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LA REPUB Domingo 23 de Junio de 1968 22 Madrugada Tomado de nota preliminar de Federico Carlos Sainz de Robles, al libro Cuen.
tistas Españoles del siglo XIX.
ΕΙ ¿Decid si el mundo todo no está creándose siempre con cada madrugada?
El hombre sea esperanza, primera luz, sol nuevo; el borbollón que brota, la creación que zarpa. Si alentamos de proa. Si miramos de frente. Si la vida es el pecho y el ombligo y el vientre y se da en las rodillas, las uñas y la frente!
Alegria, alegria. Olvidemos la muerte y aprendamos la vida que está empezando ahora y luego y enseguida y a la vuelta de siempre porque es esta rosa sin fin que nos circula, Somos tanto mineral como hombre y tanto vegetal como latido del corazón ardiente. No se hacen los metales pensamientos en las sienes del hombre. No llega el hombre a mineral o a planta cuando, nueva semilla, se le siembra.
mas seguirá naciendo entre nosotros y con los hijos de los hijos nuestros?
Porque el hombre es su padre y es su hijo descendemos del tiempo y vamos hacia el tiempo, que no tiene apellido.
Solo un nombre tenemos: universo.
Somos humanidad que se inaugura.
Dejad ya de aferraros a los muertos.
cuento CONTRA PUNTO Jimena Carrión Adolescencia Amanecer de noviembre Creo sincerament que el cuento es, de los géne ros literarios, el más ul.
ficil y selecto. No admi.
te ni las divagaciones, ni la pincelada larga, ni el auxilio de los detalles, ni los preciosismos del esti.
lo. El cuento exige, en su condición fundamental, como una síntesis de todos los valores narrativos: tema, pelicula jus.
ta del tema, rapidez dialogal, caracterización de los personajes con un par de rasgos felices, a.
menidad derrochada con señorio. Como miniatura que es de la novela, el cuento debe agradar en conjunto. Por ello no hay cuentos regulares, con aciertos parciales.
Son cuentos buenos cuentos malos o no son cuentos.
Pero resulta muy curioso oir a criticos muy sutiles y a grandes nove.
ladores insistir accrca de cómo el cuento es un adiestramiento para la no vela. Enorme equivocación! Es sumamente sencillo con un tema capital escribir quinientas páginas. El escritor culto y hábil, qué fácilmente colocará la carnaza alre.
dedor de la almendrilla!
Podrá alargarse en poé.
ticas descripciones. Po.
drá resaltar su maestria en la pintura morosa de retratos. Le quedará lugar para las anécdotas, para las lucubraciones psicológicas y hasta pa.
ra destilar el humorismo. Por el contrario: qué dificultad para que guste la almendrilla sepa a mucho descarnada, exclusivamente por su propio sabor. El cuen tista no encuentra aside.
ros de ninguna especie.
El cuentista ha quema.
do, para cubrirse de glo.
ria como Cortés sus naves toda la hojaras.
ca. El espiritu escueto, sienaolo, jamás se entrenará para ser florido. El espiritu florido si puede, con tacto, con destreza, con mucha paciencia, irse desnudando de la retó rica.
Quiero ser más cate.
górico: un gran escritor ensayista, poeta, dramaturgo podrá escri.
bir, si se lo propone, una novela larga, estimable, interesante. Pero jamás un cuento. El don de con tar con äesnudez es innato, como el de la poesia. El cuentista ve de golpe todo el cuento. Es ta inspiración momentánea de integridad es una gracia pura.
Mucho he visto en los picos de los pájaros pasar: horizontes, ramos de olivo, la rueda de la tierra. En los meses frios me han hecho romper el nudo de mi vista, y saber cómo en hojas y ramas el año se descarna hasta el hueso y queda clavado en la inutilidad del cielo, torpe, afiebrado, viéndose demasiado en los charcos, como esas fotos de cuadros famosos, incoloras, que al tiempo van dando voz a alta angustia de ser y ser de nuevo, sin variar.
Asi el Cristo de Velázquez pena en los mismos clavos, y otra vez en la misma espina formada en cruz el año sufre el paso de sus dias: ahi ya no hay nada, y quien toque a su ennegrecida piel oirá un eco. Como quien toca a una puerta sin puño. el alma tiembla y la luz tiembla en un charco, y la imagen como el agua, como carne tiembla en el frío, un algo temblando, y doliendo de ser. un día el viajero se encontró con el mundo en una madrugada, eterna hora instantánea en que todo se hundia, bullicioso silencio, como en las tempestades, cuando las aguas todas y los vientos todos y los pájaros todos se daban a temblar, a cantar, a nacer, y tuvo amor sin limites y se alegró de ser porque lo acompañaba aquella multitud de sí mismo en los tiernos hondones de la tierra, soledad jubilosa.
Empezó a ver sus manos, a sentir las mejillas, a escuchar los latidos del deseo y del tacto, un enjambre de hambres y de sedes zumbonas se le posó en la piel, lo horado y fue en su sangre habitante exigente y entró en su corazón y camino a las flores olfateando, buscando, haciéndose a si mismo necesidad de miel, y tocó el suelo impuro con sus grandes rodillas de torpe adolescente, descendió al universo de sus pies y del barro en los negros rincones de su lengua de rosas y entonces lentamente aprendió la primera palabra.
Una nuez, el sollozo, le nació en la garganta; Ja gustó, habia aprendido el vinagre y la miel, el hombre, el hombre, el hombre, el sollozo habitando en la sonrisa, la curva de las almas en la recta mirada, y bendijo sus pies, sus luminosos, humedecidos pies, los si enciosos, duros, los resistentes, cálidos, nervudos, los mansos pies, los pies de angustia y polvo solitario, los pies como guijarros por los rios, por entre el viento igual que hojas otoñales por entre el agua quillas anhelosas, por entre el fuego del anhelo estelar quemándose, cascos iluminados piafando entre nubes y sueños, respiración, expiración por los caminos, más allá de los abismos animándose, dentro de los minutos solos como témpanos alucinados hurgando con sus dedos el misterio.
Pies en los cielos a la diestra de un rayo, pies en la tierra en el regazo de todas las riberas y en el llameante corazón del sueño de un planeta dormido, pies en los ojos mirando el tiempo y en los oídos escuchando el espacio y en la lengua y en las yemas de los dedos, en mitad del dolor donde aúllan las sombras y dentro de la alegría más pura, donde canta la luz.
Miró sus pies raiz, sus pies gaviota, sus pies bujía, sus corazón pies tendidos mansamente sobre la blanda alfombra de todos los caminos, e hinco la soledad de sus rodillas junto a la inmensidad de la mañana ya descendiente puro de la tierra y del sol.
Ricardo Solares Paisaje nevado ¿Este dolor del hueso, es acaso el alfiler del alma con su diamante y su aguijón de plata, refugiado en lo más duro y denso?
En lo más duro y denso del invierno la luz amarillenta cae del sol y muere en la montaña o se refugia dolida en los abetos.
El color más suave del invierno es gris plomo, e inunda la sangre, y duele el hueso como un sonido áspero de flauta de hueso usada por el alma.
Un sonido puro en que tiembla un primer cristal de hielo como en una charca su primer aguja rompe el reflejo del cielo.
Invierno olvida, esconde y mata la luz azul, y el sol dorado, y luz y sol y alma acaban en el hueso. Me duele pues lo dulce e intimo de la vida, más concentrada y cerca mientras más perdida?
Jimena Carrión Ricardo Solares Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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