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LA REPUBLICA. Lunes 24 de octubre de 1977 13 propósito de nuestra televisión No confundamos señores Marco Retans El doloroso caso del niño Zamora en los Estados Unidos, nos obliga a pensar en que estamos haciendo con nuestra juventud, qué es lo que le estamos dando, hacía dónde la llevamos. No vamos a ser tan ingenuos para achacar todos nuestros males, los males de la sociedad en que vivimos, a los medios de comunicación colectivos, llámense televisión, cine, periódicos, o revistas. Nosotros, los padres, tenemos una res onsabilidad mayor, que muchas veces olvidamos porque vivimos muy ocupados. Ocupaciones que justifican no asistir a una reunión en la escuela, no dedicar una hora del dia a la conversación con los hijos, no dedicarles un domingo de afecto paternal porque la política, los negocios, las reuniones de alto nivel. valen más que la responsabilidad de haber traido unos chiquillos al mundo. Claro que tenemos mucho de responsabilidad! Pero.
Hay por allí un programa de televisión nacional que se ha dedicado a exaltar la belleza de nuestras campiñas, la tradición de nuestros pueblos, el folclore de nuestra nacionalidad. Tan bueno lo hemos creído muchos, que lo recomendamos a nuestros hijos, lo vemos con ellos, y tratamos de hacer conciencia en los muchachos acerca de todo lo positivo que en él se encuentra. Pero hoy nos encontramos con una queja. Se nos cuenta que a medio programa, de pronto salió el aviso de que lo que seguía era prohibido para menores de 18 años. es que lo que seguía era un partido de fútbol, si se puede ofender de esa manera a un deporte viril que si es parte de nuestra vida diaria. El tal partido no era más que una ofensa, no sólo al deporte, sino al hombre mismo. Dos equipos compuestos por ebrios hasta más no poder, que hacían el circo en un noble cantón de Costa Rica, digno de mejores cosas.
cultura del guaro. y de ello somos culpables la mayoría de los costarricenses, no por eso mismo debemos sentirnos ufanos, y mucho menos obligar a los niños a cantar Vámonos emborrachando. y mucho menos llevar a la televisión un partido de fútbol porque así se hace en nuestros cantones. Si tenemos nuestros vicios, no los extendamos llevándolos a la televisión, por más que se coloque la coletilla de prohibido. Si es que no hay más remedio que soportar cuanta porquería haya, y debemos soportarla por las pantallas pequeñas, que por lo menos se deje para después de las nueve de la noche. En este bello país suceden las cosas más simpáticas: a mediodía, una película prohibida, a las 10 de la noche, una película pautada para niños. Como decía una vez Beto Cañas: Tendríamos que ir corriendo a despertar a los guilas.
Desde luego que la televisión no es mala. Por lo contrario, puede ser el medio más formidable de cultura. Lo que es pésimo es la programación. Qué es selectiva? Si, es muy cierto. qué vamos a seleccionar, si salimos del telenovelón para caer en los atracos y en los crímenes, y salimos del crimen para caer en el programa politico? Se defiende a capa y espada la inocencia de cualquier programa. Oue los buenos siempre ganan. dicen con mas inocencia que mi chiquilla de cinco anos. Lo que quisiéramos que se nos explique, es cuáles son los buenos y cuáles los malos. Otros, por allí hablan de que al público se le debe dar lo que le guste. No será que nos han obligado a que nos guste lo que no nos debería gustar? Si a un niño, desde su infancia, lo inclinamos por los buenos hábitos, es muy posible que siga dentro de los buenos hábitos; si le enseflamos a gustar de la buena música su oído no soportará la chabacanería; si le enseñamos la buena lectura, jamás soportará la subliteratura. Por qué, entonces, la televisión no se transforma en un medio de difusión cultural, y ayuda a formar una mejor sociedad. Es que un buen programa tiene que ser sinónimo de aburrimiento. No será esta creencia una deformación cultural de quienes tienen en sus manos estos medios?
Si. como decía un testigo de Yo acuso. ese distinguido programa que cada vez cala más hondo en el costarricense, ni sociólogos ni sicólogos ni técnicos se ponen de acuerdo acerca de lo negativo o positivo de la televisión. por qué no partir de un punto lógico, y dar programas más educativos a las masas televidentes?
La justificación para presentar semejante barbaridad, fue que eso era parte de nuestro folclore. Ya hace tiempo que se juega con la palabra folclore, aplicándola a la primera estupidez que se le antoja a nuestros semejantes. Hasta se pone a los alumnos de las escuelas a cantar De la caña se hace el guaro. como si esa canción sí representará los verdaderos valores de nuestra patria. Si por un lado tenemos que aceptar aquello de la La candorosa fe de los candidatos Ricardo Blanco Segura Ahora que comenzó de lleno la campañia política, el panorama ofrece cada día más y más aspectos que comentar al respecto. Pero entre ellos hay uno que me llama mucho la atención: la candorosa fe de los candidatos a la presidencia de la República, guiada por la convicción de un triunfo indudable en febrero de 1978.
Es lógico que esa sea la actitud de quienes tienen que alentar y estimular a sus partidarios y a los que no lo son, con miras a la obtención de un mayor número de votos. Sin embargo, no se trata solamente de ese propósito, sino de que realmente cada uno de aquellos señores está plenamente convencido de que ganará prescindiendo de muchos elementos que, a la postre, son los que deciden la contienda.
Hace poco tiempo un noticieto de televisión entrevistó a los principales candidatos involucrados en la presente campafia; y al preguntárseles acerca de quién iba a ganar las elecciones del año entrante, todos contestaron: yo. Claro, que no podían responder de otro modo, porque lo contrario seria un balde de agua fría sobre sus seguidores; pero francamente se necesita tener sangre de político para afirmar una cosa tan seria, cuya única solución está en el secreto de las urnas. es que el peor error de los candidatos, es funcionar siempre basados en ilusiones, nacidas de censos, encuestas y números que a la postre se vienen abajo, merced al capricho del pueblo que al final siempre acaba haciendo lo que le da la gana. Por quitarse de encima a un majadero o por no crearse problemas, cualquiera puede contestar en la calle a la pregunta de un encuestador: si, yo soy de tal partido, en realidad pertenece a otro.
Si se trata de la lista de adhesiones para la inscripción del partido, muchos dan la firma a tontas y locas, o a veces diciendo para sus adentros: pobrecillos, voy a ayudarles. Si al número de banderas que se vean ondeando en los techos vamos, eso no es más que tortas y pan pintado; un montón de trapos no deciden nada. si del número de asistentes a una concentración se trata, donde pululan los chiquillos y otros no votantes, tampoco es indice para juzgar la posibilidad de un triunfo. Este, en último término, se decide el día de las elecciones y es allí cuando viene la sorpresa, con el consecuente temblor y crujir de dientes o con la amplia sonrisa del ganador. Bien decía Monseñor Sanabria que los fenómenos políticos son como los químicos: nadie sabe en qué momento ocurren. es así como, después de una derrota, todos tratan de justificarla apelando a los recursos más absurdos: que los otros estuvieron mejor organizados; que nos faltaron vehículos, que fallo la propaganda, que no hubo tiempo de prepararlo todo, etc. Tonterías. Porque todo estuvo pendiente de un dedo pulgar sobre una papeleta; y como lo que haga ese dedo pulgar depende de una voluntad individual, no hay vehiculo, ni propaganda, ni movilización que cambie lo que uno tiene entre pecho y espalda.
El candidato siempre cree que por ser él, y nadie más que él, la gente debe seguirle. De antemano se siente predestinado a ocupar la silla presidencial y piensa que es una obligación de sus conciudadanos votar por él. De alli la gran desilusión con que alguna vez escuché a uno derrotado decir en su propia casa: jamás creí que el pueblo costarricense fuera tan ingrato. Como si fuese ingratitud votar por quien a uno le venga en gana.
Todo esto me conduce a pensar en la tranquilidad y la paz en que vivimos quienes no nos metemos en esos ajetreos. Yo.
al menos, que he sido siempre a pático a la política y que me limito a emitir el voto porque es un deber y nada más, nunca me he alegrado por un triunfo ni he sufrido por una derrota.
Es más: siempre voy pesimista a las urnas; entrada la noche del día de las elecciones, me siento frente al televisor a esperar la catástrofe (sólo dos veces han ganado aquellos por quienes voté. Pero que tristeza debe ser la de los candidatos derrotados! Nunca he visto esos cuadros, pero me imagino que debe ser como para tirarse de las mechas y rabiar de cólera, soportar una derrota después de haber afirmado a pie juntillas que iban a un triunfo seguro. Por algo, apenas pasan las elecciones, salen del país pretextando el deseo de un descanso, que no es más que cólera reprimida.
Bueno, en esta campaña no habrá muchos que sufran.
porque dos de los contendientes están ya derrotados y eso lo sabe todo el mundo (si usted no lo sabe, imagineselo. por lo tanto, ya deben estar preparados para lo que les espera.
Aquí el asunto está entre dos extremos; y no digo cuáles.
porque sería algo así como meternos entre un pleito de pericos con hijas de María. Qué raro, verdad?
Ernesto Medrano García. Estos varones os ponemos delante de los ojos, dignos ciertamente de ser imitados por vosotros, para que, conociendo que la libertad es felicidad y la felicidad libertad, no rehuyáis los trabajos y peligros de la guerra. Pericles, del discurso fúnebre a los caídos en la guerra del Peloponeso). pareciera a estos temas. Todo lo contrario, hablábamos de poesía, de María de los Angeles, de Carlitos (como le decía él) Martínez Rivas, y de tantas otras inquietudes que se pueden llevar a una conversación sin tener que recurrir al quehacer de la política. Es decir, que para Luchar por sus concepciones y sus ideales, nunca usó la clásica alharaca de nuestros pseudo revolucionarios. Su acción en el campo de las armas la respeto y la comparto como una auténtica sed de liberar a nuestros hermanos del norte de lo que él creía injusto; pero hasta ahí.
Si el asunto este tiene otros rumbos e intereses, como creo que desgraciadamente los tiene, ya éstas no son aguas que puedan trabajar para mi molino. La liberación de cualquier pueblo no se puede entregar a la sojuzgación de otros sistemas políticos de distinta orientación pero de idéntico espíritu totalitario. La muerte de Ernesto, suscitada por su innegable valentia, es penosa para los que le conocimos y creo que nuestro pais pierde a uno de sus más valiosos jóvenes. No porque escribiera libros, ni dictara conferencias, ni fuera hijo de algún ministro. No. No por eso, sino porque sus convicciones de cualesquier tipo y su mistica poco común en nuestros jóvenes, lo llevaron a la tumba al decidir inquebrantablemente su propio destino: Triunfar o morir. recordando de nuevo a Pericles, que es en estos escasos fuente inagotable de verdad, cito otros renglones Estas son únicamente unas líneas para resaltar la memoria de un amigo que murió como pocos mueren en nuestra patria: Como un verdadero idealista conocedor de su propio ser. Conocí a Ernesto hace más o menos dos años. Lo conocí como comerciante y buen amigo.
Como un joven bien educado y de mucho temple; pero nunca supe (hasta hoy que lei la noticia) que fuera guerrillero. Al comenzar el día me he encontrado con dos sorpresas: Su heroica muerte y su filiación sandinista. Era Ernesto, como puede observarse, de las personas convincentes y calladas que hacen las cosas que creen deben hacer sin necesidad de andar en alborotos partidistas por nuestras calles, gritando a voz en cuello abajo Pinochet, abajo el imperialismo yanqui, etc, o bien, sin aparecer firmando campos pagados de la más alta demagogia comunista. Cuando conversábamos, ya en el Chelles, ya en el hotel de su propiedad, o posteriormente en la calle o en el Sheraton, nunca lo hacíamos de política, de Somoza, ni de nada que se Carlos Enrique Chinchilla de tan grande estadista griego. escogiendo este peligro por muy bueno, han muerto con esperanza de alcanzar la gloria y honra que nunca vieron. Cualquier homenaje para Emesto Medrano García, debe ser un acto silencioso. No despido a Ernesto el sandinista. Despido a Ernesto el amigo; pero si en aquél existió un sandinista, con el mis pesar lo despido, porque un amigo es siempre un a 0. Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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