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12 LA REPUBLICA Lunes 14 de julio de 1975 LA REPUBLICA Do Re Ai Rodrigo Madrigal Nieto, Director Julio Rodríguez Bolaños, Subdirector Yehudi Monestel Arce, Jefe de Redacción Alvaro Cedeño Gómez, Gerente General Al fin, desapareció el humo de nuestras calles.
Municipios y enseñanza superior En su pasada conferencia de prensa, el ministro de Salud declaró que si se detienen los autobuses que lanzan emanaciones de humo a los cuatro vientos, San José se quedaría sin autobuses.
Tomen en cuenta, amigos lectores, este consejo.
Cuando quieran transgredir la ley, háganlo en grande. De este modo, el Gobierno no intervendra.
de Si sólo uno o dos autobuses lanzaran humo a la cara y a los pulmones de los peatones. tienen pulmones los peatones. de inmediato intervendría el Gobierno. Estos autobuses serían detenidos. Pero, como se trata de todos, el humo seguirá campeando en la ciudad capital.
son El razonamiento del ministro de Salud tiene solamente una leve fisura. Por qué el Gobierno no intervino al principio, apenas apareció el primer autobús con emanaciones de humo. Mas, esta pregunta no admite respuesta. Es demasiado dificil y complicada para que se conteste con presteza y propiedad.
No hay que secuestrar nunca a una sola niña. Es preciso secuestrar a todos los niños de una escuela. No cometamos la locura de destruir un solo bosque. Devastemos todos nuestros bosques. Que no se abra una sola casa de prostitución. Convirtamos todos los aposentos en lenocinios.
Se ha presentado a consideración de la Asamblea Legislativa un proyecto de ley con el fin de obligar a las municipalidades a las instituciones autónomas a contribuir con el por ciento SUS presupuestos al financiamiento de la enseñanza superior.
La finalidad de este proyecto no puede ser más noble. ΕΙ financiamiento de la enseñanza superior es una necesidad imperiosa.
Al fin de cuentas, la estabilidad financiera de estas instituciones y su calidad académica condicionan el futuro del país y la excelencia académica depende, en buena parte, de la estabilidad financiera de estas instituciones.
Sin embargo, los medios que el proyecto de ley citado propone no guardan proporción con la finalidad que se persigue.
En primer lugar, no es aconsejable seguir atomizando aún más el presupuesto de la República. La atomización del presupuesto contraviene normas elementales presupuestarias y ata las manos de la Oficina de Planificación, a la hora de formular sus planes a corto y mediano plazos.
En segundo lugar, este procedimiento para financiar la enseñanza superior entraña un engaño, por cuanto parte del criterio de que, al obligar las municipalidades y a las instituciones autónomas a proporcionar el por ciento de su presupuesto con este fin, este se satisfará adecuadamente, esto es, parte de la base de que los municipios los entes descentralizados poseen ingresos propios en abundancia, capaces de sostener la enseñanza superior. No tiene en cuenta que las instituciones autónomas las municipalidades dependen financieramente del presupuesto del Gobierno Central o de rentas propias, que, por cierto, se utilizan para otros fines creados por ley. Si, entonces, el presupuesto nacional, como un todo, no puede hasta ahora financiar la enseñanza superior, menos podrán realizar esta tarea sus partes, esto es, los presupuestos separados. Lo que la enseñanza superior requiere nuevas rentas, no leyes para atomizar aún más las rentas actuales.
Sería este un contrasentido.
En tercer lugar, dentro de un sano concepto del planeamiento y de las funciones propias de cada institución del Estado, resulta impropio exigirles a los municipios y a las instituciones autónomas financiar la enseñanza superior no sólo porque este objetivo escapa a sus objetivos propios, sino porque, dada la estrechez presupuestaria del Estado costarricense, estas a duras penas pueden satisfacer, con sus presupuestos, sus propias necesidades.
Las municipalidades del país no disponen de recursos para realizar sus tareas esenciales, como recoger la basura, limpiar las calles, embellecer los cantones o ciudades y muchas otras que le son propias. La mayor parte de los municipios apenas subsisten. Dígase lo mismo de las instituciones autónomas, la mayor parte de las cuales dependen de las subvenciones del Poder Central, las cuales no son suficientes, junto con sus rentas propias, para satisfacer adecuadamente sus fines esenciales.
a pretender que separen por ciento de SU presupuesto para la enseñanza superior. Si este proyecto de ley fuese aprobado, desembocaremos en solo resultado: quedarán desfinanciadas más αύη las municipalidades, las instituciones autónomas y, sobre todo, la enseñanza superior.
Si se secuestra una sola niña, la policía interviene. Pero, si se trata de muchos niños, la policía no se moverá, por cuanto no podrían cuidar otros lugares en el país. Si se destruye un solo bosque, quizá algún funcionario del Ministerio de Agricultura se preocupe durante algunos minutos. Pero, si nos dedicamos a destrozarlos todos, nadie moverá un dedo, ya que se dejaría sin trabajo a los que se dedicar este triste oficio.
Si sólo hubiera una o pocas casas de citas o garitos, el Gobiemo intervendría, pero si la ciudad estuviese inundada de estas actividades, no convendría poner a buen recaudo a sus propietarios, por cuanto la economía del país se vendría al suelo.
Este es, más o menos, el razonamiento del ministro de Salud sobre el humo, llevado a otros campos.
a Cuando al tico se le habla de robos, de pesetas, de pequeños problemas, de asuntos de poca monta, pone en función sus entendederas y comprende lo que se le está diciendo. Mas, si a estas cifras se le suman algunos ceros, el costarricense se pierde. Cómo vamos un El secreto, entonces, está en centuplicar un problema, un vicio, un robo o un error. Cuando estos llegan a cierta magnitud, el costarricense se detiene y, entonces, el vicio se convierte en necesidad, la mentira en verdad y la ilegalidad en una expresión del talento.
un se Si a alguien se le acusa de robarse unos cuantos millones los millones llevan muchos ceros, el costarricense no emite juicio condenatorio. Se queda perplejo ante el número de ceros y, en el fondo de su alma, admirará a quien ha sido capaz de tal proeza. Pero, ay de quien es acusado de ser pesetero, de robarse unas botellas de whisky, de robarse unos galones de gasolina, una gallina o dejarse en la bolsa algún dinerillo. Este individuo será condenado sin juicio en la conciencia de los costarricenses. Este tipo de faltas o delitos si están a su alcance. CÓMO TE VA YENDO, MOSCA. Si un costarricense cae en la tentación de un contrabando de poca monta, recibirá las furias del averno y no habrá costarricense que no lo condene. Pero, si el contrabando sobrepasa los cien mil colones o el millón. el contrabandista pasa a la categoría de genio. Más bien, se le distinguirá con sonrisas y palmaditas. Cuál contrabandista de fuste está en la cárcel? Ninguno. Qué ladrón de joyas se encuentra entre rejas? Nadie. Cuál estafador de nombradía está en la Penitenciaria. Ninguno. La pequeña diferencia entre la cárcel y la libertad radica, al parecer, en la magnittud del robo.
PURA VIDA PIOJO.
AQUI ALCANZA PARA TODOS. Si un empresario es acusado de vender algún artículo con una peseta o algunos colones más en el precio, no lo salvará nadie de la vindicta pública. Pero, si un político, valido de su posición, se convierte en millonario, sin haber trabajado nunca, no es un sinvergtienza, sino un tipo talentoso, un vivillo, ante sus amigos y sus conciudadanos. TRES PLAGAS DE ACTUALIDAD lalo Cuando el cáncer haga trizas nuestros pulmones por las emanaciones de humo de los autobuses de San José, nunca olvidemos que hemos muerto por la Patria, por la supervivencia de los autobuseros y de los usuarios.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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