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PAG. No. AMENIDADES COMENTARIOS EL sepulcro del quijotismo CIENCIAS ARTES Es necesario un titulo unamunesco para hablar de don Miguel de Unamuno. Porque al gran ensayista de la agonía española lo lleva uno enclavado en el alma, como la locura en el cerebro reseco del andariego de la Mancha. Una fe profunda en la contradicción, más honda que la fe divina, por lo humana y por lo pasional. Una fe de beligerancia, semejante a aquella otra que André Suarés les pedía a los soldados franceses, durante la guerra, al aconse arles leer el Quijote en las trincheras. Tu fe será tu arte; tu fe será tu ciencia proclama, alucinado ante el espectáculo de su corazón en llamas, en un glorioso incendio primaveral. Pero él nunca dijo la esencia misma de su fé. Tal vez por pudor. Tal vez porque esa fe si la vivió, nuevo Juan de la Cruz, encallado en un are nal de mezquindades humanas: la fe de la vida. Contradicción. Locura. Quijotismo? Todo eso y algo más: españolismo de España. Españolismo que ve, desde la primera salida por los campos de Montiel, que España es un paramo en cuyas arenas se seca, con rapidez sorprendente, la sangre de los auténticos españoles, cuyos huesos, aventados por la tragediri, señalan las rutas todas de la historia universal. iPobre alma en agonía! Pero él lo quiso así, él lo prefirió así ¿Por qué? Oído definir su programa inicial, que no tiene nada de hegeliano, que es como algunos llaman ahora, a lo europeo, ni de mesiánico, como lo llaman, otros, desde las orillas del Lago de Ginebra. Ponéos en marcha. Qué vamos a hacer en el camino, mientras marchamos. Qué. Luchar!
Luchar, y cómo. Cómo. Tropezáis con uno que miente. guitale a la cara: mentira. y adelante. Tropezáis con uno que roba. gritale: Ladrón, y adelante! Tropezáis con uno que dice tonterías, a quien ove toda una muchedumbre con la boca abierta. gritale. estúpido. y adelante. Adelan e siempre. así fue el hombre, así fue el español de Bilbao que se apropió la aridez de Castilla para esperar en sus paisajes una nueva España que nunca vió porque, más sabio que todos los mortales, murió por ella y la soñó con ternura conmo, vedora. Quijote cuya locura consistió en tener conciencia y en tener pasiones ardientes como el clavo que elogia José Bergamín en su filosofía de un frío catolicismo. No son como del alegre Cervantes estas palabras: Yo decía antes: primero un canoz. igo que un teniente coronel. He cambiado de opinión. Por supuesto, al borde del sepulcro de Don Quijote, cuando un el si encio de la soledad tan desesperadamente inquirida en todos los rincones del mundo y del corazón, se encontró lente a una realidad de convencimiento, exclamó lo contrario. Que la vida es un devenir contradictoria cuyo único punto de partida y de llegada somos nosotros mismos. Es la morriña de eternidad. ese deseo incansable de que nos dejen solos, totalmente solos, para ver si en el infinito de la soledad encontramos una satisfacción para calmar nues tras pusiones. Es la política de Dios. más allá de los te nientes coroneles y de los canónigos.
Don Miguel de Unamuno fue la demostración más eviden de que España no está en Europa, esa Europa para uso de la Sociedad de las Naciones y ávida de hierro y carbón. Na die menos armamentistas que él, que tuvo, en su alma, todas las materias primas para abastecer la sequedad de la civilización más definida. Nadie menos armamentista que España, que tiene en su entraña cálida todas las materias primas para terminar de una vez por todas con una cultura mi tificada en sus po arizaciones políticas. El español del tipo unamuniano ¡qué diablos, todos los españoles. no mue ren por conquistar hierro y carbón: mueren porque eso les sobra y porque sus pasiones feroces y trascendentes los consumen. Recordad que sólo las grandes empresas los ten oron: escribir el Quijote, conquistar América, unificar el mun: do en la pasión de Dios. Hechos trascendentales. más allá de los tenientes coroneles y de los canónigos. Para el Cid el convento fue una casa en donde dejar abriga das o su mujer y a sus hijas: el soplo católico lo llevaba él, el soplo lírico lo llevaban sus mesnadas. Cuando lo traicionó Europa. jel poder feudal de entonces. ese soplo católico muy suyo y ese soplo lírico de sus mesnadas supieron volver a convertir el convento en una casa para abrigo de peregrinos. He ahí el poder de Europa: fría razón que limita. He ahí el poder regulador de España: pasión que se consume. Hemos de confesar que nos quedamos con lo español ¡Allá los que buscan el hierro y el carbón: suponemos que los desean para destruirse! y ese cerá el mejor bien que le hagan a la humanidad. Volvamos al Quijote, enternezcámonos con su idealismo malicioso mientras Sancho gobierna su insula. Bastante sabiduría tie ne este buen amigo Sancho. ipueblo sensible e infinito, más acá de toda teoría, para cuidar la alquería, donde en marranan los Dones de la política.
Vamos legando al sepulcro del quijotismo: un estre mecimiento ideal cala nuestros huesos. No es frío. Es un fue.
go ardiente. Es la pasión que nos aconseja Unamuno Evo quémos! o como lo vimos, en una tarde en París. Tarde gris como conviene para el otoño más perfecto. Miguel de Unamuno está frente a un grupo de gentes, con su cabeza encanecida y sus lentes relampaguantes. Habla con una voz fuertey honda. Habla apasionadamente. Está haciendo el proceso de Europa, él, que acaba de egar de Fuerteventura, la más árida de las Islas Canarias. Nos hemos reunido para con memorar la vida y pasión de otro inquieto que como Unamu no también sufrió del mal de la raza: la agonía. Pero este otro espíritu agónico es nuestro es Don Juan Montalvo. Se va a de cubrir una placa en la casa de la rue Cardinet donde murió el formidable panfletario ecuatoriano. Nadie más indicado para hablar del autor de Los Capítulos que se le olvidaron a Cervantes que el autor de la vida que no vivió don Quijote. Don Miguel habla en un paisaje otoñal, pero sus palabras tienen el riſmo de la canción de primavera en ctoño. Su pasión es política, siempre con el acento de una política de Dios.
Pensamientos candentes, autobiográficos, llenos de alegría dolorosa. Allí lanza por primera vez, al evocar la vida de Montalvo en el destierro, aquella frase famosa: Muero de España. Muy pronto hará, con su patria, lo que Montalvo hizo con la suya: buscar un rincón de la frontera vasca para ver a su España. Montalvo vivió en Ipiales, casi en la fronterc entre Colombia y el Ecuador. Unamuno busca a Hendava, cerca del Bidasoa: el humo de primeras chimeneas de la tierra española es para él como el pañuelo enlutado que lo despide en su viaje hacia la eternidad de su raza y de su historia. Sólo este momento de la vida parisiense de don Miquel de Unamuno queremos recordar: ya al borde del sepulcro de don Quijote olvidamos todo lo anecdótico. Vamos descarnando la vida lentamente en un penoso aprendizaje, y este aprendiza e nos dice muy quedo que el mundo no es anécdota, sino pasión, es decir, poder creador. Este hombres, que tuve la religión de su patria o nación, la salvó al salvarse en su españolismo: por eso murió prisionero de la contradicción.
No hubiéramos concebido a don Quijote muriendo loco: su lucidez era inevitable para que el poema de sus hazañas fuera perfecto Sepulcro del quijotismo: tumba de Unamuno. Más allá de la sombra del primero está la cordura; pero más allá de lo del segundo está la pasión de un hombre de carne y hueso. Ni canónigos rezaron al borde de esta sepultura; ni tenientes coroneles montaron la guardia en la velada de este cadáver que despedia, antes de comenzar a ser polvo, un olor de españolismo. Ho aquí la tragedia infinita de los hombres que viven apasionadamente: el mismo sepulcro del quijotismo concesión al ideal es para ellos una simple tumba concesión a la muerte. Pero el mismo Unamuno dijo que la religión más reciente en los pueblos occidentales el cristianismo es dolor y es amor.
por LEON PACHECO «La hora 11 DE OCTUBRE DE 1937 Pág. Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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