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IDEAS COMENTARIOS ACTUALIDAD Coordinador: Luis Burstin INTERMEDIO.
Ya despertó el Coordinador.
Todas las tardes aunque lloviera. la niña, después de cuidarlos, arreaba los bueyes al potrero. Aquel paseo era un balet a tres. María llevaba por chilillo tina ramita flexible de anono, tan inofensiva como el puñal del tenor o de la diva. Era el simbolo de una autori dad que los ganados aceptan, como aceptan los humanos tantos símbolos.
Al final del balet a tres, de kilometro y medo de largo con los bueyes siempre arreados por detrás como es costumbre, Maria se adelantaba para abrir la tranquera. Aquel raspar de varas de encino cele cuando resbalan por entre los ojales de la aguja deroble.
anunciaba el despido. Id con Dios al potrero parecia decir el rasguido, y era la última nota de la tarde.
Esta es la historia de un camino y un buey, y un boyero y una niña.
Pocas gentes saben como naclan antes los caminos. Pocos se imaginan, porque no conocen esta historia, lo que llegó a significar, en la vida de un noble animal, de un noble arriero, y de una nietecita noble, el advenimiento de la Carretera Interamericana, en el trecho Cartago a El Empalme.
En terreno virgen y montañoso, los primeros cam.
pesinos que penetran la selva buscando palmitos o mil.
peaderos, suben y bajan por las filas que el hombre de ciudad llamaria, como Pérez Galdós, cimas, lomos o cúspides. No se les ocurre atravesar laderas, trazando lineas de niveles suaves. Cuesta mucho excavar una grada en la falda de la montaña. El campesino sube y baja por derecho. Ese es su sino.
El camino original es siempre duro. Como la vida original Duro de piso porque siendo empinado, la lluvia lo lava y no hace barro Duro de inclinación, porque trepa y baja en linea recta como vuelan las abejas y como las dantas huyen.
En cambio camino plano, ya sea recto cuando recorre la pampa o curveado cuando da vuelta al cerro, es siempre suave. Suave en la gradiente, porque ascien.
de poco a poco. Suave en la superficie, porque el agua se estanca y viene el barro. Como en la vida muelle.
ANIMALERIAS (II)
El Mocho por José Figueres Después de treinta años de trajinar por cuestas caracoleadas, sobre piso rojo y recio, siguiendo las filas, vino en alas de la abundancia y al son de la Segunda Guerra, la Carretera Interamericana. Trajo unas máquinas grandisimas que no le tenían pereza cortar por el medio los cerros. Algunos los tumbaban en las honduras, y hacian relleno. Oh milagro! La excavación que las máquinas hacían en las montañas quedaba plana. Por lo menos era plana para quienes estábamos acostumbrados a las cuestas empinadas, en los caminos y en la vida.
Pero no todo es ventaja en el camino plano. Muchos herederos lo han sabido. La pala del tractor abre una herida muy ancha y se mete en las faldas muy adentro, donde nadie anduyo nunca. El piso excavado queda suave. Tienen que venir luego otras máquinas que compactan bien la tierra, y después otras más que abren desagües, para que la lluvia se escurra y no haga barro Enseguida no más, una capa de piedra. otras y otras más, rápidamente, y por fin el asfalto. Dejan el piso, decia la gente, parejito como un patio de beneficio de café. Son milagrosas esas máquinas, que labran caminos planos en las montañas. Pobre María, la nieta del boyero Juan Marin! Su pena la trajeron precisamente aquellas máquinas, que abrian caminos planos en las montañas, malmente, el timón tiende a estirarse, y resiste cualquier carga sin peligro. Pero al recibir la fuerza lateral de los bueyes, para que una rueda sola pase sobre un palo o una piedra, el timón tiende a doblarse. veces se quiebra en la pega con el cajón, porque allí hay una escopleadura débil.
Se dice entonces que la carreta se destimonó. cuántas carretas se nos destimonaron en pocos meses en aquel camino plano y de suelo suave, lleno de viejas raices de robles y encinos. La desgracia del pobre. decía Juan Marin. Hacer un camino plano en las mon.
tañas lluviosas. sin poder ni siquiera echarle piedra!
Destimonar la carreta es un daño tan grave como romper el árbol principal del automóvil, que transmite la rotación desde la caja de cambios, bajo log pies, hasta el piñón diferencial, atrás. Se queda el auto sin tracción cuesta arriba y sin comprensión cuesta abajo. la deriva, como dicen los marinos cuando rompen otra cosa que en su oficio también llaman el timón.
ce.
Es triste oir llamar al amigo de hace pocas horas, el Difunto. El alma se revela Juan Marin era viejo, arrugado y tostado, imperturbable como Walt Whitman. Pero a su nietecita le costó mucho acostumbrar se. No podia decirle al buey decién descachado, el Mocho. Pero más le costó aún aceptar la deslealtad de la gente grande, cuando apareció otro novillo comprado para enyugarlo con el buey que estaba sano. buey muerto buey puesto. Pobre Mocho descartado! Sólo pudo mitigar el dolor de la niña en los primeros dias, una curiosidad extraña que le sobrevino, con sus presentimientos. Ma.
ria guardó el secreto mientras pudo.
Una tarde la nieta del boyero entró un poco en el potrero, en vez de regresar de la tranquera. Caminó hasta el árbol de hitabo solitario, vestigio de una cerca de otro tiempo. Con sólo subirse al tronco de una rama cortada de plano. sosteniéndose con la mano en otra rama vertical, la niña alcanzó a ver hasta el bajo del potrero, Abrigadito por un guayabo lleno de fruta, junto a la pura quebrada, estaba el Mocho.
Mirando hacia atrás desde el tronco podado del hitabo, Maria observó que arriba, junto a la tranquera, la nueva pareja pastaba. se quedó pensando. Aquello era un balet a cuatro. más bien un cuadro plástico. Abajo, el Mocho bajo el guayabo; al centro, la niña sobre el hitabo; arriba, la yunta en la tranquera.
Todo envuelto en aire rojo bajo un sol que desfalle ¡Y así sería después todas las tardes!
Eso pensaba Maria. Pero pronto descubrió algo extraño que le infundió curiosidad. En el mes de diciembre anochece muy temprano. Después de la llena las noches comienzan muy oscuras. Por casualidad o por designio, en dos atardeceres seguidos le tomó el anochecer en la tranquera. la nieta de Juan Marin, con ojos acostumbrados al campo y a la noche, creyó ver un movimiento en la penumbra, Corrió otra vez al hitabo y subió al tronquito de la rama cercenada.
Pero ya nada se veia. Qué felicidad, pensó la niña ilusa, romántica. si el barcino Mocho y el barcino sano por la noche sa juntaran. Cuántos recuerdos de hambres y fríos compartidos, de ruedas pegadas en los raigones, de carretas desgajadas en la pega del timón!
El domingo es ala de reposo para hombres, ange.
les y bueyes. El ángel era Maria En el amanecer del domingo, hombres ángeles y bueyes tienen la sensación de que no existe el fin del mundo, ni el descanso tendrá fin Mucho antes de salir el sol, sin haber ido a misa todavia, y por primera vez en dia de fiesta. la nieta del arriero, calladiia, tomó el camino conocido. En el alto de la tranquera creyó ver un solo bulto en la penumbra. y el corazón le salto. Corrió al hitabo, subió al tronquito y miró hacia abajo. Quién determina e)
instante en que la noche muere y nace el día. Cómo es el semioscuro y cómo es la media luz? Maria lo su po. Con el girar de la Tierra llegó el milésimo da segundo en que sus ojos, como cámaras Instantáneas, retrataron el cuadro alla abajo, bajo el guayabo. El Mocho y su hermano se lamian.
La no pudo más. Contó el secreto al abuelo, y otra vez lloraron juntos. Los hombres imperturbables como Walt Whitman, lloran aunque sea en silencio, Por supuesto, hubo que conectar la finca con la Interamericana que pasó cerquita, y salir a Cartago en vez de Aserri o Desamparados. Un cambio de geogra.
fia, de consecuencias imprevistas. Todavia están resentidos los pulperos de San Miguel de Desamparados porque el pueblito murió para el comercio al venir la Ca.
rretera del Sur por Cartago. Otra victima del progre50. Antes, centenares de arrieros descargaban en los aleros de las pulperías, en verano el café de Tarrazú, en Invierno el carbón de encino y arrayán. Luego compraban su ropa y comestibles, no siempre al contado, enyugaban otra vez y volvian hacia el Sur por los res.
baladeros de la Cuesta del Tablazo, siempre duros, con desniveles fuertes y con vueltas retorcidas. Como la vida del boyero.
Casi una semana para ir y venir de Frailes a San Miguel. Casi dos semanas desde Santa Maria de Dola, Ida y vuelta, incluyendo los sesteos, Pues bien, llegó la hora de abrir un trecho de camino en montaña, para conectar la finca con la Interamericana. Siguiendo el ejemplo, y la natural inclina.
ción a lo más cómodo, por primera vez el trazado se hizo plano. Atravesamos laderas dejando cortes altos verticales, que al derrumbarse luego ensancharian el paso. No habria más que botar los aterros. Una manera económica, aunque lenta de dar ancho al camino, Pero nosotros no teniamos máquinas. Cien peo.
nes a pico y pala costaban más por dia que un tractor, aunque los jornales eran bajos, y haclan menos traba.
jo, aunque la vida se les fuera en sudor y casi en las grimas. Menos aún podiamos tener compactadoras nl aparatos para abrir buenos desagües. Y, por supuesto, nada de asfalto. Sólo Dios y barro!
Sólo doce o catorce meses llueve al año en la zona de La Sierra y El Empalme, Alli te quise ver boyero mio! Ya no era el piso acostumbrado de las filas roJas y resbalosas, donde los aguaceros corren rápidos, y en una hora de sol se seca todo. Aquel camino de tipo nuevo en las alturas montañosas de Tarrazú, por ser plano se parecia a los viejos pasos de la llanura guanacasteca, donde la rueda se hundia hasta las boci.
nas y el cajón de la carreta navegaba sobre atol.
Si aquello parecia el Guanacaste en invierno. Pero era peor. Un camino plano en montaña, sin lastre ni asfalto, es una masa de subsuelo rojo y talpetate neRro, donde se ahoga un buey en le menor descuido, Pe.
ro eso no es todo. Lo peor es que hay algones en el barro, del roble reelen volleado. Nadie sabe hasta donde llegan las raices, ni por el ancho ni por el hondo del chilate. Lo cierto es que la carreta se pega y los bueyes se rompen las pezuñas Por fin me voy aproximando a lo que sucedió en este cuento, que no es cuento sino historia. La historia triste de un camino y un buey, y un boyero y una niña. veces, cuando un buey hace el esfuerzo ladeado por sacar del barro la rueda pegada, no se arranca el timón; se arranca el cacho. Se arranca de raiz el cuerno del pobre animal!
Siempre se arranca el cuerno de afuera en el yugo, no el de adentro. El de afuera hace más fuerza, y recibe por eso su castigo. Como siempre. Basta observar en cualquier parte un novillo descachado, para adivinar su posición en la vida. Si le falta el cacho izquierdo, fue buey Izquierdo. Lo cual es históricamente tan importante como averiguar bien si Tutancamen era primo hermano, o primo segundo de su cuarta esposa.
Juan Marín y su nieta lloraron juntos. El viejo arrugado y tostado era imperturbable como Walt Whitman. Pero los hombres imperturbables también lloran, aunque sea en silencio. Era más fino que un violinista, manejando su Junta de barcinos. Cómo fue aquel des.
cuido. En qué había ofendido él a Dios para que se le descachara el bueyecito derecho. Le habia costado tanto conseguir dos novillos parecidos, y amansarlos de manera que jalaron tan parejo!
Los lamentos que Juan Marin proferia requieren un paréntesis.
Si ustedes creen que es fácil venderle un trabajo a la página de LA REPUBLICA, es porque no conocen al Coordinador. Pone más condiciones que los 15 Puntos de Wilson para la Paz Mundial. mi me ta.
ta relativamente bien, porque le pago bien sus servicios de cardiólogo. Es la ventaja de tener un cardiólogo Coordinador. mí me ha reducido sus Puntos a 3: que no diga malas palabras, porque pensarán que soy del monte; que no me ponga a filosofar como en un ensayo, porque el narrador debe aburrir al lector en sólo un campo, y no en varios a la vez; y, sobre todo, que no explique el significado de ningún término monta.
raz, porque al lector le gusta más quedarse un poco en babia. tan bonito que es decir malas palabras, y filosofar sobre los sentimientos de un boyero viejo y arrugado, y explicar lo que son el chuzo y el timón, y el barzón y las coyundas!
Como algunas veces Homero cabecea, según han notado los latinos disimuladamente trataré de meterle un golcito lingüístico al señor Coordinador. Es que no me aguanto las ganas, al contar esta historia de un camino y un buey, y un boyero y una niña.
Si ustedes creen que sólo se expresan en jerga propla los comunistas, la ANPE, los anti imperialistas y el Banco Central, es porque no han oido hablar a los boyeros. Es una lástima que ese idioma se pierda jun.
to con la profesión del boyero, sin que lo recoja don Carlos Gagini Todo el vocabulario carifioso del boyero se vertid sobre la yunta de barcinos. Son medrados. decia (se mantlenen gordos y bonitos. son valientes (resisten muchas horas enyugados. mansitos no emhisten ni patean. no se aburren (conservan el brio hasta el flnal del dia. no se revuelven no son como algunas mujeres. no se encaprichon (no son como ciertos hombres. Tienen sobre todo la principal virtud dol mundo: ison legales. no se arrinconan uno a otro, il se echan al timón cuando la carga se vuelve pesada. Hay otros seres que no suben en la vida por bajar a otros, y viven echados al timán.
Cuanto más rústico es el ser más pronto sana. El Mocho sano pronto. ya vagabundo, comenzó a engordar.
En aquel tiempo en la finca pocas gentes conocian Cartago. Era como conocer Paris. No se normalizaba aún el tránsito en la Interamericana, por culpa de los derrumbes de los primeros inviernos No habia costumbre de salir a la ciudad ni habia mucho dinero.
Una vez don Olegario, mi colindante hacia el Oeste, ya mayorcito y riquillo, tras toda la preparación del caso asistió al Traslado de la Virgen de Los Angeles. regresó encantado. Mil luces, mil músicas, mil gentes! Expresó su asombro en una frase olegariana. Sólo la Gloria puede ser más bonito que lo que ha bla antenoche en Cartago!
Poco tiempo después, maravilla de maravillas, Juan Marin propuso llevar a su nieta a conocer Cartago.
Se desconcertó Maria. No tenia más que doce anos, y ya llegaba a su vida la suerte de las suertes. Conocer Cartago!
Fueron a ple por supuesto por el camino peñudo de San Cristóbal Norte. De Ida, el Cerro del Palo Blanco estaba claro. NI nubes. nl lluvia ni rayos. Placidamente la cludad los esperaba en la hondonada. Debia ser maravilloso!
Pero de vuelta el cerro estuvo bravo Lluvia con viento frío, y rayos, rayos, rayos, como me ha forado a mi pasarlo a caballo tantas veces. Siempre los rayos en mi vida Morla sintió que aquellos rayos no anunciaban coa buena. No era estudiante de filosofia pragmatica pero si tenia la intuición de los niños. De que no son capaces las gentes grandest Cuando llegaron de re.
greso los viajeros la finca, Maria no quisa ir al potrero. no valvid Jams.
Tarraza en otra época y Filadelfia. Guanacaste.
Finca de Pillique Guerra 17 de Mayo, 1970.
Aprenda el lector to siguiente, por si algun dia le llega a servir. Para sacar una carreta pegada en un tronco en el barril, el boyero detiene por el cacho al buey del lado izquierdo, diciendo ¡Esat, no sé por qué y toca con el chuzo el buey derecho, dielendo gui. iquién sabe por qué! La rueda izquierda se detiene y la derecha trata de avanzar a cierto angulo sobre el camla DO SI la rueda pegada no logra pasar sobre el ralgan escondido, se invierte Is maniobra y se prueba si la otrs rueda sube. Cuando una de las ruedas pasa B0bre el tronco, ya es fácil hacer seguir las dos.
El timón es el palo que va del cajón de la carreta al yugo. Mientras la carreta avanza hacia adelante, nor.
No sólo Juan Marin estaba deshecho. Era la nete.
clta Maria quien cuidada a los barcinos les decir, los daba caña y pasto picado; cuidar no es cuidar, sino allmentar a mano. Esta es la última explicación que doy Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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