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LA REPUBLICA, Lunes de diciembre de 1975 11 GORDIANO PANIAGUA, pícaro, poeta y político comunidad e hijo de un ambiente que no se prestaba para grandes influencias literarias. Consta el poema de doce estrofas o décimas y concluye con un gracioso cuarteto. Por ser muy extenso y no permitirlo el espacio. reproducimos algunas como muestra de la chispa, apasionamiento y facilidad para el verso de don Gordiano: Ricardo Blanco Segura Dulcísima Prenda mía Dueña hermosa de mi amor Luz del mayor resplandor Aurora del mejor día: aunque con tanta porfia contra mí la suerte está nunca mi amor dejará de adorarte con fervor.
pues borrar mi fino amor sólo la muerte podrá.
Anque privado de hablarte me tiene mi infeliz suerte me consuela solo el verte por solamente adorarte, pues en mi amor puedes fiarte que no será transitoria, que vives en mi memoria y que solamente anhelo recrearme en tu bello cielo pues sois mi vida, la gloria Si bien es cierto que ya desde la época colonial se conocían en Costa Rica algunas composiciones literarias.
entre las cuales pueden citarse las Coplas de Domingo Jiménez contra Anguciana de Gamboa (17 de diciembre de 1574. la comedia Afectos de Odio y Amor compuesta por el gobernador don Diego de la Haya Fernández y representada en los patios de su casa el 30 de enero de 1725 con motivo de las fiestas en honor del Rey Luis I; unos versos encontrados en un expediente de Miguel Ibarra de 1753, y un Entremés representado el 15 de abril de 1809 con motivo de las fiestas dedicadas a Fernando VII; no es sino hasta la propia época de la independencia cuando aparece en el panorama de nuestras letras el primer poeta auténticamente costarricense: Don Gordiano Paniagua Zamora, imponderable mezcolanza de politico, pícaro, poeta y tenorio consumado. Figura que más bien pareciera arrancada a una página del Diablo Cojuelo o a una escena del Burlador de Sevilla.
Vino al mundo en el hogar formado en Heredia por don Simon Escalante Paniagua de Viera y doña Bárbara Zamora Sandoval, nacido el primero no sabemos cuándo y muerto en 1783. y la segunda nacida en 1747 y muerta en Heredia en 1814. Ignoramos el año y la fecha exacta del nacimiento de Gordiano, pero debió haber sido a finales del siglo XVIII, cuarto de seis hermanos que lo fueron don Manuel, casado con Antolina Ramírez, doña Ramona casada con Feliciano Salinas Armengol, doña Concepción, casada con don Manuel Sagrera Ravell, don Francisco casado con doña Fermina Ugalde y doña Gabriela casada con Juan Antonio Pantoja.
Casó don Gordiano con doña Ramona González, y fruto de esa unión fueron diez hijos: Estéfana, José, Manuel, Romualdo, Estébana, Urbana, Simón, Teresa, Ramona y Vicente Bien hubiera vivido Paniagua como buen cristiano, literato y servidor de su patria, si las faldas no hubiesen sido su locura. Porque no bastóle el calor y la ternura de doña Ramona ni el haberle correspondido con diez hijos, para evitar el verse de continuo en enredos amorosos a quienes se unió el escándalo y la intriga.
Precisamente es por uno de estos escándalos, que conocemos su única composición literaria completa, dada a conocer por primera vez por Monseñor Sanabria en sus Datos Cronológicos para la Historia Eclesiástica de Costa Rica y escasamente divulgada. principios de 1802, Gordiano se vio envuelto en un lio amoroso con doña Petronila Castillo, vecina de San José, quien se quejó de los maltratos de que la hacia víctima su marido José Miguel Porras, por haberse éste enterado de que Gordiano Paniagua la requería de amores a los que la dama se negaba. Se hizo la investigación correspondiente, comprobóse la inocencia de la señora, prohibió la autoridad a Paniagua pasar frente a la casa de Porras y doña Petronila (no sabemos hasta dónde en medio de suspiros y soponcios) presentó como prueba de su inocencia y del asedio de Paniagua, una carta de despedida que éste, en verso, habíale enviado. La carta es, indiscutiblemente, el primer poema bien trabajado que conocemos hecho por un costarricense. No entramos en elucubraciones sobre su valor literario, que debe considerarse de acuerdo a la época, pero sí creemos que bien podría figurar, y sin rubor, en alguna página olvidada del teatro romántico. más lo admiramos, cuanto que tomamos en consideración el ser Paniagua miembro de una No piense otra me quitó la razón de su derecho, por dentro mi pecho está mi celda solita mi alma, mi bien, mi vidita: no haya sentimiento tanto que en mí no ha de hallar quebranto ni mudanzas en mi amor, pues hoy me contemplo soy de su cielo dulce encanto Así continúa el arrebatado poema, hasta concluir con el gracioso cuarteto: Adiós mi hermoso lucero, adiós mi hermoso clavel, adiós palomita triste. Cuándo te volveré a ver?
ciudad del brazo de Paniagua. En los bailes, están juntos y aún estando Sarret presente se ha puesto Paniagua a bailar con ella diciendo versos denigrantes contra mi persona, y aún en la calle cuando nos topamos me anda insultando.
La acusación de Sarret continúa en los peores términos contra Paniagua: infame, anarquista, etc. Sin embargo, nada ganó el marido ofendido. Presentó testigos, entre ellos a Toribio Ramírez, Pedro Zúñiga, Mariano Zúñiga y Juana Rojas; mas a la hora de las verdades y citados a declarar no dijeron ni tus ni mus, alegando no saber nada. Insistió Sarret y por medio del Lic. Nicolás Buitrago solicitó de nuevo justicia, ya que la Juana Ramona no sólo le otorgaba sus favores a Paniagua, sino que le había entregado los bienes de Sarret.
Nuevas pruebas y testigos buscó Sarret en contra de su cónyuge, embarazada de Paniagua; quejóse de ofensas y burlas del pícaro poeta, que no le dejaba en paz ni para ir a comprar aceite cuando se me ofrece de noche, y cuando he llegado a salir por precisa lo he visto en la puerta de la casa de mi mujer. En vano todo. Se las traía Paniagua como intrigante y sabía salir bien librado de sus lances. Volvieron los jueces a fallar contra Sarret y a éste no quedóle más consuelo que decir en su alegato algo que, con respeto a su memoria, no sabemos si nos mueve a risa o a conmiseración. en fin digo: que un corazón herido no reparte flores, por lo que ante vos suplico os sirvais poner remedio a semejantes agravios que se me hacen.
No fue vida tan agitada como la de Paniagua, obstáculo para figurar en puestos de campanillas en diversas ocasiones. Sin embargo, su temperamento alocado, su irresponsabilidad y su indole enamoradiza, le hicieron salir no siempre bien librado. En 1823 el Ayuntamiento de Heredia no quiso reponerlo en su puesto de secretario de Cabildo, por incumplimiento de sus deberes; acordo dejar en su lugar a don Antonio Reyes pues conoce la perpetua quietud de que gozará (el Ayuntamiento. Sin embargo, en julio de 1823 el Supremo Gobierno (i como quien dice nada. nombró a Paniagua miembro de un Tribunal creado por el Congreso, en compañía de don Cayetano de la Cerda, don Joaquín Mora y don Nicolás Espinoza. Imaginemos a semejante pieza de Judas como dirían nuestras abuelas, metido entre tan serios y pundonorosos varones.
Mucha habría que decir de la vida de Paniagua.
Carlos Meléndez me decía, hablando sobre el tema, que material existe como para un libro de esos de rompe y rasga. Quizá la pluma del propio Meléndez, herediano por los cuatro costados, se decidiese a dárnoslo. Por ahora, sólo hemos querido hacer una semblanza y una presentación por así decirlo, de figura prácticamente desconocida de nuestras letras, pionero de la poesia, que no tuvo la suerte de imprimir su obra.
Murió en Heredia en 1841, pues su testamento fue otorgado el de junio de ese año. juzgar por ciertos pasajes de la obra, se ve que doña Petronila, pese a su testimonio acusatorio, quedaría hecha una Magdalena, toda suspiros por Paniagua; éste no se queja de indiferencia, sino más bien de separación forzada.
este don Gordiano. La experiencia, con intervención de eclesiásticos y todo, no le curó de su descocamiento. Impúsose la galanteria y adelante con los enredos.
y De éstos, y por falta de espacio, citaremos sólo uno más que tiene bastante de trágico pero no menos de cómico. Ay, En 1830 (ya sería Paniagua cuarentón avanzado) el herediano José María Sarret (Zarret, en los documentos)
planteó una acusación y entabló un juicio contra Gordiano Paniagua y Juana Ramona Zúñiga, mujer de Sarret por ofensas y adulterio. Según palabras textuales del acusador tenía ya cinco años de separado de su mujer por los hechos escandalosos y criminales de adulterio que el anarquista infame Gordiano Paniagua tiene con mi esposa Juana Ramona Zúñiga. y ha tenido el atrevimiento el dicho Paniagua de haberle pegado (a Sarret) de pescozones y patadas, y es público que la mujer camina a todos los saraos y diversiones de esta una Nota: Documentos del Archivo Nacional, Histórica Municipal, San José, 1823; Heredia, Exp. 135; Sección Juridica, 1830, N: 242, años 1830 a 35. Otros papeles y documentos del autor.
says Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

    Monseñor Victor Manuel Sanabria
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