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En Guardia

E l Financiero de la semana pasada publicó un provocativo artículo que debemos retomar, ahora que bulle la reforma fiscal. La pregunta inicial se las trae: ¿Cuál ha sido la administración costarricense campeona del gasto en los últimos 25 años? La respuesta es'
Todo el mundo la sabe. Pero en vez de campeón, debió haberle dado un premio flaco: pródigo, dispendioso, gastón. Y en vez de una buena, una mala nota, y destacar que la primera (y última) administración de Calderón fue, por mucho, la mejor: el premio gordo (aunque los gorditos, más felices, lejos están de ser tacaños, como los flacos).
Sus políticas económicas fueron buenas y frugales; los resultados económicos y sociales así lo registran. Logró mantener el promedio de gasto más bajo en el Gobierno central (se mantuvo, según El Financiero , en un 10,97% del PIB, comparado con el 12,45% del más dispendioso, ambos excluyendo intereses), y logró bajar el déficit fiscal del 7% del PIB (proyectado) a una cifra 4 veces menor. A las instituciones también las mantuvo a raya y el menor déficit consolidado contribuyó a restablecer el equilibro ‘macro’.
Esa parsimonia fiscal, embalada de firmeza, le costó el hueso a Thelmo Vargas, ministro de Hacienda en aquellos aciagos días. Pero le valió un lugar preferencial en la historia hacendaria. Se amarró los pantalones, se dio de vergazos (en sentido figurado) con los grupos de presión, se batió a duelo con los belicosos universitarios (que exigían subversivamente su cabeza), y redujo el gasto sin sacrificar el crecimiento. El PIB acumuló una de las tasas de variación (promedio) más elevadas de los últimos 25 años. Logró demostrar que sí se puede estimular la producción sin ser botarates. Gracias, Thelmo, por tu visión y valentía. El país te debe un reconocimiento.
Y ahora que estamos echando flores, voy a lanzarle otra al jefecillo del Banco Central, un desconocido en esa época, pero siempre en guardia. Heredó un elevado un desequilibrio ‘macro’, pocas reservas monetarias internacionales, crédito disparado (se usaba el encaje para comprar bonos de Gobierno en contra de toda ortodoxia monetaria) y las tasas de interés y de devaluación se veían bajas frente a la inflación. Nunca presumió de ser sabihondo pero, como Thelmo, sabía apretar el cinturón. Subió la devaluación y tasas de interés, racionalizó el crédito, bajó la inflación del 27% al 10%, y contribuyó a liberar los mercados financiero y cambiario (sentó las bases), y sin sacrificar la pobreza que bajó del 29% al 20% ni lastimar el ingreso real del trabajador. Pero, como a Thelmo, nunca nadie le prendió ni una pluma en el sombrero. Por poco lo destierran a Calero'

  • POR Jorge Guardia /
  • Opinión
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