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unos Esmeralda Jiménez Este cuadro es de Manuel de la Cruz.
Para poderlo apreciar, mi madre traía un banco de la cocina y me paraba sobre él, pues el clavo de donde pendía, no estaba a la altura de mi corta edad.
susurro: LA REPUBLICA. Domingo 22 de mayo de 1977 Después. en el después que a mi me correspondía, me hice grande, y nunca El pasado no existe.
conté lo de esa ciudad extraña, por miedo a El futuro no existe.
entrar en el señalamiento de los que no Sólo el presente existe.
entienden de esas cosas, y ser determinada como especímen raro. Pero un día, leyendo Pero cuando la vida está a punto, sobre la vida de Ludwig II de Bavaria, no es más que un sueño. una esperanza. un punto.
pensé sonriendo, que él hubiera cooperado TASSO.
entusiastamente a la construcción de esa ciudad. Que de niveas conchas, él hubiera también unas conchas rosadas, caminar pausado, la suave inclinación del alado majestuosos cisnes y que de un trozo de piel de armiño, hubiera formado una corales, y un caracol en forma de tornillo, pensar. mi madre, en un eterno trajín de montana de nieves perpetuas. Estoy que lo teníamos dispuesto para obelisco de semillas de flores, transplante de almendros nuestra ciudad. Esos materiales de y riego de palmas. mi tío, que con su malesegura que en una de las tantas cartas que se cruzó con Wagner, se lo hubiera contado.
construcción, quedaron enterrados bajo el tín negro de médico, me alarmaba, porY Wagner habría venido icon toda almendro que extendía sus ramas sobre el que. era sinónimo de inyecciones. mi corredor cercano a mi dormitorio, y desde el tía. insistiendo en una cajeta que nunca certeza. a ver nuestra ciudad de caracoles y hubiera escrito en el pentagrama, notas cual atalayaba con mis ojos azorados, las cuajó. los tarros de leche. la ciudad de con resonancia de olas.
caracoles. mi perro atropellado. el mar vertiginosas tormentas que se desatan en para musicar invierno sobre el mar.
con su placidez y sus tormentas. Toda mi nuestra ciudad. Lastima que los soñadores Pero antes de hacer entrega definitiva de niñez está dentro de ese pequeño óleo!
no nacemos todos al mismo tiempo! la Hacienda Bonilla y de la casona, mi maCuando la firma de Manuel de la Cruz, Una tarde de insistente lluvia pegajosa.
dre y yo hicimos viaje especial para traer el quedó estampada en su pintura, la charla nos obligó detener el trazado de calles de cuadro de Manuel de la Cruz. Entonces, fue estaba en el punto álgido de imágenes, nuestra acrópolis. siguiendo el ejemplo de la primera vez que tomé conciencia de que frases célebres, poemas de autores prelas hormigas, que precipitadamente el cuadro no tenía la firma de su autor.
feridos: fenómeno innevitable, cuando la rompieron desfile de banderas de hierba, conversación es entre soñadores y creapara guarecerse en sus hormigueros, noso Ya en el automóvil, apuntando el regreso dores.
tras, recurrimos a un rincón de uno de los a la capital, y para romper el silencio. Mi nombre fue pronunciado por mi corredores de la casona. Nos sentamos sobre producto de la emoción, por dejar a acompañante, y la voz de Manuel de la su piso de tablas renegridas por la tinta nuestras espaldas cosas y recuerdos que Cruz, como cortada de tajo, bajó al tono de que le sacaban a las astillas del mangle para están adheridos a nosotras, con la tesitura limpiarlas. como la lluvia provoca nos de la hiedra, aventuré mi palabra. Cuántos recuerdos me unen a ustalgia e insta a hacer confesiones, le dije que. Voy a ir donde Manuel de la Cruz a tedes!
me encantaba comer leche en polvo, pero pedirle que firme su pintura.
Después, silencio. El silencio de cuando que no me dejaban hacerlo muy a menudo. Lo conocés?
la memoria retrocede hacia el recuerdo. y porque temían que me empachara. Gracias Sonreí.
la inevitable humedad en los ojos. Aún no infinitas que además del cuido materno, a No hubo ese temor que suele sacudirnos entiendo por qué, si es doloroso, o como en los niños siempre les aparece un hada ma ante lo desconocido. Simplemente en el este caso, lleno de ternura, el recuerdo drina con varita mágina! Ella entonces, me plano fisico, estreché su mano. Ni siquiera siempre provoca la lágrima.
compraba tarros con leche en polvo y pronuncié las obligadas palabras de El adiós fue tan sencillo como el encuando me los daba, muy diligentemente los escondíamos. No más, ella y yo, sabíamos donde estaban! Quien descubrió nuestra fechoría fue mi padre, y desde ese momento, se convirtió en cómplice de nuestro secreto. El conflicto de los tres, se presentaba cuando había que botar el tarro vacío. Fue mi padre quien asumió la responsabilidad: se paraba en la puerta que daba acceso al pasillo principal. Tranquilo. tesía: mucho gusto. No. Tampoco di mi cuentro. Sólo que dando los últimos pasos esperaba ver el camino despejado. y lle nombre.
hacia la puerta que conduce a la calle, senti vando un dedo a su boca, para pedirnos así, en su estudio comenzó una charla una presión muy cariñosa en mi brazo y el mayor sigilo a nuestros pasos, nos amena, inteligente, tan llena de color y nuevamente en el tono de murmullo: advertía, agitando velozmente su otra mano, calor humano, como lo es su pintura, y a la Qué extraño. me parece conocerte que pasáramos rápido. Tal vez ahora, que vez tan dificil de lograr hoy.
desde hace mucho. están removiendo las tierras de la Hacienda Las horas transcurrieron con esa cómoda Le sonreí. e instantáneamente mi senBonilla para erigir una urbanización sensación que nos invade al escuchar la timiento retrocedió. retrocedió. Esta vez, turística, tal vez los tractores, entre la arena, palabra inteligentemente expresada, y ante fueron mis ojos los que se humedecieron.
se topen con tarros carcomidos.
la cual, es un verdadero deleite callar. Ahora más que nunca, cuando mi madre El cuadro de Manuel de la Cruz, hoy ya se acerca al óleo, para mostrarselo a alguna seguro están cayendo los malinches, con su firma, continúa, sigue con la pátina visita, antes que ella lo diga. es mi que durante su floración, y cuando la brisa solemne de lo perdurable, en una pared de pensamiento veloz el que antecede su paladel mar era fuerte, desprendían sus flores la casa materna.
bra. pronunciando mi jaculatoria perenne: haciéndolas caer como lengüetas de fuego Es un lienzo pequeño. es un paisaje Este cuadro es de Manuel de la Cruz. ya sobre el suelo arenoso, alfombrándolo de típico. Pero al observarlo, en mis ojos se por costumbre. ya. porque la soledad pétalos. Camino llameante, sobre el que desdibujan: la carreta, la casita de adobes persiste.
pasaban los gansos blancos, marcando con entejada, el árbol seco, temas SOsu cadencioso andar hacia la laguna, las bresalientes del óleo y entre las cuatro un día de estos, en que mis hijas cuatro de la tarde!
reglas doradas, que lo enmarcan, empiezan buscadoras infatigables de tesoros de su Pudiera ser que ya haya caído la palmera a desfilar: la casona de la Hacienda. la paseo al puerto trajeron conchas, caracoles que por orden de mi padre, se sembró el abuela, balanceándose en su mecedora, con y troncos lijados por espumas y arena, tomé día que nací, bautizándola con mi nombre, sus manos eternamente aferradas a su de la canastilla de sus hallazgos una concha para darle cabida a una columna de rosario. el abuelo, imi adorable y risueño pequeñita. amarilla. y no sé por qué. la cemento abuelo! que se deshacía en la oficina en verdad, no lo sé. la empujé con toda la Como así, saldrán a flor de tierra, los restas y sumas cumpliendo con su profuerza que pude darle a mi indice, huesos de mi perro mascota, que un día lo fesión. la figura tranquila, silenciosa de mi hudiéndola profundamente dentro de la mató un señor con su automóvil, y al que padre, recorriendo los corredores con sus tierra de una pequeña maceta que tengo en aún no he logrado perdonar. Ah! grandes botas, dándole a su cabeza, en ese la sala.
corAnte esa pared de la casona vieja de la Hacienda, en la que permaneció por años y años el cuadro, tenía que pasar todas las noches para llegar a mi dormitorio. Así, la frase tantas veces repetida, llegó a convertirseme en perenne jaculatoria: Este cuadro es de Manuel de la Cruz. Cuántas capas de pintura cambiaron el color de la pared, tratando de ocultar manchas producidas por el aliento salino del mar! Cuando el peón, tarro y brocha en mano, se disponia a su faena, volvía vibrar dentro de la vieja casona el nombre de Manuel de la Cruz. Esta vez, reiterándosela al trabajador, en demanda de cuidado a la obra pictórica. mientras él revolvía el color escogido. gesto que invariablemente lo hacía introduciendo en el tarro un ramilla seca de algún árbo veía a mi madre descolgarlo amorosamente y llevarlo a su tocador, donde permanecía, hasta que la pared orease su verde. su blanco. su terracota. veces, la rigurosa humedad del ambiente, impedía que la pintura secara rápido Pero el clavo quedaba ahí.
arraigado a la pared con su trama de herrumbres. ahi, esperando. alargando su sombra en el tabique como un dedo gigantesco. que me apuntaba el nombre de Manuel de la Cruz.
Ahí. como jaculatoria perenne hacia mis sueños infantiles. como preámbulo inseparable a mis pijamas rosadas. Presencia intangible. Compañía inagotable que me hacía repetir el nombre sin cesar; ya por costumbre. ya. porque a esa edad, se comienza a cargar soledades.
Después. en el después que le correspondia al señor del cuadro, se unió otro nombre al suyo: Esta es la esposa de Manuel de la Cruz. Mis ojos de niña se iluminaban cuando ella llegaba. Bajábamos al jardin, y sentándonos sobre la arena, jugábamos. Retozos creativos. con los que llegamos a construir una ciudad increible: de corales blancos de extrañas formaciones, eran los edificios más altos. Hojas de almendro: verdes pastizales. En unas cajitas cuadradas, de cartón, llenas de arena, sembrábamos unas conchas pequeñitas, amarillas, porque creíamos fervientemente que iba a crecer un árbol y que su fruto serian pececitos de colores.
Un óleo en la casona de la Hacienda Bonilla a Comentario a la liturgia del domingo La ascensión promesa y compromiso humanidad y hacer que sea pueblo de Dios.
Es la misma tentación que sufre la Iglesia en todos los momentos de su historia. Comunidad de esperanza, se está haciendo en el mundo y en el tiempo. Como parte de la sociedad, y participe de las fatigas humanas.
Jesús Espeja Jesús resucitado pasó definitivamente al mundo de Dios; a la vida sin muerte y a la felicidad sin sombras. Como según la mentalidad hebrea, los cielos son el trono de Yavé, a ellos subió Jesús. Su ascensión es respuesta de esperanza exisgencia compromiso para avanzamos por el camino. Entender la esperanza El hombre es un ser referido siempre hacia adelante. Desde que nace, existencia desarrollo, y en su madurez aún se siente inacabado. Cuando entramos en nuestra intimidad, nos sorprendemos buscando siempre un más allá: nuevas conquistas y metas desconocidas.
Ni la riqueza, ni el prestigio, ni el poder dan adecuada respuesta a nuestra búsqueda.
El corazón humano apunta más lejos. Al Dios del futuro, que es el destino final del hombre. En una de sus cartas a los primeros cristianos que leemos en esta liturgia, San Pablo les dice: que iluminados por la ascensión de Jesús, entendais la esperanza a que os ha llamado. Qué hacéis mirando al cielo?
La esperanza cristiana hace volver los ojos a esta tierra con sus problemas y vaivenes. El mundo por venir no será edificado sobre las ruinas del presente, cuya de quienes transformación es obra de Dios y también del hombre. Cualquier evasión de la realidad tiene muy poco que ver con el Evangelio.
Sin duda hay que mirar al cielo; estar pendientes de ese término que dirige y justifica de algún modo todas nuestras actividades.
Pero no es cuestión de abandonar una tarea ineludible: el trabajo sobre el mundo para transformarlo en reino de Dios; en lugar de paz y justicia.
Ese abandono fue tentación para los apóstoles, que vieron partir al Maestro. Tal vez saliendo al paso de este peligro, San Lucas pone como introducción de los Hechos: Hombres galileos. qué hacéis mirando al cielo. Ellos tienen que avanzar con la La Iglesia, con su enseñanza y su conducta, hará que el progreso de la humanidad sea verdaderamente humano; discurra en la justicia y en el amor. Los bautizados será testigos de Jesús, no precisamente hablando mucho de libertad y derechos. Ni sólo anunciando que llegará finalmente un mundo paradisíaco.
Sino haciendo posibles la libertad y derechos de los hombres marginados.
Cuando Jesús resucitado nos invita a ser testigos suyos, marca un camino de tensión dificil. Debemos pensar siempre que nuestro destino último es el cielo, pero sin evadirnos de la tierra.
Cuando, trabajando en este mundo, descubrimos la presencia de Dios, nuestro compromiso es verdaderamente cristiano.
La ascensión de Jesús promesa que nos lanza hacia el futuro. es también invitación para que abracemos al presente, donde ya está sembrado el germen del Reino, cuya plenitud esperamos. Promesa y misión. Seréis mis testigos Jesús de Nazaret no sólo anunció un mundo nuevo de justicia y fraternidad, que llegará en la resurrección: Hijo que su reino ya está aquí. Más aún, no se redujo a predicar con la palabra; actuó en favor de los oprimidos y marginados. No le interesó tanto la justicia en abstracto cuanto los hombres injustamente atropellados.
Los cristianos deben ser testigos de Jesús. Ese testimonio trae un mensaje de esperanza: la resurrección, que convierte relativos nuestros proyectos sobre la tierra, exige y hace válidos todos nuestros esfuerzos por un mundo mejor.
es su es en Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
Este documento no posee notas.