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16 LA REPUBLICA, lunes de junio de 1978 Los lecheros de Coronado.
Por Arturo Agüero Chaves. De ROMANCERO TICO.
Entre cuatro limpios tarros que brillan como el argento, cabalgan los campesinos camino real de mi pueblo.
Flechas que se van temblando en el alma de los céfiros es el canto de los pájaros y el silbar de los lecheros en el paisaje bucólico sembrado de mis afectos; y los fontanas procuran un murmullo de consuelo o los brisas malheridos por los cantores saeteros. Oh desfile de finetes, camino real de mi pueblo!
Con las últimas estrellas de sus casas van saliendo; en Ipis les dice el alba: Buenos dias, caballeros. en Purral o Guadalupe les cae encima oro nuevo que es riqueza de los pobres y salud de los enfermos.
Sol que sale a recoger aljótares de sereno y sorprende por la espalda a jinetes Isidrenos, cuyos mejillos recuerdan el rubor del primer beso, y son fuentes entre rocas sus almas dentro los cuerpos.
Lo Capital los espera con paladar de becerro que sueño rosadas ubres con blanco sabor materno.
En los farros de hojalata la leche va floreciendo como aromos amarillos al pausado movimiento que le imprimen los caballos de andares pasitroteros.
Van en mangas de camiso, abombada por el viento; alon sombrero de pita refresca sus pensamientos, y les ciñe la cintura una ancha faja de cuero.
De los impetus pluviales rie un paraguas inmenso, y en un bolsillo de arabia entona alegre el dinero una canción argentina al cotidiano pan nuestro.
Sus calcañares desnudos sostienen sendos luceros que van apurando el trote moderado por el freno.
Los caballos no se quejan de las espuelas y el peso, más los gemidos se escuchan de la albarda y sus arreos.
El combate de La Trinidad FLOR FRUTO La mayoría de los fusiles ticos, debido a la humedad, no dieron fuego.
Los norteamericanos fueron tomados completamente por sorpresa.
Olvfdense de disparar!
Carguen a la bayoneta. El poró)
Qué pasa. Gime el viento enredado en las ramas.
Prendido en cuchillos intenta soltarse.
En su lucha estremece las frondas y deja las armas teñidos de sangre. iec El viento, furioso de estar prisionero entre mil puñales, se torna potente y se quita las armas que lo hacen quejarse.
Los filibusteros corrieron a las trincheras.
akt Después, locamente y cantando victorio, libre danza fantásticos bailes, comino a los huertos, camino a los prados floridos del valle.
Al suelo han caido los mil cuchillitos, y el árbol recoge, en vainos de jade, rubles ovalados, gotitas de sangre.
Volan inac las armas! las armas! Todos a la trinchera.
1861 En ese momento atacó el Coronel Fernández con sus hombres.
pe cin ¡Arbol de mi tierra, florido bucare, parasol bordado de los coletales: mi almo se queda toda palpitante prendido en las puntas de tus mil puñales!
Ya Blanco tom6 una trinchera. Vamos a asaltar la otra.
GO hol?
Recoge en tus vainas mis gotas de sangre, para que mi esposa mañana le forme una gargantilla de finos corales al tierno angelito que vendrá más tarde.
28 Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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