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LA Domingo de Setiembre de 1968 REPUBLICA 17 Un visado centroamericano El señor Pierre Dupont era ba.
jo, rechoncho, cincuentón. Ha.
bia hecho la guerra mundial en el servicio de intendencia y cuando se casó tuvo que afeitarse el poderoso bigote que cubria la parte inferior de su nariz. Su pequeño negocio iba bien y al cabo de ocho años de establecido en el país, tenia un buen pasar y una existencia tranquila. En la casa se dejaba gobernar por su mujer y sus dos hijas mientras le dejaran ver la tele.
visión en paz. Fuera de la casa tenía cierta fama de autoritario y hombre tranquilo.
Un dia del mes de mayo de 1962 se decidió y cambio de carro. Su volkswagen ya estaba muy usado y tuvo ocasión de cambiarlo por un imponente y viejo cadillac. Sólo tres mil colones de diferencia, que bien los valia el sentirse importante de.
trás de la rueda. Con el carro, le mujer le dio una buena noticia: Escucha, Pierre. Carta de Tante Alice. Van a recorrer desde Argentina a México y estarån aquí cinco dias. Es estupendo Si, le contestó. me alegro de volver a verlos. Porque vendrán los dos ¿no? Lo que me temo es que no habrá cambiado de carácter. Pobre tío Lucien, si es tan complaciente.
No, si me refiero a tu madrina No te preocupes. Ella seguiTá tan mandona como siempre.
Habrá que aguantarla, pero cinco dias pasan pronto. estoy muy contenta de verlos. Los tenaremos en casa. Menos mal que Rhora tenemos una cama sinocupar. Es un poco estrecha, pero como llegarán cansados del viaje, no les importará. Pierre, habrá que llevarlos a ver todo el pais, Puntarenas, el Irazú, el Club, el Teatro Nacional, tú Pero no le escucharon. Entonces, viendo la vida de color de rosa, tomó otra taza de chocolate y otros dos pejibayes. Se los sirvió la hija mayor, simpática y de muy buen ver.
testó Pierre Dupont es que las diez y media, Pierre Dupont abrió la puerta de su se haya ido a pasar el fin de semana a Guanacaste.
casa, se retiró un poco para deY cuando el Sr. Van der Van jar paso; entró el último, cerró le preguntó qué dirección era la puerta, se sentó donde pudo, echó mano a La Prensa Libre y esa, le propuso explicárselo to.
descanso. Se habia estrellado un mando café. las seis, volvie.
avión incinerando a cincuenta y ron a pasar por la casa, que volvió a quedar imperterrita. se ocho pasajeros y dos azafatas, habian chocado dos submarinos, fu ron para su casa.
Cuando llegaron todavia no la amenaza comunista en Bolihabian vuelto las mujeres. Envia perdia fuerza, el Estado mal contraron en el suelo una nota gache de la isla de Madagascar de una persona que deseaba ver suprimia los visados se habian increpado en la Municipalidad, a los viajeros, pues un sobrino un funcionario de una institusiyo estaba estudiando en su ción autónoma aseguraba que las país. Després de la comida, que criticas que se le dirigian eran fue fria (pan con. Pierre se injustas, un maestro de Puntaofreció amablemente para conrenas alababa al IFPM Sat unducirles a Santa Ana, donde vi.
ciaban varias peliculas mejicavía aquel señor.
nas y una no mejicana, y Pie. Con mucho gusto, no se preorre Dupont cabeceaba.
cupen. Sólo es media horita de En la cama estuvo largo viaje.
tiempo medio dormido ya, pero El dinamismo de los viajeros todavía con rincones lejanos de se impuso a su fatiga y a las conciencia. se sentia feliz, Se ocho de la noche estaban en vantaria tarde, desayanaria Santa Ana. Rodeado por una fa durante media hora leyendo el milia numerosa y sana, Pierre periódico, regaría sus rosas, teDupont se vio forzado a comer nia que abonar las dos del rinpei bayes. Le gustaban y comió cón de la izquierda, y ya a las ocho tomó dos tazas de cho. doce se afeitaria. decidió darcolate. Estaba rumiando la ta se dos pasadas. se durmió.
rea trem nda de conducir de Un grito le desp rtó: vuelta hasta casa, cuando ovo Despierta, Pierre, que ya esuna conversación que le devol tán de vue ta. Están llaman to.
vió la confianza en la humani Imposible, imposible.
dad.
mio somnoliento. Si todavia no Si señora, sí, el López se han ido.
está en esa ciudad. Yo lo sé No digas tonterias. le cormuy bien. Estoy enterado, tó su mujer. Si ya son las tres. está lejos?
de la tarde. Acaba esa siesta. No. Sólo dos horitas. Como le dejó para ir a abrir la yo tengo camions, hago el tra. puerta.
yecto en un momento. Les lle. por la puerta irrumpieron vo mañana Jos viajeros. De un buen humor. No sería abusar de su a sin igual mabilidad. Unos panoramas deliciosos. No, señora, será un placer. En verano y todo verde. La verá qué pneblecitos más Sra. Van der Van exultaba lozalindos. el López es divino; nia Vivis en un país más be.
todos lo quieren por aljá. lo que Suiza. Os lo envidio. la Pierre, le parece que ma gente es muy cortés. Unos camfana Vavamos con este señor? pesinos atentos Tengo la impre le preguntó la Sra. Van der sión de volver del Quijote, Van De la Mancha querrás de.
Pierre reunió todas las ener cir le interrumpió su marido.
gias de su pasada juventud y. No, querido, de la Mancha dijo en voz apagada: no, recuerda que en la Mancha De ninguna manera señora. no hay hicrba. a propósito, Si quieren ir, yo los llevo. Pasa a la página sig lente)
TILtabes.
Esta Metamorfosis Burocrática Sí, sí, no te preocupes. Haremos que estén contentos. Cuándo llegan?
En julio. Avisarán el dia.
Habrá que ir al Coco. Ese dia estarás libre, no?
Yaqal dia, que resultó ser un viernes, Pierre Dupont estuvo libre. Las noticias eran que de viernes a lunes se dedicaria a la familia. No estaba mal, pues tenía buen recuerdo de los padrinos de su mujer, quizá porque los había tratado muy poсо. Pero también estuvo libre del cadillac. Un pequeño descuido un toquecito con el carro de delante y el radiador hundido. Llevarlo al garage y dar prisa. Estará para mafana, sábado, a mediodia.
La noticia cayó como un rayo sobre la majer y las hijas. Pero mamá. Qué hacemos. Como hacer, no sé. le contestó su madre a la hija mayor. que ya tenía once años.
Lo único que sé es que tenemos que ir al Coco dentro de dos horas. Quizá tu padre le pueda pedir el carro al vecino o a algún amigo. Querida, se oyó tenuemen te la voz de Pierre. eso no es pos ble. Habrá que tomar un taxi. Costará una fortuna. encima pagar el arreglo. Tenías que dar ese golpe precisamente hoy. piensa en el mal efecto. Vuelve al taller, a ver si lo pueden arreglar ahora. Anda, vete y corre.
Ya te he explicado que no pueden, que hasta mañana no estará el carro. Habrá que tomar un taxi. Pierre Dupont se fue hasta la bomba de gasolina de la esquina y contrató un taxi. cuando Tante Alice salió del aeropuerto, mirando fijamente el taxi a donde subían las maletas, preguntó. Ese es el cadillac que me escribiste?
Aquello no fue más que el cominzo. La continuac ón fue la visita a la casa, el almuerzo en el club, el paseo por la ciudad, y esa noche se acostaron temprano.
Cuando Pierre se levanto el sábado a las ocho de la mafiana, había conciliábulo en torno a la mesa y en torno al desayuno Buenos días, Pierre. La voz aguda del señor Van der Van despejaba al más adormilado.
Estamos muy contentos, muy sa.
tisfechos. Hemos encontrado a ustedes cuatro muy bien; y tienen na casa muy bonita. Si. sí, querido, interrumpió la mujer, hoy invitamos nosotros a almorzar a todos. Pe.
ro antes tenéis que arreglar lo del visado. allí estaba el problema. Saliendo el lunes a las diez de la mañana el avión para un peque.
no país del norte, no tenian el visado de entrada. Pierre sintió Por Constantino Láscaris caer sobre sus espaldas un pesado plomo. Por sus experiencias personales, sabia todo lo Van. Es un caso muy extraño.
que la palabra visado signifi Pierre Dupont preguntó en la caba.
casa vecina, donde le informaPero todavía no lo sabia todo. ron que sí estaba en aquella Pierre os lo arreglará. No casa la Embajada.
os preocupéis. Dijo su mujer. Volvieron al Cadillac, un tanPierre sabe hacer todo lo que to desorientados. Después de un hace falta. Cuando se le empuja cambio general de impresiones, un poco es estupendo.
la Sra. Van der Van decidió que. Pero necesitan un visado? ya era hora de almorzar y se diSe atrevió a preguntar dulce rigieron al restaurant. Como lo mente. bian elegido con vistas pano No estamos seg le micas, cuando llegaron, desexplicó el Sr. Van der Van si pués de catorce kilómetros de Bélgica tiene exención de visas viaje por una carretera que dio o no. Creo que si, pero y si no? exactamente Pierre Dupont rs.
Lo prudente es obtenerlo.
taba seguro de no haber olvida Sí, sí, eso es lo prudente. do ninguna ocho mil ciento corroboró su mujer.
veintisiete vueltas eran las dos Pierre Dupont se ofrecio. menos cuarto. Se sentaron todespués de discutir las mujeres, dos solemnemente en la terralos dos hombres emprendieron za en torno a la mesa El mola tarea.
mento era solemne. Las miraPierre Dupont buscó en la guía das se dirigian voraces hacia la de teléfonos la dirección del carta. La niña más pequeña solConsulado, la apuntó cuidado to: samente en un papel y desrués Quiero cocacola grande, de perderse dos veces (la diree. Su madre la miró severamención era por calles y avenidas) te recordándole las consignas de se encontraron ante una puerta siempre.
de un segundo piso, en la cual Creo dijo la Sra. Van der habia un cartel que decía: horas de oficina: de a Van que como los platos serán grandes, podemos pedir una ra Esto es increible. articución para cada dos Camarero, 16 el señor Van der Van. Pe gritó traiganos pronto tres ro es que por las mañanas no raciones de arroz con pollo. Quetrabajan?
réis algo para beber. Todo es creible. le contestó Pierre Dupont.
Hubo un silencio preñado de miradas atónitas, que solo in ¿Y qué hacemos ahora?
terrumpió el camarero, mientras Mire. Vamos lo primero a escribía: preguntar por el carro luego pa. Tres raciones de arroz con samos a la soda de la esquina, pollo para las niñas. los senos tomamos un café, ya que ñores, van a tomar algo?
estamos en el país del mejor La Sra. Van der Van, refle.
café del mundo, y luego telefoxionando, le dijo: ncamos. Bueno, traiga una ración Bajo la mirada inquieta del más, y dos cervezas. Será basseñor Van der Van, Pierre Du tante, verdad, queridos? dos pont tomó su café y luego buscd cocacolas.
la guía de teléfonos. telefoAl ver la espalda del camaneó al Consulado. fue inútil. rero, el Sr. Van der Van reacYa lo sabia, pero. quién sabe? cionó. Se levantó violentamente, Después de pensar un rato, te le alcanzó y grito: lefones a la casa a un conocido Otra ración más para mi.
suyo, empleado del Ministerio de las dos y treinta y cinco Asuntos Exteriores; logró ha minutos sirvieron los arroces. blar con el al cabo de tres lla las dos y treinta y ocho los madas y pasados veinte mini platos estaban brillants en su tos. Pero bien valía la pena. Se limpidez. Yun ligero sopor inenteró de que el Consulado ha vadió a los comensales. De rebía cambiado de dirección. Si, pente, tomando el café, el Sr.
si, ya sabía su amigo que la pla Van der Van le dijo a Pierre ca seguia en la antigua direcDupont: cón, pero en la nueva direc. Qué opina usted del Em.
ción el horario era por las ma bajador?
fanas, de a 10. Con terror, vio Es una persona muy atenta, Pierre Dupont en su reloj las. le contestó Pierre. Educado en diez menos cuarto.
Lovaina, creo que es flamenco.
Por si acaso. tomó nota de la No, no, le pregunto por el dirección nueva del Consulado, Embajador del visado.
de la particular del cónsul y la Ah, bueno. Reflexionó Pie.
de la Embajada. Buen sábado rre Pues opino que convenme espera!
dria intentar verle.
La nueva dirección del consu De acuerdo, por fin has telado era por una pulpería. Bus nido una buena idea. le dijo có la pulpería en la guia de te su mujer a Pierre Nos lleváis Jéfonos, pero no la encontro, Pre a la ciudad a nosotras y vosotros guntó aj empleado de la soda, podéis ir a buscarle.
que no la sabia, pero que pre así lo hicieron. a las cuaguntó al público y a los ocho tro de la tarde se encontraban minutos sabían el barrio. Cuannuevamente ante la mansión dedo llegaron el Consulado estaba cierta. volvieron a preguntar cerrado.
en la casa vecina y Pierre vol ¿Habrán cerrado a las diez vió a telefonear a su conocido en punto. preguntó el Sr. Van del Ministerio. las cuatro y der Van.
tres cuartos sabian lo mismo. Sospecho que cerraron a las que antes. Se sentaron en el diez de la mañana de ayer. Le cadillac y se miraron. Sólo se apuntó Pierre Dupont. Mire, les ocurrió una idea: consultar vamos ahora a recoger el carro, en la Embajada de Bélgica. Una que ya estará, recogemos a las voz femenina les informó que la mujeres y nos vamos a almor Embajada que buscaban se hazar Después, dedicamos la tar bía cambiado a la otra acera, la de a buscar al consul o al em. de enfrente, de la misma avebajador.
nida. así lo hicieron. Pero les ve Cruzaron la calle y tocaron el nía de camino hacia el restau timbre. Salió a abrir un joven rant campestre la dirección de con uniform, de chófer. Muy la Embajada. Dupont pasó por atento les informó que el Emalll y estacionó a su frente. Mien bajador está fuera que les atras la conversación de las cua tenderia el día siguiente, a petro mujeres era sobre el cadi sar de ser domingo, si era nellac, los dos hombres bajaron y cesario. Pero que convenia se se llegaron hasta la Embajada. dirigieran a casa del Consul, cuProbablemente sería también re. yo nombre, germano, y direcc ón.
sidencia del Embajador y pen les dio. Llenos de euforia. Pie.
sando que se trataba de un ca rre y su huésped se subieron so de urgencia, encontraban dis por décima octava vez al caculpado molestarle en su casa. dillac y partieron. Esta vez. PieSobre el amplio paseo, fren rre sólo cometió una equivocate a los extensos jardines, se ción: confundió las calles 10 y extendía la bella y discreta man 11. Pero al fin se encontraron sión. Tocaron el timbre. Prime ante una coquetona casita en ro el uno, luego el otro. Pasó el una calle de gran cuesta. clatiempo y nadie abrió. Husmea ro es que tocaron el timbre. ron por una ventana y vieron medida que pasaban los seganun vestíbulo absolutamente lim dos, las rodillas de Pierre Dupio de muebles. El Sr. Van der pont comenzaron a flaquear; se Van dijo: apoyó en el resquicio de la puer Nunca habia visto una Em ta y volvió a tocar el timbre.
bajada con una decoración tan Una llamada larga, suplicante, discreta.
que iba ascendiendo de timbre Yo tampoco, le contesto hasta ser un alarido. La puer.
Pierre Dupont Pero es que ta siguió imperturbable. El Sr.
me temo que no es aquí.
Van der Van dijo. Es cierto, aqui no hay es. Temo que este señor no escudo, ni banderas, nl secreta ta en casa rias. Comentó el Sr. Van der Lo que yo temo. le con(A propósito de Un visado centroamericano de Láscarls)
Rafael Angel HERRA ¿Qué ve un hombre en la gran ciudad? La organización de todos los objetos y de todas las cosas, porque se vive ahí en lo que se espera que se puede vivir. El ruido acompaña la noche.
El cemento armado y los ladrillos rojos bostezan nitidamente sus inmensas formaciones. So o hay una bestia inmensa que todo lo ve y todo lo presente. Cada institución es una arteria, cada hombre una conciencia en busca del sueño, vestigio acurrucado bajo el peso de la necesidad. El aliento estatal le infunde al ánimo una salud pretensada. Pero eso no lo ve Pierre Dupont, que no vive en ciudad grande, ni mucho menos Van Der Van en su viaje a San José.
La experiencia interior de este cuento, aparte del fastidio uxoral que nos trasplanta, es la que se resiente en esta ciudad pequeña; desorganizada, nuestro infecto San José todo vese sometido aquí a la presencia de una administración pública nacio.
nal, y en este caso, a un servicio consular de a gún pais centroamericano, cuyas vidas son las de infinitas metamorfo is, peligros imprevisibles contra la tranquilidad contra el buen ir de la vida de todas los días. La narración, en pequeño, nos da sensaciones parecidas muchas veces a las de Kafka en EL PROCESO, y se nos ocurre pensar que este escritor pudo haberse inspirado también en Costa Rica para invadir el disgusto imaginativo de una interminable e inasible fantasmagoria burocrática que no reúne jamas los hilos, ni en lo público, ni en lo penal, ni en lo politico, porque ante en estas ramas del gobierno y del orden ciudadano reaparece en cada sujeto la dolencia de Kafka.
Las escenas son claras y, sin gran pulimento literario, pues Láscaris es escritor contundente, logran llevarnos a la angustia recurrente de los pequeños detalles mantenidos: una alcantarilla sin rejas donde se hunde el Cadillac (en San Pedro de Montes de Oca, aunque usted no lo crea, existe una asi, desde hace años, ahi podria ahogarse un niño, en invierno; o cualquiera persona descuidada hay que caminar atentamente, podria quebrarse los iliacos, y sin embargo. a quien reclamar. a quién, Dios nuestro. la Municipalidad, al SNAA, al absurdamente llamado MInisterio de Transportes. unas direcciones que comienzan en un árbol y son capaces de terminar en la muralla china, un consul invisible en camiseta, y para colmo de males, unas mujeres chillonas que rebuscan en la impertinencia el lujo de ser esposas. Láscaris le interesa el flujo de las cosas cotidianas para sacarles chispas, y hace vulgar lo extraordinario como su propuesta ironizante a los boy scouts de hacer patrón y guía al Che, al que murió en la montaña, lleva esa actitud al pensamiento al chiste y a la literatura como método filosófico de encontrar la realidad.
Recuerdo un cuento que transcurre en el tranvia de Madrid, en donde la aglomeración es el principal elemento de búsqueda: gente apretada, aprovechados que se ape otan contra las carnes femeninas, mocosos que se mean encima de uno. Esto, como en el existencialismo, remite a la corr encia.
Pero es aqui la ciudad pequeña y la burocracia pequeña. Unes cuantos pasos hacia la esquina. Aguardo la sospecha de ojillos mis teriosos obsesivamente conocidos, que vigilan. Como en Alajuela: todos se muerden mutuamente y, sin embargo, cada uno aspira a ser olvidado por los otros sin olvidarse él de los otros. Los oji.
los se prohiben unos a otros, no hay alternativa de cambio. Aquí el problema vital se soluciona con direcciones de mapas piratescos y con llamadas al amigo que trabaja en el Ministerio. Las historias se estrechan como lucecillas parpadeantes, en medio de la estupidez colectivamente evidenciada. Así es la metamorfosis siempre renaciente de esta colectividad en vías de subdesarrollo.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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