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les que provienen de la relaen de la rela ser conducida por los lacación persona coche existe la yos, y el coche, al menos.
repetición de una actitud por un cochero. En el asalto histórica ante una posición de la burguesía a los signos mentalmente similar desde externos de la nobleza, son los tiempos de Tirso Molina la espada, el atuendo, la cay Calderón hasta nuestrossa, el coche y el escudo he días, aunque se realice en ráldico las sucesivas concada época de acuerdo a sus quistas de mayor impacto medios. No se trata ahora nivelador. La burguesía de si el coche ha sido antes irrumpe en la heráldica por distinción de afortunados y vía matrimonial, pero a veahora resulta un elemento ces hay quien se fabrica democrático o nivelador, un escudo gracias a la fantaque rompe las viejas barre sía de una esforzada imagiras sociales al hacerse de uso nación genealógica. Por enmasivo. La cuestión va más tonces, la obseción del escuallá del concepto de lujo do ha llegado a los gremios o de elemento utilitario. artesanos, que lo exhiben diferencia donde existe, cla grabado en piedra a la entraro es, evolución histórica. da de sus casas de asociación Pero más a fondo que esta Sin embargo, el coche otorCoche ligero Clément, modelo 1900 Clément. Paris Motor Panhard at Levassor, cab.
Exposición Universal 1900 fuera de concurso Bicicletas, Motociclos Coches Automóviles SUCURSAL PARA España: Calle Arenal 22. Madrid Pedir el catálogo ilustrado Mr. Rasson, director de la Sucursal, acaba de verificar el viaje de PARIS MADRID con un coche ligero Clément, modelo 1900, sin averías.
Anuncio publicado en la revista Alrededor del Mundo en varios números del año 1900. Principio de la comercialización del coche. Según leemos, Mr. Rasson acaba de verificar el viaje de Paris a Madrid sin averías la magia trayectoria consecuente a la industrialización se produce el fenómeno psicológico por el que el hombre, en su inconsciente, hace del coche el mejor aliado para dar cauce al instinto de dominio fracasado, paralelamente a otro fenómeno, también inconsciente, que a veces sitúa al usuario en un plano de pensamiento mágico.
El coche propiamente dicho no comenzó a utilizarse hasta el siglo XVII (1. La carroza palaciega es anterior; se inició en el siglo XIV, con un prototipo cuya suspensión de la caja era por cuerdas, en lugar de ballestas. Al llegar el siglo XVI, un fabricante holandés sustituyó el sistema de las cuerdas por correas, y también las cortinillas de las ventanas por cristales. partir de esta época, los carroceros italianos, franceses, españoles, alemanes, flamencos e ingleses compiten para lograr carrozas más perfeccionadas y profusamente adornadas. Estas son únicamente asequibles a las casas de la aristocracia, por el precio y porque usar carrozas sin pertenecer a la más alta nobleza hubiera resultado un contrasentido o un desacato implícito en los signos de prestigio establecidos por la costumbre. En el siglo XVII viene este vedado a sufrir el asalto por el coche. Etimológicamente ya existe una diferencia, pues si la carroza proviene del italiano carrozza y ésta del latín carrus, la palabra coche procede del turco cochi; en principio, carruaje de cuatro ruedas con una caja, en cuyo interior hay asientos para dos o más personas. Pero el coche aún no lo conduce su due ño; también esto hubiera resultado un contrasentido, ga una realidad positiva más En Madrid, la calle mayor acorde a la mentalidad bur y el paseo del Prado se lleguesa, y desarrolla como nan de coches en las tardes una oleada obsesiva. La ca de buen tiempo. Las damipacidad económica comien selas se saludan desde los za a ser niveladora, y de coches con cierto aire triunpuente entre el burgués adi fal. Los galanes, a caballo nerado y el noble empobre saludan también con espec cido. Parece ser que las mu taculares sombrerazos el pa jeres, con sus rivalidades tan so de los coches donde algufemeninas, contribuyeron na linda disimula su emoen mayor grado a que sus ción con ese abanico al que maridos procurasen no que alude Tirso.
darse fuera de la obsesión En esta época del barrogeneral por el coche. La mu co, del conceptismo y el jer burguesa no podría asgongorismo, cuya fusión pirar a tener carroza, como puede simbolizarse en Calla duquesa, pero sí a un co derón, no posa a este inadverche. Todavía en una escala tido el impacto de la apeinferior, la mujer artesana, tencia del coche, que penecuyo marido suplía con tra en todos niveles de la sobuena bolsa los prejuicios ciedad como un epidemia de la alta burguesía y los mental; y así en Mañanas de privilegios de la nobleza, no abril y mayo presenta las cáansiaba un coche adornado, balas de una mujer que está sino un vehículo de cuatro dispuesta a supeditar al coruedas, como fuese; lo indis che sus demás aspiraciones pensable para salir de paseo, de comodidad y bienestar: bien sentada y contemplando a los viandantes con la misma suficiencia que ella Con lo que la casa cuesta creyó ser mirada desde los de alquiler, echemos coche.
coches cuando marchaba a pie. Fenómeno del que dejó constancia la literatura clásiSi el coche tuviera, ca europea. Tirso de Molina, que además de dramaturgo sin casa vivir podría: en el coche todo el día, tenía cualidades de psicólode noche, en la cochera.
go social, nos legó su visión del problema con gran humorismo: siglos XVIII y XIX, quien mantieAA, quien mantieNo se tiene por honrada ne dos caballos para el comujer que no se cochea, che y paga a sus dos lacay tan adelante pasa, yos, se valora socialmente.
que una pastelera dicen Las apetencias esporádicas haber comprado una caja, de nivelación artesana han tirada por los rocines quedado atrás, como una pique traen la harina que gasta, en que sábados y viernes che es un vehículo de lujosa se pasea autorizada; confección que se distingue pero en viniendo el domingo, de cualquier otra forma imhasta el fin de semana, provisada. Ha comenzado la trueca el coche por el horno, época del gran landó de cuay el abano (2) por la pala.
tro asientos en toda Europa, Los mozos que pastelizan con su gasto de servidumson cocheros por su tanda, bre, que lo hace solamente con que nuestra pastelera asequible a los verdaderos va, aunque gorda, sancochada, pudientes. No obstante, ya no es prerrogativa aristocrá sonido bucólico, las del retica, pues el buen médico, el lincho tradicional, y auguabogado de fama, el hombre ran nuevos planos económide negocios, el rico comer cos y sociales aún sin deficiante o industrial, usan el nir. Si los antiguos cocheros pesado landó con sus dos amenazaban al congénere, lacayos enchisterados en el de un pescante a otro, con pescante. Todo ministro tie sus látigos, como una esgrine derecho a un coche de ma de cocheros. ahora caballos a costa del erario. comienza la rivalidad de En las ciudades se popu señores por sobrepasarse lariza el coche cerrado de en sus automóviles muy dos plazas. La berlina se di deportivamente. Desde funde por toda Europa des esos coches de conducción de su invento en Berlín, a lo exterior, los conductores se que debe el nombre. Es un que debe el nombre. Es un saludan a veces con énfasis, coche cerrado, de cuatro otras cruzan miradas desaruedas y dos asientos. La ca fiantes. nivel de caballelesa (etimológicamente, del ros del automóvil, no ha polaco Kalasca, y Kola, rue surgido todavía el improda)tenía dos ruedas, dos perio.
asientos y capota plegable; Desde que Henry Ford fue popular en la época de industrializa el automóvil a Goya, pero no subsistió co precios asequibles, y en camo la berlina, cuyas condi dena de fábrica se inicia la ciones para climas fríos eran democratización. El fracasasuperiores. En el siglo XVIII do intento popular al que existían ya en París los pri aludían Tirso y Calderón se meros coches de alquiler, y realizará esta vez como he en Madrid se implantó este cho histórico ya irreversible.
servicio a mediados del siglo Los automóviles invaden XIX por un contratista lla progresivamente las calles y mado Simón, del que toma carreteras. Se inicia entonron nombre los populares si ces el fenómeno psicológico mones. Todo ello produce por el cual sirve el coche cola democratización del vehí mo elemento inconsciente culo tirado por un caballo. de dominio, de fuerza, en quizá por esta facilidad quien no la posee, y se libede alquiler, en estas fechas ra así del complejo de infehabía pasado ya la obsesión rioridad. Inversamente.
del coche. Pero no tardaría quien está acostumbrado a en resurgir el fenómeno, dominar en la vida no pueque llega con mayor vigor a de consentir que alguien le nuestros días.
aventaje en la carretera ni le Comienzan a verse los gane sitio en la calle. La riprimeros coches mecánicos; validad se ha sentado en el éstos si los conduce el due automóvil. Tanto si lo ño, como un riesgo depor conduce una persona agresitivo que tiene cierto aspecto va, neurótica o inmersa en de vedado mágico para los un complejo de infeiniciados. El espectáculo del rioridad.
paso de los automóviles, con sus ruidosas explosiones, sus humos y su veloHistóricamente, puede atescidad. causan asombro tiguarse que el complejo de maldiciones y apetencias de inferioridad jamás había alun futuro desconocido, pe canzado un extensión tan ro muy distinto. El automó grande como en nuestra sociedad de consumo. Mas, Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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