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LA REPUBLICA. Jueves 19 de enero de 1978 15 Amanece una segunda era del carbón Por David Sheridan de Smithsonian nutritivos del mantillo. inhibe el crecimiento de las plantas, incluso de los bosques, y reduce drásticamente la vida acuática en lagos y estanques. Los biólogos de la Universidad Cornell, que han observado la declinación vertiginosa de la población de renacuajos en los estanques de Ithaca (Nueva York. por ejemplo, y creen que se debe a la lluvia ácida.
La primera era del carbón comenzó en Inglaterra y en Escocia, donde la madera escaseaba. en la segunda mitad del siglo XVIII, y se extendió desde allí al continente y a los Estados Unidos, dando el combustible para la Revolución Industrial. Hacia 91 0, el 80 por ciento de la energia procedía, en los Estados Unidos, del carbón.
El petróleo y el gas sobrepasaron a la madera como combustibles en aquel mismo año y el carbón empezó a declinar ante ellos. El carbón, voluminoso y sucio, no podia competir y a mediados de siglo suministraba solamente el 18 por ciento de la energia en los Estados Unidos, que ahora se lanzan una segunda era del carbón que, en términos de tonelaje, superará a todo lo que se vio en la primera. El Presidente Carter desea duplicar la producción para 1985, a más de mil millones de toneladas al af o. El carbón no puede resolver los problemas de la energía, pero sin duda ayudará.
La primera era del carbón se pagó cara. Solamente en este siglo en los Estados Unidos más de 100. 000 hombres han perdido la vida en las minas de carbón. Más de un millón se han quedado permanentemente inútiles en accidentes mineros. aún más, aunque no se sabe cuántos, han contraido pneumoconiosis y han pasado jadeando los últimos años de sus vidas. El gobierno federal paga actualmente a las víctimas de la pneumoconiosis mil millones de dólares al año en compensación, cifra que podrá ascender a 000 millones para 98 Pero, a pesar del costo terrible de extraerlo y quemarlo, el carbón tiene una característica redentora: es muy abundante. Esto importa mucho en unos tiempos en que los norteamericanos están consumiendo gas natural y petróleo más de prisa que lo pueden encontrar y producir, y en que los problemas técnicos y sociales continúan impidiendo el desarrollo de la energia nuclear.
Debajo de los valles y ds las colinas de los Apalaches, de los campos de heno y de maíz del Medio Oeste, de los pastos de las grandes praderas, de las áridas mesetas y de los arroyos secos del sudoeste, yacen vastos depósitos de carbón, que son una fuente de energía mucho más rica que los yacimientos de petróleo de Alaska y del Mar del Norte, a los que tanto se ensalza, más incluso que los enormes campos petroleros del Golfo Pérsico. Aunque los Estados Unidos se dedicasen seriamente a ahorrar energia, es decir, a reducir substancialmente la que desperdician, sería necesario aumentar la producción de carbón. El carbón representa el 90 por ciento de las reservas de combustible fósil que le quedan a la nación.
Cuándo se empezará a explotar todo este carbón depende mayormente del gobierno federal. La industria y los banqueros, que habrían de poner el dinero, están esperando a ver qué ocurre con la Ley de Aire Limpio que está actualmente ante el Congreso. Si las nuevas leyes exigen que se limpien todas las emisiones de la combustión del carbón, el bajo contenido de azufre del carbón del oeste no representaría la ventaja al patrón de tablero de damas impuesto el siglo pasado en la distribución de las tierras carboníferas. El gobierno federal otorgó grandes parcelas a los ferrocarriles a lo largo de sus vías, pero se reservó secciones alternas. Las compañías mineras dicen que su equipo está diseñ ado para extensiones mayores que las que ahora poseen los ferrocarriles, y que no las pueden explotar a menos que las parcelas alternas del gobierno se trabajen también.
Hay cerca de 16. 000 millones de toneladas de carbón bajo las tierras del gobierno federal arrendadas ya a la industria, pero hasta ahora se ha producido poco carbón. Quince compañías, de las cuales solamente siete son carboneras, tienen el 70 por ciento de la tierra arrendada, pero sólo han extraído carbón del siete por ciento de ella.
La mayoría de las previsiones energéticas calculan que estos problemas se resolverán en vista ds que el país tiene que depender más del carbón para su energia.
especialmente en la producción de electricidad. El plan de energia del Presidente Carter propone un aumento en la producción de carbón de proporciones heroicas, de los 65 millones de toneladas que se produjeron en 1976 a 200 millones de toneladas en 98 un aumento, sin precedentes, de 3 millones de toneladas en nueve años. La participación del carbón en el consumo total de energia de la nación se elevaria al 29 por fiento, según este plan.
Antes de tratar de discernir las posibles ramificaciones de esta segunda era del carbón, vamos a disipar algunas de las ideas falsas que se tienen acerca del carbón Se cree que las reservas de carbón de los Estados Unidos son tan vastas, que el pais no tiene que temer que se acaben. Falso. Según la Oficina General de Cuentas, si el consumo de carbón sube en la proporción supuesta en el plan de Carter. las reservas actualmente conocidas se agotarán en 4 años. Desde luego, se podría encontrar mientras tanto más carbón, pero subsiste el hecho de que el carbón es un recurso limitado.
Se suele decir también que la mayor parte de las reservas de carbón que quedan en los Estados Unidos están al oeste del río Misisipi. Esto es cierto solamente si se habla en términos de tonelaje bruto. Si se aplica la medida más significativa de contenido de energia, vemos que aunque el carbón del oeste es más abundante, contiene menos energia. Alrededor del 55 por ciento de la energia carboni fera de los Estados Unidos está enterrada al este del Misisipi, en las antiguas regiones carboneras.
Finalmente, los consumidores no pueden esperar que el carbón sea más barato que otras fuentes de energia.
Anteriormente, antes de que se cuadruplicase el precio del petróleo, el carbón, a ocho dólares la tonelada, era una ganga. Pero el precio subió, junto con el del petróleo, a unos 20 dólares (en algunos casos llegó a 5. y todo indica que el carbón continuará agarrado a la cola del cometa de los precios del petróleo. aunque no sea así.
los crecientes costos de capital, trabajo, control de la contaminación y reclamación de tierras mantendrá alto el precio del carbón y de la electricidad que genere.
El efecto decisivo de la segunda era del carbón será detener la dependencia de los Estados Unidos de las importaciones de petróleo. El petróleo extranjero suplió en 1976 alrededor del 0 por ciento de la demanda total de energia de los Estados Unidos, en comparación con el 5 por ciento al tiempo del embargo del petróleo árabe, en 1973 74. Esta situación se cree que se agravará hasta el 4 porr ciento o más en 1985. Al insistir en la explotación del carbón, el Presidente Carter espera reducir las importaciones de petróleo a un 5 por ciento aproximadamente para ese año. Pero ¿se puede explotar el carbón sin poner en grave peligro la sanidad pública? La respuesta depende de cómo aprendamos a quemar el carbón con más limpieza.
Una de las opciones que parecen mejores es la llamada combustión de lecho fluidificado. En este tipo de caldera, el aire entra a presión y a gran velocidad, a través de una parrilla con partículas de tierra caliza y carbón encendido. La alta velocidad del aire hace que las particulas sólidas actúen como un lluido y así mejora su capacidad de transmisión del calor. La piedra caliza ayuda a absorber el azufre despedido por la combustión del carbón. La Universidad de Georgetown. en Washington, está instalando un sistema de lecho fluidificado para la generación de vapor para la universidad. Usará carbón de un elevado contenido de azufre.
pero cumplirá fácilmente las normas de la Oficina de Protección del Ambiente en cuanto a las emisiones.
El bióxido sulfúrico que se desprende del carbón no es más que uno de sus riesgos sanitarios. El hollín que se escapa a la atmósfera contiene benzopireno que se ha identificado como uno de los cancerógenos en el humo del tabaco. En el carbón norteamericano se encuentran catorce metales pesados, todos ellos tóxicos. Los isótopos radiactivos que contiene el carbón. anadirían a la atmósfera más radiactividad que todas las centrales elec, tronucleares que funcionan hoy. la combustión de carbón en la escala que propone el plan de Carter, an adiria al aire tanto óxidos de nitrógeno, un constituyente de la niebla industrial, como todos los automóviles de los Estados Unidos.
El consumo de carbon produciría también 00 millones de toneladas de bióxido de carbono al añ o. Este gas no es tóxico, pero hay la preocupación de que añadir tanto bióxido de carbono a la atmósfera todos los ail os elevarí a la temperatura del planeta y alteraría el clima en formas que se desconocen.
El aumento en la combustión del carbón perjudicará también a la agricultura, en cierta medida, especialmente en las zonas en que se concentren centrales termoeléctricas de carbón y fábricas de gasificación. Los contaminantes del carbón, especialmente el bióxido sulfúrico, atacan directamente a las plantas, inhiben el crecimiento y reducen la producción de semilla. Algunas especies, tales como la alfalfa, son más sensibles que otras. La contaminación de carbón tiene además un efecto secundario sobre todas las plantas, que puede ser aún más serio: debilita su capacidad para resistir a sus enemigos naturales, tales como los insectos, las enfermedades y la sequía. Una declaración de los efectos sobre el ambiente, preparada para dos centrales eléctricas propuestas en Colstrip (Montana. predice dan os de hasta un 20 por ciento a las cosechas y a los pastos en un radio de 00 kilómetros.
El bióxido sulfurico contribuye también a un fenómeno que se observó primero en Suecia y después en el Canada: la lluvia ácida. La acidez de la lluvia en los Estados Unidos ha aumentado constantementea en los atimos veinte años, especialmente en el este y en el medio oeste. La lluvia ácida se lleva los elementos En los estados del oeste, la explotación del carbón crea otro problema con el agua. Esta es una región en donde, como observó el historiador Walter Prescott Webb. hay una deficiencia del más esencial de los elementos del clima: el agua. De manera que cuando la minería de superficie rebaja el nivel del agua del subsuelo de tres a quince metros, como ha ocurrido en Decker (Montana. la sequía es muy seria, pues afecta no solamente a los pozos.
sino a toda la superficie de la tierra, ya que el agua asciende a la superficie por capilaridad.
Las necesidades de agua de las nuevas centrales termoeléctricas de carbón y de las fábricas de gasificación, son las que causan los mayores quebraderos de cabeza. Un estudio de la Academia Nacional de Ciencias llega a la conclusión de que no hay agua suficiente para la conversión, en gran escala, del carbón a otras formas de energia.
y recomienda que se busquen otros emplazamientos para las fábricas de conversión.
Incluso es posible que tampoco haya agua suficiente para las tuberi as propuestas para el transporte del carbón del neste al sudoeste, en forma de barro fluido. a medida que se vaya desenvolviendo la segunda era del carbón, se irán presentando problemas logísticos.
Los ferrocarriles. los fabricantes de equipo minero y los de calderas, dificilmente podrán entregar a tiempo las mercancías y los servicios que se les pidan. Encontrar el dinero necesario puede ser una barrera importante. Un estudio calcula que el desarrollo del carbón del oeste exigirá 6. 000 millones de dólares de capital nuevo, más del triple de la capitalización actual de la industria del carbón. Las carestias temporales son. pues, muy posibles.
Pero estos problemas palidecen frente a los que antenazan a las instituciones políticas de los Estados Unidos: las tensiones sociales de la segunda era del carbón serán mucho mayores que las de la primera Durante la primera, la seguridad del niinero, la contaminación del aire y del agua y los destrozos de la tierra cran factores claramente secundarios en el negocio de extraer y vender el carbón. Hoy ya no es así. En virtud de las leyes aprobadas por el Congreso y firmadas por el Presidente, la nación se ha comprometido a que las minas sean seguras el agua limpia. claire sano y que la tierra de remoce. Pero el desarrollo del carbón es también una meta nacional y los conflictos entre los dos objetivos son inevitables.
La explotación del carbón, como sen ala un estudio hecho para la Oficina de Politica Ambiental, ha de ser un programa nacional. La minería de superficie del este suministra grandes cantidades de carbón de alta energia a la nación, a costa de la degradación de tierras y aguas.
El agua que se usa en el oeste para la generación de electricidad o la gasificación del carbón, no se podrá usar para la agricultura. Las compañias de servicios públicos deben saber qué es lo que pueden quemar y cuánto les costará, antes de empezar a explotar las minas, y hasta dónde han de remozar la tierra antes de invertir miles de millones de dólares.
Si esto ha de servir de consuelo, la segunda era del irbón es improbable que dure más que la primera. Es laramente un periodo de transición. Pero ¿de transición a qué? Eso es lo que se ha de determinar a un. Quizás a la primera edad de la energía renovable solar, orgánica.
geotérmica, del viento, de las diferencias de temperatura del mar. Entonces carbón que quede en la tierra se les podrá dejar a los fabricantes de acero, aspirinas, tintes.
colas, cosméticos, abonos y margarina.
Conjunto de sumersión ficticia Instalado en el Centro Experimental de la Compania Marítima de Experimentos en Marsella, el conjunto de sumersión fieticia EMS 600, que es utilizado para estudiar el comportamiento del hombre sometido a presiones elevadas y a probar los materiales que permitirán intervenir, próximamente en las obras submarinas situadas a gran profundidad.
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