Guardar

Ciencias artes Amenidades Comentarios LA ULTIMA AVENTURA DE PIO BAROJA Olmedo. Bello. Heredia LA MAGNIFICA TRILOGIA FUE DETENIDO ESTUVO PUNTO DE SER FUSILADO POR LOS CARLISTAS DE Por el Dr. JOSE ANTUÑA NAVARRA, PERO PUDO ESCAPAR FRANCIA Olmedo entona a la Victoria de Junín su maravillosa oda.
En La Nación. de Buenos Aires, llegada có a nuestro coche y dijo, señalándome y mos Desfilan por sus estrofas, a paso de hierro, las ſalanges de la ayer, publica Pío Baroja un artículo en el que trándome a los requetés: rebelión. Los héroes han hallado su ritmo, y de cumbre en narra el momento en que estuvo a punto de Este es el viejo miserable que ha insul cumbre los pasea el poeta por la cordillera de su estro, más ser fusilado por los carlistas.
tado en sus libros a la religión y al tradicio alta que la otra, esculpida, con Me hallaba. escribe Bcroja. en Venalismo.
ra del Bidasoa, que venían tropas del requeté, Yo nada contesté. Hay que matarlo. di Moles sentadas sobre bases de oro.
que iban al límite de Navarra con Guipuzcoa jeron los requetés. Me chocó la cobardía del He aquí la estrofa nuestra, se dijo entonces. Apenas reconal mando del coronel Beorlegui. Los médicos público, pues nadie hizo la menor objeción. quistada la tierra soberang, ya hemos tenido tiempo de consfueron a las proximidades de Endarlaza para Un fotografo pretendió hacer una fotografía truir la lira. Que esa poesía aranca de nuestro propio abolenestablecer una ambulancia de la Cruz Roja.
pero alguien dió una manotazo a la máquina, go, lo demuestra el color y paisaje a que trascienden sus es que cayó al suelo. Algunos de los requetés y trofas, y las sombras ilustres que las pueblas, desde el LiberEl miércoles por la tarde uno de los agentes de los soldados venían a mirarme la cara, co tador a Huayna Cápac y hasta esa inyocación final a la frade policía de Vera me dijo: mo a una fiera. Después de media hora, un ternidad de los pueblos nuevos. Pero pasada la ebriedad del Hoy tiene usted un espectáculo interesantísimo. Va a llegar una columna de Pam jefe dijo que teníamos que ir a Vera, y en ese momento, y puesto a un lado del patriotismo el espíritu crímomento un puño entró violentamente y me tico, Olmedo no fue sino el Quintana americano. Así se le de plona al mando del coronel Ortiz de Zárate, rozó la cara. Aquí pensé que alguno iba a finió exactamente, y en virtud de esa misma definición, el que entrará por el vecino pueblo de Lesaca agarrarme del brazo, sacarme Gxhausto y de nombre del lírico ecuatoriano figura, con gloria, en el elenco y marchará a forzar el camino de Oyarzún jarme aplastado en la carretera.
de los grandes poetas de la literatura española de su tiempo.
para acercarse a San Sebastián.
Salimos de San Estaban y llegamos a Vera. Hispana y clásica al mismo tiempo, como la conceptuaEsta es una de las marchas que hacía No sé qué concilábulos hubo ali, pero al ca ra contemporáneamente Miguel Antonio Caro. Hispama, no con frecuencia el cura Santa Cruz. Cuando me bo de una hora nos mandaron volver a San podía ser esencialmente distinta la poesa de quien, formado decían esto se encontraba conmigo un médiEsteban. Allí nos matan. pensé yo. la dentro de la rgida disciplina escolástica de la pennsula, haco del pueblo, doctor José Ochoteco, y otro entrada del pueblo nos rodearon cuatro guar ba sido el bardo dinástico de las elegías a Maria Antonia de policía, Federico Vizcaino. El doctor Ochoteco dias civiles y en medio de la gente, tocada Borbón y a la Princesa de Asturias. Clásica, cuando se pienhabía venido en un automóvil pequeño con con boinas rojas, fuímos a la cárcel que se en sa en la construcción virgiliana de sus versos, y en el Píndaro una gran cruz roja en el parabrisas. Llevaba cuentra en el sótano del Ayuntamiento. y el Homero y el Lucrecio que dejaron en ellos su reflejo en la manga un brazal con la misma cruz.
Al entrar en ella dije a mis compañeros: ilustre.
Vizcaíno dijo: Ochoteco podría llevarnos en su co Aquí creo que ya estamos en seguridad.
Andrés Bello, patriarca y maestro de las primeras generache para ver el paso de la columna.
Hora después se presentó el oficial del ciones de la Independencia, ya antes de producida ésta, a Muy bien dijo el médico vamos en Estado Mayor de la columna, hombre ama nuncia en sus Silvas americanas la buena nueva de nuesseguida ble. eM dijo que podía salir de la cárcel e irme tra redención espiritual, en lengua poética, se dijo, ha dorado Vamos repliqué yo.
a dormir al hotel. Le contesté: el oro y perfumado la rosa, con lo que se quera significar que Subimos los tres al automóvil y nos en. Me quedo aqui no solo por compañeris ella no tenía ascendientes ni maestros en ninguna disciplicaminamos hacia Lesaca. la entrada del mo, sino porque me encuentro más seguro; na literaria ajena o anterior. Luego el gran Ignacio Altapuente sobre el Bidasoa, vimos a dos oficiaen un hotel podrían asesinarme con mucha mirano, en uno de sus ensayos críticos, sostiene que en su liles, uno de los cuales conocía al médico.
mas facilidad ra no vibram los acentos de ningún poeta europeo. y. si, de No ha llegado aún la columna. le dijeEl oficial del Estado Mayor dijo que a los tanto en tanto aparecen reminiscencias de los viejos latinos, ron pero debe estar cerca.
tres nos pusieron en libertad una hora des destacanse ante sus Odas la palidez de los Geórgicas, la ti Yo le dije al médico que me parecía que pués de salir la columna del pueblo, pero a bieza de Horacio o los fantasmagoras de Pindaro.
lo mejor sería volver.
poco se presentó un sargento de la guardia Bello no huibera cohonestado, ciertamente, estos juicios. usted le importa. preguntome el civil y nos dijo que en la comida que habían Es cierto qeu el ilustre maestro hubo de preconizar, en cierta médico. que vayamos hasta Mando para tenido los oficiales se decidió que era impro ocasión histórica, el retorno de los américos a la naturaleza, ver a mi mujer que está algo enferma?
pio y de mal efecto encarcelar a gente ino vinculando ese movimiento a todo un programa de renova mí no.
cente. Así que el médico y yo podíamos mar ción, antes político que literario. Pero Bello fue netamente una Llegamos a Mando, fuimos a casa del charnos y que Vizcaíno, el policía, se queda inteelctualidad europea. Durante su larga estada en Inglatesuegro del doctor, y desde el balcón comen ría en la cárcel por haber cometido el gran pra modeló su fuerte figura de pensador y publicista a la somzamos a ver el avance de la columna medio delito, dos días antes, de no dejar pasar abra de los ilustres modelos de su tiempo. En Londres traducía militar, medio carlista. Irían de 700 a 800 hom Francia un automóvil de uno de aquellos se e imitaba a Boyardo; en Santiago a Víctor Hugo ;en Caracas bres en varios camiones requetés de boina ñores fascistas que iban de expedición. Dejaa los clásicos de la Renania. no fue sino por ese europeisroja, soldados de artillería con piezas ligeras mos al pobre Vizcaíno en la cárcel y marcha mo, por el que adquiriera a instantes relieve de apostolado, y automóviles de oficiales y jefes. Los reque mios a casa de un compañero del doctor Ochoque Sarmiento llegó a señalar la necesidad de su destierro: tés gritaban saludaban al estilo fascista; teco, el médico Aguirre.
por haber profundizado edmasiado, decía. los arcanos los soldados de artillería, con casco de ace Al llegar a casa de éste comencé a tener del pensamiento y del idioma, atentando, de tal modo, contra ro y trajes obscuros, se mostraban serios y no un gran pánico y a perder la serenidad. El sar una cultura qutónoma. reclamo que, por otra parte, trascenhacían manifestaciones de entusiasmo. Pasó gento de la guardia civil que nos acompañadió mucho más en los desplantes, que en los escritos y en la toda la columna y nosotros pensábamos a ba nos dijo que le diéramos palabra de no obrer del genial argentino.
bandonar Mando y salir para Vera.
salir de casa de Aguirre hasta las dos de la Nuestro médico tenía prisa. Era segura tarde del día siguiente. Nos tendimos el méY si hemos de referirnos a otro de los clásicos americanos mente una imprudencia. Bajamos la cuesta dico y yo en la cama y estuvimos sin poder paar completar la magnífica trilogía, a José María de Herehasta Mugaire, siempre adelantando a los cor dormir. Teníamos la esperanza de que la co dia, el fondo modificarse substancialmente. Fue Heredia hacia miones, entre mujeres y sacerdotes que nos lumna abandonara pronto el pueblo. Electi su Naturaleza con exaltada intrepidez. Así se iban cumplienaplaudían como si fuéramos de la comitiva. vamente a eso de las cinco o seis de la maña do, entonces, los votos de Andrés Bello. Ninguno, ni entonces De pronto se comenzaron a oír grandes na empezamos a oír ruido de motores y gri ni posteriormente, le cantó con temple más fiero y honrade, voces de Alto! Alto! Nosotros nos detuvimos tos de. Viva España. Viva la religión! y ¡Vi. con vocación más profética. Si semejante arresto apasionado y oímos la voz de uno que gritaba: va el clero! Estaba yo relativamente tranqui y sensual, tanto como el esplendor y la finalidad de la des ver ese automóvil donde va Pío Ba lo cuando a eso de las ocho o nueve de la cripción, bastaran para afirmar un carte propio, José María de roja.
mañana empezaron nuevamente a pasar ca Heredia sería el primer gran poeta original de América.
Cuatro o cinco hombres altos, de aspecPero no ha sido necesario para la formación de nuestro to amenazador, nos hicieron bcjar del coche, do un muerto y varios heridos, y además la juicio el que Marcelino Menéndez y Pelayo, parte interesada y uno de ellos grito: expedición había encontrado uno de los puen en el caso, aunque de acendrada autoridad moral, nos seña Póngase en fila.
tes en el camino de Leiza, roto. De nuevo se lara sus estrechas vinculaciones retóricas con la poesía de Entonces nos amenazaron con pistolas y llenó el pueblo de boinas rojas Cienfuegos y Quintana, por una parte, y luego con la literanos registraron. Yo creí, a la verdad que en Yo he tenido mucho miedo. decíame tura inglesa italiana y francesa de quien fuera entusiasta aquel momento nos fusilaban. Nos van a ma el médico. pero ya se me va pasando. Den traductor de Young y Thamson; de Millevoye y Arnauld; de tar aquí. pensé yo con ciertar indiferencia. tro de unos días no me acuerdo de esto. Us Pindemonte y Fóscolo. Yo gritaré ¡Viva la Libertad! Tras un mo ted ha estado muy sereno.
José Martí, el americano admirable, estudiar la obra de mento nos registraron y al policía Vizcaino le Sí; pero ahora me empieza el pánico a su compatriota, ahonda en su personalidad, en la del poeta arrancaron violentamente la placa, la pistola mí y es posible que ya no se me quite.
y en la del mártir, que hizo del mar caballo. Exalta su obra y todo lo que llevaba en el bolsillo. En aquel Hablamos con el Dr. Aguirre de cómo se su influencia en todo lo que ella entraña de ſecunda y nomomento vo no tenía todo el miedo que lógi podría salir de San Esteban sin peligro, y, pen ble, pero su lealtad no deja de sorprender a Byron bajo la camente debía tener. Sentía un fondo de desprecio por esta escencgrafía repugnante. Sete comer, porque en estos primeros días los re mc de su época, la invasora vegetación de los galicismos.
samos que mejor sería hacerlo después de diafanidad de sus estrofas, y en la superficie ed su prosa. com cientos hombres para asustar a tres personas quetés se dedicaban a comer y beber alegrePero es fuerza, sin embargo, reivindicar para América, en inofensivas, era demasiado. No sé si espera mente y probablemente despues a dormir. su justa medida, la musa de Heredia. Espectador inspirado de ban de nosotros algún acto de desesperación. El Sargento de la guardia civil nos dió un su maravilla nativa: de sus horizontes, montañas, mares y caDespués de tenernos algún tiempo rígidos en salvoconducto para llegar a Vera. Después de taratas, puso una lira historiada por distintas comoriales de la carretera amenazados con pistolas, subi comer, yo con el alma en un hilo, fuimos a la la civilización. Arrancó, sin embargo a su preclaro cordaje, mos al automóvil con orden de seguir detrás cárcel con animo de saludar a Vizcaíno, pero acentos nuevos bajo las nuevas constelaciones. Con la voz de de otro que nos señalaron. Este aparato de no pudimos. Salimos a la carretera bajo un su amor y su verdad cantó su canto. Tal como la reclamaban valor, esta pedantería nietschinna se me ansol de fuego. En todos los pueblos de tránsito nuestras cosas y como lo reclama nuestra vida, eso basta patojaba ridícula.
había jóvenes armados, gente petulante con la ensayar nuestro ritmo propio sin atropellarse en negacio Parecía cosa de provincianos petulantes, fusiles y escopetas modernos. En Sumbilla nos nes y sin extraviarse en el vacío.
y recordaba aquéllas cosas tan falsas de don parecen un momento, después seguimos adeChateaubriand, como Heredia, quiso camtor al Niagara Ramón del Valle Inclán acerca de la guerra Iemte hasta Vera, donde mi hermano, cuando así lo intentó en el epílogo de Atala. Pero el propio Caintcarlista, en las que daba como una gran cosa el que los soldados de la religión pegaran iría al pueblo para preguntar a los carabine descripción, al punto de haberse sospechado que el gran Toa las mujeres en el pecho con las culatas de IOS si me podían dar un salvoconducto para mántico no pudo realizar su lírica excursión sino en los domilos fusiles.
Seguimos al automóvil que nos indicaron me decidi a marchar a pie. dos kilómetros safinó ante la tempestad que en prismas de colores y en tollegamos a la entrada del pueblo de San ví que subía un automóvil y lo detuve. El due rentes sinfónicos se despeña de lo alto en el fragor de la com Esteban. El pueblo tiene un camino que pasa ño era un español de apellido francés. En la tarata. su voz no resultó más que un coro de retórica per por un puente para unirse a la carretera. En carretera no había obstaculos, pero antes de diod en la espuma de la cascada.
esa encrucijada se aglomeraban los requellegar al punto avanzado apareció un caraEs sólo HEREDIA, el portentoso intérprete del Niagara.
tés y el público. Entonces el hombre alto que binero. Este me fastidia. me dije. El carabi¿Qué pidió colores a la propia paleta de Chateaubriand me había amenazado con una pistola se acer(PASA LA PAG. SEIS. PASA LA PAG. SEIS)
VIERNES 16 DE OCTUBRE 1936. LA HORA PAGINA TRES Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

    FranceSpain
    Notas

    Este documento no posee notas.