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¿Es novela la verdad?

A veces se nos hace necesario trasladar la realidad a la esfera de la ficción

"Esta información, que era verídica, debíamos filtrarla y filtrarla (en los medios de comunicación)… porque eso en cierta forma corroboraba la novela. Si llegaba por la radio (a los rebeldes) eso afirmaba un poco la novela" ( La Nación, 5 julio, 2008), palabras del ministro colombiano de Defensa, Juan Manuel Santos, cuando narraba los pasos del operativo conocido por todos. “Para el Presidente todo es una novela”, titula este medio, en la misma fecha, repitiendo conceptos del mandatario. En el 2001, cuando el ataque a las Torres Gemelas, se oyó decir constantemente: “Esto parece ciencia ficción”...
Es común, y a eso voy, oír lo anterior cuando se trata de acontecimientos que nos sorprenden por molestos, estremecedores, escalofriantes, temerarios, insólitos o sangrientos.
En el primer caso, el proyecto iba a ser tan difícil e inusitado que requería los esfuerzos y la dosis de imaginación que requiere un texto ficcional. En el segundo ejemplo, la forma de desautorizar una información es dándole carácter de ficción. El ataque a las torres era inmanejable en nuestras mentes. Cuando no podemos, o no queremos, o se nos hace incomprensible la realidad, se hace necesario trasladarla a la esfera de la ficción.
Límites ficción/realidad. Estamos ante el tema de los límites entre ficción/realidad y la preocupación sobre la “verdad” de la ficción, presente desde la antigüedad griega. En el Siglo VI a.C. en Grecia, en los festivales de Panateneas, se discutía sobre la “veracidad” de las ideas que se expresaban a través de discursos con calidad estética, por las implicaciones que ello pudiera tener con la “verdad” de los contenidos filosóficos.
Platón, si bien expulsó a los poetas, no puede escapar de la tentación de insertar, al final de La República un acontecimiento ficticio para explicar una situación. Aristóteles en su Poética siembra, con el concepto de mímesis , la semilla de lo que se delimitará posteriormente como literatura; el Poema de Parménides es pieza fundamental de la metafísica, el Mahabarata es un vasto poema épico que está en la base de la tradición filosófica de la India, y el texto filosófico chino Tao te-king tiene una calidad estética y poética que lo califica como literario…. Ampliando: el consenso ha sido, y seguirá siendo, que el discurso real (o histórico) es comprobable, es la realidad vivida, mientras que el discurso ficcional (o literario) es una realidad imaginada, pero explicable en cuanto es una reelaboración e interpretación de la realidad, la indiscutible matriz de la literatura.
¿Por qué, entonces, si son incompatibles –como parece–, se hace preciso acudir a la ficción cuando no se puede explicar la realidad? ¿Cómo conciliar lo anterior si, como dije, la realidad es la matriz de la literatura? ¿No será porque, en muchas ocasiones, la realidad rebasa la ficción? Si un escritor hubiera construido un relato con lo que sucedió en el sótano de Austria, se hubiese dicho que tiene una mente pervertida. Para algunos la literatura es una representación “fragmentada, incompleta, mutilada y abreviada” de la realidad o de la historia. Sin embargo, ¿donde se dan más claras las luchas de poder, pasiones, amores, valores, desordenes y toda la gama de lo que conforma La condición humana (excelente título) que en la literatura y las artes?
Es claro que lo hasta aquí planteado (que es válido considerar como un pretexto) me lleva a un tema recurrente en mis intereses: la aceptación de la literatura, como forma de conocimiento de la realidad producto del valor ineludible de la imaginación y de la capacidad interpretativa, creadora y de compromiso de escritores y artistas. Dice Eça de Queiroz: “El arte no era ya un desahogo fácil del alma pletórica de ensueño, sino una áspera y severa búsqueda de la verdad”. Si el lenguaje es el gran poder del hombre, quien escribe literatura tiene ante sí un gran poder, una merecida libertad, pero también una gran responsabilidad.
La oposición seguirá siendo un rasgo cultural, lo cual redunda en beneficio de la libertad de la literatura y de la imaginación. Sin embargo, recordemos que el siglo XX puso fin a las verdades absolutas y nos dejó la opción de aceptar y comprender otros discursos, en este caso la literatura y las artes como reelaboraciones, comprensiones y concientizaciones sobre la realidad.

  • POR Amalia Chaverri
  • Opinión
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