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10 LA REPUBLICA. Miércoles 20 de febrero de 1980 EDITORIAL PENTAGRAMA El comportamiento del costarricense promedio cuando va al volante de un vehículo automotor, es impredecible.
Un tributo innecesario Impredecible, y con garantía de que cualquier cosa que haga, estará mal hecha.
Si encuentra un alto. sigue adelante.
Si hay que seguir adelante, para, y si para, no avisa.
En dinero, los costarricenses pagamos el año pasado una suma cercana a los doscientos millones de colones como consecuencia de los accidentes de tránsito que ocurrieron. Esa cantidad, con ser tan alta, no tiene ninguna significación frente a la realidad de los cientos de personas que murieron y de los millares que quedaron impedidas como resultado de esos mismos accidentes.
El Poder Judicial, cuyas senten cias señalan la rigurosidad que los jueces vienen poniendo, en buena hora, para frenar los robos con violencia sobre las personas y los delitos sexuales, debe instruir a su personal para que de igual manera aplique sentencias de escarmiento a los que por acción dolosa contribuyen con irresponsabilidad a que el país pague tan innecesario tributo.
Aunque tenga en buenas condiciones sus luces direccionales automáticas, también hace señales con la mano.
Lo malo es que no conoce cuál es el código internacional en este campo, y cuando no equivoca todo, saca brazo y manos y emprende con ellos un increíble remedo de vuelo de ave, que nadie acierta a descifra qué quiere decir.
En carretera tiene miedo de ir por la derecha y viaja al centro mismo de la vía.
Toma las curvas a velocidad y abriéndose peligrosamente.
En repetidas oportunidades hemos puesto énfasis en la dramática verdad de que Costa Rica ocupa el primer lugar en el número de accidentes de tránsito, en proporción con los habitantes y los vehículos automotores que circulan. Lo propio han hecho otros periódicos y entidades oficiales, pero todo ha sido como arar en el mar. Las estadísticas muestran un aumento escalofriante.
en el número de víctimas por accidentes de tránsito, mientras nuestras calles y asilos se van colmando de minusválidos.
Nuestra legislación sancionadora de delitos de tránsito, sin ser muy rigurosa, no es, como algunos creen, débil. Faculta al juzgador para suspender la licencia para conducir a quienes representan un peligro para los demás, y la aplicación de esa penalidad en todos los casos de imprudencia manifiesta, puede llegar a constituir un valladar efectivo para frenarla.
Cuando encuentra una zona de tráfico lento, aunque pierda potencia su motor, sigue campantemente sin hacer caso de la misma, por donde mejor le convenga.
Las indicaciones de velocidad, le vienen flojas. Qué se debe marchar a 60 kilómetros por hora?
Pues hagámoslo a 90. que al fin y al cabo, 30 kilómetros de más no le hacen daño a nadie.
事事事 ¿Qué lo permisible es 80 kilómetros?
Pues que vengan los 120 y si acaso se avista la Patrulla de Carreteras, o los inspectores con radar. pues se baja la velocidad y aquí paz y después gloria.
Están por iniciarse las clases, y con ellas una campaña intensa de educación vial para los colegiales y escolares, cuyos resultados esperamos que sean más positivos que los logrados hasta ahora con campañas similares. En esa campaña, deben colaborar los maestros, los adultos y las autoridades de tránsito, porque el país no puede seguir pagando el enorme tributo que le cobran la irresponsabilidad y el descuido de conductores y peatones.
El accidente fatal que acaba de ocurrir en el Cerro de la Muerte, logró conmover a la opinión pública por el alto número de víctimas que cobró en un sólo suceso, pero debemos pensar que constantemente se producen accidentes que dejan saldos conmovedores de víctimas, que pasan para la mayoría inadvertidos, pero que afectan a amplias capas sociales.
Educación y rigurosidad extrema en las sanciones, es lo que debemos aplicar de inmediato en un esfuerzo por disminuir, por lo menos a límites normalmente aceptables, los accidentes de tránsito que aquí ocurren.
Esta manera imprudente de conducir, mandando al Infierno ley!
reglamentos de tránsito, normas de seguridad, compostura, buenas maneras, prudencia, racionalidad y paciencia, está costando a Costa Rica cientos de vidas cada año y deja como saldo millares de seres humanos incapacitados.
No hay ciudad, ni pueblo, ni carretera ni camino en que no topemos con los imprudentes.
Son ellos los que causan los choques, los que causan los vuelcos, los que causan todos los problemas.
Los hay montados en enormes camiones y que abusan de tremendas bocinas.
También existen los que conducen carricoches pequeños.
CLIMA CANDENTE EN LA ASAMBLEA POR DENUNCIA DE DEVANDAS NO TENGO MIEDO DE DENUNCIAR SUS ENREDOS CON EL PENTÁGONO NI YO PARA DECIR QUE USTED PERTENECE OH.
MI NO ESTAR PREPARADO PARA ESTE CONFUSION los que van de cualquier manera en cualquier cosa con ruedas que se mueva, llámese motocicleta, carretón, bicicleta, patineta o carrela. LA CIA CALMATE CHÁRPAN de. Cada dia, al abrir las páginas de los periódicos, mirar los noticiarios heridos a granel.
En un paisaje rutinario que espanta, aterroriza e invita meditación.
cuando conducimos automóvil. Cuál es el violento cambio de personalidad que sufrimos los tic 80 ¿Por qué somos tan débiles al influjo de la máquina?
lalo ¿Por qué nos robotizamos, Idiotizamos y volvemos irracionales dentro del automotor?
車事 Dejamos estas preguntas esperando respuesta.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica

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