Guardar

12 LA REPUBLICA. Lunes 24 de octubre de 1977 EDITORIAL Do Re Ai Yo soy un diputado de pueblo, rural, campesinlto, may humilde.
Vivo del fruto de mi trabajo.
Condiciones electorales Yo estoy consagrado al servicio de mis ciudadanos. Nada tengo. No soy como esos ricos infatuados e insensibles.
Un día de estos lo vimos. Quedamos asombrados.
Aquel diputado que levantaba la bandera de la justicia social, que se deshacía en lágrimas ante un tugurio, que nos acusaba de estar al servicio de los poderosos, pasó con su Mercedes Benz, cuyo precio no baja de 450 mil colones.
Como nosotros no somos resentidos sociales, envenenados por la envl.
dla y la frustración, sino muy oscuros periodistas, aunque satisfechos, reventamos de alegría cuando un costarricense posee un buen automóvil, cuando construye una magnífica casa, cuando adquiere una finca, cuando se da un paseíto por esos mundos de Dios, cuando viste bien, cuando, en fin, se supera Intelectual y materialmente.
Cuando los bienes se han adquirido a punta de trabajo y por medios lícitos, que se disfruten y que de ellos participe el pueblo. Por eso, no odiamos a los ricos ni a los que se han superado en la vida.
Inscritos los partidos políticos y abierto el camino hacia las elecciones, es hora de que las autoridades electorales y el propio Gobierno de la República tomen las providencias del caso para que este proceso se desarrolle en paz y armonía.
Si bien hasta ahora han reinado la calma y la serenidad, esta pacifica víspera no necesariamente augura respeto y orden, si no se eliminan ciertas causas de disconformidad o si no se procede con previsión.
Cabe, en primer lugar, referirse a la actitud del Gobierno de la República, que, rompiendo una sana tradición costarricense, ha puesto a las instituciones del Estado y a algunos ministerios a realizar un tipo de propaganda cuya intención electoral es visible, aunque se trate de encubrir con otro lenguaje. Se trata de todo el poder del Estado, de los recursos de los costarricenses, al servicio de uno de los partidos políticos.
Nunca le hemos negado al Estado su derecho a hacer publicidad, cuando esta sea necesaria para el mejor desempeño de sus funciones, para el esclarecimiento de ciertos asuntos o actividades o como una forma de comunicación necesaria con los ciudadanos. Pero, de aquí a realizar otro tipo de propaganda, de corte electoral, aunque se disimule, media un gran trecho. Lo extraño es que esta intervención embozada del Gobierno en la política nacional, a favor de un partido, brota precisamente de la agrupación que más luchó, en lo pasado, contra los vicios elec.
torales. Desde este punto de vista, el Tribunal Supremo de Elecciones deberia adoptar alguna medida, por cuanto si sólo a los partidos inscritos se les permite hacer propaganda, no es justo que el Estado si tenga las puertas abiertas, y no el resto de los ciudadanos, contorme a una interpretación casuística del Tribunal.
Garantía electoral, asimismo, ha de ser la preocupación del Tribunal Supremo de Elecciones por ponerle coto a la propaganda exacerbada, difamatoria, calumniosa o mentirosa, o y más aún a aquella que, conforme a un plan en extremo peligroso, va creando el camino para ingresar, en la culminación de este proceso, en la violencia.
Se sabe que ante el Tribunal Supremo de Elecciones se han formulado diversas críticas o peticiones en este sentido, mas este las ha desoído, lo cual ha de preocupar profundamente, pues, mientras en unos casos se procede con energía y escrúpulos para detener cierta clase de propaganda, en otros el Tribunal ha obrado con lenidad.
Esta es, en todos los países, una época de violencia y de odio. Las páginas de los periódicos están repletas de noticias de este jaez. Es el signo de los tiempos. De aquí la necesidad de que el Tribunal Supremo de Elecciones corte por lo sano cualquier exceso, sin afectar, por supuesto, la libertad de expresión.
Hay que recordar, a este respecto, que en esta campaña política, aparentemente tranquila, se defienden grandes intereses, producto de cuatro años de predominio del cinismo y de la corrupción. Además, en nuestra Patria han echado sus reales elementos en extremo peligrosos, prófugos de la justicia, extremistas delincuentes internacionales y otros individuos que quisieran seguir haciendo de las suyas o recibiendo protección a toda costa. Todas estas son fuentes de violencia y de deformación del sistema electoral, si las autoridades electorales no proceden con previsión, justicia y energía.
Ah, pero otra cosa muy distinta as presentarse hipócritamente ante el país como un redentor social, como la humildad de Francisco de Asís, con la espada desenvalnada para atacar a los ricos a los poderosos y otras lindezas, mientras se pavonea con vehículos, mansiones y blenes materiales logrados no por el trabajo, por el ahorro sino por la posición política, por gollerias y corruptelas. si algún diputado goza de la exención y se calla, es decir, no hace poses de mesias social, está bien. Que le aproveche la exención. Pero, de aquí a dárselas de millonario, a punta de granjerías, mientras se insulta a los ricos y se erige en abanderado de la justicia social, media un gran trecho. Esto es hipocresia de siete suelas.
No hay cosa peor que el nuevo rico, que el polo con plata o aquella persona que ha forjado una fortuna a punta de pillerías en un gobierno. Estos individuos son los seres más insensibles que hay sobre la tierra.
Nada peor que el resentido social que, por política, compadrazgo o por sinverguenzada, se hace de plata.
Este no es caso, por supuesto, de los diputados. Dlos nos libre confundirlos con esos individuos. más el camino que algunos siguen es el mismo. Es la via de la falsedad. CÓMO IRÁN HACER ESOS CANDIDATOS QUE OFRECEN VISITAR CASA POR CASA?
PARA QUE SI SE PASAN TODO EL DIA METIDOS EN NUESTRA CASA?
Se respeta al rico que levanta la bandera de la justicia social, que lucha por el bienestar de los desposeidos. Precisamente, para eso son los bienes de este mundo. No hay falsedad en esta posición. También es digno de elogio el dirigente que, sin poseer bienes, se preocupa por los pobres sin resentimiento, sin odio, o que, poseyéndolos, no utiliza el poder para su propio beneficio. Es decir, se admira a toda aquella persona que procede con rectitud y sinceridad.
LES HABLA EL CANDIDATO.
Mas, de los hipócritas librenos el cielo.
De los farsantes, sálvanos, Señor.
Entre una persona que crea empresas y que, por lo tanto, abre fuentes de trabajo para los cludadanos y el resentido social, el dirigente politico estérily vagabundo, que no conoce el sentido del trabajo, que se preliere. 00 Entre el que crea riqueza y ocupación, que lucha, trabaja e invierte y que, por lo tanto, forja un patrimonio personal, y aquel que utiliza el poder político para enriquecerse, aunque todos los días hable a favor de los pobres y de los niños desnutridos. qué se prefiere?
No hay duda.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

    ExtremistViolence
    Notas

    Este documento no posee notas.