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LA REPUBLICA. Vlernes 11 de enero de 1980 EDITORIAL PENTAGRAMA La santificación de lugares sigue sin gustarnos.
Somos devotos de los santos, pero nos asustan en montón des perdigados a todo lo largo y ancho de la geografia costarricense.
Legislación petrolera Nos asusta la enorme cantidad de santodomingos. sanjuanes. santarosas. santacecilias y sangerardos que hay en el país.
Sobre todo porque con estos nombres, hemos condenado a muerte a los sonoros, nativos y redondos nombres que ostentaban como banderas desplegadas al viento algunas comunidades costarricenses.
argumento de no defender claramente el interés nacional en cuanto a concesión de ventajas o regalías.
Matar a Chimurria, es una barbaridad.
Es urgente que la Asamblea Legislativa, dejando de lado por un momento el encono político que campea en sus sesiones, tramite y apruebe una legislación petrolera que, a tiempo que garantice y resguarde el interés nacional, abra el campo a las exploraciones del subsuelo en busca de hidrocarburos.
Ponerle González Lahmann a Chile de Perro, una lástima.
Dejemos ese aspecto para otro momento, a fin de insistir en que resulta torpe, en las actuales circunstancias mundiales, no hacer una apertura a la búsqueda de petróleo a tiempo que se toman todas las providencias nacionales en resguardo del interés patrio.
Llamar Pico del Inglés al Guarari, no tiene perdón de Dios.
Encaramarle Dragón al Cerro Caraigres, un pecado.
La mera probabilidad de que en el país haya depósitos petroleros, aconseja buscarlos cuanto antes, y explotarlos si es que se localizan, reservando para la nación lo que en justicia, derecho y razón le corresponde.
No podemos tragar que en Curridabat le pongan La Lía, a un lugar de nombre tan rotundo como Pata de Sapo.
de Cambiar Corrogres por San Rafael, en Santa Ana, nos gusta tanto como que nos pique una avispa.
Aún partiendo del punto de que hay más posibilidades de que no tengamos petróleo, frente a las que existen que si lo tengamos, lo cierto es que lo conveniente es desvanecer la duda, y si existe alguna empresa interesada en correr los riesgos de la exploración, aprovechar ese interés, o explorar el subsuelo a cuenta propia alquilando la tecnologia necesaria.
Tampoco nos complace que el viejo Ayotes de Guanacaste, se llame ahora San Buenaventura. a Caffamazo quieran ponerle San Bernabé.
La Asamblea Legislativa tiene, desde hace bastante tiempo, un proyecto de legislación petrolera, a favor o en contra de cuyo contenido actual no nos pronunciamos por desconocerlo en detalle, pero estimamos que debe ser buena base de referencia para completarlo, pulirlo o modificarlo de onera que sirva al interés general de despejar la incógnita que existe sobre la existencia de petróleo en nuestro subsuelo.
En la toponimia costarricense hay que reivindicar los nombres vernaculares, los indígenas, los que tienen sabor a barro y can campesina.
Aparentemente los estudios hasta ahora realizados abren una posibilidad que no debe despreciarse sobre la posible existencia de depósitos de hidrocarburos, lo que justifica razonablemente que se profundicen las investigaciones, lo que no se puede realizar sin la existencia de una legislación conveniente que está en las manos y bajo la responsabilidad de los señores diputados.
Es hermoso abrir un mapa del Instituto Geográfico y encontrar reivindicados a Tiquirusas, Porozal, Caña Quemada, Alto del Palo Campano, Tapezco y Chiverral.
En el pasado se han realizado algunas exploraciones con resultados negativos, realizadas todas ellas a riesgo de contratos hecho bajo legislaciones que han sido criticadas con el Suena distinto si vamos a Barbudal, Cerro del Delirio, Higuerillas, Cerro Panales y La Cabanga que si vamos a Santa Lucía, La Gloria, Santa Catalina, Los Angeles y Santa Mónica.
y Definitivamente la barrida de nombres que dio el Ing. Federico Gutiérrez en la orografia costarricense, fue de antología.
AHORA SI ES CIERTO QUE NO SE CONSIGUE NI PAPA En sólo el Macizo de La Muerte quedaron redivivos los picos de Siruska, Sábila, Sakira, Buena Vista, Páramo, Zacatales, Frio Jaboncillo. O Seguimos creyendo que La Bogarina es un nombre cantarin para una quebrada en Tres Ríos y no suena igual Nuestra Señora.
Estamos convencidos de se oye mejor El Caballito, Curubandés Kámuk, Garza, Zapotal, Pico de Lapa y Colorado que otros topónimos celestiales.
e repetimos que no es una fobia contra los santos la que nos animis en esta cruzada.
Queremos tener la satisfacción de ver los lugares auténticamente bautizados por los costarricenses con sonoros nombres, mantener incólumes a través de los años.
180 Es el rescate de lo nuestro propio lo que pretendemos. Y evitar que se les manelle con sofisticados nombrecito extranjerismos tontos.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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