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Tijeras Sección dominical de RTE El Anciano del Puente de Ernest Hemingway UN SALUDO Amable lector: ésta es la primera entrega de muestra sección. Qué cuán tas más habrá? No es eso lo importante. interese saber que, para una o para mil.
la intención es la misma.
Generalmente, en nuestro medio, cuando un periódico crea şu sección sa batina o dominical de literatura, la dedica exclusivamente a una labor de tije ra en la cual, si algún estímulo bay para lo nuestro y para lo nuevo, no pasa de una ocasional, descuidada y bumillante re producción, mezclada tal vez con un mai de anuncios. Claro, se comprende: cl arte. la literatura en particular, no es comercial.
En todo caso, esperamos ser diferentes. Si de tijera se trata. para ello ten dremos un espacio llamado asi precisamente: TIJERA. si a la postre no resultamos ser diferentes, usted, amable lector, tiene de recho a cobrárnoslo.
Un dedo a la critica.
Poema de la Carreta Por Laura Da Vinci (Escrito durante el otoño de 1961 en Ya los mozos campesinos los mozos que son felices han llegado del potrero. entonando sus cantares, Las madres y las esposas ponen el chuzo en el yugo alistaron eafé negro y tras un guilili. prolongado, y han llenado las alforjas emprenden la mareha todos en que llevan el almuerzo. dirigiéndose al mercado.
los hijos y los maridos que trabajan de boyeros.
Los fuertes bueyes uncidos doblan sus nobles testas mientras ellas envuelven siguen con paso firme lo que tienen que llevarse, tirando de las carretas, ellos preparan el pienso que van luciendo en las ruedas, de los nobles animales.
en magníficos colores, decoración arabesca en el cajón y compuertas.
De sus barsinos y sardos de los achiotillos nuevos o de los bueyes pintaos. Al chocar contra las piedras, que han llegado relucientes de la vieja carretera, luciendo del sol los rayos se escucha el cantar en su pelaje asedado.
de sus pesadas ruedas: himno alegre al trabajo, que resuena en las praderas, Sacando de la ancha vaina cual redoble de tambores, los cuchillos afilados, que todo el espacio Menan, después de pelar la caña, la van dividiendo en cabos que los bueyes van mascando. se pierde a lo lejos para sacarles el caldo su silueta campesina, que ha de darles mayor fuerza, la reluciente carreta para cumplir su trabajo.
y el sonrosado mozo.
Ha salido ya el sol y sus rayos mañaneros, Ya las cargas están listas cubren de oro a los bueyes y los bueyes enyugados. y llenan de dicha al boyero.
Un anciano con anteojos de armazóa de acero y ropa llens do polvo estaba sentado a un lado del camino. Un puente de pontones atravesaba el río, y carros, carniones, hombres, mujeres y niños cruzaban en aquel instante. Los carros tirados por mulas se tambaleaban en la empinada orilla, al salir del puen te, y los soldados prestaban ayuda empujando los radios de las ruedas. Los camiones sublan y se alejaban rápidamente, y los campesinos caminaban con esfuerzo por la polvareda, enterrandose hasta los tobillos. Pero el anciano permanecía en su sitio.
sin moverse. Estaha demasiado cansado como para seguir adeLante.
MI tarea consistía en cruzar el puente, explorar la cabeza del mismo y comprobar hasta qué punto había avanzado el enemigo. Después de realizar este trabajo, regresé por el puento.
Ya no había tantos carros, y muy poca gente cruzaba a ple, pero el anciano permanecla alli todavín. De dónde viene usted. le pregunté. De San Carlos respondió con una sonrisau.
Era su pueblo natal y, por lo tanto, le complacfa mencionarlo. Ese fue el motivo de su sonrisa. Estaba cuidando animales explicó.
Ah. exclamé, sin comprender del todo. SL. Como vert, me quedé cuidando animales, Fui el altimo en abandonar la ciudad de San Carlos.
No parecía, en realidad, nl pastor ni vaquero. Entonces miré sus ropas negras de tierra, su rostro gris por el polvo y sus anteojos de armazón de acero, y dife. Qué animales eran Varlos animales contesto mientras sacudir la cabeTuve que abandonarlos.
Yo estaba observando el puento y la región de aspecto africano del delta del Ebro, y me pregunté cuinto faltaria para que viésemos al enemigo, y todo el rato estuve esperando los primueros ruidos que habrían de señalar ese acontecimiento siempre misterioso llamado contacto. El anciano no se movia de allt. Qué clase de animales eran. pregunta. Eran tres animales, en total me replica Eran dos cabras y un gato, y también cuatro pares de palomas. tuvo que abandonarlos. Si. Por la artilleria. El capitán me dijo que me fuese causa de la artilleria. no tiene familia. le pregunté mientras observaba el extremo más alejado del puente, donde los altimos carros se apresuraban a bajar por la pendiente de la orilla. No dijo sólo los animales que mencionó. El gato, por supuesto, se salvara. Un gato puede cuidarse solo. Pero no quiero ni pensar que será de los otros. do quá bando politico es partidarlo. De ninguno. No me interesa la politica. Tengo sesenta y sets años, he caminado doce kllómetros y creo que no puedo seguir más. Este no es un sitio aproplado para detenerse. Si puede llegar hasta la parte donde el camino se bifurca hacia Tortosa.
Alli encontrará varios camiones que lo llevarán. Esperaré un rato dijo y después fre. dónde van los camiones. Barcelona le respondi. No conozco a nadie en ese lugar, pero me lo agradezco mucho. Gracias, muchísimas gracias.
Be miró con una expresión de cansancio en sus facciones y, como tenia que compartir con alguien su preocupación, me dijo. El gato se salvará. Estoy seguro de eso. No hay necesidad de inquietarse por el gato. Pero xy los otros? ver, quá le parece. Qué sera de los otros. Caramba! Es posible que también se salver.
De veras. Por qué no, pues. dijo observando In orilla opuesta.
donde ya no quedaba ningún carro. Pero que pueden hacer bajo la artilleria si yo no ho podido quedarme a causa de ello. Dojo el palomar abierto. Si. Entonces volarán. SE, es evidente que volarán. Pero y los otros? Es mejor no pensar en los otros. Ya ha descansado bastante le indiqué Levánteso y trate de caminar. Gracias dijo mientras se ponia de pie, bo tambaleaba do un lado a otro y volvía a caer, sentado, en el polvo. Estaba culdando animales expresó lentamente, aunque ya no se atrigia a mlEstaba cuidando animales, nada más. nada más.
No había nada que hacer con él. Era domingo de Resurrección y las tropas avanzaban hacia el Ebro. Era un dia gris y tublido, y el cielo Impedia la acción de los aviones. Aquello y el hecho de que los gatos supleran culdarne representaba toda Ia buena suerte que podia esperar el anciano.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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