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LA REPUBLICA, lunes 31 de enero de 1977 11 Tertulia a Mario Jiménez Morales Era elegantísimo aquel té que ofrecía la señora Brown!
Todo lo había preparado meticulosamente, sacando a relucir lo mejor de su porcelana. Sobre un tapetito de lino bordado con diminutas margaritas celestes.
destacábase un ramillete de gloxineas al pie de cuyo terciopelo un chino de marfil guiaba una riksa de plata cincelada. Era todo tan armonioso en el saloncito, tapizado de damasco malva, con muebles Luis XV, de auténtica factura del siglo XX!
La anfitriona, una inglesa entrada ya en la edad en que las mujeres empiezan a pensar en serio, o mejor, a pensar a secas, era persona de mucho gusto, y disfrutaba con la charla de personas serias.
Esa tarde formaban su tertulia la Srita. Martínez, una solterona pasada de cuarenta años, muy intelectual, con grandes gafas de aros de carey, sobrísimos: vestía traje sastres gris, una corbata roja y zapatos planos muy femeninamente varoniles. Naturalmente, llevaba el pelo corto y al hombro un bulto de cuero negro, donde a falta de lápiz de labios y colorete, guardaba la última obra sobre psicología de las miradas indiscretas o algún estudio acerca de la virginidad forzada.
Seguían a la Srita. Martínez, las señoras de Cruz y Garcia; la primera, una respetable matrona de sesenta años. pelicana y arrogante, algo mofletuda, con los dedos relumbrones de diamantes en testimonio de las glorias pasadas cuando era esposa de un ex ministro: la segunda. esposa de un hombre de negocios, era una senora pequeñita, de unos treinta y cinco años.
Vivaracha. decidora, larga de lengua y corta de entendimiento, con un par de ojillos brillantes y escrutadores, siempre dispuesta a darle sentido figurado a las cosas.
Completaban el grupo el Sr. Schwartz, alemán de pelo blanco y cara arrugada, cuyo apellido, con tal de no ser inteligible le daba excelente tarjeta de recomendación como persona de buena sociedad; y por último el licenciado Pereira, abogado de prestigio, quien por tener un primo canónigo y haber sido diputado hacia veinte años figuraba a lo don fulano. Valga decir que era sujeto callado, limitado a mirar de reojo a las gentes; yo doy mis juicios por separado a los clientes, así vamos mejor. solia decir. En verdad, era un buen abogado.
Tiene razón intervino la Martínez yo me entere del asunto porque un hermano mio que trabaja en la oficina de un primo de Antequera se dio cuenta de todo; a la oficina llegaban con recaditos de Felicia, y con sólo saberlo. jut. Entonces esta vez fue el licenciado Pereira. en qué quedó el pleito. Ah. respondió doña Marta La Yiguirra se junto con Antequera porque yo no me trago que se hayan casado: como no hubo boda lo abandonó y se casó con Acosta. Esa quitamaridos. suspiró la señorita Martinez. Dios me lo perdone, y la lengua no me castigue porque no quiero hablar mal de nadie, pero es una vergüenza. Pobrecita, a esas gentes hay que tenerles lástima dijo doña Martaporque yo veo que una es mala y que a veces le vienen pensamientos. Somos humanos, dona, somos humanos.
interrumpió la señora Cruz con voz melosa.
Si continuó la otra pero francamente a mí nadie me ve en esas cosas y mucho menos comiéndome al prójimo: soy mujer de mi casa y vivo tan feliz. Un hogar como el de ustedes, dichosos, hasta que da envidia. Si. ya lo ve, aunque a Rosita mi hija le pasó lo que le pasó. yo doy gracias a Dios, y de estos labios jamás ha salido una ofensa o una protesta. Ay, pero qué distinto. dijo la señora Cruz hay que ver las circunstancias; el caso de Rosita se explica, se explica. y alargaba las últimas sílabas del se explica con solemnidad y compunción. Indiscutiblemente intervino la Martinez. porque el caso de Rosita no fue como el de la sinverguenza de Rita Casas. Ni me la nombre! ni me la nom bre; imachalá! exclamó dona Marta dando dos suaves golpecitos en el brazo de su sillón a esa mujer no quiero verla ni pintada. Ay, si, tan vulgarota; le pasó lo que le pasó. y después se metió a vivir con el Jiménez. Perdida, querida, per di da. con todas sus letras: no hace más que tener chiquillos. Ya ven. Rosita tuvo su chiquita. itan divina. corearon dos voces. Pues decia que tuvo su chiquita y no se volvió a decir nada; además, fué víctima de un canalla. Es como cuando mi hermana Lucía se casó civilmente dijo la señorita Martínez. nosotros somos católicos, catoliquísimos. Mamá no hay día que no rece el Trisagio y yo le tengo gran devoción a San Judas.
porque dicen que trae mucha suerte. pero. había que hacerlo. Pues claro, en esos casos.
Ricardo Blanco Segura. Ay Dios. dijo la interpelada con un gran suspiro. hay tanto que decir! La gente siempre dando qué hablar, porque ¡Dios me lo perdone. pero no hay más remedio; lo último que he sabdo es que Fulgencia Acosta se divorció del marido. Un perdido completo! Pobre Fulgencia, ya me lo decía yo.
000 000 Su té está. delicioso, misis Brown dijo la señorita Martínez, cogiendo con las puntas de los dedos un pastel de crema lástima que hoy en día esté casi probado que al efecto de las pastas sobre las dendritas del gran simpático sea sumamente nocivo, porque evidentemente eso deja sentir su influjo sobre los motores psíquicos del individuo dando lugar a la formación de complejos. Jesús, qué cultura la suya. intervino la señora Cruzsiempre he dicho que nada hay como una mujer que ha podido estudiar, como usted; porque una, así, apenas con lo del colegio.
El señor Schwartz abrió sus ojillos azules y salió al paso. Suficiente, señora: las mujeres hacen la vida, nosotros la estudiamos. Quédese usted con lo del colegio y no le pesará. Claro, que con eso no quiero decir que la ciencia de la señorita Martínez venga a menos. De acuerdo. terció el abogado recuerdo que una vez en cierto juicio. Uy. señor Pereira gruñó la señora García no siga.
que me dará un sincope; los juicios me ponen los pelos de punta. sabe. Me encantan los delitos; diariamente me leo la página roja y me encantan las novelas de Agatha Christie, pero no supongo que se haya de juzgar a los criminales así como así. pobrecitos. Dona Marta intervino la señorita Martinez necesita usted una psicoterapia; esa tendencia suya a absolver al criminal coincide con visos patológicos de psicastenia introvertida frustrada. si, hay algo en usted que a la luz de Jung.
El señor Schwartz volvió a abrir sus ojilos azules. Lastima, hablábamos de las mujeres estudiosas, tema tan refrescante, y hemos desembocado en criminología. Yo tuve la culpa contestó el abogado perdóneme. lo está respondió Schwartz sacando un cigarrillo. Pero coman. coman insitió la señora Brown distribuyendo pastelillos a sus visitantes. Descuide agradeció doña Marta ya daremos cuenta de todo a su debido tiempo; y usted, señora Cruz ¿qué nos cuenta de ese mundo, por ahí, por ahí. Bueno, lo peor del caso es que él no le dará sino una pensioncilla al mes: de manera que de ahora en adelante csos vestidos de Sans Souci. y los perfumes, y las pieles. yo no sé de donde va a cogerlos. Con razón no se la vió en el Unión el sábado pasado. tímidamente, con aire de conmiseración y caridad cristiana, la señora García insinuó aquella ausencia. Bueno, se hará de otros continuó la señora Cruz. a decir verdad, y no es por criticar y que la lengua no me castigue. pero es que ella no ha sido muy santa que digamos. Claro. su razón habrá tenido Acosta para dejarla. él. preguntó ávidamente la señorita Martinezno se casa otra vez. Ah no! respondió la señora Cruz si hace tiempo vivia con otra. Quien. la voz de doña Marta subió de tono. Perdónenme. La Yigitirra. Sus! lo que pense; con razón lo ví entrar tantas veces en esa casa. me lo decía el corazón.
Justo intervino la Martinez los hombres que visitan ciertas casas adquieren hábitos. Que usted jamás envidiaria. terció Schwartz con malicia. Caballero. nada más lejos de mí. Se ve, se ve. Pero si La Yigðirra estuvo antes casada civil con Pablo Antequera intervino doña Marta evitando un incidente. icQué. exclamó asombrada la señora Cruz. pero si ese hombre se había divorciado de Felicia López desde hacia un ano. Pues sí, pero como Felicia es hija natural y el asunto se vino a saber hasta después de la torta porque los López engañaron al cura, cuando la familia de Antequera descubrió el asunto, empezó a intervenir hasta que vino el rompimiento: yo lo he dicho siempre, cada quien con cada quien. era una cualquierita. No me diga! y el nene. Quién sabe! La pobre Felicia no tiene ahora ni para mantenerlo. Pobrecita! parte el alma. es tan buena. aunque.
claro está, que los López son tan presumidos. la misma Felicia, podrá tener sus ventajas, pero es bien pesada.
La señora García dio el último sobrito al té que se enfriaba en su tava, y levantose bruscamente. Bueno. querida misis Brown. ha sido un placer.
La tácita señora sonrió amablemente. Pero. se va usted tan pronto. Si señora. se me hace tarde contesto doña Marta poniéndose los guantes ¿se va usted, señora Cruz? mi automóvil está a la orden. Bueno, me dejará en casa.
La señora Cruz se levantó: se puso el abrigo, tomó su cartera y salió acompañada de la señora García y de la y señora Brown. Adios. Clarita. dijeron las dos que se iban a la Martinez. qué horror! casi ni nos despedimos. ah y los señores. Levantáronse los caballeros y casi a una. saludaron. Un gran placer, señoras, un gran placer.
La señorita Martinez se acercó a las damas, se oyó el chasquido de mutuos besuqueos y aquellas se retiraron en compañía de la anfitriona.
000 ahora dijo el abogado podriamos volver al tema de las mujeres intelectuales. no le parece señorita Martínez?
Encantada. a usted, señor Schwartz?
Más que de costumbre abrió el interpelado sus ojillos azules y dejando escapar una sonora carcajada comentó. Pero si llevamos casi una hora tratando de ese tema!
CODA EN VERSO En un matutino, leemos: Rincón Patricia Hearst, primero supuestamente secuestrada y luego declarada culpable de ROBAR UN BANCO, se reúne ayer con sus padres, Catherine y Randolph Hearts, en su apartamento de No. Hill (Leyenda al pie de fotografia titulada Patty en su hogar. aparecida el 22 de noviembre de 1976. Pero debió escribirse; Patricia Hearst, primero supuestamente secuestrada y luego declarada culpable de ROBAR EN UN BANCO, se reúne ayer con sus padres.
Si Patricia robó un Banco.
cuesta mucho calcular cuántos camiones empleo para el Banco trasladar hasta el sitio en que deseaba de sus bienes disfrutar.
Robar un Banco, señores, no es empresa de afición, ya que arrancarlo del suelo es tarea de un Sansón, y es dificil que Patricia haga lo que un gigantón.
Si lo ha hecho, pues lo acepto si tengo comprobación, que lo que dicen los diarios es burda equivocación, producto del mal empleo de un verbo que se colo y con él sólo se dijo algo que no creo yo, ni creen los que meditan en la absurda información.
PORQUE Myriam Bustos Arratia EL Banco NO FUE LO ROBADO POR PATRICIA, según tenemos informes. La Hearst entró a un Banco y ROBO DINERO EN EL. pero en ningún caso robó el Banco, así como se roba un automóvil, un banco de un parque o cualquier otro bien que se coge y se lleva a otro sitio como si fuera propio.
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