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CA, martes de setiembre de 1970CONSUMATUM EST Nuestra tarea de muchos años al servicio de los hospitales de la Junta de Protección Social de San José ha terminado.
teresado y apolítico. Han descargado su furia contra un sistema hondamente arraigado en el alma de los costarricenses.
Le han puesto fin la incomprensión de algunos, el ansia de poder y la saña de otros.
Sinceramente habríamos querido que quienes nos han adversado y han forzado nuestra destitución no se hubieran dejado llevar de las pasiones. Porque la satisfacción temporal que ese efímero y aparente triunfo les pueda proporcionar ahora, bien podrá trocarse en el futuro en un sentimiento de angustia y de arrepentimiento al contemplar las nocivas consecuencias de sus actos de hoy, y cuando la conciencia nacional se los reclame.
Personalmente ningún mal se nos ha hecho. La des.
titución en nada afecta nuestros intereses morales ni nuestra dignidad. Por el contrario, estamos seguros de que nos rodea en estos momentos la simpatia de nuestros conciudadanos. en cuanto a intereses materiales se refiere, todo el mundo sabe que los puestos en la Junta son ad honórem y exigen el sacrificio de mucho tiempo y mucho esfuerzo.
El daño está consumado y quienes lo sufrirán más hondamente serán las clases desheredadas de la nación, pues ya no habrá más medicina de caridad alentada por la mística y la abnegación legendarias en el Hospital San Juan de Dios y en los hospitales anexos.
Nos vamos de nuestros puestos sin rencores, sin amarguras. Tal vez más bien, pensando con egoismo, podríamos agradecer nuestra destitución a quienes la han gestionado y a quienes la han decretado. Porque ella pone fin, mediante un desplante de arbitrariedad, de prepotencia y de injusticia, a muchos años de servicios en beneficio de todos los costarricenses, sin distinción de clases sociales o de credos politicos. la destitución en tales condiciones constituye una honra inapreciable.
Cuando empezamos a servir a la Junta nos inspiraban los ejemplos de seres queridos y respetados que, antes de nosotros o a nuestro lado, daban lo mejor de sus vidas, noble y gratuitamente, para servir a Costa Rica. Hicimos nuestra su vocación de caridad cristiana y no la hemos mancillado. No hemos buscado paga ni recompensa y no hemos tenido otra meta que la que tuvieron nuestros antecesores en la Junta: hacer el bien, servir desinteresadamente a nuestros semejantes.
Alentados por tal espíritu, nada pretendemos, ni aun pago en moneda de gratitud.
No, el mal no es para nosotros. Nuestras personas no cuentan en este caso. El mal se le ha hecho al país, porque la Junta de Protección Social de San José ha constituido uno de los últimos y tal vez el más tradicional de los casos de servicio desinteresado a la comunidad, sin paga, sin lucro, sin beneficio alguno para sus integrantes y era un ejemplo mantenido a través de muchas generaciones y de singular importancia en estos tiempos.
Nada esperábamos antes y nada esperamos ahora. Si esperáramos siquiera gratitud, ya nuestros empeños dejarían de ser meritorios ante nuestras propias conciencias.
La Junta siempre actuó por encima de todo interés personalista o partidista y por eso logró el decidido y constante apoyo de grandes apóstoles de la Medicina tales como los Drs. Carlos Durán, Prestinary Soto, Pupo, Facio, Cordero Quirós, Moreno Cañas, Hernández, Chacón Paut, Valverde Vega, Pinto, Echandi y tantos y tantos otros y del pasado y del presente. El trabajo que todos esos abnegados servidores de la Junta realizaron en las salas de nuestros hospitales, secundando la gestión administrativa de las distintas directivas, es lo que ha llevado a la profesión médica y a los servicios asistenciales de Costa Rica al puesto de avanzada en que hoy se encuentran.
Pero debemos expresar con toda claridad que hemos defendido nuestras actuaciones frente a cargos calumniosos falaces porque consideramos que los costarricenses deben oir a las dos partes en este asunto y saber toda la verdad de lo ocurrido en el proceso de la liquidación de la Junta de Protección Social de San José. Si no se hubiera recurrido a la mentira y a la calumnia, sin decir una palabra, pero siempre con la frente en alto, habriamos tomado serenamente el camino de nuestras casas.
Ahora, todo ha terminado y sólo nos resta decir, parafraseando la máxima expresión de caridad de nuestra fe cristiana: Señor, perdónalos si no saben el mal que han hecho a Costa Rica; pero si lo saben y lo comprenden, perdónalos también.
Pero ahora extrañas tendencias han logrado arrancar de cuajo aquella tradición de servicio público desinALFREDO ECHANDI JIMENEZ FERNANDO FOURNIER ACUNA FERNANDO VALVERDE VEGA JORGE VEGA RODRIGUEZ RICARDO ECHANDI ZURCHER RODRIGO ODIO GONZALEZ ALFRET. BORBON CASTRO GONZALO CALDERON ECHEVERRI FERNANDO FELIPE TERAN ALVARADO RODOLFO ZUNIGA QUIJANO 0!
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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