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LA REPUBLICA Martes 25 do Jallo do 1961.
20 José Fidel Triston NANDA YURE La noche principiaba a cie brir de sombras el Cerro de los Cruces, cuando después de pena jornada desde Chiquimula, luoy Puerto Humo, llegaba al pueblo de Nicoya. Parecia dosierto. En uno que otro ran.
cho y en algunas casos, la luz de los fogones indicaba, a manera de faro, el camino a través de la llanura.
Después instalado en una casu particular, principié al signiente dia mis investigaciones sobre Arqueologia del legar. Traia una importante mi.
son del Museo de Berlin, para estudiar las sepulturas, cerá micas, ieyendas y restos de los aiguos chorotegas que en pa sadas épocas vivieron en casi toda la Peninsula de Nicoya, Mis gestiones dieron los me jores resultados: dos dias des.
pués parti en compañia de un viejo indio, Juan Martinez, el que me condujo a un lugar lejano, rodeado por numerosas Tocas calcáreas de formas ca.
prichosas. La vegetación eru escasa; algunos árboles se des arrollaban vigorosos en los lu gares húmedos, y varios montones y circulos de piedra, que fácilmente se distinguian entre la escasa hierba que cu.
bria el suelo, me llamaron la atención.
Aqui, dijo el viejo indio, se ñalando un montón de piedras. principia uno de los cementerios más ricos de los chorotegas. Sólo yo conozco este lugar y sé por tradiciones muy antiguas que encierra muchas riquezas y objetos valiosísi.
mo El sitio no parecia que en.
ce vara verdaderos tesoros; embargo principié mis trabaos. Con el auxilio de dos valientes nicoyanos, que había contratado, di principio a limpiar el terreno, después de ha cer un croquis de los túmulos y circulos de piedra y de ano.
tar su orientación, tamaño y dimensiones. Por el norte se elevaba, casi perpendicular.
mente, una roca calcárea. En aquella roca. me dijo el indio principioremos las exca vaciones en el sitio donde se divisa aquella piedra tan eu traña. Efectivamente, al pie del alto cerro había una pie.
dra muy especial. Parecia un enorme disco, con un canal en el medio, pero lisa por com.
pleto y sin jeroglificos ni ins crupciones de ninguna clase.
Al lado de la piedra se prin cipió la excavación. Dos ho ras después quedaba abierta la entrada de una oscura caverna. Sin vacilar penetre: era espaciosa. Cuando la vista se amoldó a la luz difusa que penetraba por la abertura, distingui una serie de fdolos de piedra, colocados unos después de otros, y en actitud amena zante. Parecian ser los guardianes de aquel sitio ignorado por varios siglos.
Mi entusiasmo no tuvo limi.
tes. Qué notables y maravi llosas noticias iba a comun car a la Sociedad de Ciencias!
Hacia el fondo apareció un Tugar cubierto por grandes pie dras planas que se removie ron con facilidad. En el interior habia una riquísima colección de vasos y jarrones, de caprichosas formas y colores marísimos habilmente combi nados y que representaban jeroglificos y animales fantásticos. Entre ellos habia uno verdaderamente notable. Representaba un animal extraño, con una tinaja en la espalda, primorosamente pintada. Era seguramente la pieza más deli.
cada que saliera de manos del mus aventajado artista choro tega. En aquella caverna. no habia duda. se habían guardado los mejores y más ricos tesoros de una adelantada ci vilización. El trabajo del día no podia ser más feliz! Los resultados habian sido notables, maravi. llosos objetos de piedra verde. Serpentina y jade llena.
ban algunos de los vasos.
Llegada la noche, el viejo indio y sus compañeros busch ron abrigo bajo un árbol. Por mi parte el notable hallazgo me produjo una excitación tal que no podia conciliar el sue.
no. Pensando en el resultado de aquellas investigacones, me sente sobre la piedra extraña que estaba a la entrada del la caverna. Todo alrededor es taba silencioso. En medio de la escasa claridad que daban algunos estrellas, vi venir por entre las rocas calcáreas una mujer: se acercó a mi. Aque.
lla visita me sorprendió, pero antes de que yo hablara me dijo. Senor. nada tema ni se preocupe por nada. He sa.
bido que Ud, desenterraba hoy los objetos de este cementerio y he venido para contarle muchas cosas que quizá tengan algún valor. Mi asombro no tuvo limites, y sin saber qué partido tomar supliqué a la mujer que hablara. Soy una anciana. me dijo no tengo recuerdo de las veces que la luna ha venido y se ha ido. Me llamo NandayuTe y naci poco tiempo antes de que llegara al mando de la tribu el Gran Cacique Nicoya. Hace 386 años, en una ma ñana muy despejada entró en el pueblo un gran señor, que venia en nombre de otro se.
nor más poderoso. El Gran Ca cique Nicoya lo recibió de paz y dos días después ya no lo conociamos, tal había sido la transformación de nuestro je fe.
Supe que aquel gran señor se llamaba Gil González Da vila, y que nuestro jefe le habia dado muchos y muy valio808 objetos de oro. Un hom.
bre con un testido negro muy raro y varios objetos para nosotros desconocidos en una miano, nos hablaba en una len gua muy extraña. pesar de lo que nos explicaron, nada pudimos comprender y nos hicimos llamar cristianos, sin saber por qué. El Cacique Nicoya tuvo muchas dificultades con varios jefes inferiores y muchos de ellos, ayudados por varias mujeres, trajeron aqui una parte de los tesoros, para que no cayeran en manos de ellas gentes que tan raras cosas nos decían.
De aquellas épocas, sólo yo he quedado, los demás han des aparecido hace mucho tiempo.
Vivo en las montañas, en las rocas de cal, en las llanuras y a orillas de los ríos. Pero na die me ve, ni nadie habla conmigo. Después de la muerte del Cacique, yo vivl por mucho tiempo lejos, muy lejos de aquí. Después regresé: todo había cambiado. Selvas inmen sas se habían desarrollado en los lugares donde teníamos nuestras fiestas, y apenas pie de reconocer con dificultad a quellos sitios favoritos del Cacique. En este lugar reconoci la piedra donde se celebraba la ceremonia más importante de una de nuestras fiestas anuales; es esa en que está Ud.
sentado y recordé también que aquí estaba enterrada una par te do los tesoros del Cacique. Pobre Cacique! Lo recuer.
do con tristeza. mi me distinguió entre todas las mujeres. Puso mi nombre a un pre cioso rio que pasa por Santa Rita. Nombre que se ha conservado en donde yo lavaba el maíz para preparar la chicha.
La vieja india quedo en silencio. Toda aquella historia me deslumbraba. Seria aque.
llo posible! Cómo podía ser humano vivir tanto tiempo. No, aquello no podia ser. Es tarla loca aquella mujer! Pero no, lo que ella decia correspondia a la realidad.
Mi padre prosiguió la india que era un artista muy distinguido, hizo un vaso, un caso muy curioso, el único que agradó al Cacique. Es un ani mal muy raro; en parte representa un totolocui, que en lengua chorotega quiere decir gu Sano venenoso. con una preciosa tina ja que yo pinté después. Ese vaso, que Ud. debe haber encontrado aqui, me cos tó muchas lágrimas, encierra una historia y triste. pe.
To se la contaré mañana, akora tengo que irme.
Esta historia y la presencia de aquella mujer me habian trastornado. Cada vez me perecia mas dificil creer lo que pasaba. Me voy, me dijo la mujer, si no regreso me encontrará en el Cerro de Pananaguaste, donde ahora vivo.
Sin atender a mis ruegos pa.
ra hacerle unas preguntas sobre lo que me había dicho, des apareció entre las sombras de las rocas calcáreas.
La noche entera la pasé sin dormir. No podia apartar de mi mente aquella rara visita.
Al siguiente dia, muy temprano, proseguí los trabajos y pronto me convencí de que no había sido un sueño. Idolos de oro, ricas piezas de serpentima y preciosos jarrones!
Todo estaba alli.
Un verdadero tesoro.
Cuando llegó noche la vieja no volvid.
Con algún trabajo y el auailio del indio Martinez y 8u8 compañeros, transporte todo mi hallazgo al pueblo de Ni.
coya, de noche, para evitar murmuraciones que pudieran comprometerme.
El indio y sus compañeros guardaron silencio; con todo, en el pueblo se dijo que nada de importancia habíamos hallado, sólo tiesto y ollas quebradas.
Me fui a buscar a Nanday re.
PASA LA PAGINA 22EMPRESA CONSTRUCTORA RAFAEL HERRERA LTDA. Feluco Herrera)
SALUDA al culto pueblo de Guanacaste, en este glorioso día del Aniversario de su anexión a nuestra querida Costa Rica y hace votos porque la paz sea imperecedera y el progreso y la ventura de todos sus comprovincianos.
Julio 1961.
ad de la Bibliot iotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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