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Miércoles de Enero de 1964 LA PRENSA LIBRE. 15 INTERNACIONALES 391813A LOSTERS GANGST Feliz y Próspero Año Nuevo Nos sentimos más que satisfechos y altamente agradeeidos con nuestra distinguida ciientela, que durante todo el año nos brindó su preferencia, la que traducimos en confianza y por la que nos esforzaremos más y más, ofreciendo como siempre.
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SU ROPA DE VERANO PARA DAMAS Lepke miró fijamente a su antiguo jefe, con una mueca en sus labios, nuncio de lo que había de suceder. iFanfarronadas. murmuro Augie. Veremos si estás aquí la semana próxima. Estaré aquí antes de la semana próxima le prometió Lepke.
La tarde siguiente, Little Augie y Legs Diamond caminaban por Norfolk Street cuando, como por encanto, apareció un coche conducido por Gurrah Shapiro que se acercó a la acera. Todo sucedió tan rápidamente que las escenas se mezciaban antes de que el ojo pudiera transmitir sus impresiones a la mente. Con una pistola en cada mano, Lepke salió del coche gritando. Apartate, Legs, o morirás también tú!
Pero Diamond era demasiado lento y una bala en el hombre le arrojó contra la pared de un edificio. La expresión de sorpresa en su rostro cetrino se cambió en incredulidad cuando vio cómo los cañones de las pistolas arrojaban su fuego nueve veces sobre Little Augie y contempló el cuerpo de éste agitado por sacudidas espasmódicas a cada disparo, tambaleándose para caer en la acera.
Lepke volvió a subir al coche advirtiendo a Diamond: Si vuelves a intervenir en la huelga de los pintores tendrás noticias mías.
Shapiro y Lepke fueron detenidos por asesinato, pero Diamond anuló los esfuerzos del Tribunal jurando tranquilamente que no había visto en su vida a Lepke Buchalter o a Gurrah Shapiro y que fueron otros dos individuos quienes le hirieron y mataron a Orgen.
La muerte del jefe dejó a la banda de Little Augie sin dirección y no le costó mucho trabajo a Lepke seleccionar los individuos que le interesaban y despedir al resto. Alquiló después una pequeña oficina y comenzó un asalto lento a la industria del vestido. Iniciaba o solucionaba huelgas por una cantidad fija.
Si alguno de los fabricantes titubeaba ante el precio exigido para arreglar una huelga, Lepke llamaba a sus matones y les decía. Entregad una botella de agua del setenta y cinco a ese individuo. aquellos arrojaban en el establecimiento del hombre un recipiente con ácido maloliente o gases lacrimógenos que tenía la forma de una bombilla de 75 vatios.
Era una señal de aviso y, generalmente, hacia sumisos a los recalcitrantes, pero Myron Fricker, fabricante de trajes, se empeñó en luchar contra el gangster y fue arrojado desde lo alto de una ventana del noveno piso en la calle Treinta y Seis.
En realidad, Lepke no hacía más que desentumecer sus músculos. Tenía puesta su mira en cosas más altas y estos ejercicios de extorsión le servían para perfeccionar sus técnicas y desarrollar su organización. Tenía buen ojo para descubrir a los hombres de talento. Encontro a un funcionario de poca monta de una unión laboral lamado Max Rubin, agente de negocios de una compañía local de transportes y decidió que le sería un hombre útil.
En cierto modo, Rubin era todo lo que Lepke aspiraba a ser.
No era un matón fanfarrón y bocazas, sino un químico culto que se había unido al movimiento obrero. Lepke le hizo algunas insinuaciones.
Lepke le dijo. Max, creo que podemos ayudarnos mutuamente.
Rubin le contesto. Louis, me temo que formaremos una pareja extraña. Odio la violencia sea cual fuere el motivo. Con esto no quiero ofenderta añadió rápidamente. Yo también odio la violencia. observó Lepke aunque algunas veces es necesaria para convencer a las personas tercas.
Lo que me propongo puede hacernos ricos. Puedo hacer grandes cosas si consigo el control de los sindicatos locales de conductores de camión y cortadores.
Lepke logró convencer a Rubin, y si le quedan a usted algunas dudas acerca de la agilidad mental y de la inteligencia insidiosa de este salhechor del traje gris, siga sus próximos movimientos.
Lepke arrendo con un contrato a breve plazo un ático en la calle Delancey. Alquilo algunas máquinas de coser y otro equipo y con instructores suministrados por Rubin veinte de los satélites de Lepke comenzaron a aprender a coser, cortar y a hacer ojales.
Aunque ninguno de estos alumnos, de ceño fruncido y mandíbulas de granito había trabajado en su vida, nadie protesto, porque, como dijo después Allie Tannenbaum, era más saludable obedecer a Lep.
Lepka apuntaba a la unión de obreros de sastreria Amalgamada, de Sidney Hyllman, organización gigantesca, formada por más de sesenta mil miembros y dividida en uniones más pequeñas, cada una de ellas una entidad por sí sola. Fabricaba más del setenta por ciento de la ropa confeccionada del pais. Incluso para Lepke, un asalto directo a semejante gigante era excesivo. Pero el astuto bandido tenía otros medios.
La unión de cortadores contaba con sólo mil seiscientos seis miembros; la de los conductores de camiones escasamente con setenta y tres y sin embargo, la marcha de toda la industria de pendia de estos mil seiscientos sesenta y nueve obreros. Estaba claro que si los cortadores dejaban el trabajo, toda la labor se interrumpía. Estas dos uniones laborales compartian una pequena oficina y Max Rubin, agente de negocios de los camioneros y asociado ahora de Lepke, se mantenian en estrecho contacto tanto con los funcionarios del sindicato de cortadores como con los del sindicato de transportistas.
Una vez que el personal entrenado de Delancey Street hubo adquirido un conocimiento sumario de su nuevo oficio, Lepke dijo a Rubin: Nuestros muchachos están ya dispuestos, Max. Enviame al delegado del sindicato de cortadores.
El delegado de una unión es la persona que se ocupa de los nuevos miembros, pero, cosa natural, esos nuevos miembros debían ser obreros bona fide. que a la habilidad en su oficio unieran los requisitos exigidos por la unión. Cuando el desgraciado delegado de los cortadores sometió estos requisitos a la atención de Lepke no sabía lo que hacía. Tras quince minutos de las amenazas especiales que acostumbraban insinuar Lepke, el rostro del pobre hombre estaba blanco como la cal y su columna vertebral tan floja como un trapo húmedo. Sin más discusiones estaba dispuesto a aceptar doble número de miembros de los que Lepke deseaba. No quiero tonterías añadió el jefe. Ocúpate de que mis muchachos encuentren trabajo inmediatamente. Si hay algún retraso en cualquier trámite vas a tener muy mala suerte.
Esa se convirtió en la amenaza favorita de Lep, una amenaza que precedia, con frecuencia, a una paliza e incluso al asesinato. Vas a tener muy mala suerte. CONTINUARA MANANA)
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