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RETIR 18 LA REPUBLICA. Jueves 17 de julio de 1980 CAMPO PAGADO FABULAS, DERECHOS HUMANOS UN ATENTADO 15 de julio de 1980 No cabe duda de que la función pública depara sinsabores. Entre ellos, los más duros, son los que provocan personas en quienes se ha puesto confianza y hacia los que se siente respeto porque se les considera honorables y rectas.
Coronel Todos sabemos que los hombres cometemos errores; si en tareas públicas se incurre en falta corregible, es deber del superior tratar de orientar a su subalterno hacia lo sano, lo bueno, lo útil. Nadie puede ser condenado sin pruebas, ni a nadie se le debe sancionar sin advertencia.
Guillermo Martí Vargas DIRECTOR GENERAL DIRECCION GENERAL DE INVESTIGACIONES CRIMINALES He tenido conocimiento de quejas, sin prueba, de brutalidad policial en la DIC. La prensa publicó algunos.
Pensé que se trataba de exageraciones. Me negaba a aceptar que alguien en Costa Rica fuera capaz de cometerlas.
Dudé, cuando escuché por televisión al señor Alfonso Ayub, a quien la DIC acusó de pretender quitarme la vida, diciendo cosas parecidas a las que antes yo había escuchado o leído. Decía el señor Ayub que se había maltratado a personas a quienes se les quería hacer confesar que el proyectaba matar a Carazo. El asunto fue a los Tribunales y éstos declararon sin mérito la acusación de intento de asesinato del Presidente de Costa Rica. En consecuencia, lo del atentado de asesinato contra mí, resultó ser, como lo aparentaba desde el principio, una fábula sin cabeza ni pies. Fábula que parecía increíble que alguien fuese capaz de inventar. Yo pasé verdaderos aprietos explicándole a periodistas nacionales y extranjeros que no era cierto que me hubieran querido matar. Inclusive tuve que pedirle disculpas al señor Mariano Rodríguez, periodista de Canal 11. Llamé a Alfonso Ayub, conocido mío desde la infancia, y él me ratificó que en la DIC se cometían abusos y que él y su familia los habían sufrido. Escuché con angustia sus referencias y me propuse atender con más cuidado las quejas que pudieran llegar. Del asunto hablé con el señor ministro Carlos Arguedas al iniciar este sus funciones y le propuse que se estudiara e investigara bien el problema y que termináramos con eso, si de berdad ocurría.
Decidí, sin embargo, conversar más detalladamente con Alfonso Ayub sobre el particular y como éste me había dicho que cuando fue detenido y aún posteriormente, habían ofendido y maltratado a familiares suyos, decidí, encargar a una Asistente de mi oficina, la señora Ana Isabel Calzada, que invitara a la familia Ayub a reunirse conmigo. Para desagraviar a la familia Ayub, programé para el de julio, una reunión con el ministro Arguedas acompañado del señor Martí, Director de la Dic, para hacerles ver la conveniencia, la urgencia, de no correr el riesgo de que en investigación alguna se violara la integridad de la persona humana. Les hice la advertencia de que tal cosa no debía ocurrir y luego de la conversacion, en vista de algunas frases del señor Marti, le solicité al señor Ministro que le mandara una nota de carácter general con copia para mí, repitiéndole, en resumen, lo conversado. Mi primera idea había sido la de referir a los Ayub que yo estaba cuidando que no se cometieran abusos, que había hecho la advertencia y que por favor tomaran mi actitud como desagravio! Cuando hablé con don Carlos Arguedas de mandar la advertencia por escrito, pensé que resultaría más evidente mi interés si entregaba a la familia ofendida, copia de la nota del Ministro, que dice asi: Estimado Señor: He recibido su carta del 14 de julio 80, en la que me presenta su renuncia con carácter de inme.
diata e irrevocable. Sobre el particular, reitero mi respaldo que siempre ofrecí a usted en el cumplimiento de la Ley y el respeto a las personas, y el que nunca le ordené suspender o no realizar alguna investigación.
En su nota expresa falta de apoyo y dice cosas que obedecen a su interpretación muy personal, ya que afirma por ejemplo: que se le reprochó por una investigación realizada. El señor Presidente ni yo hemos dicho nada al respecto. En mi presencia él se limitó a indicarle que es fundamental respetar la integridad física y moral de las personas y que la lucha por preservar los valores de nuestra tradición costarricense han de ser permanentes.
Este mismo principio, el cual yo comparto, fue trasmitido por escrito a todos los Jefes de Progra mas, y que se resume en la siguiente frase que el Señor Presidente nos manifestara en esa oportunidad: Que nadie está autorizado a tocar a una per sona ni con una pluma, pues sería esto violat derechos humanos.
El día jueves 10 de julio, el Señor Presidente me comunicó que ha pedido al señor Dr. Santi Quirós iniciar una investigación total en lo relativo a todo lo que es movimiento de armas, convencido de que este asunto reclama seriedad y buena fe y que debe quedar al margen de toda pasión huma de julio de 1980 Coronel Guillermo Martí Vargas Director General DIRECCION GENERAL DE INVESTIGACIONES CRIMINALES Estimado señor Director: Siguiendo instrucciones del Señor Presidente de la República, le reitero la posición del Gobierno, de que, tanto los funcionarios de esa Dirección, como todos los demás funcionarios, deben siempre respetar la integridad física y moral de las personas, evitando todo tipo de violencia, el cumplimiento del deber, como corresponde a las mejores tradiciones cívicas costarricenses.
Sírvase trasmitir el contenido de esta carta a sus subalternos. El funcionario que incumpla estos principios será sancionado. Atentamente. Carlos Arguedas Le Franc MINISTRO.
Agrego que en la reunión razoné ante el señor Martí diciéndole que debíamos tener cuidado, pues no había delincuente más despreciable que aquel que, protegido por su condición de autoridad, abusaba con amenaza de armas, de la dignidad de cualquier persona, aunque esta fuere delincuente.
na.
El señor Martí dijo, y esto me preocupó y por ello decidí pedirle al Ministro que mandara el resumen por escrito, que por actuar suavemente estábamos llenos de maleantes, que en las cárceles no castigan a nadie y que los tribunales a todos los sueltan.
Les repetí mis advertencias, les dí las gracias y se terminó la única conversación que he tenido con el señor Martí, Jefe de la DIC. y como arriba lo dije, acompañado del ministro Arguedas. De nada más se habló, mucho menos de armas, ni de investigaciones, ni de personas en particular, puesto que no quise ni siquiera mencionar a los Ayub, motivo de mi especial preocupación, ni a otra señora que recientemente me había expresado su queja sobre esto. Cuando el señor Martí quiso referirse a un caso le interrumpí, diciéndole que no se trataba de analizar ninguno, sino de una advertencia de tipo general. Ahora resulta que Martí dice otra cosa. No cabe duda de que le resulta fácil retorcer la verdad, aprovecharse de las circunstancias y sugerir lo que no es correcto. Sin duda me equivoqué cuando al despedirnos, le dije a Martí que le daba de nuevo mi confianza.
Creo que la decisión del señor Presidente se ajusta a la necesidad que tiene el país de aclarar en forma objetiva, todo lo que a este caso se refiere. Le recuerdo asimismo que durante la entrevista, el señor Presidente le manifestó que en todos sus actos tenía depositada su confianza en usted, y aunque no fuese necesario yo le manifesté lo mismo.
Ahora me explico, al conocer esta nueva fábula, que sí hubo una mente capaz de inventar la fábula del atentado para matar a Rodrigo Carazo.
Le deseo sinceramente lo mejor para usted y tenga seguridad que estaré a sus órdenes.
Recibo sus frases de hoy con lástima y dolor. No cabe duda de que la función pública depara sinsabores y de que, entre ellos, los más duros, son los que provocan personas en quienes se ha puesto confianza y hacia los que se ha sentido respeto porque se les ha considerado honorables y rectas.
Atentamente, RODRIGO CARAZO PRESIDENTE DE LA REPUBLICA DE COSTA RICA CARLOS ARGUEDAS LE FRANC MINISTRO Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud Costa Rica.

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