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Costa Rica poética Viento Sábado 13 de Junio de 1964 LA PRENSA LIBRE pema Tarde dorada Salvador Jiménez Canossa (Inédito. Arturo Echeverría Loría)
Rosa blanca del viento: niña del alba, tu acento es la voz sorprendida dentro de mi recuerdo.
Fresco, limpido, terso de nuevo yo te invento el canto que en la brisa se deshoja.
Lisimaco Chavarría Dorada la arboleda de naranjos en flor.
Aurea también la seda de la tarde sin sol.
En el mes de julio, en las Arcadas, el CIRCULO DE POETAS COSTARRICENSES y la DIRECCION GENERAL DE ARTES LETRAS, presentarán la exposición de poesía mural: COSTA RICA POETICA; la cual comprende, con un poema representativo de cada autor, toda la historia poética de nues tro país. la vez la DIRECCION GENERAL DE ARTES LETRAS editará una pequena antologia con todos los poemas expuestos, la cual se venderá a precio popular a la entrada de la exposición.
Por primera vez, el público costarricense, podrá recorrer, paso a paso y gratuitamente, la poesía de nuestro país. continuación, la lista aproximada de autores que participarán en dicha expostción: Roberto Brenes Mesén, Aquileo Echeverría, Lisímaco Cheverria, Rafael Cardona, Rogelio Sotela, Julián Marchena, Manuel Segura, Asdrúbal Villalobos, Carlo Mag no Araya, Francisco Amiguetti, Rafael Estrada, Carlos Luis Sáenz, Max Jiménez Hue te, Fernando Centeno, Basileo Acuna, Ricardo Segura, Fernando Luján, Adilio Gutiérrez, Ninfa Santos, Arturo Echeverria, Fabián Dobles, Joaquín Gutiérrez Mangel Isaac Felipe Azofeifa, Alfredo Cardona Peña, Mario Picado Umaña, Alfredo Sancho, Eduardo Jenkins Dobles, Alfonso Ulloa Zamora, Alfredo Vincenzi, Carlos Rafael Duverrán, Victoria Garrón de Doryan, Ricardo Ulloa Barrenechea, Carlos Luis Altamirano, Raúl Morales, Virginia Grüther, Ioan Vidal, Salvador Jiménez Canossa, Ana Antillón, Edith María Fernández, Jorge Debravo, Mar co Retana, Jorge Ibáñez. Laureano Alban, Luz Argentina Alvarez, Julieta Dobles Izaguirre, Rodrigo Quirós, Arabella Salaverri.
En el discreto banco sentámonos los dos.
Vino ella en traje blanco para decirme adiós.
Un zumbar de abejorros; un perfume del alto mediodía clavado por naranjos y (limones.
Modelador del viento, de (tus muslos; precipitan mis venas su (discurso al túnel de mis sueños.
Despierta ya, terrestre amante. corre por un paisaje limpio (de campanarios.
Son hilos de voces que lianas se diluyen en el aire.
Son lentos pasos de palabras, deseos como el petróleo que salta de la tierra, saltimbanqui que mira los ojos apagados de la angustia y escribe en piruetas su destino, para llegar al fin de todo a la redonda palabra en que la luz ha muerto.
Pasar al olvido, que despunte otra espiga y salte el pez volador como un relámpago.
Todo está en la nube que se deshace y en el y en el agua que marcha.
Los senos de la doncella han perdido su terzura, en sus ojos se esconde una tristeza sola sin nombre ni camino.
Tiene en el aire detenida una palabra que escribe en la arena y borra con su rubor la espuma.
El paso rumoroso del Tiempo se apagó en el feliz reposo de su postrer adiós.
Callamos, Detenido como en fugaz sopor, el Tiempo se hizo olvido en nuestro corazón.
Sonata en tristeza mayor PAGINA DE ARTES LETRAS Círculo de Poetas Costarricenses Plan de Difusión Artística Cuando se fue, dorada por un fulgor de sol, ella estaba angustiada y silencioso yo.
Amor, que bien formado el albergue de sombras. Especial para LA PRENSA LIBRE)
Colaboración mensual del (Poesía Costarricense)
En el horizonte el velo de la nube negra de tempestades y cuando todos los hilos de las voces se rompen, el silencio crece como maligna hierba, y se forman las lágrimas en todas las pupilas.
La limpia imagen de ella en mi alma se rompió y alzó el polvo de estrella de un recuerdo de amor. Jorge Debravo)
Así desde el principio hasta el final de un pétalo suicida.
Dorada la arboleda de naranjos en flor, aún vuelve a mí en la seda de un recuerdo de amor.
No hay casa más triste que la casa donde un pobre se ha muerto.
Sobre todo si el pobre era el marido de una mujer de cabellera negra y el padre de seis hijos de ojos tristes.
Esto sucede Gota con gota POET Habrá que empujar mucho, sangrar mucha vergüenza, para que un solo pan entre de nuevo por la puerta del frente.
TRCULO DE TARRICENSES ¡No sé con qué pupilas se puede ver de noche una casa de pobre cuando el pobre se ha muerto!
Queda el aire mojado con un agua llorosa y hasta los viejos platos olvidan el olor de los frijoles y la caricia fértil de la leche. inédito)
CARLOS LUIS SAENZ Yo me quedo viniendo con los versos claros, humildes y cercanos, de la rosa es la rosa y su milagro, o esta mañana el viento ha engendrado la espiga, útil y bella como la amapola, Cuando. casi a la fuerzaentra en ella algún tímido alimento, hay una fiesta de ángeles que se sale hasta el patio durante muchas horas.
Alfredo Cardona Peña (inédito)
Ocurre que a la entrada de diciembre, al cabo del año, cuando vienen los fríos desaparecen los amigos viejos.
Fueron tan cumplidos, tan buenos, que nos acostumbraron a no pensar en su silencio.
Mas de repente sus cartas no llegan, y suponemos cualquier cosa: falta de tiempo, exceso de trabajo.
porque nuestros corazones todo lo presienten, menos el momento profundo de la restitución.
Leemos la noticia, siempre tardía, y quedamos en orfandad de palabras generosas, sin poder hacer nada por ellos, que fueron nuestros en la donación de sí mismos.
Así murieron don Alfonso, don Joaquin, el padre Méndez Plancarte, principes en la amistad y la recompensa de sus obras, y además Ortega Díaz y don Alberto Rembao: lejos de mí, sin poder atenderlos en su última vigilia, ni acompañarlos al seno de nuestra madre.
Todo varón lejano está más cerca de la ausencia, condenado a percibir de improviso el aleteo de la sombra.
Así está escrito, así conviene a lo establecido.
y tras cortar un pensamiento y dejarlo sobre sus nombres, debemos seguir adelante, siempre adelante.
Un olor a hambre diaria sale por las ventanas, tan espeso, que hasta los postes blancos del telégrafo se ponen de un color amarillento.
Este es el reino innumerable en donde a cada instante el encanto infinito se renueva y lirio y mar y estrella se hicieron para el canto.
Aquí hay cimas y abismos. Sin embargo, amo el verso sencillo, el apretón de manos; con la intacta amistad del pecho conmovido, decirte: eres hermosa; animarte: No estás solo pobre negrito de Little Rock.
Encontrarme en los otros con lo mejor o peor de la vida, encontrarme, encontrarlos: gota con gota, todo el mar, hierba con hiørba, todo el prado.
Que hasta el zapato huérfano, debajo de la cama, nos mira con tristeza, nos habla del jornal del que se ha muerto, de sus camisas rotas, del dulce cigarrillo que nunca se fumaba. nos pide limosna, con la lengüeta afuera, como una mano triste de niño abandonado.
Un gran cadáver Sonata angustiosa Vendimia (Inédito. Jorge Ibáñez)
Diré que hay una tumba de vida en los artistas; que es un lápiz de genio la dicha de los hombres. inédito)
Julieta Dobles Yzaguirre No, no quiero imaginar siquiera que se rompan las velas de la tarde sobre nuestro navío, y que tus brazos no me ayuden a izar esos celajes en que solemos remontar los días.
Max Jiménez Huete ¡Implorar. Implorar?
Si esto no dura, es como agua en las dos manos; si nos estamos yendo, todos esfuerzos vanos.
Si cada primavera cubre un tronco más viejo. Oh, zumo el de las vides que más vive de añejo!
Implorar. Implorar.
Al que esta noche misma me quita un haz de vida. Acaso a mí me importa que venga otra cosecha. Acaso porque imploro se ha de parar la vida?
No queda más que el lloro en esta obligada y miserable brecha.
No, no quiero pensar en una noche que agonice de luna tus dos manos; ni quiero imaginar una mañana en que el sol no sea tuyo, en que un silencio te haya despedazado el único cristal hacia la muerte, Que ese día todas mis campanas no bastarán para llamarte, que algún puente de sombra será tuyo y no podré cruzarlo y alcanzarte.
Diré que la mañana no reconoce el culto de las lechuzas beatas ni de la gente ciega.
Diré que los zodíacos gentiles del iluso son funerarios niños descomponiendo dados.
Nos iremos muy lejos, allá donde la muerte pueda enterrarse sola bajo cualquier palabra; allá donde el silencio no sea tuyo, ni mio, ni de nadie; á donde los puentes y las sombras renuncien a esperarte.
Diré que las ciudades vestidas de limosna se han inventado lutos con piernas de esperanza.
a mano Luego diré que hay poetas que nunca se terminan; que el cuerpo me da asco, que soy un gran cadáver.
Yo sé que hay muchas cosas Diré, sin que me oigan, que me fuí hasta mi nada sobre la pizca eterna de la inconciencia móvil.
Diré que allá hay un gusto: se borra el servilismo, la campana del tiempo y el boxeo de los dioses. inédito)
MARIO PICADO hay casas de recuerdo y de leyenda. veces simples puertas entre la angustia (y la faena.
Diré que allá la cama no produce malditos, ni se concede Premio Nacional para Lázaros.
Diré que allí la Ciencia tiene sólo un silvato: ser silencio y silencio por el hueso y el polvo.
Yo sé que hay muchas casas sostenidas al aire en la pregunta. adentro un hombre a una mujer la sueña.
Yo sé que hay muchas casas que se llevan al brazo recostadas, pero en ninguna comprendí el silencio de un árbol fuerte antes de ser madera, pero en ninguna me sentí habitado como esa que buscaba un frágil niño hundida entre su cara y su tiniebla.
Vosotros diréis que mi alma se merece el infierno, el Cielo y la Tierra y todo: me tiraréis terrones.
Yo sé que hay muchas casas donde se vive, se maldice y reza sin descubrir el sobresalto y la miseria.
Ay. colegas del miedo; pero yo os diré lo último: la muerte no oculta nada que pertenezca a los hombres. Hay parecies de ilusión donde se apuesta que estar enamorado es breve ausenciaYo sé que hay muchas casas más altas apenas que la yerba. inédito)
LAUREANO ALBAN En la miel de la tierra han sembrado una mano, una mano de macho, una mano de hembra que acuna la piel tímida y endereza las guerras.
Por las noches la mano estremece los árboles y arranca lo maduro.
Hace balas enormes con residuos de pólvora y las tiende a exhibirse en todos los mercados.
No es la mano de Dios que se nos hizo amigo, es la mano del hombre con sus pliegues salvajes apretando los huesos; es la mano del niño arrastrando la vida como un carro de trigo, es la mano del monje gastando crucifijos, es la mano del médico vengándose en tumores, es la mano del peón arrancando la tierra y sirviéndola en vasos para que se la beban, es la mano del loco que huye como un Dios asustado, es la mano del padre, del duro carpintero, del ciego, del mendigo ayudando la muerte, la mano del cobarde sin filo para siempre, del técnico, del hombre que vende en las esquinas un cepillo de dientes, del que hace cerveza, de la madre crujiendo su vientre de ladrillo, del poeta clavando palabras a la huella.
Esa mano se mueve como un único puente para que pase el mundos por las calles exuda acero en los motores; en el parto el hijo sale buscando manos; en la noche los presos se rodean de manos, manos de hombre, calientes como nudos de fuego para amarrar la muerte.
Es la mano del hombre, libre suelta, cerrada, abierta como un plato caliente de cereales.
Es la mano de todos haciendo a Dios con puños de tristeza y de manos, es la mano de todos cocida a cinco dedos, que hace salir el sol, que mueve los planetas sobre rieles eternos, Es la única mano donde Dios teje puertas y cierra los duraznos.
Es la mano del hombre haciendo sonreír la mueca de la Terra.
Yo acuso Una tarde cualquiera (Ricardo Segura)
Aprendí que existías una tarde cualquiera y eran de polvo y oro las torres a lo le os; y aprendi a esperarte como espera cualquiera, y exacta como el sol bajo mis ojos eras. inédito)
MARCO RETANA Primero debo acusarme yo. me acuso vertical ante el polvo, enojado de haber logrado a medias la total medida de mi mismo.
De no haber sido suficiente cuando debí de rebasr mi todo. Me ha sido muy difícil ser este hombre que deforman mis cuatro extremidadesporque huelen a ciertas.
zo acuso a los que nunca han abierto sus cuerpos; yo acuso a los metálicos esclavos del impuesto; yo acuso a las corbatas mamparas del mediocre; yo acuso a los politicos que aprovechan el hambre para sus saltos nuevos; al hombre que calcula la frase temerosa: a los ministros de los veinte sueldos que en el banco se doblan mientras se doblan tripas bajo un puente de acero.
Me acuso y los acuso, de habernos olvidado que estábamos viviendo, de no obligarnos nunca a ser completamente.
Eras de pulpa fresca en la tarde diluida, menos mujer acaso de lo que yo quisiera; ángel de algún crepúsculo que se perdió en el tiempo, como fuiste en el alma solaz de primavera!
Luego mi dolor os señala: a los que han manoseado entre billetes mis versos ante el hambre; a los que temen las palabras francas ahora que si apenas recuerdo como eras y ahora que si apenas recuerdo como fuiste, unos ojos me miran como tú me mirabas desde el fondo de oro de una tarde cualquiera, Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

    Carlos Luis SáenzFranceJoaquín GutiérrezMilitantes del PCCRRoberto Brenes Mesén
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