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Lunes de junio de 1979 DIARIO DE COSTA RICA. Comentarios. Críticas. Opiniones Puntos de vista Ubicuidad del terrorismo abriel Marcel, filósofo y escritor francés, pa dre del existencialismo cristiano, aborda en es te artículo un tema límite de la sociedad de hoy: el terrorismo aéreo, al que examina como un chantaje que aparece en una forma ate Ruada para que no se le reconozca como tal Marcel no sólo advierte el elemento nuevo introducido en él la asociación del cálculo y de la violencia incontrolada ino que estar blece la actitud moral adecuada para librarse de los fanatismos ideológicos y sus consecuen cias sociales, Para iniciar las reflexiones que van a seguir, juz go indispensable dejar bien sentado algo que se me ha ido imponiendo en el transcurso de los últi mos años. En el mundo que ¡ay! es el nuestro, y para toda conciencia recta, la consideración de Jos mediog debe prevalecer sobre la de los fines.
Dicho de otro modo, conviene invertir los términos del famoso adagio, tan utilizado en provecho propio por tantos pensadores modernos, según el cual el fin justifica los medios. Pretender que ello es cierto es idolatrar esos fines o, más precisamente, creer que tienen una existencia y un valor intrín secos, cuando, en realidad, pueden verse, más quo afectados, literalmente destruidos por los medios que se pone a su servicio.
Un ejemplo contemporáneo de esta verdad nos lo proporciona, en mi opinión, la equivocada prolon gación de los bombardeos aéreos en el Vietnam, acto que confina con el genocidio. Bien ingenuog serían log norteamericanos si creyeran que alguien toma todavía en serio los principios que invocan.
Este ejemplo, estimo yo, nos conduce a los aleda ños del horroroso problema que hoy plantea el terrorismo, Ante todo. cómo explicar la pavorosa progreBión de la acción terrorista registrada en los tres últimos años? Ya sabemos que el terrorismo no es en todos los casos sino un chantaje llevado al má ximo extremo y que este mismo chantaje, aunque Adoptando formas atenuadas para que no se le reconozca como tal, impera hoy en todos los nive.
leg. Apunto yo aquí muy especialmente, claro es tá, a los medios de que se sirven, sin escrúpulo al guno, las centrales sindicales para conseguir sus fines. Ahora bien, no costará trabajo reconocer que en tra en el terrorismo un elemento nuevo: la asociación del cálcu o y de una violencia incontrolada.
Cuanto más insoportable sea el carácter con que se presente la violencia, más porbabilidades tendrá és ta de intimidar a quienes se pretende hacer aceptar cuanto se quiera y cuya aceptación se considera imposible obtener de otro modo. Algo parece aqui evidente: trátase de borrar en el adversario el me nor vestigio de un sentimentalismo del que uno se Babe enteramente desprovisto.
Pero no cabe duda de que el vocablo sentimen talismo resulta aquí demasiado suave. Lo determi nante en el terrorista es su obsecación en no tomar en consideración los más elementales valores hu manos, empezando por el respeto debido a las vidas inocentes. este respecto, el término de nihilista, tan utilizado a propósito de los terroristas rusog en las postrimerías del siglo XIX, viene aquí pintiparado.
No dejarán algunos de argüir que los terroristas que hoy surgen por doquiera han sido llevados a una situación límite, que se les ha convertido en autén ticos desesperados. No es éste el caso, en particu lar, de los fedayines. de aquellos, por lo menos, que, desde su nacimiento o su niñez, han vivido en barracones y detrás de alambradas? razones aná logas podrían aducirse en lo tocante al drama irlan dés y a otras tragedias contemporáneas.
Hay aquí un principio de explicación irrecusable.
Pero se cometería un gravísimo error viendo en ello la más mínima justificación. Como ya indicase al comienzo de estas líneas aunque expresándome en tonces en términos generales, la acción de los fe davines no hará sino contribuir a desacreditar la causa pa estina, incluso a log ojos de cuantos no desconocen, ni mucho menos, lo que en sí tiene de fundada.
Resulta tan evidente esto que parece incompren. ible: que los más iluminados adalides de esta cau!
Sa no desaprueben más explícitamente los críme.
nes perpetrados en nombre suyo.
Lo peor, desgraciadamente, es que un atentado como el que se produjo en Munich hace cuatro me.
ses no podía dejar de suscitar represalias de parte de las autoridades israelíes. recuérdege las ejerci das poco ha en el Líbano. aunque éstas sostengan, contra toda evidencia, que no eran consecuencia directa del asesinato de los rehenes. Entrase así en un círculo del que parece casi imposible poder salir: el terrorismo logra contaminar, literalmen.
te, al gobierno que intenta combatirlo. Cómo ex.
plicar, si no, el asesinato de mujeres y de niños li.
baneses que no tenían culpa de nada? Llevando a cabo actos teóricamente justificados como éste, el gobierno israelí se expone a que un crecido número de países equipare, y condene con igual rigor, su conducta a la de los criminales de Munich. Cabe imaginar, pues, como lo harán muchos de esos ideólogos que ceden a todas las facilidades del discurso, que las Naciones Unidas podrán interve.
nir de manera eficaz en lo referente a este asunto?
Nada, desgraciadamente, me parece menos probable. Todos los precedentes muestran que la Asam blea carece en realidad de poder, salvo, acaso, en cuestiones de detalle. Me contentaré con citar como ejemplo la famosa moción del Consejo de Se.
guridad sobre la evacuación de los territorios ocupados por Israel, moción de la que se viene hablando sin cesar desde hace cuatro años. Nadie ig.
nora que, con el fin de salvaguardar la propia exis tencia del Estado de Israel, no le queda más remedio al gobierno israelí que exigir rectificaciones de frontera en Golan, en Jerusalén y tal vez en otros. lugares. Aunque esto es evidente, fingese ignorar o, y hallamos nuevamente aquí esa terrible conjunción de mentira y violencia respecto a la cual Solchenit syn. en su admirable discurso hecho público no ha mucho, supo tan bien atraer la atención, Conviene asimismo tener presente lo que sigue: la especie de sosiego de que parecen disfrutar las grandes potencias y que sólo se ha logrado gracias a las peores hipocresías no puede, desgraciadamente, sino contribuir a alentar lo que cabría llamar la mentalidad terrorista.
Llévame ello a abordar un tema que nos afecta a todos. Informóseme recientemente de que un joven francés de diecisiete años, vecino mío, había experimentado tal satisfacción al enterarse de la espan tosa tragedia del aeródromo de Lod que no había podido pegar un ojo durante dos noches seguidas. He aquí algo monstruoso. se dirá con sobrada ra.
zón. Pero deberíamos preguntarnos antes si todo cuanto se propone en ciertos cines, teatros e incluso, aunque menos, radios y televisión no desarrolla, de liberadamente o no, esa mentalidad en unos jóvenes que ya no creen en nada. Todo esto, se me reprochará sin duda, es terri blemente negativo. No se muestra usted derrotis.
ta? En vez de, como debiera si cumpliera con su deber, procurar dar con las condiciones necesarias para atajar una epidemia moral comparable a la peste que, en tiempos remotos, diezmaba hasta las poblaciones civilizadas. no se instala usted en una situación absolutamente intolerable. Estimo, en mi calidad de filósofo, que es preciso ante todo resistir a las tentaciones a que tan fá.
cilmente se dejan arrastrar los ideólogos. Antójase me esto tanto más necesario cuanto que la ideología, cualquiera que sea, y al contrario de la fe que se sitúa en el extremo opuesto, es esencialmente fa natizante y, hoy en día lo mismo, seguramente que en todas las épocas, el fanatismo desemboca inevitablemente en el terror.
En mi opinión, ha de recurrirse sobre todo a los educadores. Si les da a éstos por servir y ello es más frecuente de lo que pudiera creerse a une ideología, abren así camino al terrorismo.
Recuerdo haber dicho, poco después del final do la Segunda Guerra Mundial y cuando nos hallába.
mos aún bajo la impresión del descubrimiento de los campos de exterminio, que lo que cabe llamar log paliers intermedios y, especialmente, el de la red flexión, estaban a punto de derrumbarse, y ello cong tituiría un gran desastre para la civilización. Lleguá a decir que la desaparición del escepticismo sería, pese a las apariencias, catastrófica en sí y, natud ralmente, evoqué entonces la inolvidable figura de Montaigne. Quería así dar a entender que cuando falta la fe auténtica (y ya sabemos cuán amenaza.
da se halla en nuestros días de verse recubierta por la ideología. y el escepticismo, en la medida en que es una tolerancia, resulta ser una salva.
guardia. Mas donde se encuentra hoy tolerancia auténtica? En los lugares en que, por casualidad, existe, no es sino indiferencia, inercia de la con ciencia y, añadiré yo, cobardía. Ahora bien, es pre cisamente la colusión del terrorismo y de la cobar día lo que amenaza hacer inhabitable nuestro mun do en breve plazo.
GABRIEL MARCEL del Instituto de Francia MI BIBLIOTECA jort María de AREILZA Pensé un día ordenar mi bi.
Dlioteca y convertir en fiche.
ros la memoria revuelta de vo.
lúmenes y estanterías reducien do a. cartulinas el pálpito es pacial que me orientaba, apro ximadamente, hacia el libro deseado o necesario, en la balumba de las estanterías y bal.
das. Fichar una bibloteca es tarea apasionante, no sólo para los expertos que las llevar a ca.
bo, sino para el dueño de tanto Ibro que vuelve a verlos pa.
bar, uno a uno, por el gabinete de identificación. ahí apare cen los viejos amigos: los olvi.
dados; los sorprendentes, los desconocidos. Una biblioteca es como una antigua ciudad ente rrada; Arquelogía libresca Ca.
da golpe de azada, revela, quizas, tesoros. La ordenación biblográfica, descubre también piezas incalculables, Mi biblioteca tiene un poco de todo. un sedimento de distintas épocas. Mi padre te.
nía un buen conjunto de brag que iban desde la Medici.
1a. que era su profesión, a la Filosofla ya la Historia, que eran sus aficiones preferidas, Yo les añadí Literatura Poli. la palabra hablada que excita punto. Salvando las distancias tado quehacer mental. mu tica, socio ogía, Economía, Cien la imaginación y pone en rodaje hay no poco de sobreviviente chos no me atreví a meterleg cia y temas vascongadog y e el mecanismo mental. Miles de en nuestra política contemporá el diente. otros, por encima.
mericanos. asimismo. Obras razonamientos, de diálogos, de nea de esa atroz costumtre Leibnitz, en parte. Descar.
de consulta sobre geografía his sensaciones, de juicios, de po de personalizar las cuestiones, tes, lo necesario. Platón, sl térica y artístice Esp lēm (as aguardan así, el movi de convertir las doctrinas en por claro y limpio en su len fa. Nunca me interesaron 109 miento del brazo y de la mano argumentos ad hominem y de guaje. Tomás de Aquino, 12ejemplares únicos, por ser o, ni que abre sus páginas y los ha lanzar adjetivos en vez de ra. tigosamente. Junto a ellos eslos valiosos, ni los lujosamen ce vibrar para convertirse en zones al adversario político. toban Nie. zche, fulgurante y de te editados o encuadernados. pensamiento. Un espíritu que Los políticos en camisa de luante en sus perspectivas, Me gustó el valor instrumen al nos es ajeno y que en su ma Martínz Villegas, escritor pro. Schopenhauer, sustancioso y lle del libro. Su manejo; su lectu. yoría ya no existe porque mu gresista, podría ser un resu no de fascinación. Renary, proia su consulta. Tenerlo e rió hace años o siglos nos co men de lo que publican algu digioso en su encanto literario mano para volverlo a leer o munica entonces sus reaccio nos periódicos actuales. Luego de quien sus enemigos creyeron refrescar un dato o ntia cifra. nes o la de los personajes que es divertido pensar que se em en su tiempo, que encarnaba el La presencia de miles de volú. inventó. así, en cascada, po. parejan en los plúteos, autore anti Cristo. Hegel, solemne, romenes rodeando la estancia demos revivir, personas, histo. contrapuestos: Donoso y Olá tundo y antipático; Comte in.
presta un especial calor, no só. rias, descripciones, análisis, sín zaga; Balmes y Toreno; o bio ventor de una ssitemática que lo físico, en invierno, a la ha. tesis, toda la infinita variedad grafías antagónicas: Espartero en Brasil creó escuela doctri.
bitación. También hace de ais del acontecer del hombre en la y Cabrera; Carlos VII y Alfon. na con adeptos e iglesia positi.
lante del ruido callejero y pien peripecia intelectual que e ce So XII; Prim y Narváez. Es co vista. Kant, que produce al so que es significativo tener de fine y distingue, dentro de la mo un valle de Josaffat anti leerlo un frío racional y viscecámara de silencio frente al en biosfera como único ser racis cipado. Los que en vida lucha ra. sólo explicable para quien sordecedor tráfago urbano las nal.
ron discrepando, aguardan en ha visitado Konigsberg en inpáginas de Tolstoievsky de Por un azar de comodidad silencio el juicio del Lector que vierno y recorrido los helados Luis de Granada o el trote re en el trabajo, comenzó la cla los resucita. De sus empeños, estanques de Frisia que produ.
tórico do a Witcatumba de sificación por los estanterías acaso es este conjunto de li cen ámbar junto el Báltico, el Chateaubriand de historia del siglo XIX es bros y folletos lo únco que que Castillo de la Orden teutónica, Log iibros alineados son co. pañol. Allí salieron liberales y da palpitando por encima de luego de los Reyes de Prusia mo los árboles de un bosque cariistas; moderados y progre las estatueg de bronce, os ró y la catedral con la tumba del que escoltan al visitante. En sus sistas; caudillos militares y tri tulos de calles y plazas, los re pensador, junto al coro: Escaanaqueles conservan ese mila bunos parlamentarios en multi tratos románticos o la obra ad. lofrio germánico. Después vie.
gro del Ingenio humano que tudinaria caterva. Se tiñen las ministrativa o militar que rea nen los volúmenes de Tel hard son las páginas impresas: un biografías de acentos di irámbl. lizaron.
for onl entos, tan accesibles y poco de celulosa y otro poco cos y los relatos, de pasión. Las Tuvieron luego su turno ela. jesuiticos en su científica y e.
de tinta emplomada. Al conju. histosas son sin excspción, po. sificador los 116 ofos. Densos volutiva probabilidad.
lo de la luz, la vista reproduce lémicas y tratan de probar su volúmenes que rezuman apre.
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