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afirmaciones Mi amigo me miro fijamente y no respondió. Quiero continuó que recojas de mi biblioteca lo que a ti te parezca digno de guardar y lo demás lo quemes. Es necesario.
Volviendo sobre el tema de su salud insisti. No te ha visto un médico. No tiene caso respondió. ellos dicen que son cuartanas y tienen razón. Pero yo sé de que se trata Recuerdas mi miedo? El es el que me vence poco a poco. Miedo a que. Tu lo sabes, tú lo sabes. e inclinó la cabeza hacia la izquierda, como rehuyendo momentáneamente mi presencia. Cayo luego en un profundo letargo y no quise inquirir más sobre el asunto Me retiré de la habitación y fui directo a donde Ana me indicó que guardaba sus libros Lovecrat. respectalmente largos períodos de El que susurra en la oscuridad y repetidas alusiones al Necronómicon Era posible que Marco el que otrora repudiaba todo aquello que yo tomaba a simple jugarreta literaria, hubiese estado interesado en tales obras?
Solamente porque tenia ante mi su propio testimonio, podía creerlo, sin explicarme hasta que punto todo eso habla in fluido en su estado Pero lo cierto, según me dijo Ana posteriormente, era que poco a poco se había ido alejando de sus lecciones, no habia querido ensen ar más y con una modesta pensión se habla vuelto a la vieja casa de sus padres en Guadarrama, donde se dedicó al principio a la agricultura y a escribir y leer durante largas horas en su estudio, hasta dejar abandonado el campo casi por completo. En los últimos tiempos había hecho libros de cabecera El té verde y El ex.
tran o amigo del capitan de Sheridan Le Fanu, con obsesión especial por La mujer alta de Alarcón, de cuyos extractos tenia raros apuntes en su diario. Poco a poco fue perdiendo el apetito y se encerró en la casa para siempre, hasta caer en extran os delirios que acabaron postrándolo en la cama tal como se encontraba en 2505 momentos Uno más de los nuestros 18. LA REPUBLICA, Domingo de febrero de 1979 No me sorprendi, mucho hombre pero tuve el cuando entre la escasa momento. se oba el correspondencia que había revolotear como de cien en mi apartado (algunas pájaros negros. no facturas atrasadas y una eran más que evocaciones convocatoria a reunión de de lo extraño, a la manera junta directiva. encontré magistral de Claude la carta. Con una simple Seignolle.
mirada, se descubria la medias me aceptaba nerviosidad del remitente mis observaciones; pero en la dirección escrita a alegaba siempre su mano. Rasgué el sobre con posición contraria a la naturalidad saliendo ya del literatura de terror no correo y encontre esta nota porque desconociese sus en el interior, previos los méritos, sino por un raro saludos de costumbre: temor de que algo hubiese Querido amigo: de realidad en ella. Te ruego que vengas a veces me dijo verme a la mayor frecuentemente cuando brevedad posible. Necesito estoy en mi estudio verte antes de que suceda escribiendo y pienso en lo inevitable. Mañ ana, a esas cosas, me da un las nueve alguien irá por ti escalofrio y mejor me para evitarle algunas acuesto. Creo, pues, que molestias del viaje. Esto le sentía verdadero miedo.
lo agradeceré siempre.
De vez en cuando leia Marco algunos de mis escritos y los comentaba con muy Francamente pensé buen juicio, aún sin parpara mis adentros qué ticipar plenamente de las propósito tendria aquella intenciones que enbreve misiva? mi amigo cerraban, aunque hablando Marco había dejado de verlo desde hacia dos tres meses, cuando ceno en la noche de añ o nuevo en mi casa, fuera de tin esporádico encuen a la taberna de los actores. No sabia nada de el desde que decidió irse a vivir Guadarrama, luego hacer abandono de sus lecciones en el Instituto En realidad, me hacía falta su cotian la ya que, pese a mir Tas diferencias, era a veces durante largas una de las más gratas horas sobre asuntosaramistades que tenia canos de cuya posibilidad Marco era un hombre desconfiaba a medias esencialmente bueno Por eso. más que tranquilo, sencillo, con asombro su llamada me toda la prestancia que da la produjo preocupación. Así, naturalidad sin afeeque al dia siguiente lié mis laciones; de una menbartulos y esperé la llegada talidad progresista sin de mi gula excesos y abierto siempre las nueve, sali de mi al dialogo. Yo, por el casa en un destartalado contrin, mucho más vehículo de modelo anVador y apasionado ticuado, cuyo conductor en!
cosas, casi hasta la era un simpático cam.
intrisigencia, de menpesino con quien hablé de talidad aburguesada y algo diversos lugares comunes más combativo. Mas pese a durante el trayecto, emtales diferencias, que in potrado en el paisaje clui an algunas saturado de montañas discrepancias políticas y bellamente cubiertas por la religiosas, siempre luz solar. Porque en vano disfrutamos de plácidos intenté sacar de mi ratos en que él, con su voz acompañante una sola grave y pausado hablar me palabra sobre el posible exponi a sus puntos de vista problema que afectaba a llenos de una gran calidad mi amigo humana Uno de los tópicos que en Casi ea desconfianza y.
muy par amente, se limito más de una ocasión a decirte: ocanos, fue el de la El se lo dira, yo nada iteratura, maxime por ser más le he prestado el pfesor de español. servicio de venir por ustednese aspecto, me llamó siempre la atención su De inmediato cambiaba ecelo por los temas fantas la conversación y volvía iços, más concretamente: sobre las posibilidades de terror, que han sido mis agrícolas y económicas de grandes aficiones. Parecía la región, la vida en el no entrarle en la cabeza campo y los proyectos que como yo preferia a el mismo tenía para su Lovecraft, a Bram Stoker o familia a Robert Bloch, en lugar de Aunque agregaba no ijar mi atención en Alejo sé qué pasa en las inCarpentier Ernesto mediaciones de aba Guadarrama. UltimaΕΙ predisposición de mente han muerto muchas lar me hada relr y a reses y las cosechas no reces le amenazaba con andan bien. Además, el antas mas agua se ha vuelto malsana remoniciones absurdas.
con las lluvias y. usted Más aún cuanto que el sabe, uno vive del campo.
nejor de sus libros tenia Después de un tedioso nucho de sobrenatural, viaje, cuya última etapa ispecto al que había debimos hacerla a pie en lega casi sin medio de parajes boscosos ror Erselo y que y a través de caminos de is reconocí a subgran zarposidad, quizá por on ntemente. EL obra de las lluvias de dias om que no amaneció.
anteriores, llegamos a la Mamta Casimira. La finca de mi amigo. No logro selte las cabezas. y explicarme por que, pero hacia rato te algo me repugno desde el ila velando, en aquel principio, y fue la aridez au madera, hecho un del terreno, pese al de barro majestuoso espectáculo. me hizo sentir montan es que le servia de delviria un momento fondo. la entrada, obrenatural, y lo perdi all algunos poros resecos cor alzaban Sus nervudos brazos hacia un cielo en capotado y triste. Del portón a la entrada de la casa, se extendi a un largo caminillo cubierto de ripio y la total ausencia de flores restaba alegria al escenario La casa, una sencilla construcción de una planta, techada en parte con zinc y en parte con tejas, estaba al fondo, rodeada por dos o tres cipreses y como custodiada en el portico por un verde higuerón, unica nota de vitalidad en aquel extrañ o ambiente. Ya en la puerta, el hombre se despidió muy cortesmente y me dispuse a tocar la puerta. Al cabo de tres golpes, apareció Ana, la esposa de Marco, saludándome con la cordialidad de siempre. Sin embargo, pese a su imperturbable belleza, algo en ella no la hacia la misma que vi por ultima vez la noche de an o nuevo.
Palida, con los ojos castan os rodeados de grandes ojeras, me hablo con voz un tanto queda, como temiendo que alguien nos escuchase; había por lo demás, cierta cautela en sus palabras, como queriendo que yo fuese quien descubriera algo por mi mismo.
Quise explicarle el motivo de mi llegada, pero me interrumpió diciendo. Ya lo sé; el te mandó a llamar. Pero antes de verlo, toma una taza de café conmigo Pasamos a un sencillo comedor, brillante por su limpieza, donde saboree una humeante taza de café que buena falta me hacia y vi por primera vez en aquel viaje a la dulce Samadi, la peque a hijita de mi amigo, arrinconada en un extremo. Me saludó con palabras entrecortadas y luego volvióse a su sitio en silencio. No era ya la chiquilla juguetona que yo habla conocido, mas bien recelosa y extremadamente, delgada; pásose muy callada a jugar no se con una mun eca y no indagué más al respecto Quise. por mera curiosidad, saber acerca de Gustavo, el hijo mayor y Ana me contesto secamente. El mes pasado fue a estudiar en los Estados Unidos, a la Universidad de Miskatonic, en Arkham.
Massachussets. Luego, corto bruscamente la conversación y me dijo. Sube a verlo.
Hasta ese momento, no habia notado que la casa teni a al fondo un piso mas.
muy reducido, al que se llegaba por una estrecha escalerilla Al fondo estaba la habitación de mi amigo. De momento no pude verle bien por la semioscuridad reinante; más poco a poco fui descubriendo sus facciones que apenas le hacían reconocible. No era ya el Marco rozagante de otros tiempos. Su rostro otrora sonrosado e iluminado casi constantemente por una plácida sonrisa, estaba demacrado, pálido, mas bien de un color ceniciento que me hizo ver el estado en que se hallaba. Apenas me vio, sus ojos se iluminaron débilmente y pude oirle musitar siempre con su voz grave. Qué dicha que viniste!
En vista de su situación no hubiera querido entablar directamente una conversación con el, pero tomándome la mano in sistió en que permaneciera a su lado En realidad empezodebe haberte extran ado la misiva que te envie, pero era necesario. Creo que voy a morir y no puedo irme sin explicarte cosas que ni siquiera te imaginas. qué te hace pensar que vas a morir. inquirique Comencé por revisar algunos manuscritos que no ofrecian na da interesante: varias cartas inconclusas, algunas notas sobre literatura antigua y dos cuentos a medio terminar, cuyo argumento no logré descifrar de inmediato. Mi interés se acrecento cuando empecé a repasar las páginas de una especie de diario, llevado con letra temblorosa, en el que le frases tan extrañ as como hoy lo he sentido por primera vez. ayer volvió de nuevo, estoy seguro, lo tuve a mis espaldas. frio como un muerto. Seguían luego otras expresiones inin teligibles y después: ya se que tarde o temprano sucederá, me ha poseído el inimo por completo, al punto de que ya me hace falta su compañía.
Pasaba luego a comentarios de otra índole, como por ejemplo: la huerta no ha fructificado nada, el agua sigue malsana y las aves se mueren. es do ellos, no lo se exactamente. Oh Dios mío, qué me sucede. Ana, Samadi, huyan. pero no entienden.
Asi continuaban los textos más disimiles, hasta llegar a una expresión culminante: ise que el final está proximo. Continue hasta muy entrada la noche revisando libros y más creció mi asombro cuando halle entre ellos obras que jamas hubiese imaginado que mi amigo poseyera: el Malleus Maleficarum de Sprenger y Kramer: el Flagellum Daemonum.
de Girolamo Menghi. Demonolatriae Libri Tres. de Nicolas Rémy: Disquisi tionum Magicarum. de Martin del Río y otros tantos ejemplares similares de demonologia y brujeria, que jamás son encontrar entre los haberes de mi amigo. Más creció mi sorpresa, cuando entre las obras literarias encontre subrayados textos de Durante tres dias la angustia de mi amigo tuvo altos y bajos. En momentos de lucidez parecia reconocerme y volvia a conversar conmigo de antiguos asuntos más luego retornaba a sus convulsiones, con la frente empapada en sudor, que Ana recog a amorosamente con un pan uelo. El jueves, dia tercero de mi llegada, se puso mas malo que nunca.
Aunque todavia la vida asomaba debilmente a su rostro, la facies hipocrática empezaba sus primeros asomos y las manos debilmente azuladas intentaban en vano gestos como de suplica, sin poder expresar sus verdaderos deseos. Asi permaneció casi hasta las cinco de la tarde, hora en repentinamente alzó la voz y dijo. Aqui estál me absorbe lentamente, como lo vino haciendo desde el prin cipio. Soy suyo, Samadi, Ana. huyan de sus garras!
Un grito horripilante se desprendió de su garganta, dio un ultimo respingo y alzando los brazos parecio acogerse a una inmensa sombra negra que cubrio por completo la cabecera.
Luego cayó de lado sobre la almohada y expiró con los ojos abocados a un inmenso terror indescriptible.
En el silencio de la alcoba, algo así como una rafaga instantánea mur muro quedamente. Uno más de los nuestros. el telón de la noche cubrió la casa por completo.
ella Lo sé. me respondió serenamente porque él me llevará tarde o temprano. quien es el?
manifeste subitamente interesado en aquellas פתו Rleardo Blanco Segura Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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