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8 LA REPUBLICA, Martes 18 de junio de 1974 LA REPUBLICA Do Re Mi Rodrigo Madrigal Nieto, Director Julio Rodríguez Bolaños, Subdirector Yehudi Monestel Arce, Jefe de Redacción Alvaro Cedeño Gómez, Gerente General Una vez los habitantes de un pueblo de Guanacaste, llamado La Esperanza, pidieron al ICE un teléfono público o una red de teléfonos 000 ¿Un país en subasta?
EI ICE, deseoso de satisfacer los deseos de aquella comunidad, paso manos a la obra. Su primer paso, como entidad responsable y tecnica, fue realizar un estudio a fin de determinar la necesidad y costo de la obra.
000 allá fueron los técnicos del ICE, con la esperanza de asentar la tecnología en La Esperanza.
000 Pero, hete aquí, que cuando llegaron a La Esperanza, el pueblo habia desaparecido.
000 Un grupo de extranjeros había comprado todo el pueblo y los habitantes habían emprendido el vuelo hacia otras partes.
000 Cuántas veces turistas costarricenses, deseosos de conocer su pais, deciden visitar alguna playa nacional. La familia compra emparedados, refrescos, abastece de gasolina el vehículo y jale. Pero, cuando llegan a la playa, ya no hay playa o la playa nacional está en manos ajenas o no tiene caminos para llegar a ella. La bordean fincas de extranjeros.
000 En Costa Rica, casi cerca de su casa, amigo lector, hay oficinas de bienes raíces, con nombres en inglés, propiedad de extranjeros, con mamparas costarricenses, que venden terrenos y tasajean nuestro territorio nacional en beneficio de otros extranjeros, que ni siquiera conocen nuestro país. Estos y aquellos compran estas tierras y dejan que transcurran algunos meses. Al cabo de algunas semanas o aflos, revenden estas tierras a precios astronómicos.
Publicó ayer este periódico un interesante y angustioso resumen de un informe presentado en el reciente seminario sobre Indigenismo y Desarrollo. En dicha nota, se expone, con cifras reveladoras, la triste situación de nuestros aborígenes, víctimas de la debilidad del Estado costarricense y de los abusos de algunos agricultores nacionales. El 40 por ciento de las tierras indígenas han sido invadidas por colonos blancos.
Tenemos así en nuestro país una doble invasión de tierras: la efectuada por numerosos extranjeros y firmas de bienes raíces no costarricenses, que compran tierras a su antojo no para invertir y producir, sino para especular, y la realizada por costarricenses en contra de nuestros aborigenes, a los que despojan de sus tierras ante la mirada complaciente del Estado.
El informe expresa, asimismo, que nuestros aborígenes han sido reducidos a ciudadanos de segunda y tercera clase, ya que carecen hasta de garantías civiles y políticas. Esta es la conclusión después de 30 años de haberse dictado una ley que declaraba inalienables y de propiedad exclusiva de las tribus autóctonas, los terrenos baldíos ocupados por ellas.
Ante este descarado incumplimiento de las leyes, pan cotidiano en la vida nacional, sobre todo en el caso de normas legales que favorecen a las personas o sectores con escaso valimiento político o económico, sosteníamos, en un editorial reciente, que la mejor revolución que espera el pueblo del Gobierno es el cumplimiento fiel de las leyes del país, no importa los sinsabores que esta labor depare, los intereses creados que o las enemistades que traiga consigo. este respecto, si existen leyes terminantes sobre las tierras indígenas, no nos explicamos cómo se han inscrito estas propiedades y cómo ha habido profesionales que han tramitado estos documentos. Por tal motivo, esperamos que la Comisión Nacional de Asuntos Indígenas, la Procuraduría General de la República y el ITCO aúnen esfuerzos para que estas tierras se devuelvan a sus legítimos propietarios.
Se espera, asimismo, una acción decidida del Estado en cuanto a la defensa del patrimonio cultural indigena, objeto de toda suerte de depredaciones y negocios ilícitos en estos años.
En sintesis, esta denuncia, sobre las tierras de los aborígenes y la riqueza arqueológica, además de la invasión de tierras, por obra y gracia de algunos especuladores extranjeros, y la clausura de playas nacionales, que han pasado a ser del dominio exclusivo de algunos extranjeros, en contra de las leyes, nos Heva a la dolorosa conclusión, reiterada en otros editoriales, de que es preciso iniciar, a toda costa, un proceso de reconquista nacional en todos los órdenes: desde el campo moral y político hasta el económico. Estos hechos dejan la impresión en el costarricense de que hemos estado, en estos años, expuestos al mejor postor. Como si fuéramos un país en subasta.
La misma energía que debe aplicarse a la defensa de las propiedades de nuestros indígenas, ha de demostrarse en la defensa del territorio nacional ante concesiones, decisiones administrativas o proyectos que significan un despojo del país y una pérdida de la soberanía. Los testimonios abundan. Pero, como decíamos un día, no basta con denunciar estos hechos y tratar de ponerlo todo a derecho. También deben ser enjuiciados y sancionados todos aquellos funcionarios que con su silencio y complicidad. por acción u omisión han estado negociando con nuestras riquezas naturales o culturales.
No podemos seguir siendo un país en subasta. Peor aún, un país que ni siquiera se subasta, pues cualquiera llega a él, sienta sus reales y se posesiona de nuestras riquezas, sin que nosotros recibamos ningún beneficio.
Ha de comenzar, por ello, antes de que sea demasiado tarde, la tarea de la reconquista nacional, en el campo físico y en el orden moral.
000 Naturalmente, hay extranjeros, dignos de todo aprecio, que, en verdad, han venido a nuestro suelo a invertir, a producir riqueza y ocupación, en el campo de la industria, la ganadería y la agricultura.
Pero, últimamente, hemos sido víctimas del tipo de extranjero especulador, que se enriquece a costa de nuestro suelo.
000 Y, lo que es más grave, los impuestos que pagamos los costarricenses sirven para construir carreteras, que triplican el valor de las tierras de nacionales y extranjeros, los cuales nunca pagan el impuesto de la plusvalía. no lo pagan porque no hemos tenido funcionarios con pantalones para exigir este tributo.
000 así van cayendo nuestras playas, nuestros bosques, nuestras tierras, a punta de concesiones, de decisiones administrativas vergonzosas, de funcionarios públicos débiles y alcahuetes, que no tendrían empacho en vender el territorio nacional por alguna cuenta bancarin.
000 Realmente, lo que ha ocurrido en Costa Rica en estos últimos años de entreguismo da verguenza. Como decimos en el editorial de hoy, a este Gobierno le corresponde la era de la reconquista.
roce 000 Dichosamente, ya se ha hecho conciencia en el país sobre estos hechos y un grupo de costarricenses han decidido reconquistar el país. No queda más recurso que el de las leyes. Es preciso legislar de inmediato para detener esta veloz erosión de nuestra soberanía y de nuestra independencia y de nuestro territorio nacional. El extranjero que no posea planes de inversión concretos, financiados, que no esté dispuesto a producir ocupación y riqueza, es decir, que venga a dar y no a recibir, no.
debe ser admitido en nuestro país. con más razón cuando se trate de especuladores, de corredores de bienes raíces, o de esa turba de hippies que apesta en Costa Rica. todos estos individuos debemos cerrarles las puertas.
000 ¿ES CIERTO, PAPA, QUE NOSOTROS FUIMOS LOS PRIMEROS COSTARRICENSES. Hay países en América Latina que han impuesto un tributo a los rótulos en inglés, que no se justifiquen, así como a empresas, negocios, firmas, etc. que lleven nombres en este idioma o en otro, y cuya conversión al español no signifique pérdida alguna, como sería el caso de una marca reconocida o de una casa comercial que se identifique con un nombre determinado. Pero, aún en el caso de marcas, se exige un término español que lo acompañe.
000 Estos paises saben muy bien que si no se resguarda el idioma, todo lo demás se derrumba. Aquella nación que no defiende su lengun, no puede proclamarse independiente o soberana.
000 Reconquista del idioma. Reconquista de nuestras tierras. Reconquista de nuestras tradiciones. Reconquista de nuestros valores. Reconquista de nuestras costumbres, Reconquista de nuestras playas.
RESERVA INDÍGENA 000 lelort Si no noel de inmediato a esta lucha, dentro de poco seremos todos vasarios de señores feudales, y este oasis de paz, todavía sin Jación y sin violencia, no va a ser nuestro. Nos va a pasar lo que a los habitantes de La Esperanza.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud Costa Rica

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