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Miércoles 11 de julio de 1973 DIARIO DE COSTA RICA REPRODUCCION SOLICITADA: Editorial de La Hora. iulio 73 NO SE PUEDE DISCUTIR SIN CONTAR CON EL PUEBLO Tema de presión, a cargo de fuerzas interesadas, es en estos días la campaña contra el aval del Estado a favor de una nueva fábrica de cemento.
Son tantas las páginas que se insertan en contra, tantos los rumores que se publican en base a supuestos, tantos los comentarios que se agrandan como bolas de nieve, que pareciera llegarse al axioma jurídico de que el que prueba en demasía, prueba lo contrario.
Es la Asamblea Legislativa el poder que está facultado para aprobar o rechazar el negocio que se propone. Son los representantes del pueblo quienes deben analizar en voz alta la conveniencia o los límites de una protección del Estado para una nueva industria. Por qué anticipar criterios a los argumentos reservados para el debate en la Cámara legislativa?
Sólo tiene una explicación este caso si observamos los grandes intereses comerciales que se movilizan detrás de todo el proyecto, para torpedearlo, retrasarlo o impedirlo.
Sería caer en lugar común volver a insistir en la reaen la realidad costarricense como país en desarrollo. Basta conocer las dificultades que presenta una sola planta de cemento a la hora de abastecer un mercado que multiplica su actividad y que necesita de materia indispensable para cumplir el compromiso creciente a que obliga una explosión demográfica excepcional.
La escala ascendente de construcción de viviendas y de obras de mejoria de todo tipo a lo largo y ancho del país obliga a una dilatación de fuentes de producción no solamente por imperativos de mercado sino por razones incluso de economía. La demanda engendra producción, genera empleo y consolida el desarrollo.
Es lógico esperar que de la Asamblea Legislativa surjan las razones que se esgrimen para favorecer con el aval a determinada empresa. por consecuencia del mismo recine to procederán en proporción deseable los puntos de vista adversos a la nueva fábrica. Es entonces cuando se conozca con la claridad que el problema requiere la magnitud del proyecto y la cuantía del aval, ya que hasta el momento los vien.
stos de Cronda han sido con carácter interesado, sin la medida concreta que el delicado asunto exige.
Es admisible además que a medida que la discusión cobre ritmo en la Asamblea puedan esbozarse argumentos en pro y en contra a través de la Prensa, como sería de rigor cen una democracia funcional como la costarricense. Pero lanzar la carga en un solo sentido sin esperar a conocer siquiera la exposición definitiva del Poder que remite el proyecto es mostrar abiertamente un interés desenfrenado de poner obstáculos, más difíciles cada día, para que el asunto no sea ni conocido. Escuchemos a las dos partes, a través de un diálogo sereno, y pensemos siempre en lo más conveniente para el país que mira hacia el futuro con augurios progresistas.
Los gobernantes diseñan, como es su obligación, un panorama de bien común, ya que esa es la función primordial de la política. Las fuerzas de la reacción fijan el contrapeso a cualquier tendencia de avanzada. En el camino, la pugna adquiere caracteres firmes según las metas que establecen las definiciones nítidas de uno y otro campo.
Pero en la marcha, en las etapas de discusiones y de planteamientos, hay un testigo primordial que decide y determina: el pueblo.
El pueblo, a través de sus mismos representantes en el Poder Legislativo, por medio de los grupos sindicales y de las agrupaciones políticas también tiene un compromiso a la hora de establecer cuál es el negocio que conviene a Costa Rica. será ese pueblo, lejos de presiones y de fuerzas de influencia en los órganos de opinión quien sacuda con energia a políticos y a empresarios para llevar al país por el rumbo que el progreso señala.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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