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Reunión esperanzadora

El próximo encuentro entre Uribe y Chávez debe ser bienvenido La realidad parece haber forzado un cambio en la actitud venezolana

La anunciada reunión en Caracas, el próximo viernes, entre el presidente colombiano, Álvaro Uribe, y su colega e intermitente enemigo venezolano, Hugo Chávez, debe ser bienvenida. Tras un período de agudo deterioro en las relaciones entre ambos vecinos, con el encuentro podría culminar el proceso de reacercamiento que se ha desarrollado durante las últimas semanas, algo conveniente para ambos países y para la estabilidad del hemisferio.
Todo indica que, tras esta cita, hay mucho más que un súbito cambio de actitud o una iluminación milagrosa de Chávez sobre lo que más conviene a venezolanos y colombianos. Si así fuera, podría de nuevo cambiar, y para mal, en cualquier momento. Ahora pareciera que son los hechos políticos y militares los que han conducido a un nuevo panorama, del cual el Presidente venezolano ha tomado debida nota. Y esto permite suponer que su cambio tendrá mayor estabilidad.
No se muestra como simple coincidencia que, tras la desproporcionada reacción por la incursión de fuerzas colombianas a Ecuador, donde abatieron a Raúl Reyes , segundo de las FARC, y capturaron sus computadoras, Chávez cambiara de actitud y comenzara a buscar el reacomodo. Según múltiples y confiables versiones, en los discos duros de los aparatos aparecía información sumamente comprometedora sobre las vinculaciones del Ejecutivo venezolano, sectores militares de ese país y cuadros del chavismo con la narcoguerrilla. Cuán graves eran esas vinculaciones y qué tipo de negociaciones pueden haber desarrollado, a partir de su conocimiento, los Gobiernos de Colombia y Venezuela, es algo que no sabemos. Sí podemos presumir, sin embargo, que parte del cambio de Chávez se produjo por la posibilidad de un gran escándalo, que lo debilitara seriamente tanto dentro como fuera de su país.
No debemos olvidar, en este sentido, que ya existen fuertes indicios de un creciente aislamiento de Chávez en Suramérica, de retrocesos políticos internos, de altísima inflación y desabastecimiento de productos, y de graves problemas sociales, sobre todo de seguridad. A esto se añade que, por mucho que el llamado y nunca explicado "socialismo del siglo XXI" haya entrado en las fuerzas armadas venezolanas, estas, como institución, difícilmente van a aceptar de buena gana actuar como aliados de un grupo insurgente que dista mucho de sus concepciones e intereses. Es decir, no se puede descartar que, incluso desde los mandos castrenses, se hayan producido presiones para el cambio.
A todo lo anterior tienen que sumarse muchos otros contundentes golpes que, tras el abatimiento de Raúl Reyes , el Gobierno colombiano ha asestado a las FARC y que tuvieron su apogeo precisamente con la incruenta liberación, hace una semana, de Ingrid Betancourt y 14 rehenes más.
Estas realidades son tan sólidas e irrebatibles que hasta Fidel Castro, mentor de Chávez y de la mayoría de los comandantes de la narcoguerrilla colombiana, ha condenado sus secuestros, aunque –apegado siempre a una patológica testarudez totalitaria– les ha recomendado que no depongan las armas.
Así, a la reunión del viernes Uribe llegará en el mejor momento de su ejercicio como gobernante, a pesar de tribulaciones político-judiciales internas y de su desacertado coqueteo con un posible tercer término. Chávez, en cambio, lo recibirá en un momento de “baja” que, hasta ahora, también pareciera estarlo conduciendo a un nuevo realismo. Si este es, en efecto, el panorama, podemos esperar muy buenos resultados del encuentro, con implicaciones que se extiendan más allá de ambos países.

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