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LA REPUBLICA, Jueves de abril de 1976 Cortázar: Un argentino que nació por casualidad en Bruselas María Fortunata Prieto Barral 11 El presente artículo sobre Cortázar y su Libro de Manuel. lo publicó la escritora española residente en París, con ocasión de haberse designado al escritor, hoy en Costa Rica, Premio Médicis al mejor libro extranjero editado en Francia.
El propio Cortázar ha expresado dudas respecto al resultado, temiendo que sea un producto híbrido, algo asi como haber maridado Joyce y Mao, el gato y el ratón. El empleo de distintas tipografias, la inserción de recortes de prensa, la confección y paginación del libro indican la deliberada voluntad de una fórmula compuesta con ingredientes de integración nada fácil. Sin embargo, no ha habido equívoco respecto a la calidad literaria; salvo excepciones que más abajo indicaré, el eco producido en el momento de la publicación septiembre pasado, si mal no recuerdo resonó más por la originalidad narrativa del autor que por su tema seudopolítico. De ces entresaco estos juicios crí Un argentino como hay tantos, que no saben ya por que viven en París. desgarrado entre su placer individual de encerrarse en la cultura y la llamada de una conciencia colectiva que le impulsa a la acción. Esta filiación de András, el narrador en el Libro de Manuel podría Julio Cortázar aplicársela a sí mismo, aunque quizás habría que completarla añadiendo que las razones por las que hoy sigue residiendo aquí son muy diferentes de las que le impulsaron a venir en 1951. Este argentino, nacido por casualidad en Bruselas el día que ocuparon aquella capital los alemanes, en 1941, nutrido de cultura francesa, lector infatigable de literatura europea, traductor excepcional de Poe, confiesa que ahora, después de tantos años, está convencido de que lo que le impulsó irresistiblemente hacia París fue un ingenuo amor por el siglo XIX francés, una apetencia cultural y literaria que hoy parecería ridícula y que en aquel entonces tuvo fuerza para desarraigar a muchos intelectuales de aquella generación que cometió el error de vivir dando la espalda a la Argentina y desdeñando los autores nacionales para interesarse sólo por los escritores franceses, ingleses, alemanes e italianos.
El hombre que hace pública toma de posición respecto a Chile, que tiene plena conciencia de la situación en su pais, que escribe este libro para sus compatriotas particularmente, y que proclama su esperanza de una nueva humanidad en un mundo sin explotación, no parece el mismo que, al llegar a París hace veinticuatro años, lo primero que hizo fue buscar en la lle Saint Louis el recuerdo de Baudelaire y de Teophile Gautier. no era romanticismo trasnochado de adolescencia: Cortázar tenía ya treinta y seis años y el turbión de la guerra había sacudido los frutos pasados de la melancolía.
y de su declarada posición en favor de Chile y de la causa latinoamericana en general. pesar del poder movilizador que tiene en París todo lo que toca a la noción libertad, democracia y revolución, aunque se sacrifica muchas veces la objetividad a la solidaridad, paréceme que las reacciones han sido más matizadas que de costumbre, sin esa exaltación ditirámbica que suele predominar en cuanto se trata de la gauche intellectuelle.
Se reconoce el gran talento del autor, no se regatean análisis constructivos de su estilo, de su personalidad, del libro en cuestión, pero el hecho de que tenga un fondo político no parece haber sido aliciente especialmente positivo. Antes al cor rio, me han sor.
prendido algunas opiniones severas, como la del comentarista del diario Le Monde. Alain Bosquet, que dice: Cortázar tiene un inmenso talento: es dudoso que pueda profundizarlo por medio de esas fórmulas notorias pero efímeras. Uno se encuentra molesto ante tanto esfuerzo como denota en este escritor original una desconfianza cada vez mayor hacia la escritura. la vanguardia a la francesa no le prueba bien a todo el mundo. otro crítico decreta que la valentía para edificar una obra parece haberle abandonado a Cortázar. Por qué el admirable autor de. cae en esa trampa del más bajo realismo. He leído, incluso, este epitafio. Tengo el sentimiento de considerar el libro como la esquela de defunción de un autor que prometía mucho. Excepciones que cito por lo significativas: en general, la reacción es muy elogiosa.
El exilio. sobre todo cuando es voluntario, actúa como revelador implacable que pone en evidencia facetas aún difusas del escritor, del artista, de todo individuo que se siente responsable de la repercusión de sus opiniones. Es en París donde Cortázar se ha hecho verdaderamente argentino, es viviendo aquí como está seguro de que su corazón está allí, en América del Sur con los que combaten. No cabe duda de que siente y obra más ahora para la Argentina y para la causa de la libertad. Y, dado su prestigio de buen escritor y su audiencia en Latinoamérica, el gesto más simbólico que sustancial de donar al Comité por la Liberación de Chile la cuantia del premio Médicis 500 francos) aspira a una resonancia psicológica que trascienda y se amplifique. No he querido con esto cumplir un acto lirico. No ha sido más que el eslabón de una cadena.
declaró Cortázar en la sesión de entrega del premio, y es bien sabida su cooperación decisiva en la publicación del Libro negro de Chile, editado por Gallimard a finales de 1974, gracias a la colaboración anónima y colectiva de un equipo formado por varios suramericanos y dos franceses comprometidos en los movimientos revolucionados de aquellos países: Alain Touraine y Regis Debray (éste ultimo ha participado en acciones que le costaron varios años de cárcel en Bolivia. No se habrá producido error de interpretación en algunos casos? Puede ser que la utilización de recortes de prensa no sea una novedad. procedimiento tan nuevo hoy como los collages después de Picasso. ha dicho alguien con ironía. pero lo que importa es, naturalmente, su selección, su intencionalidad, de indiscutible alcance. Es posible también que la especie de embriaguez lúdica de Cortázar, entreverada de erotismo y aplicada a fines soi disant democráticos, choque al elegante razonamiento lógico de ciertas mentes. Por otra parte, a pesar del notable mérito de la traductora del libro Madame Guille Bataillon, que ha trabajado en intima colaboración con el autor, el libro queda un tanto desfigurado al pasar a la lengua francesa, y fatalmente la gracia vernacula de un lenguaje originalísimo adquiere visos muy diferentes. Cortázar vive y piensa y escribe sintiendo muy en argentino, pero a la francesa, diría yo, y mucho más como escritor que como militante, a pesar de todo. El mismo ha puntualizado que El libro de Manuel no es un empeño politico ni filosófico, sino atisbos imaginados de lo que desearía que fuese el hombre del futuro, y que su literatura es sobre todo una tentativa de liberalización de su lengua que ha fluctuado entre la herencia cultural francesa y la riqueza española. Uno pertenece más a la lengua que al país, no se sabe hasta qué punto las palabras piensan por nosotros. ha dicho en una entrevista reciente y liberar el lenguaje es un problema inmenso.
Julio Cortázar a su llegada ayer al Santamaría. Castillo)
El libro de Manuel tiene, qué duda cabe, un mayor fondo político concreto que las anteriores narraciones de Cortázar, donde sus preocupaciones ideológicas aparecían con una distanciación casi metafisica. Lo fantástico se mezclaba a lo terrorífico, lo real y lo irreal fusionaban sin fronteras discernibles, la noción del tiempo quedaba abolida y el estilo personalísimo hacía posible una dificil antinomia: un lenguaje elegante, claro y ágil servía a las situaciones más oscuramente inextricables, una fantasia lírica nos llevaba a extremos de ciencia ficción. Pero, de todas maneras, aunque se trata aquí de un acto revolucionario concreto, cometido por unos personajes reales realisticamente tratados, quiero decir y que podrían muy bien corresponder a tipos de verdad es ante todo una novela y escrita de una manera que fascina por su clima más que convence por la aparente intención. Es testimonio cruel de un mundo dominado por la violencia y la injusticia, es también apunte irónico de un cierto París donde abundan los exiliados extranjeros que rumian reivindicaciones nunca satisfechas, o degustan la amargura inconfesada del escepticismo, y no deja asimismo de contener una confianza más o menos utópica en la esperanza de ese hombre nuevo que puede llegar a ser Manuel, el niño a quien va dirigido el insólito manual de noticias de actualidad.
ticos que sitúan la figura de Cortázar en este París de todas la opiniones, de todas las libertades de todos los snobismos también: Por su gran fantasía y lucidez, Cortázar se inscribe junto a los más fieles discípulos de Dada y del Surrealismo adolescente. Maestro de un estilo oral escrito con rara juventud y vitalidad, por su humor feroz y su permanente borrachera poética, por su fantasía extralúcida, llega a la altura de los grandes escritores internacionales que nos pertenecen a todos: Joyce, Malcom, Lowry, Faulkner. Se subrayó también que Cortázar era un adelantado del gran boom latinoamericano, por su madurez y por un sentido inigualable de lo que se podría llamar, no sin lirismo, la pulsación vital. cualidades que ya habían quedado bien patentes con los éxitos que fueron Todos los fuegos son fuego, 62 Capítulo para amar y, por supuesto, Rayuela, ese hermoso libro del que algunos críticos dijeron con entusiasmo que era el más importante de la lengua española entre las generaciones contemporáneas. Sólo en contados casos se aludić a los matices políticos y sin mucha insistencia: Manuel es un libro digno de Rayuela, cuya seducción no le impide ser también un libro de combate.
Con la atribución del premio Médicis, a finales de noviembre pasado, ha vuelto a estar Cortázar en candelero y de nuevo se ha hablado de sus valores literarios Nada más cierto. Cuando tropezamos con expresiones intraducibles es que hay fenómenos de otra indole; las mentalidades, las costumbres, la tradición se reflejan en la lengua y lo que aquí tiene un matiz mundano o frívolo, allá significa drama, oprobio. Un buen ejemplo es el término cocu. marido engañado que en Francia puede escribirse en las páginas más serias de prensa o literatura, que cualquier dama bien educada pronuncia sin sonrojo, que designa al personaje infeliz, amable, casi simpático, de muchas obras teatrales o literarias, porque un cocu francés no es excepción trágica y vergonzante que conduzca a desenlaces irreversibles. En español, en España, y supongo que en la mayoría de los países latinoamericanos, ciertos pasajes del Libro de Manuel son puramente obscenos, mientras que en francés forman parte de un erotismo al uso que no solivianta a nadie.
Cortázar no oculta que ha tocado deliberadamente ciertos temas que serían tabú en castellano tradicional, por ejemplo, una de las escenas del final que tiene semejanza con la película El último tango en París (pura coincidencia) y el discurso que hace sobre la masturbación uno de los personajes, con ligereza divertida, no es otra cosa que un ataque al machismo.
Libro dificile irritante, aunque apasionante, este manual para Manuel en el que Cortázar se confiesa y se absuelve sin demasiada convicción. Ser ciudadano de Paris por elección, vivir confortablemente en el barrio de Saint Germain, pertencer a la izquierda intelectual.
droga poco nociva pero tremendamente tenaz de la que nadie puede llegar a desintoxicarse.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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