges Vidal, quien vivió en Costa Rica a principios del siglo (llegó aquí en 1926. para descubrir, a sombrado, el encanto de una naturaleza rica y exuberante, que le permitió vivir con placidez.
La obra que escribió narra precisamente sus breves pero intensas experiencias.
revista francesa en el año 1929 y que ahora ve la luz en Costa Rica en forma de libro, nos pone en contacto con una sensibilidad extra ordinaria de un extranjero que arriba a nues.
tro país en el año 1926, y se va a vivir a la re, gión de Purcoal, probablemente en la selva aledaña, en donde él descubre el amor primi.
tivo y limpio, la naturaleza esplendorosa y la vida simple, y logra una realización indivl.
dual alejado del mundanal ruido que lo desa.
sosegaba en Europa.
En sus lúcidos ensayos Yolanda va des.
granando sus afiladas ideas respecto a estos temas y no deja por fuera el choteo, que es una arma blanca, blanca como una camelia, que se puede portar sin licencia y se puede esgrimir sin responsabilidad.
La escritora quiere destruir los mitos tro.
picales. que es como decir los mitos provin cianos de la patria, en los cuales no cree. Pien.
sa que exageramos y se propone desmentira las agencias de turismo y a los creadores de mitos. No cede nunca en su posición razona.
En esta uberrima tierra costarricense, 60 pone en contacto con el viento, la lluvia, los animales, los seres primitivos que le rodeany a quienes ama, para descubrir que la vida ini.
maginada se halla en ese mundo primitivo y nuevo, en donde las urgencias de la civiliza.
ción no cuentan porque existen raras escalas de valores que superan en calidad a aquéllas que a veces nos forjamos sin razón al ir siendo acorralados por concepciones absurdas y pen.
samientos paradójicamente demudados, por modemos y actuales que parezcan, Leyendo lo que nos dice Rima de Vallbo, na de Yolanda Oreamuno, y teleyendo los en sayos suyos que se insertan en este libro, nos TC ficamos en la convicción de que Yolanda era, por encima de todo, una magnífica ensa.
yista.
Cuando enjuicia a Costa Rica por los a.
fios veinte, acierta en la radiografia de su propio pueblo, al que critica con acidez no só.
lo porque con ella se había comportado mal como sociedad, sino porque lo ama con raro fervor.
da.
Yolanda se marchó del país; la sociedad gazmoña nuestra la fue arrinconando porque hacia y decía cosas que eran inconcebibles en la época. En realidad, su cordón umbilical con Costa Rica lo fue don Joaquín García Mon.
ge, quien le publicó algunos de sus trabajos en Repertorio Americano. Se hizo guatemalteca y se enorgullecía de decir que ese país sí la ha.
bía tratado bien, al contrario de su propia pa.
tria. Empero, parece que las cosas no fueron así: en su afirmación había un justo desquite con una tierra a la que amaba con ardcr, he.
cho por el cual la analizaba con severidad.
Es que aquí no se le comprendió y en cierta forma resultó víctima de la mayoría de quie.
nes le rodearon.
Para Yolanda, los costarricenses no tu vimos la dicha de que aquí fuésemos coloni.
zados por el español de látigo y bravío siempre enabolando tesis polémicas para fustigar a sus compatriotas razón que ella ci.
ta, entre otros, para insistir en que todo lo ve.
mos en pequeño, como aldeanos, con temor.
Según Yolanda. y en algo lleva razón preferimos las empresas chicas, las ganancias pequeñas y los riesgos reducidos. Somos me.
diocres porque nos viene de cuna: en política, en economía, en ambiente. Para ella, el ambiente lo determina todo. se preocupa por chondar en el término, haciendo la dife.
tencia que existe entre la acepción gramatical y la interpretación que le damos los ticos a esa palabreja. Su dureza para con la patria se Jesume bien cuando al definir el ambiente, dic ge: Puede ser: azul en el Mediterráreo, agl.
ado y violento en los Estados Unidos, colo.
rista en México, sadista en Turquía, rococó en Japón (que por culpa de la pro; acanda es ac.
tualmente el heredoro legítimo del bastardo Tococó. En Costa Rica es negro.
Socorro es el personaje central de Mujer y mi Monte. pero a la par de ella. ad.
mirable, cimbreante y pleno, el tigre, la llum via, el viento, el rancho. la manera de vivir de los indios, las costumbres de éstos, la plaza, el duelo campesino y las otras maneras de ser que conforman la cultura del campo, involu.
cran conceptos y concepciones totalmente dis.
tintos a los urbanos y que sólo vividos y na.
rrados por un autor tan directo y sensible como Vidal, podemos entender en su plenitud de descollante belleza. El amor es salvaje y natu.
ral en el mundo de Vidal y de Socorro. Esta im.
pone sus normas de conducta personal que el escritor llega a comprender un poco sorprendi.
do, pero que por elementales no las deja de admirar, e incluso se adhiere a ellas en ra.
zón de que ha sido absorbido por esa civiliza ción que lo conquista poco a poco.
La prosa de Yolanda, tersa, culta, rutilan.
te, vigorosa y combatiente, reunía las caracte.
rísticas para convertirla en la gran ensayista que penetrara en las meandros más profun.
dos de la sociedad tica. Los pocos ensayos sueltos que escribió, fueron brillantes por su capacidad de observación sociológica, por la riqueza de su lenguaje y por la fina percep.
ción de que estaba dotada para ahondar en los temas más corrientes que ella podía con vertirlos en trascendentales en virtud de sus condiciones de escritora auténtica que quizá se desgarraba en cada línea, porque la vida también la había ido desgarrando sin piedad. sus paisamos nos da lo merecido en el en.
sayo El ambiente tico y los mitos tropicales.
Nos pone en nuestro lugar y lo hace sin pie.
dad, porque no sólo posee pavorosa capaci.
dad de introspección para conocerse, sino que nos conoce tan bien como a ella misma.
La reactualización de Yolanda Oreamuno, vista por Rima de Vallbona, es un mérito que logra el Ministerio de Cultura al entregarnos este breve libro que nadie debe dejar de leer.
El extranjero en Costa Rica, en su selva y en su monte, ama a Socorro y también su habitat, plegándose a las costumbres comu.
nales, a los usos y prácticas; y tensando su don de observación, nos narra en detalle lo que vivió y lo que aprendió. lo hace con u.
na prosa modema de párrafo corto, poética por momentos, como cuando expliar qué es el a.
mor para Socorro o por qué los indios comen sin ser vistos por los demás ya que ellos est.
man tan indecente el acto de comer como contrario.
Para la escritora, a cg costarricenses no3 falta espíritu de lucha y nos afecta la celibe.
rada ignorancia ante cuaiquier peligroso va.
lor que en un momento dado conmueva pue.
da conmover nuestro quietismo. Es el comodis.
mo tico, la falta de grandeza para el resgo, el concepto reducido de la empresa y del ava tar humano, quizá determinado, como lo ase.
gura, por el clima suave y por el paisaje que nos reduce a ser lo que somos: pacíficos y quietos residentes de una nación con un pai.
baje que es un cromo delicadamente lindo.
con la casita que se recuesta aperezada en el potrero, el maizal o el cafetal; es limpia co.
mo un ajito; el árbol está siempre verde, y no Esta obra tampoco debe delarse de leer, si se quiere emocionarse frente a un mundo simple, risueño, pequeño y grande a la vez, poético, increiblemente envidiable, práctico sien.
do ensoñador y burbujeante de aventuras hu.
manas enlernecedoras y cristalinas.
MI MUJER MI MONTE Este relato de Georges Vidal, escrito a principios de siglo, publicado primero en una JULIO SUNOL Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud Costa Rica.
Este documento no posee notas.