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LA REPUBLICA, jueves de enero de 1976 Sobre el don y la despersonalización es th una es no En días pasados, Alberto Cañas, buena, una breve reflexión, no solo que para ocurrencias no tiene que sobre la parte puramente pedir permiso a nadie, se puso a gramatical del asunto, sino sobre reflexionar sobre la gravedad de la el contenido trascendental que pérdida del don antepuesto a encierra.
los nombres de las personas; la Parece mentira que dos palabras consecuencia fue tan cortas como don y señor, concurrencia de opiniones cuya puedan encerrar tanto. profundidad y circunspección más precisamente eso, lo que han las tuvieran teólogos perdido. Pero nada fuera si se bizantinos. Don Eliécer Venegas tratase tan solo de las palabras. Lo culminó el asunto, que había tremendo es que la supresión de empezado César Valverde, metido aquella forma de tratamiento, hoy en cosas de latines, dóminus y casi reservada a viejitos que demás apelativos (que este fraile algunos consideran antiguallas bien conoce por asuntos del mester (roquitos, en pachuco local. de clerecía de años idos. y que me comprende la eliminación del ser hicieron añorar mis tiempos de humano como este ser humano, sacristía y liturgia de Antoñana. para convertirlo en parte, casi en Establecidos pues, y muy bien, por una molécula de una sociedad que el señor Venegas los intringulis del cada dia se hace más masa. don y el señor que hicieron a Beto donde se diluyen los valores Cañas meternos en este asunto, individuales en forma pavorosa.
vamos a decir, por qué nos parece Comencemos por reflexionar en Ricardo Blanco Segura por sus OLE on Mercadotecnia de drogas lo que es cada uno de nosotros ante el Estado, la Sociedad, la misma familia: una cédula de portación obligatoria.
Un documento sin el cual imposible el cobro de un cheque, la validez de un documento, el voto, la entrada a una película prohibida para menores y menos entendida por mayores. nadie le importa quien soy yo: para el tipo de la ventanilla, para el abogado, para el empleado público soy eso: un pedazo de cartón forrado en material plástico, con unas firmas que nadie entiende. Nada más.
Esa es mi carta de presentación, enfermo, sano, loco o cuerdo. Soy una cédula.
Sinembargo, la cédula la acepto; no deja de ser graciosa, pequeña, medio coquetona con su ropaje transparente, como si revelase la desnudez del pobre sujeto a quien representa. Lo triste es cuando uno se da cuenta de que ha dejado de ser uno, con su propio apelativo, por feo o anticuado que éste sea (hoy es moda ser Rodney, Stanley, Willy, Jacqueline y Marlene. para convertirse ni más ni menos que en un apellido. Yo, al menos, hace mucho tiempo que dejé de ser Ricardo Blanco Segura, para convertirme simplemente en Blanco Segura, Ricardo. Mis apellidos que todos mis hermanos, tíos, primos y no sé cuántos parientes más llevan y que son herencia de mis padres, han pasado a ocupar la modesta individualidad del pobre Ricardo, que ha quedado así, diluido en su inmensidad. lo peor es todavía saber que eso se traduce en cartones llenos de huecos, en que cada agujero representa mi nombre, mis datos, mis trapos sucios y mis trapos limpios. Me da escalofrío saber a lo que me ha reducido esta fría sociedad planificada; un cartón lleno de huecos.
La ciudad, con su crecimiento, se ha ido tragando más y más al hombre individual; lo ha despersonalizado y lo ha diluido.
En el terreno de nuestros hombres públicos, pocos quedan ya para ilamar don Fulano o don Zutano. Aquellos dones de otros tiempos, ante cuyo nombre todo mundo estaba de acuerdo, porque todos sabían quiénes eran. Hoy vi a don Fulano. así, sin apellidos. Todos sabían quién era. Ayer hablé con don Mengano. todos igualmente sabían quién era don Mengano. así como en esos casos, hasta el tonto o la loca del barrio eran reconocidos. Tanto es así, que las ciudades no volvieron a producir aquellos ejemplares humanos, que más eran producto de la atención de todo un barrio que de sí mismos: La Glecha de Po, Maria Aguacates, Hernán Jorobas. Seres individuales, que no tuvieron el don pero a quienes tácitamente se les concedia con sólo individualizarlos.
En un terreno y esto es fundamental) en que es notoria la falla del don y la preponderencia de la despersonalización, es en el docente. Yo recuerdo ly de esto no hace tantos años) cómo mis profesores fueron para mí don Paco. don Ramiro. don Teodoro. don Joaquín. Los muchachos de ahora, en un noventa por ciento sólo usan uno: profesor. En clase, la pregunta es siempre: Profesie que vamos a ver hoy. No ven la diferencia de edades, de simpatia, de conocimientos, de trato humano en el educador; este es una masa repetidora de conocimientos prefabricados, impresos en libros o dictados como por obra de loros en un cuaderno. Por eso uno para ellos es eso: profesor. al fin y al cabo, una parte más, puramente mecánica, del engranaje que ellos memorizan para trasladar a una hoja en los dias de evaluación (huy, qué palabreja. sacar un número y determinar si pasan o no pasan. Hasta tal punto llega eso, que hay alumnos que nunca supieron el nombre de sus profesores; con el apelativo del título, les bastó y sobró, porque en su concepto no era don Fulano o don Zutano, sino algo muy diferente. ese es el motivo por el cual, a través de mis años de educador, nunca he llamado a mis alumnos apellidos: Blanco. Zúñiga. Brenes. Castro. son simples denominaciones para una lista alfabética. El alumno tiene una individualidad muy suya; y pocas cosas hay que le agraden más que la confianza de sus profesores, mantenida dentro del mayor respeto, al pronunciar su nombre, asi, como en su casa, como en el seno de su familia, que le produce un acercamiento a sus maestros y humaniza plenamente una labor que no sólo es para enseñar ciencias y letras, sino la forma de vivir en confraternidad y entendimiento humanos. Quizá sea por eso que, a cambio, me he ganado el apelativo con que me conoce todo el Liceo Napoleón Quesada, aunque sea en medio inglés a la manera de los alumnos: don Richard. Pero lo prefiero al simple profesor masificado que tanta distancia pone entre unos y otros. Asi seguiremos, en este mundo cada dia más loco. Del cartón con huecos y la cédula, pasaremos a la ficha (bueno ésta ya la tenemos en muchos aspectos. de alli, seremos un botón que se apretará para que actúe como un robot. Del botón, pasaremos a un sonido, y del sonido la nada. Aunque pensándolo bien, ya somos nada.
a Toros a la tica Lic. Ricardo Esquivel Baldares La propaganda educativo preventiva en el área de los problemas generados por el uso y abuso de las dorgas psicoativas, que se observa en algunos países de América Latina, podría estar condicionando la opinión pública e influyendo la mentalidad de diversos profesionales del área de la salud (biopsicosocial. para que se acepte una nueva concepción de la llamada prevención primaria, la que, con su conjunto de acciones, ha venido buscando, fundamentalmente evitar el riesgo de enfermar pero que ya hoy, algunos profesionales y lideres tienden a dirigirla en el sentido de que sus recursos, a la par de trasladar información específica del área de problema, se canalicen fundamentalmente, en el sentido de enseñar a la gente a que aprenda a relacionarse bien con las drogas. o educar a la gente para que consuma drogas pero sin abusar de ellas o para que la gente aunque consuma habitualmente las drogas sea capaz de decidir no abusar de ellas. Es decir, que se está próximo a que la prevención primaria descuide sus acciones de capacitar a la gente para que sea capaz de no recurrir a la droga o capacitarla para que deje de usarla si ya la consume que sería lo racional. y más bien. dando un vuelco en redondo, se pretende ahora que esa prevención más bien haga énfasis en enseñar a la gente a consumir drogas, sin abusar de ellas o peor, decidiendo no abusar (como si las personas que buscan la droga no tuvieran ya alteraciones emocionales e intelectivas que restringen la capacidad de toma de decisiones racionales. Opino que desde el campo de la higiene mental y del de la salud y promoción de la salud mental, estas nuevas ideas, sin duda audaces, deberían ser objeto de inmediato y público debate, como un recurso democrático de propiciar el diálogo crítico. constructivo para que al final se favorezca el que pueda prevalecer lo que la mayoría considere lo más racional.
Desde una postura filosófica diría que ni en la pretendida espontaneidad. de sus gustos, ni en el irreflexivo abandono a sus apetencias puede el hombre asegurarse para si, ni para otros, felicidad ni salud, propiamente dichas. si se usa el poder de influencia que tienen los profesionales de la salud, el asesoramiento informativo, para prescribir receta tan carente de juicio de valor y divorciada de la posibilidad de desarrollo y plenitud humana como esa que ahora se propone, de enseñar a la gente a usar drogas sin más énfasis de preocupación práctica que el que no se abuse de ellas. se estaría, con ello, tomando el atajo de una alienación existencialista.
No conozco que en Costa Rica se haya producido investigación científica alguna sobre expectativas profesionales respecto a ese nuevo giro que se va perfilando en algunos países y que, en vez de evitar el riesgo de enfermar. establece más bien, el inmenso riesgo de hacer la enfermedad por drogadicción, pues se trata de drogas psicoactivas que debilitan o extinguen, en el usuario, su capacidad de control una vez rota la absorción del tóxico en el torrente sanguíneo, al alterar el fisiologismo cerebral, al activar predisposiciones congénitas, al progresar el fenómeno de la tolerancia al tóxico, etc. y que, desde el punto de vista de la tecnología de la conducta, por sí mismas, esas drogas psicoactivas. al usarlas actúan en cada momento como reforzadores de toda conducta que hizo posible la obtención y aplicación de la droga.
Desde el campo de la salud mental pienso que la educación es, fundamentalmente, una herramienta para ayudar a la gente a hacer una óptima utilización de su cerebro, aquí y ahora, para forjar un estilo de vida más humano y, por ello, más digno, que no, un instrumento como algunos pretenden, ahora, que se ponga al servicio de lo instintivo afectivo y enseñe. a más gente, a desarrollar experiencia con drogas psicoactivas que, en los más de los casos, conducirá irreversiblemente a las dependencias psicológica y fisica y al deterioro franco de la salud integral, a la inutilidad y a la muerte.
Sería poner la prevención primaria al servicio de la fabulosa mercadotecnia de las drogas y su genial y tecnificada publicidad.
en a Creo que no pecamos de inmaduros y atrasados con el hecho de escribir estas líneas, en las cuales nos referiremos, a la costumbre tan generalizada, en este pueblo acogedor y bello que se nombra Costa Rica, en los finales del año. sean las Fiestas Populares, que este año estuvieron bien toreadas Desde hace tiempos, desde que asentamos nuestra planta en estos lares, nos hemos venido dando cuenta de las fiestas toreadas y en cada año, nos hacíamos el propósito de escribir algo sobre esta bella o fea costumbre.
Hacemos la advertencia, de que es una opinión muy personal, y que nuestros asertos son el fruto de nuestra visión de conjunto en tales días del año que se va.
Bien está, la Avenida cerrada, pero cerrada de verdad, con hermosos adornos en el centro de la calle, que alguien tuvo la ocurrencia de bautizar con el nombre de ciertos lugares donde se excretan líquidos olorosos.
Bien están las bombetas que rasgando las nubes grises dejaron caer una llovizna saludable para los paseantes; bien están los carros aglomerados, producto del famoso cierre de la Avenida Central. pero a las famosas fiestas toreadas a la tica, no nos queremos ni nos podemos acostumbrar, ya sea porque somos pasados de moda, porque peinamos o no peinamos canas de viejitos. en fin. por algo será.
Cuando vemos los redondeles los bolitos toreando aunque sea un buey o una vaca, se nos viene el grito de protesta a la garganta. Golpeados, heridos, muertos. que viva la Pepa! la fiesta está torada. Pero, por Dios, mis estimados señores, no se podrán organizar verdaderas corridas, aunque sean dos. con verdaderos toros de raza, y dejar esa diversión que envilece y daña; que molesta hasta a los ojos del más salvaje de los hombres. No señor, se me dirá, esto es parte de nuestro pueblo, de nuestra alegría, de nuestro folclor; no y mil veces no, no podemos estar de acuerdo con semejante diversión!
Está muy vistoso, este año esfuvo magnifico el carnaval, en donde la gracia de las mujeres ticas afloró por todos los costados.
Estuvo muy hermoso el tope, en donde el donaire de los caballistas hizo la delicia de los espectadores; Manuel Alonso Rodríguez pero la fiesta brava. la fiesta toreada de varios heridos hospitalizados, y más de un muerto, no puede seguir. Que se piense bien, que se medite bien.
que se sustituya por otra diversión más acorde con la cultura tica. señores, que el año entrante, no esté tan toreada la fiesta; ni tan toreado un hogar donde tres niños huérfanos lloran la ausencia de un joven padre de familia.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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