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4 DIARIO DE COSTA RICA Wiernier de noviembre de 1973 Editorial La corrupción como tema de los partidos nos causará perjuicios hondos y la Costa Rica que conocimos se desdibujará.
ao ne pidanolo de dad geográfica, humana, política y social.
Casi sin excepciones, los partidos políticos que aspiran a triunfar en las elecciones de febrero, están planteando el tema de la corrupción.
Unos de manera más profunda, y otros apenas tangencialmente, se refieren al asunto. Ofrecen acabarla. Se comprometen a impedirla.
Juran que no están dispuestos a que la corrupción continúe su marcha.
No es cualquier cosa lo que está en juego. La conciencia ha de ser lúcida para comprender que podríamos estarnos abocando a una crisis de profundidad con motivo de la transición que experimentamos. Estamos pasando de ser un país agrario, a constituir una sociedad con pretensiones de gran nación. Los usos y las costumbres nuevas ya aspiran a eso, sin hablar de los aspectos positivos que también operan en beneficio de la comunidad.
Tomando en cuenta los puntos de vista que anteceden, es satisfactorio leer, oír y ver los programas de los partidos que se empeñan en combatir la alegada corrupción y que a su vez garantizan su exterminio. Se prueba así que la honradez se tiene aún como un valor digno de ser resguardado y que en Costa Rica hay muchos hombres dispuestos a combatir por ella.
Las afirmaciones de unos partidos en ese sentido, y los silencios de otros, son buena prueba de que el tema se da por sentado e implicitamente se podría deducir que existe la conciencia de que hay corrupción, aunque nadie la concreta ni la especifica. Es eso cierto?
Cuando se habla de la necesidad de fundar una Contraloría Privada; cuando se descubren y capturan contrabandos de artículos caros de importación; cuando se promueven alijos de azúcar y de café; cuando se revelan desfalcos en agencias del gobierno y en las empresas particulares, se nos está dando el aviso de lo que acontece. Estar en guardia es lo que corresponde, no con gazmoñería aldeana, sino con el afán legítimo de proteger las buenas tradiciones que hicieron de Costa Rica una sociedad en la que la confianza fue la nota descollante.
La corrupción no consiste solamente en sustraer dinero del Era.
rio. Puede darse la descomposición en un concepto más amplio: ilegalidad, incorrección, prestación de servicios con la contrapartida de logros personales al margen de la ley, etcétera. Si fuera cierto que ya en Costa Rica hay corrupción, y que ella se extiende a la actividad particular, estaríamos en presencia de un fenómeno criticable que quizá el consecuencia del acelerado desarrollo poblacional y económico. estamos en presencia, entonces, de algo malo que se debe impedir a cualquier costo, a menos que deseemos afrontar dificultades que dañarán las bases morales de la república.
AYNI Claro que en esto se necesitan hechos y no palabras. Sería dolorosísimo que pasara aquí lo que ha sucedido en otros lugares, en donde hombres públicos de primera lía nea mantuvieron durante largo tiempo una constante crítica a errores, malversaciones y corruptelas, y luego tuvieron que dejar sus posiciones por haber caído en los mismos vicios que condenaban. En ese extremo, el ejemplo más contundente y doloroso, es el del ex Vicepresidente de Estados Unidos, se ñor Spiro Agnew, quien tuvo choques permanentes con la prensa y con los estudiantes y políticos, motivados en su puntillosa concepción de la honradez.
Luego él fue obligado a renunciar al alto cargo en virtud de que había sido beneficiario de los favores económicos de empresarios de construcción que le financiaban con dineros en efectivo que se le entregaban semanalmente en sobres cerrados, según pudo ser confirmado por las autoridades judiciales y administrativas. Esto evidencia que los hechos son los que cuentan y que las palabras se las puede llevar el viento. En la dramática coyuntura de lo acontecido con el señor Agnew tenemos una llamada de atención para todos: gobernantes, gobernados y políticos que levantan la bandera de la honestidad pública y privada.
El explosivo crecimiento del país está llevándonos al cambio de las costumbres. Las ambiciones de vivir mejor producen a menudo capitulaciones éticas y morales que se deben sofrenar en tiempo. De no actuarse con energía y con autocontrol, el declinar de los valores El hecho de que la nuestra sea una comunidad agraria en trance de convertirse en algo bien distinto, y la realidad de que hayamos trasladado los usos y las prácticas de los países industrializados a una sociedad sin la riqueza de aquellas naciones. muchas de ellas bastante descompuestas nos producen traumas que tienen una lógica culminación: las ambiciones desmedidas llevan a metamorfosis violentas en la conducta individual y colectiva, y de allí se derivan consecuencias negativas que golpean frontalmente al país como una uniJULIO SUNOL Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica

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