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Página EL INDUSTRIAL Domingo 22 de agosto Editorial Sin empresas no hay sindicatos Más grave, quizá, que la inflación económica es la inflación verbal.
El mundo padece de la inflación de las palabras, que es sólo hinchazón, artificio, engaño. En ellas no hay meollo ni contenido.
En los foros internacionales, en los discursos políticos, en los manifiestos, esta enfermedad se pone al descubierto. Las palabras más sonoras y los párrafos más alambicados pretenden soslayar una dolorosa realidad: la falta de ideas, de contenido, de verdad.
De aquí, que, cuando alguien enuncia ciertos principios o verdades en forma simple, nitida, las víctimas de la enfermedad de la hinchazón verbal se asustan y despotrican, mas los que todavía creemos que la sencillez del lenguaje y en la claridad de las ideas nos entusiasmamos y recobramos nuestra confianza en el sentido común.
Una de estas verdades llanas, directas, sin adornos ni cosméticos, al grano, fue proclamada por el Ministro de la Presidencia, Dr. Carlos Manuel Castillo, en el reciente congreso sindical de la CGTD.
cuerno de la abundancia, un tesoro inagotable, de los que pueden los políticos y los demagogos extraer sus recursos hasta el infinito.
Las empresas son una realidad concreta, visible, permanente, necesaria, sin la cual se derrumba el edificio económico del país, y, por lo tanto, el bienestar de los trabajadores.
Sin ellas, como bien dice el Ministro de la Presidencia, no habría sindicatos. Por lo tanto, estos no son la empresa ni pueden exprimirla cuando les viene en gana. El sindicato es un instrumento de lucha en beneficio de los trabjadores, siempre que se cumplan las normas legales establecidas, se tenga en cuenta la realidad económica de la empresa y del país y se observan principios perennes de solidaridad social.
En los países comunistas no hay sindicatos. no hay sindicatos porque, en primer lugar, no existe la empresa privada, y, en segundo lugar, son inaceptables para el régimen totalitario. De aquí la estafa intelectual de aquellos dirigentes que, siendo comunistas, se presentan como adalides del sindicalismo.
En esa oportunidad, se vieron frente a frente dos estilos. Uno, ampuloso, vacío, repleto de frases hueras. Otro, directo, sencillo, diáfano.
Dijo el Ministro de la Presidencia en esta oportunidad una verdad que muchos de nuestros dirigentes políticos y buena parte de los dirigentes sindicales han olvidado: Sin la empresa no hay sindicatos.
El sindicalismo y el comunismo son dos polos opuestos, dos realidades contradictorias. Uno niega al otro. La democracia, la libertad, la empresa privada y el sindicalismo son, por el contrario, factores complementarios en nuestra sociedad. La libertad vivifica la democracia.
La democracia le prepara el escenario a la empresa privada. la empresa enriquece el sindicalismo auténtico.
Sin empresa no hay sindicatos. Sin democracia no hay empresas. Sin libertad no hay democracia.
Así como se oye y así como se lee. Una verdad monda y lironda, desnuda, hija del sentido común y y de la experiencia, pero, precisamente por tener a tales padres, completamente arrinconada. no sólo echada al olvido, sino que quien la protiere se expone, ante los ojos de algunos demagogos y espíritus superficiales, al mote artero, al insulto bajuno, al calificativo inmediato, en los que algunos encasillan a los demás, cuando estos exponen ideas o argumentos diferentes a los suyos, por cuanto este tipo de respuesta los inhibe de pensar. Sin empresas no hay sindicatos.
Las em presas no son un ente abstracto, un fantasma, un duendecillo, algo con lo que se puede jugar día noche, según pretenden algunos. Tampoco son el Verdades viejas, pero fecundas: poco repetidas, pero perennes, cuyo quebranto se paga siempre muy caro.
No sólo la filosofia necesita renovarse y abrevar en los primeros principios. También las sociedades, los pueblos, los gobiernos, la politica, debe, de vez en cuando, volver los ojos a las fuentes originarias, a los primeros principios, a las ideas claras y distintas, a las verdades universales. Una de ellas: sin la empresa no hay sindicalismo.
Ojalá los politicos y los gobernantes repitan a diario estas verdades y los dirigentes sindicales mediten en ellas.
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